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WACKEN OPEN AIR 2017: VIERNES (4/08/17)

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Antes de que salieran a escena unos de nuestros primeros invitados del día, podía apreciarse un llamativo telón ilustrando en un escudo el siguiente slogan: ‘Clawfinger, rapmetal since 1993, y es que la línea musical de estos suecos llegó a ciertas cotas de público gracias a su particular fusión de rap y metal a principios de los noventa. Si bien la banda a penas se ha prodigado en los últimos años con actuaciones en vivo, menos aún lo ha hecho publicando nuevo material. Y aunque anecdóticamente ese mismo día se daba a conocer a través de las redes sociales un nuevo single titulado “Save Our Souls”, su directo se basaría en su pasado, iniciando con “The Price We Pay”, incluido en el último disco de estudio que publicaran, una década atrás. El show fue entretenido, bajo una gotas de agua iniciales que harían resbalar en uno de sus saltos al cantante Zak Tell y por ende casi caer de bruces al suelo. Por cierto, si su música siempre brilló por su valentía en la fusión, no menos valiente era el conjunto que llevaba el vocalista, como si fuera una de esas antiguas cartas de ajuste de final de emisión en TV. Dialogante, incluso bajando al foso, en cada ocasión movilizó cánticos y excitación entre el público, transmitiendo energía cercana a la de tiempos pasados, acompañado en primera fila escénica en ocasiones por las voces de su teclista. Buenas píldoras para resaltar los sonidos de una época, con “Nigger”, “The Truth” y “Do What I Say” provocando la locura, al tiempo que en ese momento diluviaba sobre el recinto.

La segunda jornada tenía muchas cosas de delicioso jugo por delante en los escenarios principales. Lacuna Coil empezó a descargar de parte mañana una buena dosis de metal delante de una gran cantidad de público a pesar de las horas. Frescura, potencia y endulzado con las gotas de agua que iban cayendo de vez en cuando, todo esto hizo que el show fuese atrevido y dejando a más de la mitad del jolgorio contento. Los italianos, capitaneados por Andrea Ferro y la grandísima voz de Cristina Scabbia, saben moverse bien por los festivales y sacaron un repertorio variado para el corto tiempo que dispusieron, pero sin parones ni discursos que restaran minutos. Por la docena de canciones como “My Demons”, “Our Truth”, una versión del clásico de Depeche ModeEnjoy The Silence” y “The House of Shame” para terminar. Muy primera piedra puesta en el camino del viernes.

Siguiendo el sendero, Sanctuary era una de las actuaciones a tener en cuenta debido a la calidad encima de la madera y metros de cable que tienen. Warrel Dane es siempre motivo de clase sobre el escenario, junto a las seis cuerdas de Lanny Rutiedge. Todo pintaba perfecto para dejar la gira de verano de los americanos en alto. Tanto Dane que no tuvo un buen día vocalmente y un sinfín de continuos fallos de sonido hicieron que fuese un martirio. Una de las actuaciones en el apartado negativo del festival fomentado por cuestiones técnicas y por parte del grupo. Demasiado frío, sensación de desgana y canciones poco conseguidas hicieron que hasta la mítica “Soldiers of Steel” fuese una parodia interminable. El título de “Frozen” resumió la actuación de los de Seattle.

La vuelta de Grave Digger al festival, una más, en su larga existencia, siempre es bien recibida. La manera que tiene Chris Boltendahl de encandilar al público, siempre me hace asemejarlo en cierta medida con la forma en la que Biff Byford se mete al público de Saxon en el bolsillo. Y es que no van muy desencaminados aspectos de imagen y estilo. En cualquier caso, la formación alemana tocó una vez más para pisar sobre firme. Heavy metal clásico, basado en temas conocidos, sin arriesgar con los nuevos incluidos en su último disco, a excepción de “Healed By Metal” que además de titularlo, sirvió para abrir el concierto. La curiosidad estuvo en poder ver al actual teclista Marcus Kniep, haciendo las labores de performance que le corresponde a su puesto, enfundado en el disfraz de The Reaper, paseando entre las estatuas estáticas de otras figuras de ‘la muerte’ y algunos ataúdes que lucía el atrezzo del escenario. La gente cómo no, enloquecida con ellos.

