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Crónica: SONICBLAST 2022. Âncora, Portugal (11, 12 y 13 de agosto)

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El 10º Aniversario por fin tenía lugar con cambios importantes en la ubicación, para aquellos que estábamos acostumbrados a ver a las bandas en el recinto anterior. Seguro que para la próxima edición a celebrar en esta misma ubicación tendrán que ajustarse algunas cosas por las que todo festival tiene que pasar cuando está de estreno, y es que estábamos ante un nuevo comienzo, con una organización y público habitual ilusionado por recuperar estos días de sonoridad que la pandemia y el cambio de localización había paralizado de forma inesperada desde que se celebrara la última en 20019. El miércoles pudimos calentar motores durante la Warm-up con tomas de contacto más reducidas en horario, por parte de Temple Fang, El Perro, Toxic Shock y Misleading, tocando en un solo escenario, y con el resto del recinto pendiente de ser inaugurado. Todo transcurrió de una manera más desenfadada, reencontrándonos con viejos amigos de la zona, y muchos otros también venidos desde España, pues había una gran afluencia del país vecino que no querían perderse la cita.

 

JUEVES 11 AGOSTO

El jueves pisábamos pista con los noruegos SLOMOSA. Sería la tercera vez que los veía en poco tiempo. Volvían a pasar por el filtro de mis ojos con ese brillo del stoner clásico que les hacía relucir a plena luz de la tarde. Y comento este detalle, porque las anteriores veces que los disfruté, fue en sala cerrada. En cualquier caso se mueven como pez en el agua en cualquier escena que pisen. Se marcaron de forma notable esas sensibilidades para quien gusta del stoner de manual. Motivaron al público que tenían en frente para que su trabajo homónimo fuera seguido con la precisión esperada y esos devaneos a veces que hacen ondas en su estilo fueron contrastando con otros momentos de tinte frenético. La banda seguía en Portugal de esta manera, con esa gira intensa por eventos de verano.

El trío neoyorquino KING BUFFALO tras poner en su sitio cada instrumento en los momentos previos a su gran concierto, pasaría de un continuo sigilo a la expansión de sonidos que iban pillando matices a base de pedaleras y efectos de sonido, consiguiendo una mezcla poderosa de stoner y psicodelia. Irían hilando un demoledor sonido que de vez en cuando era amplificado cada vez que se agachaban para jugar con los botones de los pedales. Ya tuve ocasión de disfrutarlos en vivo unos años atrás en el Desestfest berlinés. Me aportaron lo que esperaba encontrar en ellos tras disfrutar de discos tan categóricos como “Orion” y “Repeater”, con los que contaron para crear sus estructuras psicodélicas en escena, y para esta ocasión ampliaron todas esas miras metiéndose de lleno en su trilogía pandémica, haciendo hincapié en los cortes del álbum “The Burden Of Restlessness”.

Los californianos MEATBODIES tenían un papel importarte que desarrollar tras lo que acabábamos de presenciar, pero lejos de arrugársele el impulso, fueron al grano, con un  muro sonoro que a veces se diluía en un final lisérgico, gracias a la vocación cósmica de buena parte de la banda, quienes no cejaron en aportar estruendosos  riffs de guitarra por el camino del garaje rock, chocando con el de la psicodelia y los sonidos setenteros  de raíz clásica. El concierto fue destacado en líneas generales y las canciones iban otorgando ese gancho con su espíritu de rock and roll estridente lleno de groove y cambios de ritmo, que a tenor del comportamiento del público, no dejaba de llamar la atención y entretenerlo.

W.I.T.C.H. (We Intend To Cause Havoc), fue un punto poder presenciarlos en el festival, pero la cosa se quedó a medio gas al no poder estar presente en esta ocasión Emanyeo “Jagari” Chanda, el cantante y líder de esta singular formación de Zambia, que en la década de los setenta  despuntara dentro del un estilo tan encapsulado en su país como lo era el “Zamrock”. Trasladaron parte de aquella esencia a Portugal, con una mezcla rítmica de blues británico, funk psicodélico y garaje rock, que se encargaría de poner en su sitio el teclista entonando las voces. Unos superviviente de época, y lo digo tal cual, al ya estar muertos parte de la formación original, siendo suplida desde hace tiempo por jóvenes músicos europeos que mantienen en buen lugar su legado.

