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Crónica: KNOTFEST meets Hellfest 2019, Clisson, Francia (20/06/19)

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Por primera vez llegaba a Europa este KNOTFEST  impulsado por la formación Slipknot, después de que tuviera lugar su puesta en marcha en EE.UU. en el año 2012, para tiempo después acoger de forma irregular más celebraciones en otras partes del mundo como Japón, Colombia o México, en donde por cierto, volverán, ya que ha sido anunciada su nueva fecha para el próximo Force Fest en la Ciudad de México. Y además fue mientras transcurría su primera edición en Francia. La estrategia del festival es buena, casi infalible, aprovechando el día previo a un gran festival, en este caso Hellfest, sabiéndose de miles de metaleros desplazados al lugar. Se podía entender como una fiesta previa a la jornada inaugural de Hellfest, pues utilizaría su explanada principal con los dos Mainstage dispuestos en ella, así como sus instalaciones, aunque no todas las casetas de bebida y comido estarían operativas al no acoger tanto público para repartir por los variados escenarios de Hellfest. En cualquier caso, quien quisiera estar presente en este hermanamiento festivalero anunciado durante el pasado mes de diciembre, tenía que haber pasado previamente por taquilla. Nada más adentrarnos en la aún impoluta explanada del lugar, nos encontramos con una carpa donde se podía disfrutar del museo ambulante que Slipknot pone a disposición de los visitantes, con objetos raros y otros artefactos que han utilizado en sus giras la todavía transgresora banda de Iowa. En esos momentos Sick Of It All está terminado su actuación. No llegamos a tiempo por un tema de logística e instalación del campamento, así que decidimos recrearnos en el contenido expuesto, que no es menor, ya que al día siguiente se esfumará de allí del mismo modo que lo haría Manowar, pero de eso ya hablaremos más adelante.

Tengo comprobado que ver a AMARANTHE en una sala de aforo mediano o en un festival, tiene sus puntos de encuentros y desencuentros, dependiendo del sonido, y si son sus fans reales los que tienen delante, pero siempre intentan darlo todo en cualquiera de los escenarios con esos filtros electrónicos con los que cada vez más se identifican. La última vez que los vi fue en enero, en la madrileña sala La Riviera, y aquello sonó como un tiro. Me sorprendieron en comparación a la anterior, que fue durante el mes de agosto en el festival de Wacken, donde apenas me hicieron tilín. Meses después, algunos de los temas protagonistas que siguen llevando en gira pertenecen a su último trabajo “Helix” incidiendo en los samplers duros, que a veces su sonoridad en vivo hacen que te contonees como si estuvieras en una rave de música electrónica, pero si hay que dejar alguno fuera al tener menos tiempo de show prefieren sacrificar lo nuevo para contar con lo que lleva más tiempo rodado. Los cortes recientes que hicieron fueron “365”, “GG6” y el propio “Helix”. Yéndonos hacia trabajos anteriores, la emotividad esperada al hacer la canción “Amaranthine”, que ante sus seguidores en un aforo más pequeño suelo causar un volcado de emociones, aquí no fue tal. Olof Mörck es el único guitarrista en un escenario tan grande por el que van rondando tres vocalistas, y eso llama la atención, porque para este tipo de situaciones, incorporar algún músico más no haría tan plano el aspecto de los samplers. En tema de voces, cada uno con su contraste, imperando el toque de soprano de Elize contrastando con la de los chicos Nils Molin (integrado en la banda en 2017 procedente de Dynazty), se encargaba de la voz limpia en contraste con la corrosiva de Henrik. Hacia el final hicieron “The Nexus” y “Drop Dead Cynical” que sonó muy brutota, constatando que son músicos con experiencia, sabiendo llevar una onda a prueba de críticas, aunque fueran ellos más que el propio público, quienes más agitaban la cabeza sobre el escenario mientras hacían coreografías.

