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OPINIÓN: ¿Sobrevivirá nuestra escena al Covid 19?

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En estos tiempos de pandemia absolutamente descontrolada, con rebrotes por todas partes y con un incierto futuro para todos nosotros, tanto a nivel sanitario como económico. Recordemos que de la crisis sanitaria, deriva una crisis económica de proporciones apocalípticas; que amenaza con dejarnos a todos en la más absoluta miseria. Hay algo que nos inquieta mucho: La situación en la que quedara el sector cultural cuando salgamos de esta y, concretamente cuál será el estado de la escena rockera y metalera el día que se derrote al virus definitivamente.

Hay varios frentes de los que hablar y muchos puntos por desarrollar: en primer lugar, diferenciar entre la escena internacional y nacional. Seguidamente, analizar la situación de promotores, bandas, salas y público. Finalmente, plantearse qué hará la administración para solucionar todo esto, así que vamos por partes.

En cuanto a la escena internacional creo que no estoy capacitado para dar mi opinión pues desconozco las legislaciones de cada país y su forma de afrontar esto en cada uno de ellos. Sí me consta, porque así me lo contó Schmier de Destruction en una entrevista que, al menos en Alemania, se han dado ciertas subvenciones a las bandas para que pudieran seguir adelante en estos momentos de inactividad; aunque él mismo dibujaba un panorama dantesco en Dinamarca y Suiza por ejemplo, así que dejaremos este apartado para mejor ocasión y nos concentraremos en el nacional.

En España lo que está pasando con la cultura no tiene nombre. Es el sector más castigado por la crisis y además el usado para pagar los platos rotos de la situación. Vemos que la administración se muestra absolutamente indiferente ante las necesidades de un sector que, si ya estaba en una mala situación antes de marzo de 2020, ahora parece tocado de muerte.

Sala-La-Petite-Cabaret

Sala La Petite Cabaret

Cines y teatros cerrados, salas de conciertos y de fiestas clausuradas, bares y lugares de ocio nocturno cerrados u obligados a cerrar a las 23:00, verbenas al aire libre prohibidas y todo tipo de concentraciones festivas o lúdicas, sean del ámbito que sean, inexistentes. Y todo esto mientras la gente se agolpa en las terrazas de los bares diurnos, llena los restaurantes y abarrota playas y piscinas sin ninguna medida de seguridad ni mantener distancia social alguna.

Y digo yo ¿Es que el virus diferencia según de lo que se trate? ¿Se producen la mayoría de contagios en actos culturales, donde se respetan las normas y el uso de mascarilla es absolutamente obligatorio, mientras en playas y piscinas pasa de largo aunque no se tome ninguna precaución? ¿Acaso en los bares y restaurantes el virus no aparece mientras se encuentra agazapado en alguna esquina de las salas de conciertos, esperando que llegue la gente para infectarla sin piedad ni contemplaciones?

Y aún podemos ir algo más lejos; no se otorga ninguna ayuda al sector cultural y específicamente al musical, sistemáticamente se deniegan las ayudas a músicos, montadores, pipas y demás personal necesario para organizar un concierto mientras, paralelamente, se conceden subvenciones millonarias al sector taurino que tiene el mismo contenido cultural que una guerra entre países.

Mi reflexión es ¿Qué piensan nuestros gobernantes? Un país sin cultura es un país muerto, una sociedad sin música es una sociedad carente de contenido y muchas veces de sensibilidad. ¿Preferimos tener a unos señores matando animales que a una banda sobre un escenario haciendo disfrutar a la gente?

Analicemos ahora con detalle el sector musical empezando por los promotores: diferenciemos entre dos tipos de promotores; los grandes, los que organizan los grandes festivales y nos traen a las grandes bandas internacionales. Evidentemente, están sufriendo y van a sufrir, tanto pérdidas económicas como perjuicios de otra índole, pero tienen base suficiente para aguantar. Los festivales se posponen al año que viene, negocian con bandas y mánagers su inclusión en los carteles futuros y, al final, habrá sido como si el 2020 no hubiera existido, seguirán con su actividad y con sus negocios más o menos como siempre.

Sala-Babel-Alicante

Sala Babel – Alicante

Otra cosa muy distinta son los promotores de tamaño medio, pequeños o locales. Para estos el panorama es absolutamente negro. Sus bolos, la mayoría de veces programados a base de sangre, sudor y lágrimas y a costa de su patrimonio personal, simplemente se cancelarán, tendrán que abonar las cantidades acordadas tanto con bandas como con salas y, en muchos casos significará su ruina.