Otra de las bandas deseadas a primera hora con notoria presencia de público eran los finlandeses Sonata Arctica. Creo recordar que en su anterior visita, unos años atrás, los vi aquí mismo diluviando, y recuerdo que me gustaron bastante más que en ésta ocasión. Empezaron con su última publicación “The Ninth Hour”, pero ni con la expectante introducción, ni con “Closer To An Animal”, ni con los siguientes dos temas que tocaron a continuación me proporcionaron lo que esperaba de ellos. Aunque con ganas de ganarse al público los vi. Así que decidí separarme de la zona de los escenarios principales y bajarme hacia la de las carpas, porque allí este año claramente se estaban cociendo actuaciones dignas de destacar.

Ya con Dog Eat Dog agitando al público, nos dimos cuenta de que este era uno de esos conciertos imperdibles para un público muy selecto que al igual que con Clawfinger momentos antes, estaba presenciando el revival de una época, con los músicos de una generación dedicada al metal fusionando hip hop, funk y hardcore, ya más talluditos los de New Jersey, en el noroeste de los EE.UU. y sin ropas tan anchas como en tiempos pretéritos, pero con el exponente divertido aún en alza. No faltaron las bromas, incluso con pistolas de agua. La carpa estaba llena, no era para menos, porque fueron de los primeros en hacer una muesca en este tipo de rock evolucionado en los primeros noventa, tirando de una forma muy personal de saxofón, y cantando en ocasiones a dos voces, así como provocando la algarabía de los presentes, dejándose llevar con saltos en determinados momentos a la hora de ser ejecutados temas clásicos. Y es que Dog Eat Dog en Wacken ya era novedad en sí mismo. ¿Quién sabe si volverán a traerlos en el futuro cuando publiquen nuevo disco? De momento creo que la llamada causó efecto. Y no fueron los únicos, ya que otra serie de bandas que años atrás era difícil de pensar incluida entre la programación del festival, igualmente han ido cambiando la mentalidad de los organizadores. Enhorabuena por ello.

Era turno de andar un poco y cruzarse todo el recinto para llegar al HeadBangers Stage para catar el estado de forma de la banda sueca de doom metal con esos toques stones que nos dan siempre Grand Magus. Dentro de su extensa gira del álbum “Sword Songs”, paraban en Wacken para demostrar que siguen estando en un estado de forma poderoso. JB a la guitarra y voz hicieron que en todo el concierto tuviese la sensación de estar en esas películas de serie B de personas con una fueza bestial y superpoderes. Fue crudo, seco, sudoroso y directo al grano. De lo nuevo tuvimos la suerte de escuchar “Forged in Iron – Crowned in Steel” y “Varangian”, todo precedido por una entrada mítica con la música de la película Conan, el Bárbaro. Ellos son así; potencia pura para dejarnos una obra maestra hecha en directo como fue “Iron Will” y terminar a martillazo limpio con “Hammer of the North”. Con casi 20 años de carrera y muchas tablas atrás, lo bueno no va a morir mientras sigan golpeando cabezas con acero puro “Steel Versus Steel”.

Nada más llegar a España alguien me preguntó si había descubierto algún grupo novedoso e interesante entre tantas bandas habituales o con sonido clásico en esta edición, y enseguida me vino a la cabeza como respuesta Steak Number Eight, nuestros siguientes protagonistas. Estos belgas llevan funcionando algo más de una década y tienen publicados cuatro discos, el último titulado “Kosmokoma”, y podemos meterlos dentro del saco de las bandas “raras” a tener en cuenta. Podríamos decir que pasarían algo más desapercibidos dentro de la programación de cualquier otro tipo de evento que tuviera como motivo sonoro el post metal o sludge metal, pero aquí sonaban bastante chocantes. No es que tuvieran mucho público interesados en conocer sus hazañas, pero seguro que a eso vinieron, a conquistar un poco de los transeúntes de esta “tierra santa”, como buenos colonizadores. Habrá que tenerlos en cuenta cuando uno se los cruce en cualquier otro lugar programado o anunciado en alguna sala o festival. El joven cuarteto capitaneado por uno de sus guitarristas a la vez que cantante, irrumpió en escena como si tuviera espasmos epilépticos, con una imagen más propia de los Eagles Of Death Metal, aunque algunas secuencias musicales se iban tornando incluso por los cauces de Mastodon e incluso The Dillinger Escape Plan, con exaltados solos de guitarra pidiendo pista entre el público. De primeras, ya os digo, unos tipos revolucionarios.

