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Crónica: SONICBLAST 2019. Moledo, Portugal (8, 9 y 10 de agosto)

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Viajar hasta Moledo do Minho de nuevo para disfrutar del sugerente cartel anunciado para esta nueva edición, aún conociéndolo, no evitaba hacer en la llegada una mínima familiarización con el entorno y así inspeccionar el terreno de acampada para situar la tienda, que tal como sabíamos de la anterior vez que visitamos, se realizaba en un bosquecillo, un lugar tan lleno de tranquilidad como quisieras situarte junto a la mayoría de los campistas o eligieras retirarte lo suficiente con el fin de buscar algo más de paz. Una vez gestionado el acceso al recinto y tras encontrarme con algunos compatriotas habituales de la escena, que también se habían desplazado a esta zona de Portugal fronteriza con Galicia, empezamos a maquinar lo que nos esperaba en el interior, y que continuaba tras un ligero fastidio fue saber por el anuncio de que por culpa de la meteorología el escenario de la piscina no podía recibir ni a bandas ni a público por seguridad. El día tuvo la sucesión de retrasos en las bandas por culpa de los vuelos y cambios de horarios que afectarían y despistarían a músicos, organización y asistentes.  A pesar de las cancelaciones de Satan’s Satyrs, The Obsessed o My Sleeping Karma quiero destacar ante todo la genial programación que prepararon los promotores de SONICBLAST para estos tres días, y asistir a los conciertos de todas las bandas estaba entre mis pronósticos, con esa amplia variedad de rock, principalmente amparada por los sonidos stoner, doom y otros cortes psicodélicos, pero el tiempo y estos imprevistos no deseados cambiaron las cosas y a uno le tuvieron improvisando situaciones. Creo que no fui el único.

 

JUEVES 8 AGOSTO

Tras asentarnos y hacer las gestiones correspondientes pude llegar por fin a la actuación de HIGH FIGHTER. Una pena no llegar a la de los portugueses Jesus The Snake, porque había ganas de ver la psicodelia que alberga esta joven promesa lusa. A veces las cosas son así. Sin embargo los alemanes fueron como el trueno y los relámpagos que estaban a punto de descargar sobre todos los allí presentes. Menudo viento el del clima y vaya torbellino su cantante en escena. Esta es una banda que poco a poco va haciendo sus costuras de un tejido más duro. Se escudan en la pluralidad del metal para entonar un híbrido de stoner, doom y cortes psicodélicos recubiertos con un tinte muy melódico capaz de zarandearte por donde ellos te quieran llevar. No hay duda que la sutil forma de cantar de su cantante Mona Miluski es atrayente y también causa un respeto ante las a veces ferocidades de su bramido vocal, tonos duros que han sido forjados a fuego lento durante estos últimos tiempos, aunque ella lleva cantando desde los 14 años, evidencia que no es una vocalista aparecida de la nada. Su anterior banda la tuvo en compañía del guitarrista Christian “Shi” Pappas y se llamaba Million Milles, aunque ese ciclo musical lo dejaron apartado para centrarse en High Fighter y encontrar el hueco que se merecen al igual que otros miembros hicieran con Buffalo Hump. La banda repasó su Ep “The Goat Ritual”, su  debut “Scars & Crosses” con la inclusión de algún tema nuevo de su reciente disco publicado “Champain”. Sin perder nada de tiempo, esquematizaron de forma concentrada un buen pase de lo que saben hacer. Y  parte de la elegancia que tiene su sonido de directo, se debe a los particulares cambios de ritmo de cada uno de sus integrantes, quienes se emplean de forma muy similar a como previamente han concebido en estudio sus canciones. Directos y entregados por la inercia del metal rítmico.

A partir de aquí, todo lo que tenía que acontecer en el escenario de la piscin, el pool stage, se iría desarrollando en un único escenario, el principal, que empezó a funcionar con algo de retraso con el cuarteto femenino MAIDAVALE poniendo esa pasión a la hora de explorar los caminos del rock sesentero. La gente estaba esperando, y todo parecía suceder muy rápido a pesar de las circunstancias. Una vez todo empezó, las cosas fueron rodadas. ¡Hace tiempo me enamoré no sólo de ellas como formación, también de sus canciones, elegantemente ejecutadas! Mathilda Roth sigue reclamando como siempre tu atención con cada suspiro que sale de su garganta, así como con sus contoneos cuando no tiene la guitarra entre manos. Entre todas pusieron de nuevo de manifiesto ese hipnotismo mezclado con una bola de energía envuelta de psicodelia. MINAMI DEUTSCH desde Japón serían los siguiente. Vinieron a demostrar la carretera que tienen cruzando a batacazos la psicodelia con un toque de originalizad en su puesta de largo. Me impresionaron con su show coordinado y fructífero. Estaba claro, entre nipones mejor suerte corre el juego, y mayor es el entretenimiento al no estar acostumbrados a este tipo de visitas.

