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Crónica: WACKEN 2018. Día 2 (3/08/18)

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Empezamos la segunda jornada del festival en el Louder. Amaranthe nos esperaba aunque fue una pena que lo fuera antes del lanzamiento de su próximo trabajo que saldrá en el mes de octubre. En la recta final del tour de “Maximalism” hace que el concierto estuviera muy rodado y casi que fuera de manera automática cada movimiento. Se notaba una banda un tanto cansada y es que a las 11 de la mañana, abrir uno de los escenarios principales, tiene su desventaja. Aunque sí había ya una considerable cantidad de gente, los de Elize Ryd y compañía sabían que en una hora tenían que dejarlo todo en el escenario.

Maximize” iniciaba la segunda jornada, le siguieron temas como “Fury”, «Invincible”, “True” y “Hunger” antes de ir a un bis para darnos unos últimos 12 minutos de un trío de canciones muy en modo bala: “Boomerang”, “Drop Dead Cynical” y “The Nexus” levantaron un show cansado y con el café en la mano. Una pena que una banda que necesita levantar y volver a atraer a su público lejano, no era una gran hora pero sí una gran oportunidad. La próxima mejor.

Nos vamos para nuestra querida carpa donde nos esperaban los andorranos Perséfone. El W.E.T. Stage se desperezaba con mucha tralla. Dureza, death y unas ganas de reventar con el nuevo sonido de su álbum “Aathma”. A modo de pasaje, de película, de cuento, el setlist fue cercado por las tres partes del tema “Aathma” y además pudimos disfrutar de “In Lak’Ech”, “Prison Skin” o “Mind as Universe”. Público entregado desde la primera salida como un toro de Marc Martins. Es una locura lo que puede llegar a transmitir esta gente aunque haya parte de la audiencia que desconociera a la banda.

Con el toque progresivo mezclado con el metal más extremo, comparé en cada momento su actuación con la que hizo hace un par de meses en Barcelona en la pasada edición del Be Prog!. Para mí, mucho mejor en Alemania. Hace una semana sentí cosas que no sentí en Barcelona y claro, con un público más centrado en la banda y con una sonrisa en plan “esto es muy bueno”. Esperemos que la actuación en Wacken haya abierto más puertas si cabe a los de Andorra porque se lo merecen. Primer buen trago en esta jornada. Continuamos con Dark Tranquility.

En otras circunstancias me parecía imposible decir que de lo primero que vi por la mañana fue CANNIBAL CORPSE, y lo digo por el toque extremo que tiene la cosa y por la inevitable euforia que transmite su cantante George Fisher, no sólo con sus gruñidos descomunales, sino a la hora de mover de esa manera el cuello, que hace tiempo ya me convencí, del por qué este hombre no se lo rompe en cada concierto, simplemente porque no tiene cuello. Los que lo intentamos, no le podemos seguir el ritmo. Con toda seguridad sufrió más el doble bombo de Paul Mazurkiewicz, también frenético. Ellos ya son unos clásicos en las rotaciones del festival y tocan de media cada tres años. Un tanto asegurado independientemente de a la hora que sean programados, porque sus conciertos siguen gozando de esa radicalidad embriagada de aceleración tintada en letras de contenido sangriento, amén de que ellos son los primeros que tienen claro que no piensan de verdad en las salvajadas que cantan, pero sí en la música que tocan. De su último trabajo editado hasta la fecha quisieron captar la esencia del mismo dedicándole los primeros temas de un tirón, “Code Of The Slashers”, “Only One Will Die” y “Red Before Black”, que además es el que le da título, después algún otro reciente desperdigado, entre un buen número de clásicos.

Bajamos la cuesta para volver al Louder y ver cómo andan Mikael Stanne y compañía. Esta banda lleva unos últimos años muy difíciles respecto a comparaciones con su música. “Atoma” me parece un discazo y claro que el estilo ha variado pero una banda es eso, evolución musical. ¿De qué sirve tocar lo mismo si tu madurez como persona no sale reflejada en tu música? Pues era hora de ver la reacción ante una gran cantidad de personas que se asomaron por uno de los 3 escenarios grandes.