Llegaba el momento de lo que será una de las bandas más mediáticas y mucho que hablar a partir de este segundo tramo del año. Trivium está anunciando ya muchas cosas de lo que será su próximo álbum “The Sin and The Sentence” por lo que era un buen momento para catar el estado de forma de los de Matt Heafy y cía. Fue un poco raro ya que el público respondió, el grupo estuvo notable, pero tuve la sensación de que me faltaba algo más. Quizás un poco de parones entre canciones no me llegaron a llenar. En todo momento miraba a la gente y estaba satisfecha pues es normal que un grupo al nivel de los de Orlando tengan la capacidad de hacer conciertos increíbles con tan sólo la mirada. Un inicio con aquella de las primeras canciones del grupo del “Ascendancy” como es “Rain” fue detonante para empezar a ver los primeros saltos en un Faster Stage hasta la bandera. Anécdota fue la descripción de la banda a la que Matt quería homenajear en cierto modo con su camiseta ya que como él mismo apuntó, Emperor iba a tocar horas más tarde y era una de las bandas más imprescindibles de tu vida.

Pudimos probar como sonaba en directo el primer single homónimo de su último disco. Fue rápida y contundente que dio paso a una inmensa “Built to Fall” del álbum “In Waves”. Una recta final llena de himnos como “Silence in the Snow” y “Like Light to the Flies” hicieron que Trivium dieran señales de enseñar lo que en su gira por Europa como cabeza de cartel pueden dar.

Cinco años después de su primera visita al festival, hacían acto de presencia de nuevo Paradise Lost, con su trabajo “Medusa” calentito, publicado en septiembre. De hecho estrenaron aquí en vivo “Blood And Chaos”. También harían su reciente “The Longest Winter”. Su comienzo fue de retorno al sonido gótico que mejor les cuaja, o que yo al menos sentí como su mejor fórmula en directo para cautivar sensaciones y transmitir sentimientos. De primeras de un tirón “No Hope In Sight”, “Pity The Sadness”, “One Second” y “Gothic”, dejando para el cierre “The Last Time”, y entre medias algunas pausas para interactuar con el público. Aunque de haber tocado este setlist de un tirón de manera encadenada sin mediar palabra, el efecto habría sido igual de emocionante. La gente se encontraba (a la fuerza) observante sobre lo que acontecía sin moverse del terreno que pisaba, porque además el monumental embarrado que había frente a este escenario, era como un pegamento para los pies. Difícil avanzar, ni moverte del lugar en dónde te encontraras. Tampoco había necesidad ante los ingleses teniendo a Nick Holmes capitaneando la comitiva.

Una de las actuaciones marcadas en rojo, azul y verde fuerte era la de los americanos The Dillinger Escape Plan. Tenía ganas de verlos por fin ya que nunca tuve la ocasión de hacerlo anteriormente y era una espina clavada en el mundo del core. La banda ya había anunciado que 2017 sería el último año de la trayectoria de los Dillinger por lo que no quedaba otra oportunidad para verlos. Ben Weinman es un maestro a la guitarra y es casi imposible no pillarle cariño dentro de tanta masacre y rabia que desprender al verle tocar. Es un directo que te engancha desde el minuto cero. Greg Puciato es un frontman a la altura dónde es muy difícil pillarle quieto para poder echarle una foto decente. Para la despedida nos ofrecieron un disco nuevo el año pasado donde demostraron que aunque se vayan, tienen calidad de sobra para hacer esa obra de arte que es “Dissociation”. Mitad show fueron sus dos últimos discos por lo que mi teoría ante esto es que, si el directo sale muy bien con tus últimos trabajos, quiere decir que tu status actual es tremendo.

El concierto con más poderío de esta edición pudo ser, aunque desde la opinión de uno siempre. Ese inicio con “Prancer”, también inicio de aquél “One of Us is the Killer” arrolló tanto o más que las siguientes ya que siguieron el tracklist del disco en cuestión con “When I Lost My Bet” para ir corriendo dentro de un repertorio con “Nothing to Forget” y “Dissociation”. No saremos qué harán estos animales del directo, pero allá les seguiremos para que nos sigan dejando reventados de placer.

