STRAVAGANZZA; crónica Sala Fussion – Valencia 25.11.2017

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“La extravagancia del buen gusto”

Los españoles vemos una cola y rápidamente nos sumamos a ella, esperando que se haya formado para que te regalen algo o haya algo gratis. Lo que sea. Somos así, hay que asumirlo. Pues bien, cuando vi la más que extensa cola delante de la valenciana Sala Fussion para asistir al regreso de Stravaganzza, me sorprendí, y más me sorprendí cuando aquella cola no se terminaba. En ese momento recordé el tema “Deja de llorar” que comenzaba así: “Una hoja cae, una flor muere, un atardecer, no volverán…”. El otoño de Stravaganzza ha terminado. Sus hojas vuelven a la vida en forma de una gira de regreso con los mismo ingredientes de los que revestían sus conciertos.

Nada de austeridad sobre las tablas, ni camisas a cuadros, todo lo contrario: danza, rock, colores, arte en definitiva, algo difícil de ver por estos lares. Es interesante analizar el concierto desde un prisma temporal, el prisma que nos confieren las dos horas y media de repaso exhaustivo de su discografía. Durante todo el concierto se fueron sucediendo canciones de los diferentes discos, de modo cronológico y descendente, del primero al cuarto. Esto nos sitúa en una posición privilegiada para dividir más claramente las diferentes etapas entre los álbumes, su evolución compositiva y la deriva o dirección que el grupo fue tomando en cada momento, quizás guiado por su afán creativo o por ciertas tendencias de la época.

Navegaron por el metal más operístico en sus inicios, pasando por temáticas más modernas y terminando en un eclecticismo alejado, en gran medida, de su origen. Pocas veces se puede observar de un modo tan pedagógico e histórico cómo se manifiesta la progresión de un grupo, como salta de estilos, y como se mantienen firmen en algunos parámetros. Entendiendo que la esencia nuclear del grupo no era estática, sino dinámica, cambiante y arriesgada, de valor poético más que económico y con pisada en arenas movedizas. Nos confirma pues, que jamás acudieron a los firmes seguros, donde se aposentaban decenas de bandas, sino que se escabullían entre la flora en busca de nuevos perfumes, tal vez inhóspitos para el gran público. Y todo ello en un único y modélico concierto.

No habían teloneros y el precio de la entrada era elevado, todas las personas que habitaban la sala aquella noche sabían que aquello iba a ser más que un regreso, iba a ver la posibilidad de ver aquello que puede marcar el comienzo de algo. Una voz en off nos introducía en el Primer acto, recordemos que en esta gira están tocando temas de todos sus álbumes, y que es por ello que lo han estructurado en cuatro actos.

Guiñándole el ojo con ésto al teatro, fuente inagotable de ideas para el combo. “Dios” fue un golpe en la cara, con un inicio que sigue poniendo el vello de punta, “otro oscuro amanecer, ya no hay duda en mi interior, quiero ver que estás aquí…”. Leo está en un estado maravilloso de forma, y lo demuestra sin miedos ni complejos. “…Y en soledad me lamento” fue seguida de “Mi tempestad”, como ya he dicho, esto era más que un concierto. Tres bailarinas acompañaban a la banda con singulares vestidos e intentando darle una ambientación onírica a algunas de las piezas que iban estrellándose contra nuestros oídos.

En el segundo acto, “Esperanza” fue la que despertó la caja de las esencias, “Dolor” fue la que nos atravesó el alma, “no quedan más lágrimas que derramar, cansada de amar no encuentro el final…”; y en “Hijo de la Luna” la que nos unió en una sola voz auspiciados por la magia que supone esta canción. El tercer acto fue un ejercicio de fuerza, de cambios, de radical distanciamientos con los anteriores actos. “Máscara de seducción” es sinuosa como la seda y dura como el metal. Su letra se me pegó a la piel en su momento con estrofas que calaban los huesos, “nacida para el placer conduces a un abismo eterno, musa de la decepción, efímera perfección…”. Mención a parte merece el tema “Grande”, para recordar a aquellos hijos del rock que ya no están con nosotros.

Réquiem” nos pulveriza la capacidad de emocionarnos con Leo invitándonos a alzar nuestros brazos al cielo, mientras una de las bailarinas se pasea vestida de negro por el escenario. El último acto, el dedicado a “Raíces” (2010) es el más dispar, el que termina de alejarse de todo lo conocido. Es cierto que fue un disco, como dijo el propio Leo, “casi fantasma”, y es que el elepé no tuvo una buena distribución. Las bailarinas estaban escenificando cada canción, ya fuera con paragüas dando vueltas o con cadenas sujetándose unas a las otras. Su espectáculo lograba implicarte más con el sentido del show. En “Impotencia II”, como y estaba haciendo en otros conciertos de la gira, suben al escenario Mero, voz de los toledanos Cuernos de Chivo y Mr Korpa, para acompañar a Leo en la canción, disfrutamos pues, de la marcada diferencia vocal con Leo (para mi, de lo mejor del concierto).

En este tramo del bolo veo a Leo más activo, menos encorsetado, más limítrofe con  , con los grupos que llaman la atención al vocalista, quizás se aleje mucho de lo anterior, pero ese ejercicio de valentía por parte del grupo, con la posible fuga de fans, hace que me parezca más interesante la propuesta. “Un millón de sueños” es un tema menor, aburrido y que desentonaba con el concierto. No estuvo a la altura y como balada no llega a funcionar del todo bien, es cierto que vi a gente coreándola, pero también a otros esperando a que llegara la siguiente. Todo termina con la canción homónima de “Raíces”, y digo todo termina, aunque nos quedaran todavía dos temas, porque en el bis, lo que hace Stravaganzza es una fiesta, es la celebración de su retorno sin solemnidades ni reverencias. “Desátame” de Mónica Naranjo y “Vivir así es morir de amor”, son las dos licencias que se permiten y que hacen sonreír al respetable. No engañaremos a nadie si decimos que las dos canciones del final eran completamente prescindibles, y que su valor musical era escaso, limitándose a una adaptación simplona del original. Algo que no aporta nada al bolo y que descuadra al fan que no entiende cómo pueden haber obviado temas propios por re-interpretaciones de éxito ajenos.

Stravaganzza están de vuelta, ahora solo cabe esperar que ésta exitosa gira se transforme en un quinto disco a la altura de su madurez compositiva y creadora. Como nota negativa, considero que se le podría haber sacado más punta a la pantalla que nos habían puesto y que el sonido en muchas ocasiones tapaba la voz de Leo, algo imperdonable tratándose de quién es.

Texto: Javier Caro

NOTA: Sentimos no poder ofrecer fotos, nuestro compañero Javier tuvo problemas con su cámara.

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