Obviamente, el álbum mencionado era la cabeza del repertorio y como ya hicieron en sus tours por Europa en solitario, la banda interpretó las mismas canciones. “Clearing Skies”, “Forward Momentum” y la propia “Atoma”. También intentaron contentar a la vieja escuela de la banda con teamas como “Therein”, “The Wonders at Your Feet” y “Monochromatic Stains”. Si bien es cierto que el sonido no fue del todo el esperado y la banda no es para tocar a la hora de la paella con gambas, hicieron lo que pudieron y aprobaron el examen. ¿Qué podría haber salido mejor? Sí, pero creo que no era el escenario perfecto para ellos a esa hora. De todas formas, Stanne está muy bien, Sundin y Brändström son músicos top. Esperamos verles por aquí de nuevo seguramente.

Después de comer, tocaba ver a Mr. Big. Era cita obligatoria ver a esta grandísima banda liderada por el gran Eric Martin. Bueno, hablar de líder cuando tienes en tus filas a Paul Gilbert, Billy Sheehan y Matt Starr es decir mucho. El elenco y los cocineros estaban dispuestos a dejar alto el Louder. La banda no quiso hacer la promo de “Defying Gravity«· y ni falta que hacía. Tienen un repertorio como para hacer 4 conciertos sin repetirse. Tocaron la fibra con los temas del “Lean Into It” como fueron “Green-Tinted Sixties Mind”, “Alive and Kickin’” y la gran esperada por todos “To Be With You” cantada a coro.

Son muchas sensaciones las que levanta esta banda y es que el nivel que han dado es para pensar si Martin no es un diamante perfecto. Personalmente, me encanta la banda y no sé si es el aprecio que les tengo pero es que salieron a divertir y alegrar a su público incondicional. Me alegra saber que Mr. Big tiene cuerda para rato. ¡Larga vida al rock!

Nos vamos cuesta arriba para ver uno de los peores conciertos de esta edición. Fozzy no acompaña. 40 minutos para hacer un show entretenido y más bien fue una agonía. Se nota que la banda va perdiendo factor sorpresa y es que nos invadieron con canciones de sólo los dos últimos trabajos, estos “Do you Wanna Star a War” y “Judas”. Si haces álbumes un poco decentes, en directo cuesta levantarlos. Es lo que nos pasó. Fue un concierto que nos abrió el apetito y mucha gente, a mitad concierto fue dejando la carpa para ir a comer. Hay que aprovechar las oportunidades de estas grandes focos en forma de festivales y quizás tomarse más en serio el tema. Resumen: aburridos.

En la misma carpa le siguieron los griegos Firewind. Tenía muchas ganas de ver cómo Gus G. estaba con su banda más mítica. Acompañado de Henning Basse a la voz, Patros Christo al bajo, Katsionis al teclado y Nunez a la percusión, la banda mostró un respeto enorme por la situación y el momento para concluir que es uno de los conciertos que en frío, me parecieron más acertados. Correctos, sin florituras y directos. 45 minutos de power metal clásico para hacernos sentir tontos por no poder haberles visto en sala en su gira con “Immortals”. Si en festival es así, lástima no poder verles en solitario con su sonido y sus fans.

We Defy”, “World on Fire”, “Hands of Time” y la clásica “Falling to Pieces” del querido “Allegiance”. 45 minutos que se hicieron muy cortos y dando las gracias por levantarnos el ánimo y la hora de la siesta que nos dejó Fozzy. Grecia cumplió y Alemania le respondió positivamente.

Llegó la hora de conocer a Dool en directo. Llegó la hora de ver a Ryanne van Dorst. El hype era enorme después de haber escuchado hasta la saciedad el “Here Now, There Then”. ¡Qué maravilla de grupo en directo! Flipando en cada momento con la entrega de los holandeses. Nick Polak es una bestia a la guitarra pero es que Job van de Zande al bajo es puro movimiento. ¡Ha costado hasta sacarle una foto decente!

Con un poco de retraso en la salida del grupo, fueron a degüello y tocaron 6 temas de su primer y único álbum. “She Goat”, el single “In Her Darkest Hour”, la inicial “The Alpha” y una maravilla “Oweynagat”. Fue un gozo y orgullo enorme descubrir en directo a Dool y es que a partir de aquí, voy a empezar a poner fechas en rojo a cada gira que anuncien próximamente. Gran progresivo y toques metaleros de una banda con mucho ahora doom. ¡Dool de mi vida perdona por no veros antes!

