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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2022, Tilburg. Día 3 (23/04/22)

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DÍA 3, SABADO 23 ABRIL

DIVIDE AND DISSOLVE llegaban por primera vez al festival como nosotros arrancábamos la mañana del sábado, con todas las ganas de empezar a recorrer los distintos escenarios y llenarnos de nuevas sensaciones. Así que situados frente al escenario “The Terminal”, el dúo australiano empezó con su recital de sonoridades ambiguas, ruidosas y al tiempo algo pausadas, en donde prevalecía el complemento literario y explicativo entre canciones, para meter en contexto cada nota instrumental que harían sonar. Me había levantado con la quinta velocidad metida para que mis zapatos fueran lo más rápido posible y así poder ver cuantos más artistas mejor, pero tuve que ponerme a ralentí para entender el hipnotismo verbal que acontecía a las trazas musicales. Batería, guitarras y otros instrumentos ambientaban esta apuesta tan personal como emocional. Ya avisaron en los primeros compases del show, indicándonos que creían necesario hablar todo el tiempo que fuera necesario sobre la sociedad y el concepto de sus canciones de forma relajada durante su espectáculo. Tiempo…preciado tesoro. Éxitos para ellas.

SORDIDE lejos de la monotonía del silencio, nos presentaba su trabajo “Les Idées Blanches” de forma íntegra. La formación francesa tienen cierto halo de misticismo con una sonoridad que me pareció ciertamente interesante por las variadas instrumentaciones, a veces llevándome a recordar a clásicos del black metal, pero dándole un toque personal que al momento me parecía estar ante una compilación de herederos de la old school oscura que fuera vanguardia en su momento, con brillos punkarras y toques instrumentales con una especia de disfonías (en las cuerdas del mástil) intencionadas, que enganchaban. Rompían los ritmos de una forma inteligente. Es posible que estuviéramos ante unos futuribles portadores de la nueva variante de lo que será la enésima fusión del black metal en tiempos actuales. Al parecer al día siguiente tocaron en el cercano bar Little Devil haciendo un set exclusivamente dedicado a temas de Nirvana. Me hubiera gustado haber podido verlos, pero el domingo, como ya os contaré en el próximo artículo, los escenarios a esas horas estaban muy recargados y se solapaban sin tregua alguna. De hecho, salí pintando para el “Hall Of Fame” para apenas llegar a ver el final del show del grupo de Eindhoven THE BALLET BOMBS, y que en lo poquito que me dio tiempo a ver capte como hacían vibrar el alma de un rock and roll glamuroso que iba más allá del postureo escénico. Os confieso que me disgustó tener dos bandas tocando al mismo tiempo con set tan cortos, y no poder estar viendo a dos al mismo tiempo. Por favor, queridos organizadores de Roadburn… ¡que vuelvan a ser integrados estos holandeses el próximo año, merecemos una nueva oportunidad y ellos más visibilidad gracias a las buenas vibraciones que descargan!

