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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2019, Tilburg. Día 3 (13/04/19)

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DÍA 3, SÁBADO 13 ABRIL

Es el tercer día, y la apertura de jornada la hago en el escenario Koepelhal con HAVE A NICE LIFE, la historia liderada por dos músicos norteamericanos, Dan Barrett y Tim Macuga, complementados con una banda, con un amplio espectro sonoro que incluía post punk, shoegaze y pop sintético entre sus elementos…Lo cierto es que no terminé de pillarles el rollo a la hora de la comida. El domingo también harían concierto, pero esta vez en el Mainstage. En esta ocasión su show se centró íntegramente en el disco debut “Deathconsciousness”. El no ser seguidor habitual del grupo pudo influir en mi falta de emoción. Noté momentos fríos, no me calaron, si bien es cierto que en alguna ocasión se les veía entregados, donde valoré partes armónicas y determinadas secuencias sintetizadas.

Sembrados de oscuridad y usando atrezzo apropiado para su propuesta musical, los belgas WOLVENNEST hicieron integro su trabajo de 2018 “Void”, un disco que goza de una genial inercia melódica dentro del black metal psicodélico, con temas largos, de desarrollo tendente a la distorsión por la manera que tienen de empastar los sonidos de guitarras con el siempre presente muro de sonido que prevalece por parte de la batería. Entre las voces de su cantante femenina, que parece una bruja de Salem y la del vocalista masculino, muy cercano al Mesías, existía un pequeño altar decorado con un cráneo donde no dejaba de quemarse incienso, mientras ella le daba un toque más tenue aún a la historia con el sonido de un theremin. Las cortantes melodías de los riffs de guitarra, decorados con los gruesos de las voces, llenas de efectos, harían de todo aquello una especie de catarsis sonora donde los silencios y las pausas eran la extrañeza, e incluso a veces, las impactantes imágenes a vista de pájaro sobrevolando la inmensidad de las montañas que se proyectaban en el pantallón posterior parecían darte un billete para que lideraras ese viaje personal y transcendental por las alturas.

Y ahora sería el turno de CONFUSION MASTER, unos auténticos desconocidos hasta que decidí descubrirlos. Me hicieron disfrutar de la pesadez de sus riffs, haciendo buena alusión al nombre de la banda por el delirio que ejecutan en vivo. Estos alemanes con apenas tres años funcionando son una de las referencias del sello Exile On Mainstream Records, hermanado a la propia organización del festival, una vía abierta para mostrar las tendencias que motivan la programación de Roadburn. Entre stoner y doom andaba la cosa, con muy buena actitud por parte de sus músicos, siempre entregados a la intensidad de su sonido, y es que así tenían más que ganar por su forma de comportarse en directo, algo brutal, en contra de quien prefiere pinceladas detallistas con refinados sonidos.

Uno de los lugares curiosos para hacer conciertos era el skatepark (un lugar de recreo amplio para los entrenamientos y diversión de quien gusta del skate) que para la ocasión, era rebautizado como escenario Ladybird, y en donde un minúsculo escenario con un básico soporte de sonido servía para que algunas bandas importantes hicieran aquí conciertos sorpresa después de estar programados en cualquiera de los escenarios principales. De hecho, parte de las bandas que aquí tocaban, eran conciertos sorpresa que iban anunciándose minutos antes a través de la aplicación del festival. Así conocimos a estas jóvenes holandesas llamadas DOODSWENS, dos adolescentes basadas en esquemas black metal clásicos, Fraukje Van Burg, encargada de las voces y de la guitarra, y Inge Van Der Zon, haciendo lo propio con la batería. Una manera de dar salida a los músicos de la tierra desde el círculo del underground. No lo hacían nada mal. Las caras las llevaban pintadas como muñecas siniestras cuyos  lagrimales parecían llorar sangre. Sonaron contundentes y había expectación por conocer, quien sabe, sin los cimientos de una banda importante por llegar en el futuro.

GORE, los legendarios pioneros del hardcore vanguardista holandés, serían de los primeros nombres en anunciarse al cierre de la pasada edición de Roadburn. El motivo, era reunirlos para realizar integro su disco “Lifelong Deadline”, grabado y publicado en 1992. Allí que marchamos para comprobar si el efecto provocado era el conseguido. No lo fue en cuanto a expectación, pero si en lo referente a ejecución, aunque creo que quedó algo frío el show por la falta de conexión con el público, limitándose a tocar uno tras de otro los temas, pero lo importante es lo que entregaban, nada monótono, haciéndome recordar a clásicos del death progresivo como Coroner o Voivod, con sonoridad muy avanzada para los tiempos que les tocara vivir en su momento. Tras trascurrir dos décadas desde la publicación de este trabajo, finalmente llegaron aquí algo ensayados, pues habían dado cuatro conciertos previos por Bélgica y Alemania. Ahora veremos que hacen con sus vidas tras esta reaparición.

NOISEPICKER fue otro de los grupos a conocer gracias Exile on Mainstream Records. Lo incluyeron dentro de la programación de este año a propósito de que se estaban celebrando veinte años de existencia de sello soplando las velas junto a Roadburn 2019. El sello icónico que ha lanzado casi 90 discos en las últimas dos décadas, ha sido un trampolín para músicos amigos más o menos talentosos, que tienen la oportunidad de dar a conocer sus creaciones. Aquí teníamos el ejemplo de este dúo inglés en donde milita el guitarrista y cantante Harry Armstrong, conocido por formar parte de las bandas End Of Level Boss y la también activa The Earls Of Mars. Su mundo siempre ha transcurrido entre el doom, stoner y rock psicodélico. En esta historia la cosa iba más orientada hacia un rock setentero, sucio y algo bluesero, apoyado por Murphy en la batería.

