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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2019. Tilburg. Día 2 (12/04/19)

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En la segunda jornada lo primero que degusté fue THROANE. De nuevo aparece aquí la figura de Dehn Sora, a quien vi formando parte del show de Ovtrenoir la noche anterior, y que despunté en el artículo del primer día. Fueron una de las bandas brillantes en la jornada inaugural y ahora en esta ocasión, una buena manera de empezar a rondar escenarios. Violento black metal, oscuro, sinuoso, con toda la banda empuñando instrumentos al tiempo que confrontaban las miradas en una especie de círculo pactado, en cuyo centro del escenario y en primera línea, erigía una antorcha gigante que representaba al álbum “Rite Of The Torch”, disco al que hacían alusión ya que su show en el estaba centrado y así le fueron dando forma a medida que encauzaban miradas cruzadas con cierto descontrol, pero todo bien medido.

TRIPTYKON & METROPOLE ORKEST se encargaron de dar vida a las partes del “Requiem” compuestas tiempo atrás por Celtic Frost, así como gracias a la previa petición de Walter, el organizador de Roadburn, vinieron con la parte intermedia de ese “Requiem” ya terminada para la ocasión, y de esta forma, ni soñado, cerraban la trilogía de sensaciones y atmosferas en un show no sólo exclusivo sino único, con una de las mejores orquestas que podían abordar algo así. La apertura y la salida de todo lo que ocurrió la inició y finalizó la Metropole Orkest, que nos tuvo a todos expectantes durante el tiempo que sus numerosos músicos se encontraron en escena. Tom G. Warrior y compañía hicieron su concierto muy concentrados, con partituras frente a ellos sobre un atril para no cagarla en algo tan milimetradamente preparado, aunque a mitad del show por algún problema técnico, el bajo de Vanja dejó de sonar, retumbando con más protagonismo aún la sonoridad de la orquesta, aunque eso sí, ella se comportaba mientras tanto como si no pasara nada, posiblemente porque sí se escuchaba dentro del escenario, pero es cierto que Tom Warrior miraba alrededor olfateando que algo no andaba bien. Como estaba, sonaron “Rex Irae” (Requiem), la novedosa y esperada parte segunda “Eternal Grave” (Requiem, Chapter Two: Transition) y el ya conocido y orquestado “Winter” (Requiem, Chapter Three: Finale).

Los estadounidenses SOFT KILL estuvieron entretenidos, aunque al no ver el show entero, me pareció un momento de transición después de asimilar el “Requiem”. La línea de la banda era post-punk aderezado con un marcado estilo brit-pop, oscilante en sonoridades ochenteras, algo retro, que de cuando en cuando tenía algún pequeño giro de intensidad más densa. Hicieron temas de sus discos “Heresy” de 2015 y “Savoir” de 2018. Me fui por otros lares a buscar otro tipo de situaciones melancólicas, a ser posible pudiendo ver de comenzar el concierto para no sentirme ausente de su desarrollo. Y entonces llegué al comienzo de otro de los conciertos destacados del día, el de la compositora sueca Anna Michaela, más conocida artísticamente como

ANNA VON HAUSSWOLFF. Realmente el curator de este año que la seleccionó para estar aquí, hablamos de Tomas Lindberg, acertó de pleno (como en casi todo lo que gestionó). Lo que esperaba a nivel sonoro se engrandeció con su espectáculo escénico, que me hacía recordar a los vistos anteriormente en otras situaciones y lugares varios, por parte de Neurosis, Oranssi Pazuzu o Amenra, inspirado en sus espectaculares contrastes escénicos de luces y sombras. Ella aparecía y desaparecía entre la densidad de la niebla que simulaba el humo, situada tras su teclado en el centro del escenario, bien cotejada por el resto de los instrumentistas que hacían de aquello un compromiso absoluto para resaltar sus partes cantadas con encanto y determinación en una especie de agujero negro dedicado al post metal. Cuando la intensidad lo pedía ella se comportaba de forma frenética como enloquecida, sumida en un absoluto caos.

YOUNG WIDOWS nos tenía preparado un concierto lleno de frenesí y oscuridad, arrastrando las cenizas de aquella historia previa a montar esta banda que llevaba por nombre Breather Resist, pues del término de aquella etapa hardcore, quienes cambiaron de nave ante su hundimiento, montaron esta otra. En el año 2008 publicaron el disco “Old Wounds” y para recordarlo, era el contenido de aquel disco lo que nos tenían preparado.

