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Crónica: WACKEN 2018. Día 1 (2/08/18)

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Vuelta a tierras germanas para una nueva edición del festival más mediáticos de heavy metal. Wacken tenía que resarcirse de una edición anterior donde la imagen principal fue lodo y mal tiempo. Este 2018 tenía el problema meteorológico solucionado ya que nos esperaban unos tres días de puro calor desértico, y todo tenía a priori, unos alicientes en forma de Judas Piest, Nightwish, Running Wild, Ghost y la reunión de los que jugaban en casa, los Pumpkins United de Helloween.

El jueves tras una rápida entrada y hacernos con los cambios de la zona de prensa respecto al año pasado, conseguimos llegar a media tarde para ver el primer concierto de la edición. Los americanos Converge llegaba en pleno tour de su álbum “The Dusk In Us”. Los de Massachusetts van con la promoción de este último trabajo y aquí se pude ver en su setlist. Mitad álbum tocado sin descanso junto con “Dark Horse” y la mítica “Concubine” del “Jane Doe”. Personalmente, me hacía ilusión ver a Converge porque nunca he tenido la ocasión de verles y además, poder ver el nivel que dan Jacob Bannon y Kurt Ballou.

Hay que decir que te vas con unas ganas de reventar cosas porque al acabar “Concubine”, la fuerza de la banda fue tal en la tarde del jueves que empezamos el festival con una energía bestial. Para un servidor, poder escuchar cómo suena este último trabajo, hay que reconocer que tanto “Under Duress” y “Arkhipov Calm” han venido para quedarse. A nivel de músicos, la banda fue un vendaval y transmitieron estar a un nivel de forma más que notable. Primera actuación y primer notable alto. ¡Empieza bien este Wacken 2018!

Tras llegar el mismo jueves a este lugar sagrado llamado Wacken y realizar las gestiones oportunas para poder acampar, y acceder al recinto donde ya llevan funcionando las bandas desde hace unas horas, presumimos que esta edición no nos iba a dar demasiadas sorpresas climatológicas, en lo que se refiere al tiempo extremo, si tenemos en cuenta lo dura que fue la pasada. Nuestra primera toma de contacto llega con VISIONS OF ATLANTIS, que llevan desde hace cerca de una década intentando alcanzar un estatus que le diferencie de formaciones de cantantes femeninas referentes que haciendo un mínimo ejercicio de pensamiento, transitaran por nuestra cabeza. Lo bueno que tiene esta formación austriaca es que el collage de voces femeninas por parte de Clémentine Delauney se intercambia con la del apuesto Siegfried Samer. La verdad es, que han ocurrido tantas cosas desde que se puso en funcionamiento este proyecto, manteniéndose como único inductor de la historia detrás desde entonces, a su fundador batería Thomas Caser, que a mí me costó creérmelo como algo puro. Lo denominaría un proyecto difícil de cuajar, en el que pasan y salen artistas intentando mantener el nombre vivo. La mezcla de fragilidad  y dulzura de la cantante francesa Clémentine, quien hace años formara parte de Serenity y que posteriormente veríamos actuar en ese mismo escenario con la banda Exit Eden, era el mayor reclamo de miradas, sin duda gracias a su portentosa voz, que le ha permitido en distintas circunstancias formar parte orquestas filarmónicas en su tierra. El breve tiempo del que dispusieron se lo dedicaron en parte a su último trabajo “The Deep & The Dark”, tocando los temas “Ritual Night” y “Return To Lemuria”.

