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Crónica: HELLFEST 2018, Clisson. Día 1 (22/06/18)

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DÍA 1, VIERNES 22 JUNIO

La apertura oficial de cada edición siempre está sembrada de ganas y emociones, y mira que son años atravesando el mismo ritual. Levantarse en esta jornada con las tiendas situadas junto a los viñedos da gusto, sobre todo si el tiempo acompaña, porque uno ya viajando de aquí para allá, no sabe que clima va coprotagonizar la jornada. A los protagonistas principales los iremos viendo según programa y selección, algunos con la luz natural del día cegando parte del espectáculo y a otros, los que actúan en los escenarios dentro de las carpas, pues desde ya con las luces de los focos. Mola madrugar, porque generalmente es cuando empiezan a desfilar el producto musical de la casa, o al menos del país. Una vez dentro, primera toma de contacto con el cuidado y verde pavimento, y entre las novedades aplaudidas que tienen que ver con los decorados e infraestructura del recinto. Que haya dispuesto una ducha gigante en forma de pasarela por la que pueda pasar todo aquel que quiera para refrescarse o empaparse bien de agua, además de los habituales puntos de agua potable, más barras, pantallas, que el pago de lo que bebas o comas lo hagas únicamente a través de un chip que se encuentra en tu pulsera, y por supuesto no dejaremos de aplaudir la adaptación y adoquinado de buena parte del frente de los escenarios que están al aire libre para evitar las polvaredas y desniveles. Volviendo a eso de la música que nos ha traído hasta aquí, y a los escenarios principales con una adecuada inclinación adoquinada que hará que todo el mundo gane en visibilidad. Aquí están MALEMORT, residentes en Paris, y perfectamente vestidos como si fueran a un convite gótico, aunque su música me recuerda a muchas cosas, porque ellos son ávidos receptores de muchos estilos y así lo han ido canalizando en sus publicaciones. Yo iba queriendo conocer su debut, porque era el disco me permitió conocerlos, pero mira por donde, del mismo solamente tocaron “Insoumission”, dedicando el resto del show a los temas de su último “Ball Trap”, todo un detalle para los franceses que ya tuvieran ocasión de verlos en otro lugar. La experiencia fue breve, pero complaciente. Su cantante Xabier Malemort me recordaba con esa imagen al vocalista de los alemanes Heaven Shall Burn, pero en realidad nada tiene que ver con el registro de Marcus Bischoff. Y bueno, a nivel instrumental las guitarras rítmicas me llevaron a bandas de thrash que bien podrían pasar por nombres como Death Angel o Mortal Sin, pero ojito, mezclado con otras sonoridades, donde la pureza se desvanece en busca de su propio estilo.

Sus compatriotas, FANGE, llegados desde la Bretaña y con sede en Rennes también eran partícipes de inaugurar escenario, pero en las carpas, con una moneda que según se iba dejando caer, su canto tambaleaba sus caras entre el doom y sludge. Fue un concierto brutal en donde todos se esforzaban por llevar a buen puerto un caos intenso no falto de chispas de estilo, cómo es gorrito de lana de su batería, que le hacía parecer a un Flea de RHCP sentado tras los tambores, o los meneos que se pegaba su cantante al borde del suicidio. Incluso estuvo a punto de tragarse el micrófono. ¿Cómo? ¿Qué no me creéis? Tenéis que verlos en vivo. Son muy entretenidos. No dejéis de escuchar su trabajo “Pourrissoir”.

A todo esto, y con el cuerpo bien caliente, era el turno de MOS GENERATOR. El hard rock y el stoner de esta banda norteamericana, aunque pueda hacerte ver cada vez en ellos el mismo espectáculo, o parecido, no deja de posicionarles en una escala superior. El trío fue interactuando en todo momento con el público, con la anomalía de verles al descubierto en un escenario principal. Lo lógico sería verles en la carpa del Valley de donde acabábamos de salir, pero bien, esto creo que significa, que es una banda que va escalando posiciones por estas tierras. Fue un show cortito, como todos los de los artistas que se encargan de iniciar con su media hora de espectáculo, haciéndonos girar la cabeza hacia Black Sabbath con sus buenas formas y modales.

Las burradas estaban programadas a primera hora, pues era el turno de SONS OF OTIS. De primeras hubo que poner los amplificadores dispuestos cómo Ken Baluke quería, y no apilados cómo los habían situado los técnicos de escenario. ¡Lo que diga el jefe, que para eso manda! Rompedores, en plan muro sónico y sólido, y midiendo su cantante y guitarrista a corta distancia el comportamiento del público, fueron paseando esos compases seccionados por peladeras que conseguían reverberaciones ideales para estos canadienses de épocas anteriores a todo lo que hoy llega e impacta en los saturados caladeros del doom. Su sonido es tan clásico que si alguna parte del show se hubiera subido Ozzy Osbourne a cantarse algún tema imaginando que allí estaba tocando Tony Iommi, hubieran derivado claramente hacia alguna pieza tipo “War Pigs”….o igual ni hacía falta, y hubiera bastado con que cantara el Madman sobre ella alguna de sus letras.