GNOD habían caído del cielo en el “Next Stage” casi sin previo aviso (las sorpresas de nuestro querido Walter y el equipo que lo respalda), para mantenernos a los roadburners activos y atentos como si tuviéramos un cartón de bingo o algún décimo de lotería comprados esperando a ver qué premio salía en el sorteo sorpresa del día que anunciaba nuestro teléfono. Cuando pude ver a estos ingleses en la edición de 2017 sacudiendo distintos escenarios del lugar me quedé bastante alucinado, porque traían diversas y distintas formas de experimentar con su música, llenas de percusión, caos, improvisación y al mismo tiempo elegancia. Solos o con amigos, y dentro de sus propuestas tan psicodélicas como electrónicas, aquel año me integraron en un viaje sin necesidad de gastarme el dinero en droga alguna. En esta ocasión, Oscar Torres, mi compañero de viaje, autor de las mayorías de los videos que adjuntamos en cada crónica diaria, me susurraba al oído una vez iniciado el show, que dónde coño estaban los músicos de la otra vez porque no terminaba de identificar a los responsables del alboroto provocado cinco años atrás. A mí también me faltaban alfiles en esta partida. Y claro, es que la formación inglesa es una especie de colectivo de músicos en rotación que hacen de sus conciertos únicos espectáculos, a costa de variar músicos y sonoridades. En esta ocasión estuvieron lejos de aquella experiencia, pero eso no quita que estemos deseando volver a verlos. La inclusión de última hora de Gnod en el programa, terminaría de nuevo tumbando la planificación previa de ver a los franceses HANGMAN´S CHAIR presentar íntegramente su último trabajo titulado “A Loner”, así que me quedé a medias de lo que quería recibir, porque lo que tuve tiempo de ver volvía a ser una destilación de ese doom melódico que se cuela en la médula y te hace sentir escalofríos. Recuerdo que cuando los vi por primera vez en Francia, durante el festival Hellfest, en la edición de 2016, tocaban al comienzo de una de sus jornadas, y apenas tocaron media hora, su tiempo establecido. Entonces me quedé tan necesitado de más, como me estaba ocurriendo en esta ocasión, aunque  por circunstancias distintas. A veces no es ni tan sencilla ni tan cómoda la presencia del visitante de Roadburn, pero como siempre, este evento tiene todo ese poder de atracción que te saca fuera de la zona de confort a la que estamos habituados a la hora de ver conciertos de forma habitual.

EMMA RUTH RUNDLE ya en sus anteriores visitas a Roadburn me dejó claro que no era una cantautora al uso, gracias a la combinación de canción de autor en formato folk, post rock y ambient que destilaba su ingenio. Esta vez con un piano de cola plantado sobre el escenario, daría el recital más personal recordado. Minutos antes de su comienzo perfilaba aún que todo estuviera en orden sobre lo que sería ese mundo tan sensible que iba a interpretar al hacer el disco “Engine Of Hell”. También estuvo cuidadosa de que las partituras no se volaran de su sitio con el mínimo silencio del alma levitando sobre las mismas. Tras un breve paseo ante la más cegadora oscuridad acompañado de un técnido de escenario, dejaba el piano apartado para volver a el de una forma protocolaria a la hora exacta de comienzo de su espectáculo. Con el arranque del tema “Return” tendría a todo el mundo conteniendo la respiración para no generar ni un mínimo ruido. Los silencios que ella dejaba entre su voz, la sonoridad del teclado y los arpegios de guitarra en formato acústico que iba alternando se respetaban de tal manera que pareciera que allí no había nadie. Fue tremendo con que solemnidad nos desgranó todo el contenido del álbum sin que se escuchara ni una respiración por parte del público. La angelina fue tan cautivadora como única la conocemos.

RADAR MEN FROM THE MOOM en el “Engine Room” tampoco era cuestión de perdérselos. La idea era intentar integrarme lo más dentro de la locura escénica que ejecutan los holandeses. Quizás porque el paso de los años te hace sentir de otra manera, o tal vez porque la formación no era la misma que me encandilaba años atrás, no me terminé de enganchar a su maquinaria sonora, aunque la sensación fue como estar metido en una espiral in crescendo que empieza lentamente y que tras el aumento del bucle sonoro terminan consiguiendo desencajar cada uno de los huesos si bailas al ritmo de su actividad frenética. Tenía pensado quedarme a ver como aquello terminaba de estallar, pero un aviso en el móvil decía que Primitive Man actuaba por sorpresa en otro escenario y salí de allí pitando intentando llegar antes de que aquello colapsara y fuera imposible entrar al “Ladybird”, que efectivamente fue lo que ocurrió haciendo inútil la intentona. En cualquier caso, a nuestros generadores de sonidos excéntricos que había dejado por la mitad, tendría ocasión de seguir viéndoles con otro proyecto musical encargado que ya trataremos cuando llegue el domingo. Igualmente me reservo para la siguiente jornada contaros sobre Liturgy, que tuvo ocasión de tocar el sábado y el domingo en el “Mainstage” con dos propuestas distintas.