EXIT EDEN tendría lugar apenas cuarenta y cinco minutos tras después de la actuación de Visions Of Atlantis, es decir, Clémentine Delauney pisaba de nuevo el mismo escenario pero esta vez acompañada de otras portentosas voces femeninas, las de Amanda Somerville, Anna Brunner y Marina La Torraca. Las vinculaciones que se les otorga con el mundo del metal y el sinfonismo no ponían en duda su calibre a la hora de estar todas juntas sobre el escenario, pero no pasó de ser un toma y daca de intercambio de voces corales faltas de volumen y buen sonido por parte de este escenario algo falto de recursos, el Wackinger Stage. Seguramente que les brindarán una nueva oportunidad en un sitio con más posibilidades, porque bien es cierto que la afluencia de púbico, entre seguidores de ellas en sus distintos proyectos y curiosos que pasaban por allí, hacia que se colapsara algo el espacio. Este proyecto puesto en marcha para atajar distintas versiones de grandes éxitos del pop y de la música disco, tenía su punto atractivo en estudio. Fue publicado el pasado año bajo el título de “Rhapsodies In Black”, y quizás, la noticia era, poder verlas juntas en directo más allá de esas piezas sacadas en un estudio de grabación. Optaron por temas de Rihanna, Katy Perry, Backstreet Boys, Lady Gaga, Visage, Bonnie Tyler y Depeche Mode, ciñéndose al núcleo duro de lo que tienen grabada en ese disco. Seguro que habría gente que no movería ni los párpados, pero a mí me movieron algo las pestañas, como si fueran persianas.

Miramos unos pasos para la derecha y estamos en el W.E.T. Stage para poder ver a qué nivel están los austriacos Belphegor. Dentro de su Totenritual Festival Invasion, los de Salzburgo hacen parada en Wacken antes de Leyendas del Rock en Villena. Mucha gente y casi un lleno de carpa hacen presagiar que la cosa puede prometer. Helmuth, Sigurd y Serpenth salen a escena y con el “Totenritual” a modo de propaganda. Medio setlist como con Converge para hacer esta parada. De su último truco de magia sonaron “The Devil’s Son”, “Totenbeschwörer” y “Baphomet” entre otras.

Hay que decir que no ha sido uno de sus mejores actuaciones. Recordaba en el concierto conciertos anteriores y en solitario y claro, hay grupos que en festival pierden esa magia que obtienen yendo en solitario a las salas. Es una pena, pero se me hizo lento y con falta de punch. ¿Qué puedo faltar? Un público poro entregado salvo los aplausos entre canción y canción, pero bueno, eso siempre estará ahí. A nivel técnico, el sonido es increíble tanto en el W.E.T. Stage como en el Headbanger Stage. Es increíble lo que te da esta carpa de Wacken. Para mí, espacio imprescindible en este festival. Público menos masivo que en los escenarios principales pero agradecido siempre de la cantidad y calidad de bandas que pasan por estas tablas. Helmuth intentando agarrar el ánimo del público pero nada, no era el día.

Volvemos a dar unos pasos a la izquierda y otra vez, como con Converge, el Headbangers Stage nos daba a Watain. Los de Upsala siempre convencen. El black metal tiene que hacer una mesa de comedor grande para que los suecos cenen cada noche. Erik Danielsson es un frontman increíble. El espectáculo fue increíble con una cantidad de fuego que daba para barbacoa. Con el “Trident Wolf Eclipse” sacado, la banda no se obcecó en promocionarlo. Sí es cierto que interpretaron “Nuclear Alchemy”, “Sacred Damnation” y “Furor Diabolicus” pero hicieron memoria cada uno de sus trabajos anteriores. Todo parecía muy estudiado porque a cada canción había un nuevo juego de pirotecnia e interpretación.

Stellarvore”, “Devil’s Blood” o “Malfeitor” estuvieron dentro del programa y tanto Pelle como Hakan estuvieron a una altura envidiable. Una gran manera de acabar el día en la carpa más extrema del festival. Festín de black metal y con un nivel de actuación sobresaliente. Es que Watain cumple siempre y personalmente, deberían de ser referentes más importantes si cabe, de un género tan bello como técnico. Los suecos como saquen un próximo álbum que vuelva a dar un puñetazo en la mesa, me da que Watain serán pilares en los festivales black.