NEBULA pareciera haberse metido de nuevo en la competición musical de la que hace unos años veía fuera. Todo aquello estuvo pasando coincidiendo con su regreso a los escenarios, que no olvidemos, su parón previo había estado algo motivada por el pasotismo escénico. A lo que me refiero, es que sus conciertos eran vergonzosos, faltos de encanto sobre el escenario, y con falta de respeto hacia el público. Aquí las cosas las vi más o menos en su sitio y me llegaron más de pleno los Nebula que recordaba en sus comienzos, donde sus destellos del stoner punkarra orbitando entre el fuzz tuvieron lugar, sabiendo estar en su lugar el guitarrista Eddie Glass.

STÖNER son como unas almas inmortales a las que se les permiten todo, y claro está, que han conseguido a lo largo del tiempo esas medallas para que se les respete aunque tengan días malos. Tras la batería estaba Ryan Güt, digamos que el menos responsable de lo que pase, pero Brank Bjork y Nick Oliveri siempre estuvieron presente en las miradas de todos, porque aunque algunas canciones de esta historia nueva suya quedaran desdibujadas por ser tal vez menos intensas de lo que se esperaba de ellos. Pero no pasa nada, porque al final del concierto siempre sacan la barita mágica de Kyuss, y todo se equilibra. A lo largo del show intercambiaron voces en los temas correspondientes que fueron tocando de esta nueva aventura y el cierre llegó con la adrenalina que aportó “Green Machine”.

Es curioso que TOXIC SHOCK musicalmente pasara por la tangente de la mayoría de bandas que son convocadas para el festival, y que sin embargo fueran de los más rompedores e imborrables en escena. Su cantante tiene la mayoría de la culpa, rompiendo moldes y autodestruyéndose el mismo. La polvareda que se marcaron en el mini concierto del día anterior, sirviendo de fiesta de presentación, se repitió aquí con un pogo mucho más llamativo, donde cada tema que tocaban iba haciendo que se generara más combustible sobre el antecesor, y así hasta conseguir dinamitar todo un repertorio en sus momentos finales, llenos de desfase, marca de la casa, porque ellos es a lo que tienen acostumbrados a todo aquel que se pasa a verlos. Menudo peligro tiene su cantante al lado de la escala de una torreta de luces. No contento con explorar las alturas de los lugares que le proporcionaba el hecho de estar sobre un escenario, se terminó lanzando al público para cantar sobre sus cabezas.

Los conciertos de SLIFT pasan muy rápido, a una velocidad vertiginosa. Ya nos tienen acostumbrados. Se comportaron como si estuvieran deseando romper un caja de cristal transparente en la que estuvieran encerrados, pues no cejaron ellos en salpicar su constante rotundidad como si sufrieran una especie de párkinson escénico que continuamente los llevaba fuera de control, creando un innovador hipnotismo contagioso y lleno de vaivenes de descarga adrenalítica. Estos franceses están en la senda de ser unos nuevos líderes generacionales. No hay concierto que haya visto donde hayan bajado el listón.

La jornada había estado muy bien definida por todo lo visto hasta el momento, y sólo recordar cómo fue de lluviosa y fría la primera jornada de la última edición celebrada en el anterior recinto, en el año 2019, hacía que estuviéramos quitándonos una espina de encima, eso sí, pasados tres años. Aún quedarían las actuaciones en el menor de los escenarios, con las formaciones portuguesas TRAVO y COBRAFUMA. La primera con sede en Braga, proporcionaría un show lleno de rock espacial con un toque de garaje, que a los más avezados tendría en primera fila quemando naves pogueras aún en combustión. Este tramo final de conciertos estaba sirviendo para acondicionar los cuerpos e ir preparándolos para el día siguiente. La fiesta final la pondrían unos viejos conocidos de la escena lusa, con esta superbanda de miembros cruciales en grupos como Kilimanjaro, Greengo o Plus Ultra. Su sonido fue desorbitado, cañero, crudo, con toques sludge y actitud oscilante entre el thrash y el hardcore, creando un clima de liberación sonora que todo el mundo recibía con agrado, porque era algo bastante pintón poder ver a los músicos que acostumbras a disfrutar en otras situaciones, abordando esta comunión junto a ti en el décimo aniversario de SonicBlast.

