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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2017, Tilburg. Día 2 (21/04/17)

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DÍA 2, VIERNES 21 ABRIL

Tras pasar una noche algo agitada y fría, conste en acta para quien tenga pensado hospedarse en camping, que en Tilburg durante estas fechas las temperaturas bajan bastante, nos desplazamos para estar puntuales en la puerta de la sala Extase, ya que aquí será donde se rompa el molde inicial este viernes con la actuación de los californianos ATALA, banda que vería cumplido el sueño de tocar en Roadburn, y además por partida doble, ya que el miércoles estaban programados en Cul De Sac dentro de la fiesta gratuita Hard Rock Hideout que había preparado la organización para los roadburners más madrugadores. Para esta segunda actuación prepararon un set lleno de riffs hipnóticos, con canciones nuevas aún no publicadas, pertenecientes a su próximo álbum “Labyrinth Of Ashmedai”. Todo un detalle, porque además de servirle a ellos mismos como banco de pruebas, a nosotros nos haría sentir más privilegiados de poder conocer temas como “Infernal”, “Grains Of Sand”, “Tabernacle Of” o “I Am Legion”, además retomaron cortes de su homónimo disco, tocando “Broken Glass” y “Sun Worship”. Durante su show se les pudo ver muy concentrados, algo tensos, no carentes de responsabilidades, y por su puesto observadores de quienes les observaban. Buen comienzo para iniciar una jornada que sin duda, para mí sería musicalmente la más completa.

Como era de esperar, tras ver el show entero de Atala, entrar a Het Patronaat para ver a Schammasch se preveía una aventura difícil de consumar, pero nunca pensé que tanto, pues los suizos son una banda sensacional que además tenían preparado show especial alrededor de su disco “Triangle”. Los tiempos de espera para acceder nos derivarían hasta el concierto de los veteranos MAGMA, quienes harían un concierto importante, recordando su trabajo “Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh” editado en 1973. Los franceses venían cargados de toda su aura progresiva y mantendrían un silencio en la sala como si de una obra de teatro se tratara. Sus conciertos de hecho son dignos de degustar observando más que festejando, son depurados, llevan su ritmo, su intensidad sostenida, y también, no nos engañemos, merecen ser presenciados de principio a fin, puesto que pillarlos a medias, puede ser un inacabado ejercicio de meditación. Un concierto algo mágico, que disfrutaron sobre todo los seguidores puntuales y acérrimos a la banda.

Y tocaba moverse del Main Stage al Green Room (así sería casa toda la jornada), porque a esas horas el multiinstrumentista holandés Maurice De Jong estaba recreando pasajes del Libro Del Apocalipsis en un espectáculo que él solito se monta cuando lo compone y graba, pero que aquí lo venía representando como dúo. Fue un concierto lleno de oscuridad  y de sonidos agónicos. Es lo que busca y consigue, porque es en lo que se basa Mories con esta aventura experimental. Su compañera se encargada de samplear todas esas atmosferas necesarias, que hacian proferir en el pensamiento la etimología del nombre de este proyecto GNAW THEIR TONGUES. Extraigamos una parte del pasage 16:10-11 del libro de Las Revelaciones de San Juan en las que se centra para hacer sus conciertos y entenderemos muy bien hasta dónde nos llevó en su espectáculo: “El quinto ángel, que derramó su copa sobre el asiento de la bestia, y su reino estaba lleno de tinieblas, y roían sus lenguas por dolor. Y blasfemaron al Dios del cielo por causa de sus dolores y de sus llagas, y no se arrepintieron de sus hechos…”

La intensidad iba aumentando, y toda la tensión acumulada con la pareja anterior, se dimensionaba con el trío que veríamos a continuación, TRUE WIDOW. La banda de rock psicodélico lleva una década con esta aventura que protagonizan Nicole Estill en el bajo y Dan Phillips en la guitarra, ambos repartiendo las voces de unas canciones que enmarcadas en lo shoegazing sobre el escenario, no dejan de postularse como himnos cercanos al stoner rock tocados por la varita de un contexto de raíz indie. Tal es el estilazo que poseen y la definición que revisten sus temas en directo, que fueron de los triunfadores del día. Más tarde a Nicole la veríamos haciendo buenas migas en la fiesta dj post jornada, con Kristina Esfandiari, cantante de King Woman, pues son tal para cual musicalmente hablando, a quien por cierto, tuvimos ocasión de ver en directo unos minutos antes durante el show que la formación de San Francisco ofrecía en Extase, con un resultado más cerca de lo correcto que de lo sorprendente.