GRAILS conociendo su etapa en una fase tardía, hizo que lo que me esperaba llegara, llevándome al mundo imaginativo que me ofrecía su música de sus discos. Sensaciones para vivir, observar y sentir con sus desarrollos lentos pero incisivos, llenos de brillo y sensibilidad. Hicieron un par de temas nuevos y el tronco principal de su set list lo centraron en su disco “Deep Politicts”, dejando para el comienzo, la parte intermedia y el tema de cierre los temas “Daughters Of Bilitis”, “Deep Snow” y “I Led Three Lives”. También la historia post rock de su último trabajo “Chalice Hymnal” tuvo su pincelada en “New Prague”.

No quepa duda que AT THE GATES y su entorno eran unos merecidos protagonistas para esta edición. Prepararon un concierto a conciencia y con la norma de saltarse sus hábitos en escena. La espera dio paso a los suecos, y de repente tres guitarras aparecen sonando en escena para hacer la instrumental “Red” de King Crimson. El viaje en el tiempo hacia el año 1974 merecía la pena. Tomas Lindberg portaba una de esas guitarras para intentar plagiar los acordes progresivos distorsionados creados por Robert Fripp. Sería un momento breve porque en breve empezaría a templar su voz. Hay sorpresas preparadas que van revelando. Por lo pronto el sonido en off de una voz en español da introducción al tema “El Altar Del Dios Desconocido”. Cada canción es una expectación por saber cuándo llegará el momento en el que se usen las sillas y los atriles que están situados en un lateral de escenario. Ese momento llegaría sobrepasada la mitad del show con la aparición en escena del Jo Quail Quartet que el día anterior había acompañado con sus violines a los japoneses Mono. Harían con el cuarteto “The Scar”, “Der Widerstand” y “The Mirror Black”, el primero de los temas en el que colaboraría el cantante Rob Miller. Luego sería el turno de “The Mirror Black”, ya sin violines. Ambos incluidos en su último Ep “With The Pantheons Blind”. Mucho antes de que terminaran con “The Night Eternal”, tuvieron el gusto de tener en escena también a Matt Pike para versionear el tema “The Tempter” de Trouble. Digamos que ahí empezó a calentarse también la esperada actuación de Sleep del día siguiente. Cuando se dice que aquí no hay límites para hacer volar la imaginación, es literal como hay que interpretarlo.

Los portugueses BLACK BOMBAIM y la leyenda alemana del free jazz PETER BRÖTZMANN se subieron al escenario del Green Room para que no te tuvieras que desplazar a ningún club de Chicago a ver tal colaboración en plan jam session. El saxofón de Peter y su apasionada forma de mostrar su veteranía iba marcando el camino a sus compañeros de viaje. Ya antes habían colaborado juntos, así que simplemente era ponerlos de acuerdo para que sucediera con una pizca de psicodelia pero dejando que el veterano marcara las pautas.

Con dos trabajos a sus espaldas los italianos MESSA causaban la sensación merecida en el Het Patronaat. A ellos dedicaron su distinto desarrollo condimentado por la formidable voz de su cantante Sara, contando con la colaboración del saxofonista Lorenzo de Luca, para colorear los tempos doom que procedía. Muy integrado en escena por cierto, ya que se le veía pidiendo al técnico más sonido interior para alguno de sus compañeros hasta casi el último momento del espectáculo. Si dejas sin voz a la banda para que brille en su fase instrumental igualmente es cautivadora su música, así que ya puedes imaginar lo bien ensamblados que iban y el futuro que les espera por delante, pues tan sólo llevan tres años en activo.

Revivir el concierto de LOOP para contároslo, es como algo especial porque inevitablemente hace me hace echar una mirada atrás y hacer balance de lo intenso que ha sido el día. Me doy cuenta de lo rápido que se ha pasado, la de cantidades de situaciones creativas anómalas que han sucedido como marca la propia estructura en la que se basa la programación de Roadburn. La banda londinense capitaneada por su cantante y guitarrista Robert Hampson suena y se muestra como psicodelia espacial con el carisma ostentado por lo aún cimientos activos desde los ochenta a pesar de la transformación sufrida en los últimos años en la banda. La pantalla tras sus espaldas con un colorido de imágines que hacían continuamente procesar situaciones pre LSD en tu mente fueron el continuo soporte para entrar en perfecta conjunción con lo que se escuchaba. Buena selección final, con ello de nuevo volviendo al festi. Seguro que no fue casualidad.

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