 

VIERNES 12 AGOSTO

24/7 DIVA HEAVEN venían con su contagiosa furia para presentar su debut “Stress”. La formación berlinesa literalmente se comió el escenario durante el tiempo de sobremesa. Sus cimientos punkrockeros femeninos encantaron con esa dulzura agresiva. Tengo claro que en una próxima ocasión, las veremos aquí actuar a unas horas menos intempestivas, porque la electricidad que llevan dentro es una evidencia que da más corriente ante un público mayoritario, que aún no estaba dentro del recinto por lo temprano del momento.

LUNAVIEJA fue una de las bandas españolas que nos representó en el día de hoy junto a Moura, que veríamos más tarde, o Rosy Finch, que tocaría en la apertura de la jornada y de quien sólo pudimos escuchar en nuestro camino hacia las instalaciones su final de concierto muy a nuestro pesar. La formación malagueña se hacía de notar de primeras en este festival, al tiempo que nos daban a conocer su debut en directo. La manera de introducir su particular aquelarre en nuestras personas fue bastante singular. Los continuos cambios de tiempo, entre stoner y doom, con un envoltorio visual muy logrado, conseguía que cada instante entre temas, así como la concatenación del concierto en sí misma, fuera una experiencia de la que nadie se iría con un mal gesto, sino todo lo contrario, deseando verles para disfrutarles en otro momento fuera del desequilibrio que pudiera causar un sol de pleno, pues seguro que el contraste de su escenificación dentro de una oscuridad cerrada, le tiene que venir como anillo al dedo a su performance.

Con THE MACHINE llegaba otro momento bien estructurado en escena con detalles de observación. Cada uno de los tres integrantes de esta banda holandesa fue capaz de llevarse todas las miradas desde el momento que empezaron a dar rienda suelta a su intelecto instrumental. Es una de las características de la formación, que siempre bien ensamblada trata la psicodelia y el stoner como un muro de sonido dispuesto a golpear fuerte. Entre canciones utilizaban intermitencias sonoras de forma envolvente y visual, referenciadas en la pantalla tras sus espaldas, y a través de las pedaleras, que no dejaban de echar chispas.

 

Los londinenses GREEN LUNG dejaron caer temas de su último trabajo “Black Harvest” sin preocupación, condimentado con piezas inspiradas en ritos satánicos y terror en general que hacían de su doom contagioso una fiesta gracias a los impulsos escénicos de su cantante. También harían algunos temas de su primer disco “Woodland Rites”. Seguían sucediéndose por tanto los momentos efusivos y emocionantes del día, y eso que aún ni estábamos en el ecuador del festival.

 

Cuando llegó la hora de PIGS PIGS PIGS PIGS PIGS PIGS PIGS teníamos claro que se avecinaba como una especia de magma sobre nuestras cabezas, que abrasaría nuestros oídos. Creo que a ellos no les importa mucho sonar mejor o peor, porque su show se basó en el temperamento de su musculación. Derroche a raudales de su cantante, quien iba marcando una aventura de caos organizado, que terminaría con el frontman todo lo cerca del público que puedo. Mucha intensidad variando sonoridades, unos principios que la banda saben manejar muy bien con el acierto de cautivar a los seguidores que les conocen musicalmente en una fase inicial, pero también en la envolvente puesta de largo de este festival que seguro les abrazaría hacia nuevos adeptos.