Con BIG BUSINESS volvíamos a sorprendernos con el formado de dúo, pero diferenciados de cualquier formación vista hasta el momento. Si hay que romper el sonido y las formas, aquí los teníamos dispuestos a nuestros siguientes protagonistas dejando de lado a Melvins, pero sin olvidarnos de la   referencia de la que también hacen gala como miembros activos, al igual que de otros múltiples proyectos de los que forman parte. Al bajista Jared Warren entre sus gestas escénicas, como mínimo se le podía ver arrodillándose  por el suelo para seguir el hilo de sus pedaleras doblando a la altura de sus rodillas el pie del micrófono para seguir cantando y enfrentándose a otro tipos de sampleados vocales propios que iba generando. Es un animal escénico. Algo que mantuvo a la par Coady Willis, quien hace sonar de forma algo más que anecdótica percusiones ambientadas en tintineos tubulares para luego deformar el sonido con su particular manera de atacar bombo, platillos y lo que se encuentre por medio. Un ejemplo de lo que puede ser hacer música sin ser multitud. Estuvieron impresionantes.

CHELSEA WOLFE nos iba a meter de lleno en su mundo interior, en dónde muestra ser algo más que una excelente cantante y compositora. Rodeada de oscuridad y un espectáculo donde los tempos ralentizados se daban la mano de otros pasajes oscilantes entre lo gótico, electrónico y alternes folk, las tenues luces devoraban el lugar como si fueran agujeros negros. En ocasiones planeó por mi mente la imagen de la islandesa Björk, lo digo por la textura de la voz. No creo que tengamos que centrarnos en tantas excentricidades, ya que Chelsea es lo suficiente autónoma para saber lo necesario que es saber rodearse de un mundo exterior que permita compartir su manera de ver el mundo.

Un gran descubrimiento el de los italianos ZU, pues tuvieron una alucinante forma de transmitir de forma instrumental sus instintos más noise y hardcore en formato de trío, en donde la batería y bajo podían ser autosuficientes para hacer ruido ordenado, pero incluyendo el saxo en primera línea la cosa se dimensionaba. Un saxofonista como éste, es capaz de disparar todo tipo de suposiciones de cómo ha de actuar un músico dedicado a un saxofón barítono, teniendo la posibilidad de hacer sonar las notas más graves que pueden extraerse de un instrumento como este. Fue inevitable pensar durante su concierto en el saxofonista Dana Colley y lo transgresivo que fue al frente de la banda Morphine, mezclando igualmente jazz y metal de forma experimental, tal como venían haciendo estos romanos.

 

ANTROPOMORPHIA jugaban en casa, pues al ser de Tilburg, se entendía que formaran parte del lugar. También por su veteranía y constancia de décadas en esto. Musicalmente no suponían un acontecimiento musical tan llamativo como muchas de las cosas que estaban sucediendo en los escenarios de Roadburn, pero tanto su estética de rostros maquillados e imponentes tatuajes, como sus formas musicales arraigadas a los comienzos de bandas clásicas de death metal, molaba tenerlas presentes ante tanta corriente experimental. Con nuevo trabajo en la calle titulado “Sermon Ov Wrath” tenían la oportunidad de abrirse a otro tipo de público. Su cantante, también guitarrista, usa ciertas técnicas vocales que le permiten modular el sonido de su voz para hacer que suenen sus canciones más enigmáticas. Ya si maquillaje, debimos cruzarnos decenas de veces con él, mientras tenían lugar los distintos conciertos en otros escenarios, ya que casi siempre estaba haciendo de relaciones públicas mientras tomaba algo en la barra del bar. Me dio la sensación de que es un músico con cierto carisma en el lugar.

La actuación de la banda belga de post metal AMENRA era otro de los momentos esperados, por la comunión tan buena que consiguen mezclando su musicalidad  tornándola de oscuridad. Sus figuras se desenvuelven muy bien entre las luces parpadeantes del flash que los muestra como entes más que como personas. Fue el espectáculo que esperábamos. Tan llamativo como progresivo en sus maneras de alternar los contrastes más lentos e intensos de su música. Lo ideal era coger un buen posicionamiento, sentadito, ya que las amplias gradas del Main Stage casi siempre te lo va a permitir y disfrutar de todo. Así hicimos. Y hacía el final, por si no habías tenido suficiente cine con el pantallón que llevan evocando más mística si cabe a su directo tras visionar las imágenes que muestra, aparecerían John Baizley de Baroness y Scott Kelly de Neurosis para hacer un radiante “Nowena | 9.10”. Con razón los discos de Scott Kelly se vendían entre el merchandising oficial del festival sin encontrarle inicialmente una explicación. Claro, es que nos guardaba esta sorpresa planificada.