Volver a ver a JUDAS PRIEST de nuevo en esta eterna gira de despedida, se está convirtiendo en un regalo continuo cada vez que uno tiene ocasión de disfrutar cada concierto como si fuera el último. “Firepower” tras hacer sonar la intro del corte engancha con lo más actual de los ingleses, que no tardaran en hacer uso de las facultades que tienen para imitar a sus mismos personajes, los que unos llevan de forma original, dígase Rob Halford, Glenn Tipton y Ian Hill, y quienes imitan muy bien a los que a muchos nos hubiera gustado ver en esta gira de despedida, dígase K..K. Downing y Glenn Tipton, ausente uno por y el otro saliendo de forma testimonial hacia el final…. Así es el destino…, Los que hoy en día están, les imitan con cuero, saludo y poses, es decir, Richie Faulkner y Andy Sneap. La procesión de clásicos con “Grinder”, “Sinner”, “The Ripper”, hasta llegar a otro de los temas nuevos, “Lightning Strike”, apenas deja unos segundos de espacio entre el comienzo de un nuevo hit y el siguiente, al guardar esa pequeña pausa y enlazar con el próximo corte sin mediar palabra por parte del cantante, que bastante tiene ya Rob Halford de mantener la voz hasta que llegue el final del concierto. Entre medias, su cambio de vestuario, sus ausencias del escenario para retomar fuerzas durante las partes instrumentales, y el eco del exagerado rever retumbando por el lugar, hacen que todo coja la forma adecuada y necesaria para disfrutar con ellos. Cuando sonó “Turbo Lover”, tema que antaño fue tan criticado por sus corte sintético y que ahora es ineludible clásico, sigo fascinándome de cómo se pueden encajar ciertas canciones en los gustos de la gente dependiendo del tiempo y forma en el que sean interpretados. Cuando Rob hace “Painkiller” justo antes de marcharse para realizar el posterior bis, le vemos ante la prueba de fuego que una vez más supera con mucha concentración en esos agudos ya difíciles de copiar a los de sus comienzos. Las inmensas pantallas cambiando de decorados son una buena porción del espectáculo. Las miradas también se centran en Andy Sneap, quien sustituye al malogrado Glenn Tipton a consecuencia del Parkinson y quien con el comienzo del bis al sonar “Metal Gods” le hacen pasar al escenario de forma presencial y diría yo que casi testimonial para los siguientes cortes, en donde interpreta sus partes de guitarra incidiendo en sus solos de guitarra que nutren sus enmarañados dedos mientras Halford imita los pasos del zancudo robot hacia el final del corte. Sigo estando enamorado de ellos… Qué pena me va a dar cuando un año de estos dejemos de verles de verdad interpretar clásicos como “Breaking The Law” y “Living After Midnight” frente al griterío de un púbico enfervorecido, pues así fue, una vez más, cómo termino su presencia en Wacken en esta ocasión.

GAAHL’S WYRD era como la prolongación de las tradiciones esotéricas flanqueadas por los oscuros cauces del black metal a los que Kristian Eivind nos tiene acostumbrados tras años de fructíferos proyectos al frente de Trelldom, Gorgoroth, God Seed o Wardruna. La base oscura de este nuevo espectáculo tipical black metal noruego del apodado Gaahl, ya tenía suficiente fundamento para pasarse por allí a echar el rato. Y es que asistimos a un espectáculo rítmico y contundente marcado por músicos de la vieja escuela. Basado en su mejor manera de enseñar los dientes, al traer consigo algunas de sus composiciones realizadas años atrás con Trelldom, God Seed y Gorgoroth. ¿Qué más le podías pedir a un show cómo este que reinvidicara una especie de grandes éxitos de su trayectoria?, pues la verdad, que teniendo en cuenta que las pinturas de guerra estaban plasmadas sobre el rostro de Gaahl, al menos un poco más de tiempo sobre el escenario.

Texto y fotos: Raúl «Mister Virus» García y Alejandro Díaz.

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