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RESURRECTION FEST 2022 Crónica jueves 30 de junio.

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Pasada la fiesta de bienvenida el Resurrection Fest encaraba el jueves con la llegada de muchísimo público a las instalaciones del festival. Judas Priest tocaría esa noche en Viveiro y sus fans lo hicieron notar desde primera hora de la tarde. La banda británica sigue teniendo un tirón admirable y el 50 aniversario de los de Halford se convirtió en uno de los reclamos del festival.

La primera formación que pudimos ver en la tarde del jueves fueron los castellonenses Lepoka. Con su folk metal festivo esta banda te invita a beber y a bailar de una manera desinhibida. Su sonido fue muy contundente y la numerosa gente que se había congregado para verlos no pararon de mover los pies durante toda su actuación. La verdad es que esta banda es capaz de trasladar a sus directos la calidad de sus trabajos de una manera limpia y divertida.

Coincidiendo en hora con Lepoka, la banda asturiana Green Desert Water tocaba en el Desert escenario. Primer gran descubrimiento del día para un servidor. Con un sonido potente, duro y muy compacto, este trio salió a comerse el escenario. Presentaron en directo su último gran trabajo “Black Harvest”, el cual ha recibido muy buenas críticas. Stoner de aquí con proyección internacional.

 

Era el turno del mayor exponente en lo que al Groove Metal se refiere a nivel nacional. Vita Imana salía al escenario principal a primera hora de la tarde ante un numeroso público que solo podría disfrutar de la banda madrileña durante media hora. Pero vaya media hora. Salieron a lo grande, y los primeros acordes de “No En Mi Nombre” dejaban claro que iban a poner toda la carne en el asador.

La sinergia entre la batería y la brutalidad que le imprime Miriam Baz a los bongos marca un punto diferencial con otras formaciones. “Seis Almas” o el sencillo recién estrenado “Adversario” se mezclaban con varios Mosh Pit como un ritual que daba las gracias por la brutal descarga que Vita Imana dejaba sobre el escenario. Un impresionante concierto lleno de rabia y música de alto voltaje que vino a demostrar que el escenario principal debería tener una mayor presencia de bandas españolas.

Chris Masuak & The Viveiro Wave Riders, nos dejó sobre el escenario un propuesta sobria y distinta. Desde el punk más callejero hasta el hardrock mas vacilón nos ponía ante una banda que defendían su directo con un sonido brillante y mucha elegancia. Chris Masuak tomaba el timón con una personalidad arrolladora y fue capaz de llenar el escenario con un aurea de grandeza. Sus canciones fueron quien de mover a un público que se acercaba hasta el escenario Desert de una manera tímida. Chris Masuak & The Viveiro Wave Riders fue una de esas propuestas diferentes que te puedes encontrar en el Resu y de la que sales con un dulce sabor metal.

Blaze Out dio paso al hardrock en estado puro. Riffs eléctricos y contundencia en su directo. La banda catalana dio muestra de su gran calidad sobre el Ritual Stage. “Shining Blood” calentaba un público que se empezaba a agolpar ante el escenario, y es que había muchas ganas de disfruta de esta banda en directo.

Su intenso setlist dejaba claro la calidad de esta formación. Su directo fue una demostración más de que en este país tenemos bandas de muchísimo nivel a las que se le tiene que dar el lugar que se merecen. Las muestras de afecto que la banda recibió en todo momento fueron más que merecidas ya que Blaze Out ofreció a su público un concierto de muy alto nivel.

Llegaba la hora de volver al escenario principal. Sepultura haría acto de presencia con la baja de Andreas Kisser por problema personales, a quien sustituiría Jean Patton, guitarrista en la banda brasileña Project46.

Derrick Green, vocalista de Sepultura salía encabezando a la banda en lo que sería una de las mejores actuaciones del día. “Arise”, “Territory”, “Troops of Doom” o el clásico “Roots Bloody Roots” para terminar, hicieron enloquecer a un público totalmente entregado. Eloy Casagrande a la batería dejo destellos de muchísima calidad.

Y qué decir de Jean Patton y su difícil tarea de remplazar a Andreas Kisser, pues simplemente que cumplió con una maestría incuestionable. Se hizo con todos los temas como si fueran suyos y se dejó la piel en cada uno de ellos. Buena elección la de Sepultura para salir del paso sin bajar ni un solo peldaño de calidad ni de entretenimiento en sus conciertos.

Los numerosos cambios sufridos por la formación brasileña siempre dejan la duda sobre sus directos, pero siendo justo, Sepultura sigue siendo una gran banda, con un directo arrollador y vertiginoso.

Tras la brutal descarga que nos dejaron Sepultura, la siguiente banda que pudimos ver fue Opeth. Y es que cubrir un evento desde el público te limita a la hora de elegir que bandas ver.

Opeth salieron con la luz del día a las tablas del escenario. Su propuesta de metal progresivo ha evolucionado durante su extensa carrera, pero los suecos siguen manteniendo ese toque de distinción que solo consiguen las grandes bandas.