WHORES se presentan en escena como si fueran a realizar su prueba de sonido, con los instrumentos lo suficientemente afinados o viceversa para que aquello sea una catarsis desde el principio. Cuando parece que te van a entretener ordenando el sonido, te golpean más fuerte aún. Es su principal arma, jugar al sonido involucionado de una forma muy racional. Cuanto más alto suena el bajo y más distorsiona la guitarra, mejor se maneja uno con el soniquete que logran las pedaleras. Es lo que tiene el noise. A Christian, en plena comparsa decibélica, mientras cantaba, se le averió el ampli, y aunque fue demasiado monótono el bucle de apoyo que mantuvieron sus compañeros, hay que aplaudirles que fueran pacientes ante la tensión que se tiene que mantener en una situación como esa. Yo esperaba que cada uno fuera por libre hasta que se solucionara el problema, haciendo que aquello aún se fuera más de madre, pero me da la sensación que están demasiado definidos los papeles a seguir por parte de cada uno en escena. Con planificación preconcebida o sin ella, la excitación viéndoles en directo fue total.

Más sonidos refrescantes con la actuación de los ingleses TELEPATHY en Cul De Sac. Utilizan elementos de post rock, doom, pasajes stoner y metal para conseguir que vibres con sus composiciones, llenas de colorido instrumental que transcienden cambiando el clima según quieren expresar lo que un cantante con su voz haría. Las formas rítmicas y melancólicas de su sonido te mantenían en el lugar, apoyando y disfrutando de su propuesta. Su nuevo disco se titula “Tempest” y venían presentándolo aquí tras pasar por otros lugares de Inglaterra, Francia y Alemania. Espero que pronto podamos verlos en España. Seguro que no pasarán desapercibidos.

 

BARONESS es una banda que hoy por hoy se le va a permitir cualquier desafío que no encaje bien entre sus seguidores más acérrimos, y me refiero a la hora de elegir que temas tocar o apartar en sus directos. Es una banda que una vez dispuesta sobre el escenario es capaz de llevar a lo más alto a quienes tienen delante con célebres y emocionantes composiciones, para luego entrar en un periplo de cierta inestabilidad por la falta de contundencia de la composición siguiente. Con esto no quiero decir que los norteamericanos fueran aburridos, que va, pues sus devaneos progresivos los retuercen como ellos sienten que tiene que ser, y hay que entendérselo tal cual cuando tocan. John Baizley es capaz de generar impulsos musicales tan atractivos, como consigue con sus excepcionales  ilustraciones que no sólo protagonizan las portadas y los estampados de las camisetas que Baroness, pues también Roadburn ha contado con sus diseños para ilustrar el merchan del festival. Aprovecho estas líneas para profundizar en lo que la figura de Baizley ha significado este año para Roadburn, pues no sólo ha comisariado la exposición de carteles de la que os hablaba en la primera parte del reportaje, sino que, como curator ha sido el responsable de traer a excelentes bandas programadas este año, entre las que se encuentran sonidos arriesgados de vanguardia y algunos nombres como Deafheaven, Magma o Chelsea Wolfe. Respecto a lo que fue el contenido del show, deciros que le dieron un buen repaso a “Purple” con temas tales que “Shock Me”, “Kerosene”, “Cholorie & Wine” o “If I Have To Wake Up (Would You Stop The Rain?)” y en el final tocando “Fugue”, antes de pasar de puntillas sobre su debut tras iniciar el bis con un necesario “Isak”. En realidad fue un concierto largo, que repasó cada uno de sus discos, y con la evidente naturaleza de alternar a placer sonoridades.

GNOD estaban anunciados (y programados) a bombo y platillo por la organización. Era la banda en residencia, que tendría diversas y distintas formas de experimentar con su música, llenas de percusión, caos, improvisación y al mismo tiempo elegancia. Solos o con amigos, y dentro de sus propuestas tan psicodélicas como electrónicas, ésta del viernes fue simplemente espectacular. Una vez iniciada la sesión pareciera no encontrar el fin y de hecho cuando terminó la estábamos echando de menos. Recurrieron a sus clásicos para esta actuación, y nada mejor para remover el pasado que contar de nuevo con Neil Francis, hoy en día en Terminal Cheesecake, quien convertiría esta actuación en algo insólito. Una bonita forma de dejarse llevar dentro de esta fiesta, a propósito de la década que están celebrando, y de las que nos sentimos partícipes.

Con bastante contundencia tomaban su turno INTEGRITY, o lo que viene a ser lo mismo, la banda de su cantante Dwid Hellion, quien ha sabido mantener la llama encendida desde que se formara en 1988 en Cleveland, Ohio, dejando que pasen por sus filas innumerables músicos, bien fueran ex compañeros o mercenarios de escenario contratados para los directos. El resultado es sólido, hardcore a la vieja escuela, no diría que tan añejo, pero si suena como algo legendario, tal vez como si miraras a través de bandas como Suicidal Tendencies, pero mucho menos efusivos en vivo. Más básico, pero insisto, una actuación necesaria para quien gusta dejarse llevar por la inercia de la intensidad, sin tener que recurrir a un estilo de música concreto, pues el abanico de Roadburn es muy amplio. Fueron nuestro fin de jornada, y con ellos, pensando en todo lo vivido, quien suscribe quedó completamente saciado.

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