De MINISTRY puedes esperar que te hagan siempre un concierto con una intensidad que alcanza los picos del caos, o tal vez no, como era el caso. Al Jourgensen salió de día, con algo de retraso sobre la hora prevista, y un aspecto facial no demasiado saludable. A lo mejor es verdad que sus dolores de espalda en esta ocasión si le acompañaban. Yo me solidarizo con su sonido industrial en cada concierto y suelo dar lo que mi cuerpo me permite con ciertos movimientos de balanceo, aunque esté casi sin dormir, como era el caso, pero esta vez no me hicieron saltar la adrenalina. Se dejó en el baúl de gira el megáfono incitador a la revolución y el muñeco hinchable del presidente Trump que suele lucir en uno de sus laterales para golpearle llegado el caso. Pero claro, es que también prescindió de tema alguno de su último trabajo “Amerikkkant”. Mientras el cantante se quejaba de que quería más sonido para los instrumentos dentro del escenario, su tiempo iría pasando entre los iniciales “The Missing”, “Deity” y “Stigmata”,  haciéndonos volar tres décadas atrás para recordar aquel prodigio de disco “The Land Of Rape And Honey” y después encarnar otro gran álbum como “Psalm 69: The Way To Succeed And The Way To Suck Eggs” al hacer consecutivos “Jesus Built My Hotrod”, “Just One Fix” y “N.W.O.”. Estábamos asistiendo a un remember de escándalo a pesar de todo y eso había que agradecérselo. El final lo dejó para “Thieves”, que como es habitual lleva la consecución de espasmos a todo lo alto. Como ya estoy acostumbrado cada vez que lo veo a estar pendiente de la siempre cambiante formación, aquí, venía con Paul D’ Amour, quien fuera bajista de Tool, aportando un toque de distinción al mecánico sonido con el que ya de por sí cuenta el grupo en vivo.

La misteriosa entrada en escena por parte de los polacos BEHEMOTH siguió su ritual habitual mientras sonaba la introducción “Solve”. Después por un momento empezó a sonar el doble bombo y todo se convirtió en una especie de caos controlado durante el arranque de «Wolves Ov Siberia», en donde la simbología y el fuego coprotagonizaban el espectáculo con estos cuatro encapuchados que parecieran los cuatro jinetes del mal. Como es sabido, los símbolos que utiliza Behemoth tratan sobre el anticristianismo, ocultismo y la mitología de Oriente Medio. Todo ello se iba alternando entre temas, mostrando distintas situaciones de oscurantismo, donde el  vestuario despuntaba, con corona incluida, al tiempo que interpretaban su papel según la pieza a la que tocaba adaptarse. Aún habría tiempo para interpretar más temas de su último disco “I Loved You At Your Darkest”, encarnados en “Bartzabel” y “Sabbath Mater”, para marcar algo de diferencia a los anteriores espectáculos que les vi tiempo atrás. Una lástima que fuera de día, pues la luz impedía el resalte perfecto entre oscuridad y fuego que siempre queda mejor contrastando. No pudieron dejar de interpretar dos fijos que nunca fallan como “Conquer All” y “Chant For Eschaton 2000” antes de marchar con la redundante outro “Coagvla”.

La anterior vez que vi a PAPA ROACH fue hace dos años pisando Madrid después de quince de su última visita, me pareció que estaban en pleno estado de forma. Aquí no voy a negar que no lo estuvieran, pero con un show bastante más apático y parsimonioso. Intentaron enhebrar diversos palos musicales que han ido haciendo suyos en su constante evolución, esa que les lleva a la búsqueda del camino adecuado. Eso sí, la apertura fue tan convencional como enganchona, con su cantante Jacoby y el resto de músicos dándolo todo con su clásico “Last Resort”, pues aquel disco “Infest” sentó cátedra en el año 2000. Normal que después siguieran con “Blood Brothers”. Aún así, en estos clásicos ya cuando le pedía la participación en los coros al público, no encontraba la respuesta deseada el vocalista. En directo siguen llevando a Anthony Esperance cono un músico más en escena, encargado de los teclados y segunda guitarra, para reforzar su sonido en los directos. La verdad que según fueron pasando los temas la banda tomó una deriva de pop colorista que me desmotivó un poco tras el efusivo comienzo, pues esto ya no era lo que yo viví de primera mano con el emergente nu metal que ellos protagonizaron en aquellos años. Su último trabajo “Who Do You Trust?” lo desmenuzarían haciendo sonar selectivamente las piezas “Fell Like Home”, “Who Do You Trust”, “Elevate” y “Not The Only One”. Tras atravesar el meridiano del show, pusieron un toque de baile con “Scars” y tuvieron el detalle de hacer la versión del “Firestarter” de The Prodigy acordándose Jacoby de Keith Flint algo emocionado, mientras el difunto cantante aparecía en la pantalla de escenario. Y para el final dejaron “…To Be Love”, una canción que fue importante para la banda a mitad de su trayectoria marcando la evolución en su sonido.