Y a continuación DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES, que no son unos músicos noruegos cualquiera, ni tampoco sus conciertos son fáciles de olvidar, por su sonido con ese blues rasgado y por la forma que tienen de encararlos, con melodías que pasan los espectros sonoros de lo que te puedan vender para que vayas a verlos, o te puedas imaginar haciendo un mínimo uso de tu imaginación atraído por el nombre. La escalada hacia la cima se la están ganando sin dejar de divisar lo que se ve a lo lejos, porque son lo suficiente artistas como para no dejarse caer en trampas. La armonía y el amargor fueron cogidos de la mano en partes proporcionales. Si Jimi Hendrix se hubiera asomado por algún haz de luz seguro que asentiría pensando que en un pasado lejano le hubiera gustado tocar algo así en sus momentos de desenfreno dejándose llevar a través de esas guitarras rítmicas llenas de sentimiento. La naturaleza y la vida son sinónimos de lo que nos ofrecieron, y pareciera que su cantante se fuera a encargar de clamar al cielo ofreciendo una misa en cada tema creado, con esa especie de hábito de párroco customizado en plan chilaba. Sensacionales maestrías de rondos blueseros, con rock and roll, doom, psicodelia y magnetismo.

El diablo tiene apariencia dulce y se muestra en formas femeninas, o eso me dio a entender Johanna Sodonis cuando apareció al frente de LUCIFER agarrando el micrófono como víctima de una posesión. La lluvia que empezó a hacer acto de presencia parecía querer apagar ese fuego, pero no lo consiguió. Eso sí, nos mojamos de lo lindo. Todo lo que sucedía entre esa especie de neblina que empalidecía a sus integrantes me pareció de una robustez destacada en parte gracias a ella. Me encontraba ante la nueva aventura de esta genuina cantante tras haber dejado atrás la banda The Oath, hoy en día disuelta, pero anteriormente gestada durante un periodo de dos años aquí, en Berlín, junto a la guitarrista sueca Linnéa Olsson (hoy en Maggot Heart). Empezó a sonar el primer bloque de temas con “Anubis”, “Abracadabra” y “California Son” y el frenesí se apoderó también de mí. Era lo que ella emanaba con mucha decisión, y una sólida banda tocando para que escupiera esas desventuradas letras. La base de guitarras a cargo de los suecos Martin Nordin y Linus Björklund , estando tras la batería el inquieto Nicke Andersson, aseguraron un emotivo concierto.

Con MONOLORD llegaría el concierto épico no de la jornada, sino de todo el festival, como el mejor prefacio para este contraste sonoro, que les alzaría como una de las bandas que despuntando, y que toquen donde toquen siempre lo hacen. De lo mejorcito del festival, eso ha quedado claro, pero es que la lluvia que impedía tirar fotos y peligrar el equipo, al mismo tiempo me tenía tan calado, que cada golpe sonoro que hacían sonaba a agua bendita. Concentrados, serios, con su intelecto musical centrado en las pausas vigorosas de su sonido, consiguieron desencadenar el frenesí que siempre enmarcan este trío, a golpe de cuerdas de bajo que se muestran a la par de los golpes de batería, como un muro infranqueable. Las pedaleras enmarcaban el sentido hipnótico de lo que sucedía, rompiéndolo los acordes de guitarra. La lluvia y el viento no pudo tirar por tierra su espectáculo. Monolord dio un concierto esencial, en parte gracias a esa forma tan atípica de tocar el bajo que tiene Mika Häkki, como si de una guitarra explosiva se tratara.