SUMAC fue como entrar en un estado de tensión permanente. Y es que sólo pensar en la actividad de su cantante Aaron Turner no era para menos. Lo veríamos al día siguiente con Old Man Gloom. Su pasado estaba basado también en bandas como Isis.  Aquí compartía escenario con Brian Cook, el bajista de Russian Circles y Nick Yacyshyn, batería de los hardcoretas Baptists, así que a ello súmale metal experimental y post metal, y te quedaba un cuadro clínico deseable para casos como el que nos ocupa. Un trío que es capaz de producir convulsiones a golpes sludge sin que te inmutes.

El día anterior había tenido ocasión de ver de forma breve a la banda de Boston MORNE en ese sitio tan especial del que os hablé, el skatepark, entonces había llegado de los primeros y me dio tiempo incluso a disfrutar de parte de la prueba de sonido. Luego aquello se colapsó de gente y no me quedé hasta el final. Se quedaba en un espacio muy reducido para una banda tan interesante. Me pareció un privilegio poder ver el día anterior a este grupo de forma tan familiar, face to face, y en esta ocasión en el Koepehal, casi a la misma hora iba a comprobar el poder sonoro que tiene este cuarteto con su mezcla de sludge, doom y post metal. La situación la manejaron en ambas ocasiones conscientes del saber que la música que tienen entre manos tiene cierto poder de abducción, aunque en escenario grande y con más vatios su directo quedó más reforzado. Parte del concierto se lo brindaron a su cuarto y último trabajo de estudio titulado “To The Night Unknown” editado el pasado año, aunque hacía escasamente dos meses que habían publicado un directo de corta duración que también recogía algunas de esas canciones más recientes.

CAVE IN se presentaban de nuevo este año en Roadburn de una manera muy distinta al anterior, que fue como banda tributo al bajista Caleb Scofield, quien falleciera años atrás en un trágico accidente de carretera al chocar su vehículo contra un peaje. Entonces le dieron al show un toque más acústico. Desde el pasado año las labores de bajo las cubre Nate Newton de Converge. Aquí tenemos la figura de Stephen Brodsky despuntando como voz y guitarrista, quien también tocaría al día siguiente con Old Man Gloom. No olvidemos que es el alma mater de la banda Mutoid Man. En fin, aburrirse seguro que no lo consigue estando presente en tantas formaciones. Digamos que no me fascina mucho como canta en esta onda más alternativa, pero a la gente los volvía locos. Creo que donde realmente se siente cómodo, es en las partes donde puede explayarse con las partes de guitarra desligando su cuerpo del micrófono, pues es un nervio a la hora de hacer riffs con su instrumento. Como decidieron seguir adelante con la banda y grabar un nuevo trabajo llamado “Final Transmission”, que se publicará durante el próximo mes de junio, adelantaron dos temas nuevos del mismo, “All Ilussion” y “Shake My Blood”.

Lo que poca gente quería perderse era SLEEP haciendo el “Sleep´s Holy Mountain” en el Mainstage. Así que llegué con algo de tiempo para evitar que la masiva afluencia de gente me jugara una mala pasada y me quedara fuera. Esperé paciente y sentado mientras me fijaba en el cartel que anunciaba la actuación. Aparentemente debía tratarse de una confusión porque era la portada del disco “The Sciences”, que realizarían integro al día siguiente. De hecho cuando empezó a sonar la intro durante la espera, con la conversación del astronauta, algo no cuadraba. Allí se quedó el cartel mientras tocaban. Salieron, fueron aplaudidos, empezaron con el famoso riff del “Dragonaut” y se desencadenó un pasional momento de disfrute con un sonido a buen volumen que permitió disfrutar del disco integro, pero con ciertos reparos en la comodidad de sus integrantes. Pareciera que algunos problemas con el sonido en lo referente a Mike Pike y alguno más con la caja y batería de la batería de Jason Roeder. También a Al Cisneros, que era quien más estático estaba mientras tocaba el bajo y cantaba, momentáneamente dejó de escuchársele, pero nada que no fuera solucionable sobre la marcha, de hecho os lo cuento a modo anecdótico. Una vez terminaron de hacer el fabuloso trabajo, incluyendo sus partes instrumentales con acústica, tal y cual lo conocemos, tocaron un tramo del “Dopesmoker”, el famoso tema de más de una hora que quisieron publicar como una única canción en su día y que les llevó a disolverse tras negarse a comercializarlo su discográfica. Para cerrar rebuscaron en la cajita de las sorpresas y tocaron “The Clarity”, el primer tema que compusieron tras activar de nuevo el grupo en 2009 y que salió como único single en 2014 para dejar claro a su público de la continuidad de la banda, al tiempo que seguían activos los proyectos paralelos de todos sus integrantes.

Menuda sorpresa la de URAN GBG para poner el punto final al escenario principal de esta jornada. Esta numerosa formación de Gotemburgo que Tomas Lindberg nos descubría como parte de su trabajo de curator me encantó. Músicos con una veteranía en la fusión del space rock y los sonidos psicodélicos, pero no al uso, pues sobre el escenario había cinco personas dedicadas a partes especificas de teclados y sintetizadores, así como programadores de ruidos, dos baterías, tres bajistas y un cantante que entonaba voces etéreas enfundado en una especie de chándal blanco con un micrófono en la mano, que parecía ser la batuta del maestro de ceremonias. Era difícil que no se te movieran los pies con sus ritmos bailones, a pesar de las horas, y que te vinieran a la mente los sonidos de Hawkwind o Dr Space.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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