Pues dejamos la oscuridad de la carpa para irnos al escenario principal para ver a Doro. Jugaba en casa y sería la actuación del festival en el modo más nostálgico. Dentro de la gira de Warlock, la germana lo tenía todo a favor. Llegó, triunfó y se fue a casa hasta con una estatuilla a modo de reconocimiento. Un repertorio muy Warlock obviamente pero con sorpresas tremendas: versión de The Sweet, colaboración con Johan Hegg de Amon Amarth con una versión extra de la banda, otra cover de Skyline del “Wacken Hymne”… muy perfecto todo. Es más, acabaron con “Breaking the Law” junto a Jeff Waters después de que la nombraran como miembra honorífica del Hall of Fame del Heavy Metal. Se lo mere Doro porque es historia viva del género.

Hablando de las canciones, sonaron “Für Immer”, “Earthshaker Rock”, “Burning the Witches” y “Hellbound”. Antes de acabar la canción mencionada de los Judas, el típico y clásico “All We Are” resonó hasta el rincón más extraño del festival. Es un himno y como buen himno, todo el mundo lo coreó y todo el mundo se sintió participe de la fiesta de heavy metal mientras se ponía el sol en el recinto. Doro es puro amor.

A priori, llegar a tiempo para ver a los alemanes ATTIC tras hacerle un breve seguimiento previo me resultaba una buena opción para descubrir nuevas bandas en la programación de Wacken, puesto que además era la primera vez que los programaran. Tampoco es que lleven mucho tiempo bajo este nombre, apenas ocho años, pero sí que les ha dado para publicar un par de álbumes largos, alguna demo, así como un trabajo compartido. La cosa empezó interesante, puesto que además la escenografía estaba trabajada, un atrezzo con candelabros, escaleras de mansión siniestra y otras ambientaciones oscuras. El problema era que todo esto era una mera copia de los espectáculos de King Diamond y Mercyful Fate, incluso la vestimenta y pinturas. De todos modos la historia estuvo muy bien planteada, lástima la poca originalidad, porque incluso a la hora de cantar, los agudos e interpretaciones de Meister Cagliostro se asemejaba estrepitosamente a la del Rey Diamante. Así que, como no era mi intención ver una especie de banda tributo a esas horas, me quedé finalmente un poco decepcionado.

Ávido por descubrir nuevos nombres incluidos en la programación de este año, me di una vuelta por el más pequeño de los escenarios, el Beer Garden, donde estaban ocurriendo insólitas apta para pequeñas minorías que disfrutaban de los artistas que iban desfilando por el escenario sentados en unos bancos bajo unas sombrillas, tomando una buena cerveza fresquita. SALAMANDA fueron los encargados de abrir este otro melón para el disfrute de los que gustan de las solaneras. La banda me pareció de lo más innovador para un festival de esta talla, porque los cortes eran de sonoridad indie, contrastando a todo lo programado de raíz rockero y metalera. No vamos a negar que fue curioso ver como se le ofrece la oportunidad a chavales emergentes. Ellos allí estaban bien uniformados, calzados y vestidos con camisas a rallas, llegando a ser tres guitarristas en escena, cuando su teclista compartía ambos instrumentos. La anécdota fue, por si ya no lo era suficiente que estuvieran tocando en Wacken, que uno de sus guitarristas tenía una lesión en una pierna, y por lo tanto tocaba sentado. ¿Cómo se iban a perder este momento a causa de un percance de incapacidad transitoria?

Con cuarte general situado en Frankfurt he de decir que WIRTZ fue una sorpresa celebrada, también metiendo su sonido dentro de un plano musical alternativo, abierto y muy bien cuadrado en concepto. Daniel Wirtz es quien está al frente de esta historia, conductor de su propio espacio televisivo y creador de una aventura que de la manera más independiente ha ido creciendo desde hace una década gracias al boca a boca, hasta conseguir vender las suficientes copias de discos para que le reserven un espacio donde mostrarse, y la verdad que había bastantes seguidores. Además me gustó mucho el detalle de que tuviera sobre el escenario una intérprete de signos para personas sordomudas, que además de saberse las canciones, como era lógico, también tenía mucha sal a la hora de moverse con algunas partes bailables.

El manager de 2CELLOS debió de trabajar duro para integrar a esta pareja de violonchelistas croatas en uno de los escenarios importantes del festival, el Party Stage. Tal vez fue una cosa buscada por parte de los organizadores, en lugar de propuesta, no sé, pero el caso que había cierta expectación, que no sé yo si confundirlo con curiosidad, por saber si tocaría el “Despacito” de Luis Fonsi y otras poperias varias. Mirándose en el espejo de Apocalyptica, pero sabiendo que pueden ser más guapos, pero que no más heavys, se marcaron un setlist un poco anodino en sonido, mientras un tercer miembro en la batería iba dándole algo más de continencia a clásicos de The White Stripes, Guns N Roses, Rolling Stones y principalmente AC/DC, a donde siempre volvían cuando parecían encontrarse en un callejón sin salida, en donde algunos problemas con el sonido parecían despistarles, así como improvisaban la elección de los temas que iban haciendo. A todo el mundo le sonaría bien “Thunderstruck” o “Highway To Hell”, pero, no sé yo si Luka Sulic y Stejepan Hauser volverán a tocar por aquí en el futuro.