 

 

EARTHLESS fueron con pasos superpuestos llegando con todo el interés posible a la gente que se van agenciando tras dar una primera réplica en cualquier otro lugar previo. El potencial de la banda de Diego, encabezado por Isaiah Mitchell, una vez más quedó sobradamente demostrado que está por encima de cualquier duda que de ellos se puedan llegar a generar, y ellos no son de los que me terminan hartando con sus riffs infinitos, como si ocurre a veces con otras bandas abanderadas del rock psicodélico instrumental. La evolución de esta banda pasa por hacer algunos temas cantados, algo que ya sirve de contraste para sus encandilados momentos de devaneos por el mástil. La concentración y velocidad en ese magnetismo hard rockero también pasó a su tinte más bluesi, y con ello el zarandeo de los cuerpos. Son la banda llamada a liderar un estilo que no se ciñe a un único encaje. Saben evolucionar en disco, y simultanear esa apuesta en directo. Aquí en Moledo, tuvieron su noche fría, pero sólo debido al clima. Todo lo demás fue ardua espera. Ya cansados y empapados hasta los huesos marchábamos a descansar para abrazar la jornada del día siguiente esperando que fuera más benévola con el clima. Hubo que sacrificar a Graveyard y a Solar Corona, pues el cuerpo no daba más de si, no sólo por el cansancio del coche, sino por estar demasiado enfriados por la lluvia que llevábamos encima del cuerpo.

 

VIERNES 9 AGOSTO

El mainstage sería nuestro refugio en la segunda jornada, y lo digo de forma literal, porque empezamos nuestro día con la actuación de los gaditanos VIAJE A 800, tras tener que secar y acondicionar de nuevo nuestra tienda de campaña toda la mañana, pues sufrió las inclemencias del tiempo, y eso fue un varapalo para las intenciones de entrar temprano al festival hasta que hubo que resolver ciertos problemas de logística. Para quien suscribe estas líneas era la primera ocasión que tenía de verles sobre un escenario. Al parecer Los ese tipo de directo íntimo, no siempre es fácil de pillar, puesto que no es frecuente sus actuaciones. Indagando es lo que tienen publicado, no cabe duda, de que tienen mucho talento. Sin duda deberían de ser inspiración para las generaciones que vienen tras ellos en el rock patrio.  Con cierta quietud y mucho de hipnotismo fue transcurriendo su directo. Nos tuvieron atentos, muy atentos a todo lo que salía por los altavoces, generado por ellos, con un delicado y delicioso toque progresivo en temas como “El Amor Es Un Perro Del Infierno” o “Eterna Soledad”.

KALEIDOBOLT de lo más férreo de la jornada, El caso es que hicieron todo lo que pudieron y un poco más para que la cabeza se pusiera a mil por hora con las canciones de su disco “Better” y literalmente volar ellos entre el público. Los que queríamos disfrutarlos nos llevamos una buena sensación de estos fenómenos venidos desde Finlandia. No había margen para quedarse quieto gracias a su interactiva psicodelia. Para mi fue mi primera toma de contacto con ellos, en directo, y como anécdota, luego se quedarían por la zona unos días pues tuvimos ocasión de coincidir en alguna playa cercana. Después de lo agridulce del día anterior por el clima, o más bien, del destemple que nos tuvo calados hasta los huesos, gracias en parte a ellos, todo lo que vino a continuación fue más cómodo de llevar. Digamos, que estos monstruos nos pusieron en su sitio, y ya con ganas de querer dejar de bailar, disfrutar y estar realmente en la salsa de un festival tan interesante como lo es este.

Los polacos BELZEBONG hicieron un acto de invocación para absorber la imaginación de los presentes, con un show guiado por todo su entorno demoniaco, en donde la oscuridad teñida de verde eran necesarios para iluminar sus formas a tientas entre el stoner, y la densidad que te hace flotar entre desarrollos doom. Todo cuadraba a la perfección con ese desarrollo instrumental que les tenía constantemente flexionando sus cuerpos. Otro de los momentos más brillantes del día sin duda con ese sonido perfecto y sus temas lentos y pesados dando sensación de ser una buena atracción para hacértelos sonar en bucle durante horas siendo absolutamente adictivos teniendo como base la filosofía de la marihuana.