Tener delante a EL PERRO era imaginar por dónde podrían ir los derroteros musicales de las próximas creaciones discográficas de Radio Moscow, ya que éste es un proyecto paralelo de su líder Parker Griggs, guitarrista y vocalista, así como compositor. La historia de este quinteto psicodélico lleva en su ADN mucha fusión de funk y rock latino, teniendo en la segunda guitarra a Jaron Yancey, estando Shawn Davis en el bajo, Lonnie Blanton como batería, un ex Radio Moscow, por cierto, y en las percusiones, para mí, lo que fue la guinda durante toda la actuación, Tawny Harrington, estando en un estado de levitación durante todo el tiempo que duró el show. Realmente interesante su puesta de largo estirando las canciones en plan jam session todo lo que le daba su manejo.

FRANKIE AND THE WITCH FINGERS también fueron una fiesta, y es que el ritmo de la batería nos lo encargaba de recordar en cada momento. La formación de Los Ángeles desde su comienzo ha estado abierta a la continua entrada y salida de las ideas y aportaciones de cada músico que ha traspasado los límites de la psicodelia, si es que en algún momento se le han puesto puertas a tan recurrida apuesta. Fue divertidísimo, y lo digo en un plano totalmente serio, ver a cada uno de sus músicos a su bola por el escenario consiguiendo tal sinergia musical.

Pareciera que los CONAN de los primeros tiempos que viera ya hace años fueran capitulando hacia una normalidad en tiempos presentes. Fueron en su momento como el principio del nuevo doom que empezaba a ser el epicentro de muchos festivales y los amantes del género los querían tener en todos los festivales posibles, no sólo por su imagen minimalista en plan encapuchados, sino por la solidez de su estructura musical, que en los posteriores años transcurridos ha sido un continuo rosario de movimientos llegando a quedar  únicamente al frente Jon Davis en la voz y guitarra. En tiempos presentes, pareciera que el puesto de batería ha quedado asentado en Johnny Kinga, siguiendo en el combo la presencia del bajista Chris Fielding y su particular manera de hacer sonar esos sonidos doom tan contundentes. Aquí los temas volvían a sonar con la contundencia consumada referida en tiempos pretéritos.

Detrás de los estadounidenses WITCH hay mucho magnetismo, y buena culpa de ello  la tiene el batería J. Mascis de Dinosaur Jr., encargado de fundar en su momento esta historia, pero existen muchos más nexos. Musicalmente es la antítesis de esa otra aventura de rock alternativo tendente al pop, por parte del grupo Sweet Apple, donde además de tocar también Mascis, se encuentra como es evidente Dave Sweetapple en el bajo. Y no menos manco es Graham Clise, que también toca la guitarra en un buen puñado de bandas. Fue genial ver juntos a estos personajes imaginándolos en papeles distintos, pero bien conjugados. Cada uno tenía establecido su rol, encabezando la banda con un tinte vocal muy particular Kyle Thomas, haciendo también de forma muy ilustrada sus partes de guitarra. Me encantó su apuesta sonora medio ocultista de ritmos doom y stoner, con un pizca de psicodelia, que terminaría culminando con su himno “Seer”.

Los gallegos MOURA hicieron un concierto fabuloso impregnado de los sonidos tradicionales de su tierra. Se presentaban teniendo como base sus cantos druídicos, rezumando la tradición gallega a nivel lírico e instrumental, con variantes sonoras hacia la neo-psicodelia, el kraut-rock y todo el folklore de raíz que se preciara bien encajado de forma progresiva. Tuvieron destacados momentos personales. Ser tantos músicos sobre un escenario enriquece y al tiempo a veces se antoja complejo, aunque parta de los sonidos primigenios más elementales. Me dio la sensación de que no pudieron terminar el show que tenían establecido por algún contratiempo con los horarios. Su línea sonora es posible que a algunos les dejara un poco desencajados. Pero bueno, el efecto sorpresa a los que recurren los organizadores de festivales incluyendo ciertas bandas, es algo que yo valoro mucho de forma positiva.

ELECTRIC WIZARD siempre son sinónimo de garantía y cuando vuelves a verles, mides de nuevo el listón que tienen que superar, porque sus directos son contundentes y siempre se les pide que guarden esa compostura que hace tan impresionante la ejecución de sus canciones. Pues bien, aquí se presentaron con otro de esos grandes directos que he tenido ocasión de verles. Es cierto que sus actuaciones son prácticamente calcadas en la selección de los temas que hacen, pero es lo que les funciona, y si suenan siempre tan contundentes como lo son sus composiciones, basta que pasen unos meses entre concierto y concierto, para repetir gustoso de la misma escena, y quedar otra vez satisfecho. Igualmente, tras ellos, ahí estaba la pantalla que iba mostrando las proyecciones conocidas en sus directos. Siguen con las pilas cargadas y todas las ganas de darse un baño de multitudes.