POWERWOLF hace tiempo que cogieron la senda del éxito perpetuo, ahora sólo les queda que no salirse de ella, y creo que será difícil, con lo medidos que vienen dando los pasos desde hace años. Con la aparición de Attila Dom fue como la llegada del mesías para ese público joven que gusta de estrellas del power metal alemán, que siguen las estelas melódicas de santificados nombres como Helloween. Lo pintoresco de esta banda, y la eficiencia a la hora de enganchar, es cómo saben hilar lo mejor de otros compatriotas. A la par de llamar la atención está el teclista Falk Maria, siempre metido en una continua performance, encumbrado en lo alto del escenario, a la altura del batería Roel Van Hendel, pero que transita por todo el escenario como animador continuamente, sirviendo de apoyo a Attila Dorn, aunque éste no lo necesite, porque por sí sólo va moldeando el concierto a la perfección. También entraron en escena un par de tipo ataviados como si fueran monjes, que son los encargados de incluir y sacar del escenario atrezzos varios, o el botafumeiro que no se pierde una quemando incienso. Los conciertos de estos alemanes son adicción para los que gustan del género, al aportar de todo un poco, pinturas escénicas, espectáculo visual, y leyendas de licántropos en un mundo cada vez más acostumbrado a los verdaderos chupadores de sangre que están a nuestro lado en el mundo real.

Aunque a ROB ZOMBIE ya lo habíamos visto varias veces en este lugar en pasadas ediciones de Hellfest, vino a darlo todo en esta primera edición de KNOTFEST en Europa, e intentó integrar dentro del show un poco de toda su carrera aderezado con algunas de las versiones clásicas que gusta insertar a mitad de cada uno de sus conciertos recordando a viejas leyendas. El cowboy del terror de serie B se contorsionó y bailo jugando con los tiempos y con un esquema creo que demasiado repetitivo, pero estuvo entretenido. Ciñéndose simplemente a sus clásicos ya lo tenía todo hecho, así que desempolvaría a White Zombie, con los temas “More Human Than Human” y hacia el cierre de show haría “Thunder Kiss´ 65”. Los clásicos “Helter Skelter” de Beatles y “Blitzkrieg Bop” de Ramones entraron en la fórmula esperada de hacer que tanto banda como público parecieran estar disfrutando más de la cuenta que con las interpretaciones propias. La compañía instrumental soberbia, con momentos destacados del batería de Ginger Fish y siempre en primera línea de fuego el guitarrista John 5, quien nos deleitó con sus prodigiosos sólos de guitarra, siempre bajo su llamativa capa de pintura que muestra su cuerpo. Rob Zombie aprovechó las pantallas para hacernos llegar su faceta como productor de cine de terror con un toque cinematográfico casposo, que es lo suyo, en momentos como “House Of 1000 Corpses”, y algo más de sustancia entretenida entre los iniciales temas de apertura “Meet The Creeper” y de salida con “Dracula”.

Momentos antes de que apareciera en escena AMON AMARTH las pantallas del lugar mostraban de manera bien atrayente el nombre de último trabajo “Berserker”, así que lo evidente era pensar que romperían el hielo con algunos de sus temas incluidos dentro, pero no fue hasta llegada la media hora que atacarían con “Crack The Sky”, “Shield Wall” y “Raven´s Flight”. Se ve que no querían abusar al no tener tanto tiempo como si estuvieran dando un espectáculo propio. Fueron “The Pursuit Of Vikings”, “Deceiver Of The Gods”, “First Kill” y “The Way Of Vikings” (incluyéndose aquí la performance de la lucha de guerreros) los temas encargados de enarbolar las primeras historias vikingas. Puede que para muchos estén muy vistos, porque es verdad que su circo vikingo se basa en un espectáculo recurrente en el tiempo que ellos llevan escenificando, pero es preferible que mantengan sus señas de identidad que ya todo el mundo espera, a que las pierdan por el camino y se les critique por ello. Su escenografía no fue tan mastodóntica como les vi en la última edición de Wacken, pero los personajes con sus estandartes, escuderos, arqueros, y los enfrentamientos a escudo y espada entre sus guerreros no faltaron. En la parte central del escenario se encontraba un gran casco vikingo en donde estaba incrustada la batería de Jocke Wallgren. Para el final dejaron los temas “Guardian Of Asgaard” (apareciendo aquí los caballeros con sus hachas en escena), “Raise Your Horns” y le seguiría el rugir de los truenos y un suponer de tormenta acechando, momento en que saldría el cantante con su martillo a lo Thor, para despedirse con “Twilight Of The Thunder God”. Ah, y por supuesto, no olvidaron brindar con esos cuernos llenos de cerveza, especialmente el de Johan Hegg, que era como si fuera un mini dado su tamaño.