Los ucranianos STONED JESUS también fueron otro plato fuerte. Tenía muchas ganas de verlos, y meternos de lleno en su show llenos de magia, ya que algunos de sus temas tienen muchos desarrollos así como cierta duración. De todos modos es evidente que en un rato puedes darte cuenta lo bien que estructuran su locura escénica demostrando por qué es una de las bandas que hoy por hoy despunta en la interesante escena stoner que existe en su país. Su guitarrista Igor Sydorenko remarcaba constantemente matices y parece que aquí si tuvo todo el tiempo necesario para entregarse con las riendas sonoras bien encauzadas, porque recuerdo cómo hace años en otra actuación que tuve ocasión de verles en otro festival, dado el poco tiempo que tuvo para utilizar esas formas de expresión, al tener que finalizar tan prematuramente le llevó a descalzarse y lanzar sus zapatillas al público.

En in crescendo seguía cogiendo volumen. Ahora era el turno de ORANGE GOBLIN, volvían a constatar por qué es tan importante no perderse uno de sus shows. Enseguida me vi envuelto en esa espiral sonora que va centrifugando contigo dentro sin saber muy bien en qué momento va a parar. Los ingleses tienen su marca propia, no los puedes definir como una banda de stoner y punto. Ellos siguen siendo referencia para nuevas y viejas generaciones, capaces de reinventarse con cada nota nueva que crean sobre su reconocida historia, algo que hace que cada concierto sea un nuevo fogonazo que no hay que perderse en el que como de costumbre, una buena parte del protagonismo se lo lleva su cantante Ben Ward, quien se pasó durante buena parte del tiempo con sus dotes de interpretación, aunque más bien podríamos decir, que se dejaba llevar por esos impulsos de gesticulación continua, mientras canta con esa particularidad emotiva, acompañado por los enérgicos riffs de Jeff Hoare y contundentes mazazos sobre la batería por parte de Chris Turner.

DOPETHRONE serían los encargados de cerrar el día y la noche que estamos tratando. Con un fantástico juego de luces estos canadienses pusieron cada punto sobre cada í, haciendo que se te helara el aliento y se te erizara el bello de los brazos. La voz de su cantante Julie siempre permaneció cautivadora de una forma especial gracias al torbellino de contrastes vocales, e instrumentalmente no se quedaba atrás con los sonidos empleados, algo que deja de largo claro después de una década con esa parafernalia ambiental que nos vienen aportando todo este tiempo. Era difícil no mirarla al mismo tiempo que la escuchabas y sentirte amablemente agredido por algo etéreo que flotaba en el ambiente haciendo una especia de híbrido con  la música. Tal vez no es tan fácil de expresar sino estás presente en uno de sus shows. Y por ello, fueron tan interesantes en esta ocasión. Te lo puedo narrar, pero es mejor que lo definas por ti mismo la próxima vez que tengas ocasión de hacerlo.

 

SABADO 10 AGOSTO

El Pool Stage por fin iba a tener disponible la piscina tras el mal tiempo de los días predecesores. Se echó en falta antes, claro, pues lo que imagina estar situado frente a una piscina y sobre un terreno de césped que permitía a la gente vivir una experiencia musical distinta a los habituales encuentros festivaleros, al poder disfrutar de los grupos en bañador y toalla, pegándose un bañito si procedía. Sin duda la ubicación cercana al mar y el llamativo sol de temporada era uno de los principales reclamos del festival, y que todos hubiéramos deseado tener cada día en lugar de la lluvia, así en lugar de casi como un espejismo, pero bueno, eso no impidió que hubiera público entregado a la causa que buscara su ocasión para bañarse. Las actuaciones de Here The Captain Speaking, The Captain Is Dead, Maggot Heart, Cardiel y Giöbia daría paso a la de TOUNDRA, con una sublime y potente descarga de post rock, como siempre nos tienen acostumbrados.  Son una banda de directo que siempre va progresando y difícilmente los ves dar pasos atrás. Así que imagínate lo bien que nos lo hicieron pasar. Era cuestión de dejarse llevar haciendo que esos tintes instrumentales fueran zarandeando tu cuerpo a través de un cómodo viaje que no querías ver cómo terminaba llegando a su final. Pero la realidad es que todo tiene una limitación y de repente uno despierta de este momento de incubación sonora en el que te menten los madrileños. Brutales, simplemente ¡he dicho!