¿Cómo vas a poder superar una situación en la que tienes que sufragar todos los gastos y no puedes generar ningún ingreso cuando, ya de por sí, las dudas sobre la viabilidad de tu “negocio” eran más que notorias? Muchos se verán abocados a la quiebra y se perderá, al menos por algún tiempo, el tejido que mantiene viva la escena, al menos para las bandas que no están en el top de popularidad y que no son capaces de congregar a grandes masas.

No olvidemos que este tipo de promotores son los que mantienen viva, muchas veces, como ya he dicho, a costa de su patrimonio personal, la escena de nivel medio y bajo en nuestro país. Ellos son los que programan a las bandas de segunda o tercera división (con todo el respeto para las bandas) y, sin ellos, lo que quedará será un páramo desierto.

El segundo capítulo de este relato de terror que parece sacado de la obra de Edgar Allan Poe corresponde a las salas. Y, nuevamente, hay que diferenciar entre las grandes salas y las pequeñas.

Las salas que ofrecen conciertos de gran formato, con aforos más que respetables y que trabajan con grandes promotores y bandas de todos los estilos sufrirán, están sufriendo y mucho, las restricciones actuales, evidentemente. Tienen que mantener su infraestructura, su personal y todo lo relativo a su negocio con ingresos cero, cosa harto difícil, puede que algunas se vean abocadas al cierre pero pienso que la mayoría lograrán sobrevivir de alguna manera y seguir adelante con su actividad  cuando termine la pesadilla.

Sala La Fábrica de Chocolate en Pontevedra

Sala La Fábrica de Chocolate – Pontevedra

No hay que olvidar que en la diversificación está la clave de una buena gestión y, al final programando menos conciertos de rock y metal y muchos más de pop o de músicas más comerciales lograrán recuperarse y seguir adelante con su actividad.

Otra cosa son las salas pequeñas que, a lo largo de los años se han ido especializando, algunas solo programan eventos de rock y metal y por su reducido aforo, de bandas de nivel medio y bajo con poca capacidad de congregar público. La estrategia para mantener vivo su negocio, hasta ahora, ha sido el contrario al de las grandes salas. Han tenido que especializarse y centrarse en una pequeña porción del pastel para poder mantener llenas sus agendas y programar conciertos cada fin de semana.

No puedo estar seguro porque habría que conocer al detalle la capacidad económica de cada una y, obviamente, no es el caso, pero apuesto a que bastantes van a tener que cerrar definitivamente. Se han mantenido sin actividad desde marzo hasta junio y, precisamente ahora que veían la luz al final del túnel; que poco a poco estaban intentando retomar la actividad, muchas veces con la complicidad de las bandas, programando pases dobles para adaptarse a la limitación de aforo, las vuelven a clausurar.

Si ya resultó difícil resistir el impacto del primer golpe, mucho me temo que el segundo las va a dejar K.O. ¿Cómo van a poder superar un segundo cese de actividad cuando ya estaban al límite,  o más allá de él, en su capacidad de aguante económico? Muchas se verán abocadas al cierre y, al menos de momento, dejarán huérfana una parte de la escena que es imprescindible para mantener la salud del sector medio bajo de la misma.

Sin salas pequeñas o medias ¿Dónde van a tocar las bandas con poca capacidad de convocatoria? ¿En la calle? ¿En las estaciones de metro? Difícil panorama tenemos por delante en este aspecto.

Y por último, hablemos de las bandas: hay que diferenciar, como no, entre las grandes y las emergentes, tanto a nivel local como internacional. Para los grandes al final será un episodio incómodo pero superable, sus giras se aplazan y no tendrán ningún problema para programarlas en 2021, como ya estamos viendo. Los estadios se seguirán llenando y la gente seguirá pagando fortunas por disfrutar de una buena dosis de rock geriátrico, como mandan los cánones. No hay que olvidar que estas bandas son empresas con un gran nivel lucrativo además.

Sala-Vivaldi-Barcelona

Sala Vivaldi – Barcelona

En cuanto a las otras, a las pequeñas, a las emergentes, a las que apenas tienen espacios donde tocar, las que luchan día a día por mantenerse vivas en una escena que ni las respeta ni las valora en su mayor parte, el panorama es dantesco y el futuro incierto y muy oscuro. Sus bolos simplemente se cancelan y no hay ninguna garantía que se cuente con ella en fechas futuras.