Cuando vi a KALEIDOBOLT en el anterior Sonicblast, que tendría lugar en el año 2019 en la localidad de Moledo, fue una de las bandas más destacadas, por su agresividad y por su locura versátil tanto sobre el escenario, como entre el público. No esperaba menos de ellos para esta ocasión. Realizaron un show redondo, aunque no recuerdo que fuera tan eufórico como en la anterior ocasión, entonces en el otro recinto. El caso es que nos llevamos una buena sensación a su término, pero objetivamente creo que a la gente le pilló un poco ya de bajón. Su psicodelia progresiva nos puso del revés los oídos y nos hizo bailar la niña de los ojos cada vez que veías en movimiento a su bajista enfundado en un mono negro serigrafiado con un esqueleto, pues pareciera con cada movimiento que se iba a desencajar su portador.

Aún quedarían dos conciertos en el menor de los escenarios, como sucedería en la noche anterior, con el fin de ir equilibrando y haciéndonos a la idea de que se terminaba otra jornada. Los suecos THE GONERS primero, con su proto-metal bañado por un corrosivo sonido rock, hecho con actitud de directo a cargo de miembros de Salem’s Pot e Yvonne. Y más tarde DEATHCHANT, unos alborotadores angelinos poniendo toda la carne en el asador haciendo que la gente no quisiera marcharse hacia sus tiendas u hospedajes varios, gracias a su proto-metal pesado lleno de melodías pegadizas y sin duda, rock and roll estridente. Al día siguiente por la mañana tendrían ocasión de volver a tocar en el festival, digamos que de rebote, al ser los elegidos para cubrir la ausencia de los noruegos Mythic Sunship.

 

SABADO 13 AGOSTO

El último día lo encaramos de forma adrenalítica con BALA, en donde Anxela Baltar y Violeta Mosquera volvieron a poner de manifiesto la rotundidad de sus composiciones predominando su estructura hegemónica sobre unas canciones creadas para dos personas. A veces me pregunto cómo podrían sonar estos mismos temas incluyendo más instrumentos, y por lo tanto más músicos. Hicieron que todo sonara simple sabiéndose de la complejidad que tiene armar todo para un directo en donde  la fortaleza y el desgaste tiene que ser evidente repartido entre dos. Las gallegas por fin nos dieron la oportunidad de conocer cómo sonarían las temas de su último trabajo “Maleza” junto a otros temas publicados años atrás. Su actuación fue todo un vendaval sonoro.

MDOU MOCTAR fue la peculiaridad de la jornada, con la música del nigeriano Mahamadou Souleymane imprimiendo los sonidos del desierto, y acercándonos a las atmósferas de la música tuareg en cuerpo y alma, porque además ellos vestían esas túnicas características. Hasta llegué a mirar detrás del escenario por si veía algún camello aparcado por allí, pero no vi nada que se le pareciera en todo el recinto. Supieron llegar a los corazones de la gente con su música, dando una sensación de espíritus libres e impulsando felicidad y bailoteos contagiosos. Tal vez podrían escaparse de la línea musical que pudiera tener el festival de primeras en la programación, pero fueron otra de las bandas que en esta edición enriquecieron un programa tan amplio, dando vía libre a la apertura de conceptos sonoros que incluir de cara a las próximas ediciones.

Con THE ATOMIC BITCHWAX sobre el escenario era imposible no imaginarlos tocando con Monster Magnet, porque sus músicos tienen o han tenido algún tipo de relación con la banda de Dave Wyndorf. Para mí fue uno de los espectáculos del día y del festival, recorriendo composiciones de space rock que a veces daban lugar a la improvisación y que en todo momento te hacían vibrar con esa base musical que tanto hemos disfrutado en distintas ocasiones. Sin duda estábamos ante uno de los momentos álgidos del evento.