FIVE THE HIEROPHANT  habían tocado el día anterior en compañía de otros entes misteriosos y eclécticos gracias a ese proyecto creado para la ocasión llamado Atonia, pero aquí iban a poder despacharse en su salsa sin cambiar de hábitos. Tras un lento inicio protocolario donde el olor a incienso te preparaba ante la aparición de sus integrantes ajustando el comienzo con el sonido de campanillas, trompas y saxofón, todo parecía estar dispuesto para que te sintieras tras haber pasado por el túnel del tiempo unos siglos atrás situado en la Edad Media. Aún no encuentro la razón por la que en un momento determinado me vino a la cabeza algún episodio de época donde hacía mella La Peste, y entonces de forma impulsiva fui a buscar en mi bolsillo por si seguía en el mismo sitio mi poco útil mascarilla anti Covid que terminé utilizando como clínex. Esta banda de Londres fue de lo más exótico del día, aun teniendo como único contraste colorido, el negro de sus atuendos. El saxofón en todo momento tuvo un principal protagonismo, haciendo que la fusión de psicodelia, jazz, doom y sonidos drone me hiciera constatar el descubrimiento de la enésima ramificación del concepto progresivo.

KÆLAN MIKLA es el nombre que corresponde al trío femenino procedente de Islandia y que iba a destripar su trabajo Undir Köldum Norðurljósum” en base a un sonido sintético cercano al darkwave lleno de dulzonas melodías, sabiéndose del mismo, que en parte de su espina dorsal, ha contado con la colaboración de Alcest. En el “Engine Room” a medida que iban cerniéndose unas ambientaciones donde la iluminación oscura conseguía transformarse en túneles de luces creando atmósferas paranormales, yo me acordaba de los espectáculos de Oranssi Pazuzu o de los propios Alcest. Y pensaba que igual algo tenían que ver los franceses con todo esto. Bueno, pues la sorpresa saltaba en un lateral del escenario, frente a ellas se encontraba el propio Neige tocando la guitarra y haciendo algunas voces hacia el final del concierto en el tema “Hvítir Sandar”. Entonces todos cuadraba. Fue curioso el detalle que tuvo al término del concierto, cuando se quitó de en medio saliéndose del protagonismo del concierto, dejando que las tres integrantes saludaran al público mientras eran ovacionadas. ¡Todo un caballero!

THE HOLY FAMILY era la apuesta psicodélica llena de percusiones que acercaba desde el Reino Unido David J. Smith hasta el “Next Stage”. Apoyado en una banda que iba dando consistencia a los mantras sonoros del capitán Smith, quien se encontraba sentado en el centro del escenario ataviado como si fuera su majestad Gaspar, pero sin su camello. El colorido del ácido sonoro retumbaba entre las consolas de su equipo que iba aporreando cual timbales fueran, acercándonos los temas de su debut homónimo publicado a principios de 2021. Para conseguir integrarte en la propuesta debían de pasar los suficientes temas por tu corteza cerebral y asimilar esa preparación diseñada en el show hacia el viaje final. Lo cierto es que percibí la cosa como si de una jam session se tratara con unos cuasi inertes músicos integrados en los laterales, dejando que su sombría presencia iluminara aún más el misterioso culto que esconde “la Sagrada Familia”. ¡Delicioso el viaje, y eso que sólo me hizo falta beber apenas unas Bavaria para conseguirlo!