SACRI MONTI con toda su gama de psicodelia, de nuevo ante nuestros ojos. Recuerdo una puesta de largo que montó el festival de Roadburn el año anterior trayendo a un montón de bandas de San Diego despuntando los sonidos setenteros, y cada uno con su faceta personal, entre ellos estaban nuestros protagonistas. El florecimiento de la psicodelia presente guiada por tiempos pretéritos hoy en día sigue encabezado entre otros por Earthless, JOY, Petyr, Harsh Toke y claro está, Sacri Monti. Es evidente pensar en todas estas buenas bandas y destacar de cada cuál su faceta cuando tocan y aprovechan su baza, que aquí no dejaron pasarla de largo. Bueno, creo que nunca lo hacen. Venían presentando su nuevo disco “Waiting Room For The Magic Hour”. ¡Qué grandee s California para algunas cosas! Y en parte ellos tienen la culpa.

WINDHAND como supervivientes una década de buenos quehaceres doom siguen haciendo su juego de sus composiciones en directo, que es donde las bandas de este estilo despuntan, llevando sus iniciativas sonoras a la gente que es quien los entiende y acepta o los rechazan y a veces injustamente repudia. Aquí la cosa pintó favorable aunque pude esperar más del doom con pequeñas incursiones en la psicodelia que tiene al frente a Dorthia Cottrell, quien se mostró con destreza y pasión, con una presencia muy estudiada  cuando se sube a un escenario para actuar y con una voz que encaja a la perfección en su estilo. Tocaron casi de forma integra el último directo que tiene publicado “Live Elsewhere”. Nos entretuvieron, aunque en mi cabeza rondaba la siguiente banda que estaba por venir.

En cuanto a EYEHATEGOD, su show fue muy radical, rompedor, con ese temple de desobediencia a la sociedad, condimentado a lo punk, con un Mike Willians frente al micrófono, algo delgado, y con un aspecto de no estar siguiendo a rajatabla los cuidados médicos tras el trasplante de hígado al que se sometió tras anunciar su crowdfunding a finales de 2016. Yo creo que es un milagro que esté aún haciendo giras, tras esa carrera de fondo superada. Hablaba Mike de que su problema de salud, acotado en la cirrosis, le hacía escupir sangre. Bueno, pues aquí exteriorizaba esa imagen con su particularidad forma de hacernos ver cómo son estos pioneros sludge. Fueron crudos, como los esperaba y era difícil no dejar  de observarlos, tanto a él como a su igual, el guitarrista Jimmy Bower, consiguiendo transformar la decadencia en arte.

Con la actuación de OM llegábamos casi a la recta final del festival teniendo como estandarte los temas de su trabajo “God Is Good”.  El momento era lento, parsimonioso, pero esperado, porque así es el paralelismo sonoro de Al Cisneros, también bajista y cantante de Sleep. De vez en cuando metía la cabeza entre los amplificadores para escuchar la nitidez del grosor de eso sonido espeso que te provocaba cierta densidad, como un letargo necesario para dejar que la imaginación flotara. El resto del tiempo era concentración, miradas al vacío, a sus pedaleras, a mundos imaginarios, algo que aporta su música, y la plebe mientras cerraba los ojos para balancearse. El aire era denso, y la comunión con el resto de integrantes la necesaria, con los otros músicos exentos de protagonismo. Todo primer plano era para la meditación y el hipnotismo de las atmósferas de cada tema y de cada pausa entre ellos. La teatralidad como apoyo a la música a veces es cuestión de gestos, de mímica y de silencios.

Los suecos DOMKRAFT, que fue incorporación de última hora no las tuvieron todas consigo después de la traca final, y un encauzamiento continuo de elementos musicales difícilmente olvidables. Me moló este trío enmarcado en un estilo lisérgico en el marco del doom con cierta complejidad pero creo que el cansancio y agotamiento a estas horas hizo mella sobre mucha gente que había abandonado el recinto cuando era la hora de exponerse ante el público, y el frío. Supongo que no es plato de buen gusto salir así a actuar, y más siendo una formación sustituta con la que seguro muchos no contaban o no conocían, tal vez eso influyó en las circunstancias. El caso es que salvaron los muebles y no desaprovecharon la ocasión. Tal vez por este hecho solamente, la organización cuente con ellos para aventurarlos en un mejor papel en una futura edición que estamos deseando disfrutar desde el término de esta…. Pero eso sí, por favor, que el tiempo sea más benévolo para todos.

 

Texto / fotos: Raúl García y Elsa Álvaro

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