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Crónica: XX SWR BARROSELAS METALFEST, Portugal. Día 2 (29/04/17)

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DÍA 2, SABADO 29 ABRIL

Una vez llegado al recinto, el show de los lisboetas MY MASTER THE SUN lo pillo ya empezado. Cuando no llegas de comienzo a un concierto de este tipo de sonido un tanto psicodélico, pudiera ser que no termines de captar la sensibilidad que quiere ofrecer. Vieron  interrumpida su actuación de forma puntual, pero una vez puestos de nuevo en faena, eran como una espiral que te arrastraba hacia dentro, una corta sensación por otro lado, puesto que el tiempo si cabe era aún más limitado al ser de las primeras bandas en actuar. El público estaba algo distante del borde del escenario, y eso tal vez los hacía a ellos algo más fríos, pero al tiempo, eran observarlos claramente por sus interesantes destellos. En cualquier caso, llenaban cada espacio con trazas stoner y unos movimientos escénicos, que dimensionaban sobre las tablas esa puesta de escena, más aún cada vez que su cantante dejaba de emplearse con la voz ante el micrófono para marcar aguerridos marcajes instrumentales.

Y se hizo la oscuridad, con FIDES INVERSA como protagonistas, apenas alumbrados por una cuantas velas agrupadas alrededor de la parte frontal del bombo de la batería. Medio harapientos en vestimentas y con sus caras embadurnadas en pinturas de guerra, mostraban sus cualidades para enturbiar la calma de las primeras horas de esta nueva jornada, claramente ya, tomando inercia hacia los sonidos más endiablados. Si algo demostraron estos italianos haciendo bandera de su orthodox black metal, es que capturaban notablemente los momentos más duros y sucios cada vez que hacían algún pasaje pausado dentro de la estructura de sus canciones.

Una de las bandas insinuantes y posiblemente desconocidas en vivo para los ojos de muchos de los presentes fue COBALT. Yo venía de verlos en el Roadburn Festival de Tilburg poco tiempo antes, y puedo decir que prácticamente vi calcado esta performance a la anterior. La primera impresión que da su cantante es que  está bastante chalado, quien se deja llevar por ritmos espasmódicos sin complejo alguno, pero lo cierto es, que parece una situación bastante ensayada para la ocasión. Eso no quita que su particular enfoque sobre el black metal tenga enganche, si eres capaz de aceptarlos musicalmente como son, sino, es posible que te causen algún reparo. Como era de esperar, su cantante Charlie Felt terminaría descamisado enseñando sus carnes sueltas cayendo por encima de un cinto apretado en exceso. Cualquier detalle escénico como el simular ser un luchador de kung fu es válido para entretener, siempre que las canciones suenen realmente como se las espera. Y así fue, con una banda entregada al completo, que de primera con su tema introductorio, pusieron cierta tensión en el comienzo para ir desplegando su estilo, lento, de tono dramático y algo obtuso. Habrá que repetir tantas veces tenga ocasión de cuadrar con estos californianos lo que queda de año, aún sabiendo ya lo que me van a entregar. Tienen algo que particularmente me motiva.

Los asturianos LEGACY OF BRUTALITY tocaban a la par que Cobalt. Una pena tener que dividir las actuaciones, que por suerte no tenía muy distante el recorrido entre escenarios. Con un enfoque entre Obituary y Morbid Angel, por lo musical y presencia escénica, se recrearon con su death metal salvaje, con buen feeling a pesar de no moverse del espacio inicial que pisaban por primera vez los pies de cada músico sobre el escenario. Buenos contrastes de guitarras, sonando con grosor y armonía los solos cuando eran requeridos, así como los continuos riffs que ponían colchón a la envenenada voz de su cantante.

Del propio Barroselas eran GOLDENPYRE, participando de esta manera la propia organización en la parte activa sobre el escenario. Traían bajo el brazo su nuevo disco “In Eminent Disgrace”, después de haber transcurrido un buen puñado de años desde su anterior producción. Tormenta de sonidos extremos, con unos buenos fraseados rítmicos de guitarra, con estructura de la vieja escuela. Más que sorprenderme por originalidad, fue por la constancia en conseguir capturar la esencia death metal clásica con la que crecimos hace un par de décadas. Tener al público local frente a ti a veces puede intimidarte demasiado, pero también te hace pisar en firme. Ambas situaciones se tornaron mientras se desarrollaba el show. Y como era de esperar, fueron  bien recibidos y aplaudidos por los asistentes.

Los atenienses DEAD CONGREGATION tuvieron un comienzo espectacular, de bajo coste, pero efectivo. Entre la oscuridad se esperaba la llegada de su demoledora maquinaria, mientras comenzaba a arder una biblia centrada en el borde del escenario, momento que un ávido espectador aprovecharía para encender con la llama su cigarrillo. Fue un anecdótico comienzo, donde no sólo blasfemaban sus músicos, sino sus admiradores. Como buenos soldados griegos mantuvieron la formación dejando que un buen contraste de luces se encargara de poner el resto de iluminación a su esquema, una vez quedó extinguida la llama tras reducir a cenizas los versos del antiguo testamento

Los blackmetaleros italo-noruegos DARVAZA fue una de las bandas más transgresoras del festival. Su forma de llevar su ocultismo iba más allá de lo musicado a todo trapo. Su cantante fue como el tipo que nunca te quisieras encontrar mamado en la barra de un bar. De hecho alguien se acercó a la primera fila con un vaso en la mano para ofrecerle su cerveza y se lo agradeció con una solemne patada haciendo volar unos metros el continente y el contenido. Pareciera no quisiera tener a nadie cerca de su imagen de ídolo de la mitología, pues su endemoniado carácter iba más allá. Un fotógrafo que estaba haciendo su trabajo era golpeado con el pie del micro haciéndole entender que se apartara de su espacio. Yo en el comienzo del show estaba en ese mismo lugar y tuve que alejarme cuando vi como iba barriendo adrede con el pie del micro la zona central de la primera fila. Su agresividad, seguramente que sobreactuada, dejó la cavidad central de la primera fila algo despoblada, pues así, su satánica majestad igual se sentía mejor. Anécdotas a parte, estuvieron realmente bien.