ULVER regresaba al festival cinco años después de la anterior vez. No era difícil imaginar que algo distinto y sorpresivo iba a ocurrir tras la malla transparente que haría de doble pantalla, al duplicarse también lo que estaba siendo proyectado en el fondo del escenario durante todo el concierto, pero… ¿qué misterios nos acercaría en esta ocasión su frontman Kristoffer Rygg? Pues…tendríamos que esperar varios minutos de proyecciones sobre esa gigante especie de mosquitera para que tras una alargada introducción diera comienzo “One Last Dance”. La propuesta que mantuvieron durante todo el concierto me pareció original y genuina, pero cierto es que apenas impedía observar detalles nítidos de lo que iba aconteciendo sobre el escenario. Conexionados cada uno de los temas, a los que iban maquillando de una manera distinta a como suenan en su fase original, nos íbamos adentrando en un terreno de distendidos momentos, con solos de instrumentos y jam sessions filtradas a bases de sonidos techno que a veces bien pareciera tener delante a Depeche Mode. Evidentemente Ulver ha ido creado con el tiempo esos sonidos dentro de la metamorfosis que ha generado su evolución, pero claro, con toda esa parafernalia de luces y proyecciones es bonito transportarse a otros escenarios artísticos. Cuando en 2017 se presentaron en el mismo escenario haciendo íntegramente su disco “The Assasination Of Julius Caesar” pudieron decepcionar a quien no hubiera sabido adaptarse a su evolución de cara a aquel show, siempre enmarcado por una performance visual llena de rayos laser y sonidos discotequeros incitadores al baile. A mi entonces aquello me pareció fabuloso, y en esta ocasión, creo que terminaron rizando el rizo en un show de fábula, no apto para los puristas de Ulver en sus tiempos prehistóricos y su etapa black metal. Sonaron “Russian Doll”, “Apocalype 1993”, “Nemoralia”, “Bring Out Your Dead”, “Machine Guns And Peacock Feathers” o “A Fearful Symmetry” entre otras, ya hacia el final, y evidentemente  ningún tema sonaba como el original porque estaba pensado este concierto para que así fuera. Como yo no soy talibán musical, Ulver consiguió con su show que tuviera mi momento de liberación y disfrute para esta extensa jornada.

DUMA desde Nairobi pusieron patas arriba el “Engine Room”. Esta pareja de alborotadores keniatas, fue lo más grindcore que he visto en mucho tiempo. Como sería la cosa, que no hubo ningún otro pogo más que aquí en todo lo que duró el festival, al menos en los escenarios que tuve ocasión de visitar. Y ver a los propios seguratas grabando con sus teléfonos móviles lo que pasaba sobre el escenario y bajo el mismo, ya daba algunas señales. Vamos a ponernos en situación, un tipo con un trapo usado como verdugo tapándose la cara detrás de una máquina de generar sonidos sampleados adictos al desfase que alternaba algún momento de guitarra cuyo nombre es Sam Karagu, y una tormenta humana zarandeando el escenario llamado Martin Kanja. Sí, he dicho “Kanja” y no “Kanga”. No confundámonos con la artista de Los Angeles de pop electrónico que actuaría después mostrando lo mejor de sí, porque KANGA conseguiría que se te abrieran los ojos y una marcada sonrisa en la cara con sus cuidadosos bailes y en cambio Kanja, si te descuidabas, podía ocurrir que te explotara la cara con sus infernales bailes e inciertos aullidos que estuvieron a punto de reventar el micrófono. Si tuviera que elegir entre Kanja y Kanga, mi decisión es… que me quedo con la oscura sonrisa del mal. Me encantó que me descubriera… ¡”Duma”! su trabajo homónimo.

FULL OF HATE también aportarían un toque de grindcore importante a Roadburn, pero hoy no tendría nada que ver con lo de Duma, sería algo más comedido. Sin duda el concierto compartido que haría en esta ocasión sería como una vía libre hacia la experimentación. La banda estadounidense había sido elegida como artista en residencia para aparecer cada uno de los días con sus multifacéticos espectáculos, donde presentarían íntegramente los discos “Trumpeting Ecstasy”, “Weeping Choir” y su reciente “Garden Of Burning Apparitions”, el jueves, viernes y domingo respectivamente. La cosa para el sábado era distinta, pues se juntaban junto a sus compatriotas NOTHING para darles a estos temas un aura diferente de todo lo demás. Bien al frente de la voces o de los aparatos electrónicos siempre anda Dylan Walker, aquí compartiendo distintos roles con sus asociados para la ocasión. La cosa tuvo un toque ambiental hipnótico, oscuro y siniestro, con la suavidad de la escena de una película de terror que finalmente te sorprende cuando menos te lo esperas y te hace cagarte de miedo. Temas enmarcados en una duración que a veces pareciera extenuarte, así que ¡misión cumplida! Ya sólo nos quedaba un pongo de ¡Kanga! y a pensar en la jornada del día siguiente.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

Videos: Oscar Torres y Raúl García

 

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