Y para vibraciones las de PENTAGRAM, y lo digo por su carismático líder y cantante Bobby Liebling. Ya sabemos que menciona su nombre despierta ese ansia para los adoradores del doom, que en otros tiempos podríamos dar como extinguido o más bien caduco, pero la regresión de lo cíclico, que marca el devenir de los tiempos y la raíz de la música impide que eso ocurra. El show fue correcto, donde los temas de época sonaron geniales gracias a la formación actual que les da este toque actualizado y contundente. Bobby se esmeró en hacer que todo fuera más teatral y dinámico. Su enclenque aspecto, delgado y frágil, es algo a lo que sabe sacar partido este legendario del heavy pesado. No creo que defraudara a nadie, porque allí gran parte de los presentes venía a observarle.

Los griegos 1000MODS sonaron potentes, pareciendo unos alquimistas sonoros capaces de darle una vuelta de tuerca a varios estilos musicales, para posteriormente presentártelos dentro de su coctelera particular, esa que llevan agitando desde 2011 y que hace de sus directos un atractivo que puede descolocarte y alocarte al mismo tiempo. Sin duda el sonido vintage permaneció durante todo su espectáculo, con muestras a veces más retro y otra encaminadas bien a gustos más pesados, hard rockeros o alternativos llenas de posos psicodélicos. A mitad de concierto una chica del público saltó al centro del escenario y tuvo sus dos minutos de gloria queriendo ser parte del show mientras se contoneaba sobre el suelo como una poseída, algo que puso nervioso a alguno de los integrantes de la banda, solicitando la inmediata entrada de alguien de seguridad para sacarla de allí.

La actuación de los alemanes MY SLEEPING KARMA fue si cabe de las más esperadas, teniendo en cuenta que en la última edición del festival, la de 2019, no pudieron actuar por fuerzas mayores que tenían que ver con la salud. Su concierto tornó asombroso con esa sonoridad instrumental post rock, capaz de hacerte llegar al éxtasis si te dejas llevar, gracias a sus armonías. Nos llegó hasta el alma el verdadero valor de ese abrazo enérgico a modo de ritual que acostumbran a darse en cada uno de sus shows, y además venían presentando su esperado nuevo trabajo de estudio, “Atma”, tras siete años de espera.

 

ORANGE GOBLIN eran los siguientes, con su cantante Ben Ward al frente, quien se pasó durante buena parte del tiempo con sus dotes de interpretación. Volvían a constatar por qué es tan importante no perderse uno de sus shows. Enseguida me vi envuelto en esa espiral sonora que va centrifugando contigo en sus entrañas sin saber muy bien en qué momento va a parar. Los ingleses tienen su marca propia, no los puedes definir como una banda de stoner más. Ellos siguen siendo referencia para nuevas y viejas generaciones, capaces de reinventarse con cada nota nueva que crean sobre su reconocida historia, algo que hace que cada concierto sea un nuevo fogonazo que no hay que perderse. Además de su gigantesco cantante, ahí estaban las aportaciones de Jeff Hoare con sus enérgicos riffs, los contundentes mazazos de la batería por parte de Chris Turner y la voraz naturaleza escénica del bajista Harry Armstrong.

 

Y para cerrar, aparecía en escena WEEDEATER y el loco de la botella de Jack Daniels, y lo hacían con la intención de arrasar por encima de todo lo sucedido durante el día. Tras la apertura inicial con “Hammerhandle” comenzaría el recital de Dave “Dixie” Collins y sus múltiples muecas. Nunca se aburre de repetir el mismo show con sus habituales locuras, y cuando no mete el dedo en esa botella de bourbon, que siempre anda medio vacía, se lo mete dentro del culo, como fue el caso. El efecto locura en su forma de cantar y tocar el bajo fue la base de su espectáculo. Sobra decir que de nuevo nos contagiaría de esa enajenación que posee, pero vamos, para quienes ya le hemos disfrutado en ocasiones pasadas, no nos fuimos sorprendidos.

 

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García / Oscar Torres

 

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