Acaba Doro y todos en cola para ver el cabeza de cartel del día, Nightwish. Pues bien, un servidor se coge los bártulos y tira a ver a Blues Pills. Los suecos-franceses-americanos eran una sorpresa dentro de un cartel no tan blues-rockero pero oye, a mí me ha venido como anillo al dedo. Elin Larsson con su carisma ya casi clásico, Dorian Sorriaux con su técnica rara o personal, según quién lo diga, Zack Anderson y André. Muchas ganas de ver a la banda con el público que no ha querido ver a un cabeza. Era tentadora la jugada.

Pues bien, repetir repertorio es una buena idea cuando te sientes seguro de lo que quieres hacer. La banda en sus tour ha ido variando cosas pero en las últimas veces que he podido verles, ha repetido el mismo setlist que en Wacken. Empezar con “Astralplane” y “Black Smoke” es apuesta segura. Ostia en la cara y el público lo tienes comiendo de la mano. Elin es un amor en el escenario y se mueve como una persona que lleva 20 años arriba. La cover de Tony Joe White con su “Elements and Things” es curiosa, además del coreado por todo el mundo presente “Somebody to Love” de The Great Society. Además sonaron “High Class Woman” con un final eterno y para acabar, la ya archiconocida, ooooooooooh “Devil Man”. Una hora perfecta que redondeó la noche. Mereció mucho la pena no ir a Nightwish para poder ver a Blues Pills. Hay veces que las últimas líneas del cartel no están tan mal.

El día iba por buen camino y seguiría asi con Lee Aaron. La canadiense es historia de la música y del hard rock. Unas ganas tremendas el poder disfrutar de cerca de Karen Lynn Greening, más conocida como Lee Aaron. Tengo que decir que le perdí bastante la pista y no fue hasta el anuncio de Wacken cuando recordé su música. Me encontré con un “Diamond Baby Blues” y tras varias escuchas, reconozco que no le encontraba el punto. Pues bien, llegó el directo y llegó la sorpresa. No es el mejor directo que puedas ver ni es la mejor voz que puedas escuchar ahora mismo pero es que da igual. La banda en conjunto salió a reivindicar el sonido más clásico que se está perdiendo en estos días.

Para los que nos gana la nostalgia, poder ver una hora de banda sonora con temas como “Sex With Love”, “Metal Queen”; “Hands On” o “Whatcha do to my Body” es pura alegría. Me alegró la noche de tal manera que salí del concierto pensando que había perdido tiempo valioso de no haberle seguido la pista a esta mujer y diosa del rock. Como nota, decir que de vuelta a casa, escuché el su último trabajo antes mencionado en bucle.

Era justo que los suecos CLAWFINGER volvieran por segundo año consecutivo a tocar, después del deslucido concierto que tuvieron en la pasada edición a consecuencia de una tromba de agua que espantó al público en mitad del show.  Capaces de despistar al público abriendo con el “The Final Countdown” de Europe para enseguida meterse en harina con su propia música, así son ellos. Unos cachondos en escena, pioneros en la fusión del sonido metal con el rap. También es cierto que su cantante Zak Tell sigue vistiendo como un hortera, pero hay que respetar su moda, en realidad, la forma más clara de enganchar miradas. Su igual, Jocke Skog es el otro friki que pone gran parte del espectáculo mientras suenan viejos clásicos, corretea con una camiseta a lo Superman haciendo performance en mitad del escenario, mientras toca el teclado, lanza samplers y canta coros. Pero a Zak no le superó nadie, cuando decidió tirarse al público y dejarse agitar entre sus manos por la turba. Algunos temas que provocaron algún tumulto y estirar las cuerdas vocales fueron “Nigger “, “Do What I Say” o “The Truth”.

