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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2022, Tilburg. Día 1 (21/04/22)

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DÍA 1, JUEVES 21 ABRIL

La vuelta a Tilburgo para disfrutar de este sin igual festival ha supuesto también, para quien suscribe, reencontrarnos con el comienzo de una serie de festivales de temporada que se habían dejando de hacer debido a los tiempos pandémicos. Pocas dudas sobre la vuelta a la normalidad me quedaron una vez gestionada mi acreditación como medio de prensa y comencé con el rosario de actuaciones a compaginar por los distintas salas habilitadas para tal fin, siendo algunas de ellas novedad, al variarse las instalaciones de algunos de los lugares habilitados para conciertos si referenciamos cuando asistimos por última vez a Roadburn en 2019. Así mismo la emoción de descubrir artistas, bandas o poder degustar shows especiales y exclusivos difícilmente realizados en otro lugar que no sea esta parte de los Países Bajas, marcaba el primero de los cuatro días que quedaban por delante, y que a uno le dejan un “mono” evidente cuando regresa a Madrid para gestionar todas estas emociones musicales. Nada más llegar a casa, una persona me preguntaba dos cosas, la primera que si le recomendaba viajar el próximo año para poder presenciar la nueva edición que tuvier lugar, y la segunda que cómo sería ahora mi acondicionamiento musical ya estando en España durante la primera semana post Roadburn. A la primera le contesté que sin dudarlo se fuera gestionando el alojamiento, los billetes de avión y los días libres del trabajo, porque no será necesario conocer de forma anticipada el cartel que tendrá lugar, ya que al final, toque quien toque, estará siempre dentro de una programación de calidad. Y en cuanto a la segunda, mi respuesta fue que me había comprado 25 discos en los stands del festival para durante esta primera semana acondicionarme escuchándolos, teniendo así parte del oído y de la cabeza aquí y la otra parte allí. Por supuesto que tener el privilegio de poder contaros en esta crónica que el festival se llevó a cabo según lo planificado, después de superar incertidumbres, también es otra manera de acondicionarse. Así que voy a contaros lo disfrutado, pero no sin antes dar la enhorabuena a toda la gente que está detrás de la organización de Roadburn, pues con su esfuerzo y sacrificio han conseguido hacernos de nuevo muy felices durante estos días.

YEAR OF NO LIGHT irrumpían en el espacio “The Terminal” para conmutar una amalgama de sonidos diversos enmarcados por las lindes del black metal experimental, puesto que la banda francesa procedente de Burdeos en sus dos décadas de vida a dado rienda suelta a tendencias que han evolucionado a medida que han crecido sus conceptos del metal pro oscuridad. Los devaneos y crecidas instrumentales ejecutados por dos baterías y cuatro guitarristas sobre el escenario daban todo el juego que ya uno se podía imaginar con esa presencia delante de sus ojos. Os puedo asegurar que de postín no estaban allí todos esos mástiles metaleros. Dejes shoegazing que equilibraban todos esos músicos sobre el escenario impidiendo choques frontales, ambientados por sintetizadores psicodélicos de corte drone. Todo muy elaborado, con un arranque basado en el tema “Hiérophante” de su trabajo “Ausserwelt”, para centrarse posteriormente en su último trabajo “Consolamentum” y finalizar con el corte “Traversée” del álbum “Nord”.

MESSA estaba de regreso tras quedar tan holgada en el tiempo ya su presencia respecto al anterior Roadburn. Esta vez la banda italiana actuaba en el “Mainstage”, y era inevitable recordar que en el 013, frente al lugar donde estaban actuando, se encontraba el ya desaparecido escenario “Het Patronaat” donde vislumbramos ante la iglesia la anunciación del futuro que les deparaba. Esta vez venían con su tercer trabajo en la calle, titulado “Close”, y que tocaron íntegramente llevando el contenido de su doom de sonoridad ritual a una escenificación maravillosa. Para aquel concierto pasado contaron con la colaboración especial de un saxofonista sobre el escenario, pera esta vez todo instrumento incluido en su reciente disco lo hicieron sonar según tocaba integrarlo, con percusiones y instrumentaciones que hacen la base de su última producción, teniendo a su cantante Sara dando vida a ese timbre vocal de forma fascinante. Tuvieron presentes, hasta el mínimo detalle, así también Alberto, cuando procedía usaba un arco de violín para tocar su guitarra. Harían al día siguiente una segunda actuación sorpresa en la zona del “Ladybird” que me hubiera gustado ver recreando los temas de los anteriores trabajos, sin tanta dimensión, pero los solapamientos de actuaciones lo impediría.