TOSELAND, James Michael de nombre, quien fuera corredor y campeón mundial de superbike con Dukati y Honda, posteriormente transformado en artista de escenario y dejando atrás el asfalto (aunque hoy en día se sigue subiendo a la moto de importantes escuderías con fines benéficos), nos acercaba a su bien llevada carrera llena de decoros hardrockeros, en donde principalmente el pincha y corta todo lo que sucede en directo. El cantante inglés da un buen tono en primera línea de escenario con la voz del mismo modo que en la parte posterior del mismo se desenvuelve bien tocando los teclados, además con el arrope de una gran banda que sabe transmitir en vivo temas bien definidos y muy bien producidos en disco. Me resultó agradable ver que lo que sentí en estudio era algo real sin demasiados filtros, con músicos valientes capaces de llevarlo al directo sin algoritmos extraños. Un descubrimiento en vivo, que hay que aplaudir tengan en su haber entre la programación del festival, y que podría ser un artista a tener en cuenta de cara a la próxima edición de Garage Sound Festival, por esa inigualable mezcla real de fusión entre rock y motor que hace el inglés Toseland.

La expectación por ver Chris Slade, quien fuera batería de ACDC entre los años 1989 y 1994 con todo su esplendor, y quien a día de hoy lo es tras la salida de Phil Rudd, era motivo para la expectación, pero también para la previsión, pues bajo el anuncio de THE CHRIS SLADE TIMELINE se esperaba un pequeño collage de variaditos temas de sus distintas épocas participando de otras formaciones, pero a excepción de las sorpresas encajadas con la delicada composición de “Parisienne Walkways” de Gary Moore, y el interesante “Comfortably Numb” de Pink Floyd, todo lo demás fueron temas de la banda australiana, que la gente se lo tomaba como si estuvieran reviviendo algunos de los momentos claves con los protagonistas originales sobre el escenario, pero se quedó en eso desde que diera comienzo a su normalito concierto con los iniciales “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” y “The Razors Edge”, así cuando fueron cayendo los celebrados “Back In Black”, “Thunderstruck” y “Highway To Hell” para el cierre. Entre temas haría un pequeño parón para hablar sobre lo que significaba cada composición antes de que sonara.

La esperada llegada de SONS OF APOLLO tengo que confesar que la recibí con una especie de pájara motivada por el calor, así que como era un show para disfrutar con la mirada aunque las canciones que han compuesto para experimentado nuevo proyecto lleno de hard rock progresivo te lleve también a mover la cabeza. Digo que se entretenían los globos oculares cuales óculos fueran tallados por la arquitectura de tales maestros, a saber cuál destacar, Mike Portnoy tras su encrucijada de parches y tambores, Derek Sherinian en las teclas, Jeff Scott Soto con sus agudos y haciendo duelos de mástiles Billy Sheehan y Ron “Bumblefoot” Thal. Fue un concierto extremadamente rápido lleno de luz dentro y fuera de la escena, y mucho sol, mucho.

Una fantástica ocasión de remontarse en parte a los ´70 y revivir la etapa de Joan Jett con algunos clásicos de The Runaways, que fueron “Cherry Bomb” y “You Drive Me Wild”. El tiempo no pasa en balde, pero cierto es que el carácter que impone JOAN JETT & THE BLACK HEARTS hay que tomarlo en los tiempos que corresponden. Entre pendiente de que todo marchara bien y algo nerviosa diría, tuvo la ayuda esperada de las voces ajenas cuando atajó “I Love  Rock ´n´ Roll” de The Arrows, lo que todo el mundo esperaba que sonara en el mayor momento de la fiesta. Lo demás, temas de su carrera destacados como “Bad Reputation” y “Fetish” y algunas otras versiones de Bruce Springsteen, con el tema “Light Of Day” y Gary Glitter, con “Do You Wanna Touch Me (Oh Yeah)”

Desde el año 2008 a razón de tres o cuatro años han ido volviendo al festival MESHUGGAH, y su habitual destrucción sonora en escena. ¿y qué les traía de nuevo por aquí? Pues un entretenimiento que no pasa desapercibido, removiendo entre sus temas más actuales “Born in Dissonance” y “Violent Sleep Of Reason” y apuntando a sus últimos trabajos dejando de lado sus primeros discos. Tampoco eran cabezas de cartel así es que no tenían más tiempo. Gran expectación y máxima rotundidad con el manejo absoluto de sus instrumentos tocando a toda pastilla con ese toque Djent arrollador. Imaginaros el frenesí aún a plena luz del día durante los temas “Born In Dissonance”, “Rational Gaze” o “Demiurge”. Una vez los vi tocar en un Sonisphere con tan mal sonido que pensé que todo el show se iba a ir al garete, pero aunque hubieran salido a tocar solamente con sus amplis de escenario la energía que desprenden mientras actúan hace que tu cuerpo se ponga enervado a base de convulsiones. Pues aquí creo que si no hubieron sanado con la locura que nos dieron, igualmente hubieran roto el molde.