MANTAR se está ganando a pulso una repercusión que cada vez es más grande, llegando por lo tanto a más gente. Es porque sus dos integrantes son capaces de sobredimensionar el sonido, revolucionándolo todo, es lo que tiene tocar con los amplis a todo trapo mientras vemos como van retorciéndose sobre el escenario. Al propio cantante y guitarrista Hanno le encanta escuchar en boca de otras personas que ellos se transforman en una especia de animales feos cuando se suben al escenario. Y digo yo, que teniendo en cuenta que proceden de Bremen, ya tiene mérito que le den otro recubrimiento a la bonita escena del cuento, aquella de los hermanos Grimm que tenía a los trotamúsicos como protagonistas. En la actualidad tienen el  cuartel general situado en Hamburgo, y posiblemente esta ubicación, más teniendo en cuenta que su sello es Nuclear Blast, ha hecho que Wacken se preocupara en que tuvieran toda la repercusión meritoria para esta edición. Hanno no paró un momento en comportarse como un diablo desesperado correteando con su instrumento mientras castigaba con su temple vocal el micrófono y Erinc hizo que continuamente un roadie tuviera que apretarle los elementos de su batería, porque pareciera que la iba a perder mientras se desmontaba con esa fuerza salvaje que le impulsaba.

Y si antes comentaba que decidí no ver al cabeza de cartel, para cerrar la segunda jornada decidí no ver al hype del momento. Ghost no es para mí. Prefiero Soen. La banda de Joel Ekelöf y Martin Lopez me llega más que la publicidad y el hype de la otra banda. Hasta el punto es el tema del marketing que para Soen estuvimos cubriendo el concierto un par de medios solamente con la cámara de fotos. Una pena pero así es la música. Tanto dinero tienes, tanta fama adquieres.

Soen han venido a esta edición de Wacken con un “Lykaia” resonando de grandes críticas y un recibimiento muy bueno. ¿Qué iba a sonar? Pues blanco y en botella… “Opal”, “Sectarian”, “Jinn” y para terminar el single sonado hasta la saciedad en mi casa, “Lucidity”. Además, tuvimos el placer de escuchar “Tabula Rasa” y “Canvas” del fenomenal trabajo “Cognitive”. Para mí, fue como ver a una banda de casa, de la familia. Todo fue muy íntimo y con una clase de manera bohemia que nos brindó un final de jornada magnífico. No entendí muy bien qué hacía Soen en Wacken pero para los que amamos el progresivo de los suecos, gracias.

Menuda diferencia tener presentes esta vez a GHOST en el festival, si la comparamos con la del año 2011 cuando era un proyecto emergente con su primer disco recién publicado. Los tiempos han cambiado, la formación también, la orientación musical, y hasta la escenografía. El Papa Emeritus se ha transformado en el Cardinal Copia y los Nameless Ghouls ahora ya no tengo claro si son más chicas que chicos. Es cierto que Tobias Forge sigue siendo quien mueve los hilos de este espectáculo, y que sus secuaces contratados no poseen una identificación clara tras sus instrumentos. Sólo puedo venerar lo magistral de saber buscar otros recorridos sonoros mezclándolos con las canciones que hizo famoso a esta misteriosa invención llamada Ghost. Hay que quitarse el sombrero por la campaña de marketing tan poderosa que ha conseguido soldar las piezas que parecían desprenderse en esta historia tan compleja, pues hubo dudas de cómo sería capaz de mantenerse viva tras las demandas de ex miembros y otras situaciones varias. Con nuevo álbum en la calle, “Prequelle” más orientado hacia el hard rock en algunos pasajes, deslumbraron con los iniciales “Ashes” y “Rats”, después vendrían mas cortes recientes con “Faith” y la instrumental “Miasma”, mostrando de nuevo los ropajes del Papa un Nameless mientras tocaba el saxofón. Para los que le seguimos desde el comienzo,  apreciamos especialmente que siguieran tocando joyas como “Ritual”, “From The Pinnacle To The Pit”, “Year Zero” o “Mummy Dust”. Tras haber visto un mes antes en el festival Resurrection Fest el mismo espectáculo, y comprobar que estaba planificado exactamente igual a éste, sólo tuve un pero para el actual, lo flojito que sonaba el sonido que recibía el público del Harder Stage a esas horas, camino de las tres de la madrugada. Sonaba como algo “capado” y eso hacía que cuando Tobias le contaba algo al público no tuviera la esperada respuesta como interacción por parte de éste. A pesar de todo, seguiremos yendo a misa, cuando se preste semejante ocasión.

Texto y fotos: Raúl «Mister Virus» García y Alejandro Díaz.

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