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SARATOGA: “Volvieron a abrir las Puertas del cielo”, Valencia, Rock City 01.12.17

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Hay que estar en el momento adecuado en el lugar idóneo para que sucedan las cosas. Saratoga lo estaba. El heavy nacional, y por ende el de toda la Europa continental, estaba en un momento dulce. La escena estaba expandiéndose a un ritmo acelerado, pero con álbumes y grupos de calidad. Para situarnos, el año de la publicación de “Agotarás” (2002), se editaban: “Power of the Dragon flame” de Rhapsody, Sonata Arctica publicaba “Songs of Silence” y personalmente me quedo con “Comalies” de Lacuna Coil, Symphony X con “The Odyssey” o los geniales Hammerfall con “Crimson Thunder”.

En España sus ecos se dejaban sentir, pero nos faltaba la chispa que prendiera la llama, y con ella cautivara a miles de personas a re-descubrir el género, o a encontrarse frente a él por primera vez. Todo movimiento cultural y de revolución social, precisa de un referente, ese grupo que genera un paradigma nuevo al que sumarse, con sus nuevos conceptos y reglas. Necesitábamos pues, un grupo que fuera el faro que alumbrara a la nueva generación de bandas y fans, un vocalista que encarnara al frontman que guiara esa nueva revolución a ese resurgir y un disco, el que fuera referente, el recordado, el iniciático para tantos, el que emocionara al público, el capaz de unir a los diferentes sectores y sensibilidades en una única voz. Saratoga lo tenía todo. Leo Jiménez ya estaba rodado con el grupo, habiéndose acoplado a la dinámica del mismo con un álbum, “Vientos de Guerra” (1999), que sirvió de antesala a lo que estaba por llegar. El heavy estaba cambiando, una ingente caterva de jóvenes, con la capacidad de hacerlo emerger sin los complejos de antaño, se iban a unir a sus filas, y ese elepé, “Agotarás”, sería el revulsivo, la piedra filosofal de una generación musical esplendorosa, en el último asalto que le quedaba al negocio del disco antes de su hundimiento.

Avalanch, Tierra Santa, Mägo de Oz o Lujuría estaba llamados a encabezar aquella época dorada, tanto o más que la ochentera, llamados a insuflar nuevo aire (aunque con escasa innovación) a un género siempre marginal y denostado por la masa. Saratoga y “Agotarás”, su nombre al revés (paradójicamente pusieron al heavy “del revés” con éste disco) fueron la puerta de entrada, el símbolo de una generación, la oportunidad de conquistar los cielos por parte del heavy nacional. Ahora ese trabajo cumple quince años, en los que el género implosionó, debido en parte al hundimiento del sector musical, la crisis y la mala gestión de la escena, y además nos encontramos delante de un grupo con nueva voz.

Quince años después de verlos en Repvblicca con aquel elepé, volvía a revivir aquellas sensaciones, como si el tiempo nos hubiera dado una segunda oportunidad para disfrutar de las canciones tapadas del disco, las menos frecuentadas por nuestros oídos. Y ahí estaba parte de la València que les aupó, y que seguro estuvieron en ese bolo, también estaba parte de las nuevas generaciones de fans, porque, aunque su fama haya menguado, Saratoga siguen en pie y haciendo música. Ellos que han sobrevivido a la marcha de Leo Jiménez, a la casi desintegración del combo y que han editado elepés irregulares, siguen en la cresta de la ola.
Un telón con la mítica y preciosa portada del disco de marras nos metía en situación, como si nos hubiéramos subido a un Delorian y hubiéramos aparecido en aquel lejano 2002 (por cierto, año capicua como el título del álbum). La sala estaba llena, la gente expectante y la intro haciéndonos salivar. El disco iba a ser tocado íntegro, y así comenzaron, dándonos un buen jag en la cara. “Con mano izquierda” abrió la velada, ¿de verdad conocen ustedes una forma más eléctrica de comenzar un concierto?. Lo que teníamos delante era un grupo all star, como esos que se anuncian ahora, de grandes músicos. Músicos que tuvieron la fortuna de encontrarse en la vida y formar parte de una banda y madurar conjuntamente. Jero, Dani, Niko y el todopoderoso Tete, y lo decimos así, sin que nos tiemble la voz.

El arranque sonoro de “Agotarás” es un dechado de buena música, de verdaderos himnos, así que con tonadas del calibre de “Las Puertas del Cielo”, “Tras las rejas” o “A morir”, tenían la victoria de su lado. Es cierto, por otra parte, que el disco, como suele suceder, se va desinflando poco a poco, y su calidad en conjunto es irregular, aunque siempre destacan temas como “Parte de mi” o “Gran cazador”. Tete estaba muy entregado, pero Niko parecía más ausente, quizás pensando en todo lo que suponía aquel disco y aquella época de ensueño. El final de dicho trabajo suponía un retorno al metal pesado de la mano de “Mercenario” y “Resurrección”. Y para coronar tan magno repaso al disco que nos cambió la vida, “Ratas”, un tema que volvió loco al respetable. Se había terminado con ella la conjura del disco, el más que merecido recuerdo. Ahora tenían que demostrar que después de ese elepé (y antes) también hubo vida.

Se marcharon a 1995 para rescatar (nunca mejor dicho) “Grita” de su primer trabajo. Un tema arriesgado, ¿cuánta de la gente que poblaba la sala conocería o recordaría la canción?, sorpresa: fue de las más coreadas. “Perro traidor” es una joya, una de esas letras que cantas con tanto desprecio que enciende tu parte animal. Un trallazo que Tete borda. Desde “El clan de la lucha” (2004) escupieron “Maldito Corazón”, (“maldito corazón, bebes de mi dolor, sueñas con destruir todo lo bueno que hay en mi…”) nunca me cansaré de decir que aquel extraño álbum, pero lleno de calidad, tenía una de las peores portadas del heavy nacional. En éste momento me doy cuenta que Niko, por fin, está a tope, dándolo todo, cogiendo el bajo y moviéndolo sin parar, colocándoselo en el muslo, ametralleándonos a todos, vamos, como siempre. Se nota que en cada nuevo tema el concierto iba creciendo. Y por fin entramos en las canciones en las cuales las cuerdas, prodigiosas esa noche, de Tete Novoa participaban. “Secretos y Revelaciones” (2009) tuvo su momento con “No sufriré jamás por ti” y se despidieron del público con un tema de uno de sus mejores trabajos, para mi el mejor desde “El clan de la lucha” (2004), que es su último disco hasta la fecha, “Morir en el bien, vivir en el mal” (2016). “Como el viento” sonó brutal, como prácticamente todo el elepé.

Nos marchamos de allí con un sensación extraña. Primero, el disco en la voz de Tete suena perfecto, no me importaría que lo regrabaran, segundo, la semana anterior habíamos asistido al bolo de Stravaganzza y la verdad es que Saratoga está en un nivel mucho más elevado (aunque con trallazos así no es para menos), juega en una liga superior, más compactados y con mucha mayor pegada. Y por último, espero que aprovechen éste momento de plenitud para editar cuanto antes nuevo material.

Texto: Javier Caro
Fotos: Lorena Mora

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