Y de suecos seguía la cosa con la llegada de EUROPE, pero pasando de un extremo a otro. El comienzo con sus dos joyas incluidas en el último disco “Walk The Earth”, la inicial del mismo nombre, y el consecutivo “The Siege” hicieron que el epicentro del glamour pasara a un segundo plano en pro del setentero zeppeliano. El toque en el que se desenvuelve la banda en sus últimos años es una apasionante evolución hacia el revival que tinta nuestra actualidad. De continuo “Rock The Night” para no olvidar la crema de sus tiempo en la cumbre y después “Scream Of Anger” para flotar con su segundo disco “Wings Of Tomorrow” que la mayoría del público actual descubrió tras el boom de “The Final Countdown”, tema que dejaron para poner a todo el mundo de bote en bote en el cierre tras algunos momentos de sinfonismo resaltando los teclados y otras joyas ineludibles como “Superstitious” y “Cherokee”. ¡Por cierto ni idea de dónde se metió “Carrie”!, posiblemente no llegó a tiempo.

STEVEN WILSON y su manual de sensaciones progresivas salía a escena con el toque atmosférico que caracteriza el comienzo de “Home Invasion” casi como si fuera un tema de los Meshuggah, pero transformándose pronto de Djent a jazzístico. Los músicos rotaban en circulo con sus miradas puestas en la batería de Craig Blundell, y en el próximo músico con quien hacían bromas mientras montaban la de Dios y padre por el escenario, por el que llegaron a retorcerse estirados sobre el firme o arrodillados la mitad de la banda mientras entraban en ocasiones en contemplaciones psicodélicas. Sus más recientes discos estuvieron tocados por la magia de “Pariah” y “Vermilloncore”, y el decálogo de Porcupine Tree lo representaron los cortes “The Creator Has A Mastertape” así como “Sleep Together”.

HOLLYWOOD VAMPIRES haciendo honor a su nombre nos traía a estos amigos vampiros en una ocasión sinigual de disfrutarlos por Europa. La elegancia de Johnny Depp, arropado por el guitarrista Joe Perry y Alice Cooper, quien a su vez este, también cuenta en este tinglado con sus chicos Tommy Henriksen en la otra guitarra y Glen Sobel en la batería, hacen al unisonó una maquinaria de desempolvar clásicos propios y ajenos. Hasta el propio Depp se cantó un par de piezas y no lo hacía nada mal. Aquí no hay egos, sino mucho rock and roll bien estructurado y seleccionado para lucir continuamente sin el menor atisbo de que se apague la llama. Muchas versiones, es cierto, pero es lo que han grabado en su disco debut autotitulado. Sonó The Doors, ACDC, Motörhead, David Bowie…. “Heroes” de distintas generaciones dando pábulo al término “el show debe continuar”… Uno de los momentos más brillantes fue cuando interpretaron “Baba O´Riley” de The Who, aunque sin duda, no menos alucinante ver a Joe Perry haciendo “Combination” y “Sweet Emotion” de Aerosmith, como a Alice Cooper, ambos metidos en otro roll de interpretación, en el caso de Alice, haciendo “I´m Eighteen” y “School´s Out”. A título anecdótico, a nuestra vuelta de fin de semana, en la mañana del lunes, las azafatas de la compañía aérea con la que volábamos de vuelta a Madrid, lo único que querían saber sobre Hellfest, medio extasiadas, si era tan guapo sobre el escenario Johnny Depp como se le veía en el cine.

Suena el “War Pigs” de Black Sabbath antes de que salgan los dioses del metal ha escena… mmm… ¿será que ambas bandas han anunciado sus giras de despedida definitiva? La intro del tema “Firepower” precede a este tema señuelo para que te adentres en lo que esperas, es la apertura con la dinamita más reciente, que enseguida prende las siguientes mechas de otros conatos de incendio, “Grinder”, “Sinner”, “The Ripper”… apenas termina un tema clásico, guardan una pequeña pausa y enlazan con el siguiente. No necesita la cosa mayores presentaciones por parte de Rob Halford, porque además tiene que llegar sin mayor desgaste del necesario al final de su épico show y esa prueba de fuego se mide en el nivel de sufrimiento del cantante, de si es normal o máximo cuando interpreta “Painkiller” justo antes de marcharse para realizar el bis que enfila el final. La prueba la supera con absoluta concentración en esos agudos ya difíciles de copiar a los de antaño. Las inmensas pantallas cambiando de decorados son una buena porción del espectáculo. Las miradas también se centran en Andy Sneap, quien sustituye al malogrado Glenn Tipton. La banda ha mantenido  su status de forma muy regular, sin decaimiento y sin mayor decadencia que la sabida, con el desfile previo de un montón de sensaciones encaramadas en joyas y diamantes ya pulidos con el tiempo, y este es el momento final, “Breaking The Law” y “Living After Midnight” con la ayuda de reberb de micro y el púbico vociferando, Halford se vacía, y a nosotros una vez más nos llena.

Texto/fotos: Raúl García y Oscar Torres.

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