Cuando tienes que rascarte el bolsillo hasta que no queda ni un céntimo de euro para lanzar un disco, del que no vas a vender ni una cuarta parte de la edición pues prácticamente solo lo vendías en tus bolos. Cuando has invertido todo lo que tenías disponible para producir un merchandasing que te permita subsistir con las ventas que consigas en los conciertos te ves, con todo el material en casa y sin ninguna fecha para empezar a rentabilizarlo.

Ni un solo concierto de bandas emergentes se va a llevar a cabo mientras dure la pandemia y, cuando acabe, ¿Dónde van a tocar si el tejido de salas pequeñas se habrá perdido?

Si la escena, en este aspecto, ya estaba tocada, pienso que ahora se va a hundir. Muchas bandas tendrán que cesar, o al menos replantearse seriamente, su actividad y buscar algunas formas innovadoras para seguir vivas. ¡Negro panorama nos depara el futuro!

Muchas veces nos hemos lamentado de que hay demasiada oferta de música en vivo y que no hay público para todo lo que se lleva a cabo. Pues mira por dónde, lo vamos a solucionar de un plumazo. Desgraciadamente estoy convencido que después de la pandemia habrá mucha menos oferta de música en vivo, muchas menos salas a las que acudir y muchas menos bandas a las que ver.

En cuanto al público, lo que se detecta es un deseo ardiente de que vuelvan los conciertos y la música en vivo y una necesidad real de volver a disfrutar con normalidad de su pasión.

Pero en las condiciones actuales, cuando vuelvan a abrir las salas y se vuelvan a programar conciertos, teniendo que respetar la distancia social (recordemos que no está permitido acercarse a menos de dos metros de otra persona), con la mascarilla puesta y sin poderse acercar al escenario ¿realmente disfrutaremos de la música? ¿La gente estará dispuesta a acudir a los bolos en estas condiciones o cuando lleven dos conciertos así preferirán esperar al final de las restricciones?

En mi caso, no tengo ningunas ganas de ir a un concierto de esta manera. La música rock y metal es para disfrutarla en la distancia corta, para socializar con los colegas y compartir lo que estás viendo y oyendo. Si no puedo hacerlo no le acabo de ver el sentido a ir a un concierto.

Sala-Ton-Y-Son-Madrid

Sala Ton y Son – Madrid

Y después de pintar de negro mate todo el panorama ¿qué soluciones tenemos? ¿Qué hará la administración para ayudar al sector cultural y el musical? En mi humilde opinión pienso que no harán absolutamente nada. Lo dejarán morir para poder lamentarse luego de lo mal que está el país en este aspecto.

No se darán ayudas, entre otras cosas porque no hay disponible ni un euro para este concepto, aunque si lo haya para los toros, los presupuestos militares, las dietas de los políticos o los múltiples asesores de los ministerios.

Es una cuestión de prioridades y, en este país, la cultura nunca lo ha sido y la música en particular mucho menos. A las instancias oficiales les da igual lo que pase en este sector. Ni siquiera creo que se hayan planteado la pérdida de puestos de trabajo que generará el hundimiento de la escena.

Es muy triste, pero es así. Estamos en un país donde jamás se ha apoyado, ni se apoyará a la música rock y metal y, si se puede aprovechar la ocasión y hacerla desaparecer, mejor que mejor, en definitiva siempre nos quedará el reguetón y el electro latino que eso sí que mueve masas y no cuatro peludos distorsionando sus guitarras y haciendo ruido.

Como nota positiva para terminar, los mandatarios no tienen en cuenta que el rock y el metal son como el Ave Fénix, que siempre resurgen de sus cenizas con más fuerza y vigor que antes, dispuestos a seguir enfrentándose al poder y a lo establecido porque el rock es rebeldía, es pasión, es alegría y es, en definitiva, una forma de entender la vida.

La esperanza es lo último que se pierde.

Desde TNT Radio rock, como siempre, ofrecemos nuestro apoyo incondicional tanto a salas, como bandas, como promotores. No estáis solos, nosotros os apoyamos y os apoyaremos siempre e intentaremos poner nuestro granito de arena para que esto no muera.

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