Un plato de buen gusto poder recuperar de nuevo los temas de Venom de aquellos primeros ochenta, que protagonizara la original banda inglesa empalando por entonces el término Black Metal. VENOM INC. es la formación paralela que lidera Mantas y Abbadon haciendo en vivo temas de la primera época. Tienen algo que le falta a la que mantiene Cronos con el nombre original, así como a la inversa. Es decir, que después de ver a las dos bandas actuar, pienso que lo ideal sería poderles ver tocar a los tres juntos en una sola, pero como eso no está pasando en estos momentos, pues no vamos a despreciar lo vivido con Tony Dolan (Demolition Man) tocando el bajo y cantando, haciendo las veces de Cronos. Centrados en los imperecederos trabajos “Welcome To Hell”, “Black Metal” y “At War With Satan”, volví a trasladarme a mis tiempos mozos, pero esta vez sonando mejor este repertorio que el de entonces, a falta de la característica voz de Cronos. El paso del tiempo hace madurar la técnica. La gente estaba enloquecida, no era para menos.

Los gallegos NASHGUL de nuevo tenían motivos para enseñarnos los dientes, y hacer que se tambalease el lugar dando un nuevo giro de tuerca al lugar con su aportación grindcore. Su aportación era distinta, capaz de contrastar ciertos sonidos, así como de ralentizar ejecuciones cortas y sobrepasadas por algo más que un simple ritmo de cabeza. Temas entre uno y dos minutos, alternando su trayectoria plagada de splits y un par de discos íntegros daban lugar para escudriñar entre su repertorio, sin miedo de dejarse algo fuera de lo que esperara el público que tenían en frente. Aquí cuenta mucho la actitud de la banda, que ya supera los quince años de sesiones. La hubo, y agradaron al público.

Los fineses ORANSSI PAZUZU fueron uno de los platos más esperados en este menú lleno de carne y vísceras que veníamos saboreando. Ellos son simplemente frenéticos, impactantes, y la oscuridad transformándose en iluminación. Fueron como una apertura de psicodelia que una vez iniciada con sus ritmos destructivos podía mandar en tu persona. A veces, posiblemente en apariencia, el caos hacía pensar que uno de los teclados no funcionaba y desesperaba al músico. ¿y qué más daba? Caos precisamente es lo que transmiten con sus odas al no relax. Un buen juego de luces tras el escenario iba dando contraste a sus siluetas, ordenadas metódicamente en sus lugares para maximizar el espectáculo al tiempo que jugaban con distorsiones y acoples bien manipulados en donde las pedaleras tomaron el protagonismo. Según terminaba su set, pensaba que no había hecho más que empezar.

Tiempo para enarbolar el sonido embrutecido patrio con los portugueses GROG, otra ronda de posos extremos y guturales, bien apuntalados por una marca que empezó a funcionar a principios de los noventa. Con nuevas piezas para presentar, sin duda se encontraban sobre las tablas del lugar más adecuado para hacerlo, y así ofrecieron a su público el recién estrenado disco “Ablutionary Rituals”. Fueron aplaudidos y seguidos con el rigor que merece una banda veterana y bien curtida. En algunos momentos su cantante por las formas y el aspecto me hacía pensar al de Avulsed, pero eso es otra historia, pues los madrileños serían parte del día siguiente.

EXTREME NOISE TERROR fue un espectáculo digno de ver y de sentir, por  la contundencia del sonido, y también por su preparada descoordinación que manejaban de forma muy creativa sus protagonistas. La esencia de los inicios de su historia radica en su cantante Dean Jones, la única pieza que queda en pie desde que se formara la banda en 1985. Y contrastando voces con él, se encontraba Ben McCrow, en la banda desde hace poco más de dos años, y quien le seguía el juego al capo en todo momento, así como el bajista Andi Morris le iba soplando a su jefe las canciones que tocaba entonar en cada momento. Desde el primer momento fueron haciendo temas frenéticos, que caían al mismo ritmo que Jones apuraba botellas de cerveza. Pareciera que fuera a caerse a cachos a cada paso que daba. Esencia punk escenificada de manera un tanto exagerada. En cualquier caso cumplieron sobradamente con el papel que venían a realizar a Barroselas.

Aún quedaba tiempo para ver a la banda SYSTEMIK VIOLENCE, formada por músicos con el cuartel general situado en Lisboa, tapados los rostros de alguno de ellos con un verdugo. Martillearon en el escenario exterior al público con sus consignas abrasivas poniendo en alza punk y hardcore de una manera salvaje. Más tarde, y para cerrar la noche, con un público dispuesto a permanecer allí todo lo que fuera necesario, ALCOHOLOCAUST hacían de agitadores, otra banda portuguesa muy chapada a la antigua, o más bien, a la vieja escuela, influenciada por bandas como Venom en tiempos remotos, con estética que iba a la par de su música, muñequeras incluidas. Todos nos sentíamos dentro del túnel del tiempo, con ellos disfrutando del alcohol de alta graduación, capaces de tumbar en ese aspecto a los mismos Tankard. Y que no dudaron en compartir con las primeras filas del público botella en mano. Apropiados para continuar unas rondas más, amparados por la old school.

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