 

THE DEVIL´S TRADE también tendría la ocasión de mostrarse varias veces en directo gracias a las futuras actuaciones sorpresas anunciadas en el día, pero aquí lo haría con el patrocinio previo de estar anunciado con tiempo en el programa. Bajo este nombre se encuentra el alter ego del músico húngaro Dávid Makó, que además de negociar bien con el Diablo, sabe meterte en sus historias a ritmo de doom y folk, que va destapando a medida que el show avanza, del mismo modo que durante sus primeros minutos en escena ocultó su rostro tras el instrumento para que la gente empezara a ejercitar sus mentes de cara a lo que estaba por llegar. La melancolía tratada de una forma íntima fue la base de lo que vimos en el antiguo “Green Room” ahora rebautizado como “Next Stage”.

SLIFT fueron convocados para realizar tres shows diferentes a lo largo del festival como artistas en residencia, sabiendo por la tanto la responsabilidad que eso significaba a la hora de dejar el listón bien alto. Este sería el primero de esos conciertos. En todo momento se comportaron como si estuvieran dentro de una armadura ajustada intentando destrozar su coraza. El trío francés no cejó en salpicar su constante rotundidad como si sufrieran una especie de parkinson escénico que continuamente los llevaba fuera de control, algo que evidencia el contenido de su disco “Ummon” al que le dedicaron su primera ponencia creando un innovador hipnotismo contagioso lleno de vaivenes atormentadores. Creo que todos los que allí estuvimos presentes coincidimos en que con seguridad sería una de las bandas destacadas de la presente edición de Roadburn. Y al final no nos equivocamos.

40 WATT SUN y todo su tinte emocional barajado a través del inglés Peter Walker se presentaba en el principal de los escenarios acompañado de una banda que conseguiría sin duda, el consentimiento de un público que quería hacer suyos todos esos cortes de toque intimista que presentan las composiciones de este músico, algunas de ellas principalmente orientadas hacia su último trabajo “Perfect Light” como fueron “Raise Me Up” y “Until”, sin olvidar temas antiguos para el deleite de quien ya lo esperaba por haber estado presente en ediciones pasadas y haber tenido ocasión de disfrutar de nuevo de aquellos elementos sonoros dulces y emocionales.

AUTARKH III era una apuesta que no quería perderme, por ver con mis propios ojos la versatilidad musical de esta banda de black metal experimental de Tilburg, como por la ocasión que suponía pisar por primera vez el club Paradox acondicionado para los conciertos un pelín más arriesgados en su musicalidad. De primeras he de decir que las dimensiones del local no juegan muy a favor para acoger un numeroso público ávido de descubrir el talento de muchas de las bandas aquí programadas, y cuando en otras ocasiones intenté pasar, las colas en la puerta no eran demasiados gentiles para quien se siente en la obligación de ir corriendo de sala en sala o entre escenarios para aprovechar al máximo su tiempo. No obstante, es un lugar que me gustó y que recomiendo frecuentar, donde además te permiten tomarte la cerveza en vaso de cristal. A la banda local la pudimos disfrutar en esta superposición de vanguardia durante la edición online Roadburn Redux. Me quedé un tanto hechizado con su manera de ampliar las miras de unas composiciones llevadas al extremo de la experimentación. Por ser claro si no los conoces, Autarkh a secas van de un palo muy agresivo y bajo esta reconversión Autarkh III los planos sonoros los estiran y encogen al gusto que les parece, con sonoridades creadas con instrumentación básica que convierten en compleja y que en esta ocasión tenían el entorno de este club de jazz de manera insuperable. Me encantó poder hacer realidad lo que vi hace un año a través de una pantalla y comprobar que son músicos humanos aunque a veces parezcan extraterrestres.