Tocaba andar para el Faster Stage para ver quizás, el mejor concierto de toda la edición de este Wacken. Saliendo a la hora exacta y precisión alemana, Ihsahn junto a Samoth y Trym Torson iban a hacer un setlist nostálgico y rotundo. Como homenaje al vigésimo aniversario de su segundo trabajo de estudio “Anthems to the Welkin at Dusk”, los noruegos tocaron íntegramente todo el álbum de principio a fin como un tiro y sin apenas descanso. Poder escuchar “With Strength I Burn” en directo es una de las cosas más grandes pueden pasarte si te encanta el black metal. Con un primer minuto donde no paraban de salir personas desde las cabezas del público directos al foso del escenario y con un juego de luces y fuego que hicieron de gusto imborrable los ocho minutos de placer para los oídos.

Tras terminar su repaso conmemorativo y con un nivel técnico envidiable por parte de toda la banda, encaró la recta final del show con un trío de clásicos como “Curse You All Men!”, “I Am the Black Wizard” y el “Inno a Satana”. De esta manera, se echó el cierre musical en uno de los escenarios principales ya que como comentaremos más adelante, la actuación en estas mismas tablas un par de horas más tarde fue un auténtico desastre por parte de M. Manson.

Una vez terminamos el huracán emperorista era el turno de irnos 50 metros a nuestra derecha para ver en nivel de Mustaine, Ellefson, Verbeuren y Loureiro. La banda en plena gira de su último álbum “Dystopia”, marcaron un show repleto de la mitad de las canciones de este notable trabajo como “Fatal Illusion” o “Conquer or Die!”. Dave Mustaine ni arriesgó, cosa que no hace desde hace años, pero tampoco se mostró muy serio si cabe. En general, la poco más de hora de espectáculo fue correcto pero para la gente que haya visto conciertos de Megadeth en los últimos 4 años, no fue algo más allá que un simple disfrute de una gran banda de thrash metal. Es cierto que la incorporación de Kiko Loureiro como guitarrista de Megadeth está dando un buen toque en los último años a la banda. En directo, Kiko no para de intentar animar al público y da frescura que tan poco tiene por ejemplo Mustaine. Todo fue acompañado de un gran espectáculo visual con un poco de problemas de volumen en ciertas partes del conciertos donde a veces no se escuchaba la voz y otras, cantaba muy flojo. El público estuvo muy a la altura, una fan protagonizó el momento destape consiguiendo una ovación inesperada, y la noche en este escenario fue a su fin con “Peace Sells” y “Holy Wars… the Punishment Due”.

Ver a Marilyn Manson de primeras parecía una idea oportuna, por eso de ser la primera vez que venía a Wacken. Teniendo en cuenta que había más opciones programadas en el festival, y tras sufrir su desconcierto, ya os digo que fue una pena tener que sacrificar otras bandas para ver a este divo, que en otros tiempos brillara por su espectáculo. El lento comienzo sonando The Doors, enlazado a una nueva introducción, iban a determinar las pocas ganas de dar un buen concierto. La expectación puesta en los primeros “Revelation #12” y “This Is The New Shit” se precipitó al vació en breve. Tal vez hubo un momento de lucidez con “Sweet Dreams” y la puesta de largo paseándose a través de sus enormes zancos, pero los continuos parones para ofender a los padres que habían traído a sus hijos a su espectáculo, poner de los nervios a una chica traductora de alemán que llamaba de vez en cuando sobre el escenario para contar sandeces, y el colmo de verle intentando aprender a tocar el bajo tras literalmente dar la espalda al público perdiendo sobre el suelo, excedió la paciencia de quienes tenían puesta algo de fe en su primera visita, y posiblemente la última a este lugar. Normal que lo abuchearan.

Con un toque de distinción cerrábamos esta jornada gracias a los indios Kryptos. Si bien es cierto que su sonido era un revival de algunos clásicos heavy y thrash metal de época. La procedencia de los músicos y la forma que tenían de desenvolverse en vivo les hacían visuales, más que residuales. Son casi dos décadas de existencia con apenas cuatro producciones editadas, y ante todo se les notaba la efervescencia de querer romper con las distancias. Estar aquí actuando era una nueva oportunidad para llegar a más gente, y no desaprovecharon la ocasión. Ellos ya habían tocado en Alemania en distintas ocasiones de su carrera, pero era la primera vez que lo hacían en Wacken. Buena conjunción de rítmicos riffs y aporreos de batería con claridad a la hora de entonar temas, así como dirigirse al público. A lo que coloquialmente llamaríamos “tener tablas”, y es que se presentaban en el festival en medio de una extensa gira europea, que les hacía llegar pisando más firmes que nunca.

Texto y fotos: Raúl García “Mister Virus” y Alejandro Díaz

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