Desde que llegamos al lugar, íbamos recorriendo el recinto toda la tarde con un barril lleno de dinamita cargado en la mochila, para hacerlo explotar al tiempo que esperábamos lo hiciera con el suyo SLIPKNOT una vez comenzara su actuación. Por su puesto hablo en sentido figurativo, ya sabemos cómo se las gastan los numéricos enmascarados. Fue encender la mecha y reventar todo al son de las percusiones y los descalabros escénicos que siguen manteniendo entre juegos de luces, llamaradas, atmósferas, y esa magia estética imperecedera tan suya, tan llena de armonías. Siguen siendo sensacionales aunque creo que es normal que pierdan un poco de la bestialidad, que la lógica hace evidente respecto a los actos convulsos sobre las tablas de sus comienzos. El recuerdo de Paul Grey, #2 The Pig sigue estando presente en sus presentaciones a pesar del tiempo que pasa de su fallecimiento recordado temas del .5: The Gray Chapter”, como los que sonaron “The Devil In I” y “Custer”. Las plataformas subiendo y bajando a golpe de percusiones eran un punto de color a la locura que sigue manteniendo esta banda, de ritmo frenético, que aparentemente parecían asfixiados con los chorretones de sudor que resbalan por sus máscaras. El juego macabro comenzó con “People = Shit”, “(Sic)” y “Get This”. Y para seguir jugando bajo seguro un puntal de su último trabajo como “Unsainted” enlazado a otro romántico de años atrás como “Before I Forget” antes de hacer “Psycosocial”, apta para todos los públicos. Hubo derroche de clásicos más que desgarros recientes. El final se lo guardaron para “Spit It Out” y “Surfacing”. Siguen siendo eficientes y sacrificados. Aún te los recomiendo.

La decena de bandas que fueron alternando escenario en este Knotfest podían haber formado parte de la programación del Hellfest del día siguiente. Y qué casualidad que esto lo pensaba mientras veía a SABATON como cabezas de cartel, quienes también serían los encargados de volver a repetir la siguiente noche para suplir la cancelación de Manowar. ¡Qué cosas! Los suecos son una banda que siempre juega sobre seguro en el escenario, y no lo iba a ser menos con su nuevo The Great War Tour, con ese mimetismo, no sólo en su vestuario, sino también en lo musical, que hace que te adentres de una forma activa con los primeros compases y luego ya ellos van haciendo a placer. Sabaton son de poner en prácticas coreografías que cuando los ves algo más parados mientras tocan hace que te preguntes si tienen algún problema. Es a lo que nos tienen acostumbrados con su épica y con ella encandilan a un público metalero haciendo que viaje con la imaginación hacia las batallas que sus letras narran. La marcha la marca Joakim Brodén siempre imaginativo en sus presentaciones y el resto de los madelman llevan los ritmos como si no hicieran otra cosa el resto de sus vidas. La batería de Hannes van Dahl, estaba posicionada de tal manera, que parecía ser que dirigía el tanque que había sobre el escenario. Y también hubo un momento de más motivos bélicos cuando salieron 20 coristas ataviados con variados uniformes a enriquecer con sus voces el show. La portada de su último disco “The Great War” lucía a sus espaldas con ese nombre en letras agigantadas en lo alto del escenario. Abrieron con “Ghost Division” y le sucedieron un montón de clásicos que te podías esperar, y que te hacían tararear. Esperaba que tocaran más temas de su reciente trabajo, aparte de “Fields Of Verdum”,  pero creo que eso quedará para la próxima ocasión. Por cierto que la composición venía que ni pintada a propósito de aquella batalla librada durante la Primera Guerra Mundial en Francia, “La Batalla de Verdum”.

Texto/Fotos: Raúl García y Oscar Torres.

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