HELMS ALEE es una banda que hay que degustar y saborear suavemente antes de clasificarla. El hecho de que anden girando junto a Russian Circles era ya una indicación para poner sobre la formación la mirilla. La banda de Seattle lleva publicando discos desde 2007, pero no había tenido ocasión de verles aún en directo, proporcionando esta buena ocasión Roadburn, como ocurre con tantos otros artistas a lo largo de cada edición. De primeras me calaron, pero el transformar el sonido de sus canciones al directo no pareció a veces una tarea fácil en esta ocasión. Lo de tocar la batería y cantar al mismo tiempo con la resonancia que tienen los temas en un disco de estudio no terminó de llegarme. No obstante el intercambio de voces entre su batería Hozoji Matheson-Margullis y el guitarrista Ben Verellen consiguieron un contraste ciertamente explosivo, teniendo siempre por medio la brillantez de su bajista Dana James.

SÓLSTAFIR me dejó un tanto frío, tal vez parte de esta afirmación se deban a los problemas técnicos que tuvieron y que evidentemente a nadie le apetece sufrir en directo al ver abortado todo el entusiasmo que estás poniendo sobre el escenario, pero es que tampoco es que viera mucha magia en escena para esta conmemoración del disco “Svantir Sandar”, publicado hace diez años a través del sello Season of Mist. La evolución sonora de la formación islandesa ha sido constante y distante en temporadas, pero si por algo se ha caracterizado cada vez que los he visto en vivo, ha sido por conseguir transmitir calor y no frío como aquí ocurrió, chascarrillos a parte por ser de donde son. Tras hacer sonar el disco con sus canciones en el mismo orden de interpretación, y a mitad del show, salvando las adversidades técnica, integraron un solo de saxofón durante el tema “Melrakkablús” para alargar más el distanciamiento con los seguidores que tal vez esperaban verles sonar en su fase sonora inversa. Al menos la ocasión llevaba esa aureola de show especial, pero que le vamos a hacer, ocurre en las mejores casas, no siempre todo sale bien.

WYATT E fue un descubrimiento musical en estos tiempos en que ya no es una novedad salir a tocar con capuchas o con sus componentes cubiertos de una forma misteriosa. El toque doom arabesco que tiene su música ligado a los atuendos de sus componentes te proporcionaban una entrada rápida hacia su mundo musical, basado en la creación de capas atmosférica repetitivas, que sin ser excesivas conseguían que les viera como una especie de mantra sonoro donde los llevados detalles vocales te hacía verlos paseando con sus camellos por algún desierto lejano de donde nos encontrábamos, que no era otro lugar que la nueva carpa dedicada al escenario “Hall Of Fame” habilitada para la ocasión. La curiosidad por saber sobre que tenían preparado estos belgas en su directo por momentos puso difícil poder acceder al lugar sin haber tenido que hacer antes un poco de cola hasta que se fuera desvaneciéndose el interés de las primeros en entrar al lugar camino de la puerta de salida.

RUSSIAN CIRCLES hizo que hubiera luz (imaginada) entre su siempre oscura puesta en escena, donde una vez más consiguieron a través de su manifiesto de post metal instrumental, que los moldes de la mente se abrieran para dejar que su interior recorriera su camino hacia el nirvana. La pegada mortífera de Dave Turncrantz tras la batería se fueron compaginando con los argumentos de guitarra que destila Mike Sullivan haciendo vibrar las emociones, conteniendo de forma gruesa, con todos esos cambios que lleva el ritmo de su bajo Brian Cook. Todo ocurría con un montaje de luces milimetrado que iba dando colorido a las sombras de cada integrante, así como a la puesta de escena en su totalidad magnificando la magia escénica. La espera ha sido larga para volver a verlos aquí, y puesto que se estaba haciendo de rogar la presentación en directo de “Blood Year”, su último trabajo editado, me hubiera parecido un regalo ver como lo interpretaban íntegramente en la fase final de esta jornada. Lo primero en sonar fue “Arluck” tal como ocurre en el álbum y después “Afrika” que desvaneció mi sueño. Pero qué manera de darle continuidad al concierto metiéndose en las composiciones pasadas, siempre presentes. Para los que esperábamos más raciones de su último disco, tuvimos “Quartered” y “Sinaia”. Fue suficiente para esta primera jornada, tres días aún quedaban por delante.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

Videos: Oscar Torres y Raúl García

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