Mikael Åkerfeldt lideraba una formación que de manera sobria desgranaba cada tema con una tranquilidad y un equilibrio pasmoso.

Con “Hjärtat vet vad handen gör” comenzó su actuación en el Resurrection Fest. Calidad suprema en la interpretación y en las formas. Cuando la música de Opeth coge el control todo pasa a un segundo plano. “The Devil’s Orchard”, “Demon of the Fall” o el magnífico “In My Time of Need” fueron quien de transportar a los presentes más allá de su mente.

Opeth nos dejó un intercambio de golpes entre sus temas más oscuros y su parte más progresiva, en la que pudimos encontrar cambios tan dulces como esquizofrénicos. Quizás la propuesta de esta banda para un festival de estas características se encuentre con las dudas de algunos a los que no les llega a agradar este tipo de conciertos. O te gustan o los odias, pero cuando la música empieza a fluir pronto te das cuenta de que estas ante una banda de muchísimo nivel que porta como bandera la excelencia.

Y llego el momento que muchos habíamos esperado para ese día. Judas Priest estaba a punto de salir al escenario cuando una enorme cruz bajaba del techo iluminada con un rojo intenso.  “One Shot Of Glory” sonaba para una multitud que llenaba el recinto del Resurrection Fest como solo ocurre en las grandes ocasiones.

Rob Halford cedía el protagonismo a un Richie Faulkner (totalmente recuperado de sus problemas de salud) y a Andy Sneap, quedándose en la parte trasera del escenario. La banda, así, comenzaba con una coreografía perfectamente ensayada.

Lightning Strike”, “You’ve Got Another Thing Comin’”, “Freewheel Burning” fueron cayendo como un golpe poderoso sobre el escenario. Y es que los británicos estaban dispuestos a demostrar porque son considerados los dioses del metal. La gira 50 aniversario aplazada por la pandemia, por fin, resonaba sobre el cielo de Viveiro.

Eran muchas las ganas que había de ver el espectáculo que la banda tenía preparado para tal acontecimiento, y la verdad, no defraudaron. No son pocos los que echan en falta a Glenn Tipton y KK Downing sobre el escenario. A los más puristas, que se han quedado anclados en un pasado que ya no volverá, no les falta tiempo para decir, “si, está bien, pero falta algo”, pero la realidad es que la banda se ha sabido recomponer y llevar su espectáculo a una representación digna de lo que fue antaño.

Halford, quien está a punto de cumplir 71 años, sigue siendo ese tipo carismático que llena el escenario con majestuosidad. Su voz nota el paso de los años, y aunque tuviera ayuda técnica allá donde ya no llega, suya es el alma de la banda. Sin duda alguna, Halford ha encontrado en Richie Faulkner ese bastón que le ayuda a caminar. La simbiosis existente entre ambos es innegable y el maestro de las cuerdas vocales sabe explotarlo.

Un setlist donde no falto “Turbo Lover”, “The Sentinel”, “Diamonds & Rust” o el impresionante “Painkiller”, entre otros, dejo sobre Viveiro un repaso completísimo de la carrera de la banda. Y es que Judas Priest ofreció un concierto brillante para celebrar sus 50 años. Seguramente la actuación más espectacular de todo el festival, y de la que muchos no se podrán olvidar fácilmente.

Llegado a tal punto, donde la gente comenzó a abandonar el festival, todavía quedaban algunas cartas sobre la mesa. Dark Funeral salía al escenario Ritual Stage para dar paso a la propuesta más oscura de la noche. No eran pocos lo que se paraban a ver a esta banda antes de marchar, pero un metal tan extremo no conseguía enganchar con una gran mayoría que desfilaba viéndolo desde la lejanía.

Su actuación sirvió como presentación en directo de “We Are The Apocalypse”, último álbum de la banda lanzado este mismo año. Dark Funeral realizo un concierto potente y con un sonido perfecto. Sus atuendos y toda su puesta en escena llamaron la atención, pero no alcanzo para frenar a la ola de gente que abandonaba el festival, algo que para nada desvirtuó su espectáculo.

A la misma hora, en el Desert escenario salía una de las propuestas más sorprendentes de todo el festival, y es que Adam Nergal (Behemoth) traía su proyecto más personal con Me And That Man. Muchos fueron los curiosos que se acercaron hasta allí para ver de qué se trataba y la sorpresa fue grande. Las mezclas de country con partes más oscuras llamaron la atención. Me And That Man trajo un espectáculo muy distinto al Resurrection Fest pero que para nada fuera de lugar. Presentaron su último trabajo, “New Man, New Songs, Same Shit, Vol.2” en directo y tocaron los temas “On The Road” “Surrender” “Coming Home” entre otros.

De esta manera nos retirábamos tras un día agotador, llenos de multitud de sensaciones y con unas ganas tremendas de volver al día siguiente a la fiesta que es el Resurrection fest.

Texto: Montse Mateos y Santiago Carollo.

Fotografías: Santiago Carollo.

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