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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2019, Tilburg. Día 1 (11/04/19)

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DÍA 1, JUEVES 11 ABRIL

Es curioso eso de llegar al lugar y lo primero en lo que estás interesado es lo de saber en qué fechas se celebrará la próxima edición de ROADBURN, que por cierto hace unos días ya te lo anunciamos en otro artículo. La futura que tendrá lugar dentro de un año será la del 25 y tendrá lugar entre los días 16 y 19 de abril de 2020. Ya lo sé que algunos pensaréis que cómo puede ser que sin haber comenzado a catar esta quiera saber cuándo será la que viene. Así ya te doy algunas pistas de interés que supone para mi este tipo de festivales sin haber comenzado ni a descubrir ni a experimentar, porque ambos términos son válidos y realistas. Si algo saben compaginar los organizadores y personas encargadas para comisionar escenarios es la originalidad de distintas tendencias capaces de presentarte a bandas tan desconocidas como interesantes, amén de poder disfrutar de alguno de tus artistas favoritos realizando algún show único o irrepetible, porque en eso consiste la grandeza de ROADBURN, en patentar cultura e interés disfrutando con lo que te seduce.

Un buen ejemplo para empezar la primera de las cuatro jornadas fue poder ver la unión de ex miembros de los grupos The Devil’s Blood y Astrosoniq bajo el nombre de MOLASSES. Haciendo un poco de historia, los primeros debutaron en Roadburn hace diez años bajo el liderazgo de  los hermanos Selim y Farida Lemouchi con una línea de desarrollo caótico y de contenido oscuro. El tiempo llevó a ambos a dividir sus caminos y Selim unos años más tarde tras editar nuevas canciones con otro proyecto se suicidaría. Tras conocerse su muerte, aquella historia que llevaba por nombre Selim Lemouchi & His Enemies se llevaría a cabo sobre los escenarios de Roadburn en 2014 seis semanas más tarde, sin Selim evidentemente, pero manteniendo una emotiva reunión como homenaje a su memoria. Para esta ocasión la cantante Farida y otros miembros de The Devil’s Blood como los guitarristas Oeds Beydals y Ron van Herpen junto a el bajista Job van de Zande se han unido a Marcel van de Vondervoort de Astrosoniq, Bob Hogenelst de Birth of Joy, que decidieron poner fin a su banda en septiembre del pasado año y también el teclista Matthijs Stronks de Donnerwetter para formar MOLASSES. El resultado algo alucinante tintado de oscuro satánico, ambiental y de corte setentero, en donde Farida en cada foco que iluminaba el lugar escondía una mirada perdida llena de intenciones y sensaciones, entregada a algunos de sus cortes nuevos creados para la ocasión como “Mourning Haze” y “Drops Of Sunlight”.

Tras salir del escenario principal me acerco al de Koepelhal para ver la primera de las aportaciones del artista en residencia de esta edición, que es THOU, y que ya actuó en el pasado Roadburn compartiendo escenario con la formación The Body. El artista en residencia, como ya te conté en los artículos de años anteriores, se trata de  una banda o solista que tocará varias veces durante el fin de semana, y así con cada conjunto mostrará una faceta diferente de su creatividad. Sinceramente esta primera aportación me ha dejado frío, para el estilo demencial que practica por hábito esta banda norteamericana basada en un poderoso sludge metal. Todos ellos adoptaron un roll bien distinto para dar lo más inesperado de ellos, canciones suavizadas definidas con claridad haciendo del momento un concierto entretenido no imaginado en su lógica. Quizás aquí la tenga, consiguiendo explorar otros polos de su creatividad. Los vería de nuevo al día siguiente en el Mainstage en su estado natural, incluso el sábado se marcarían una actuación sorpresa interpretando sólo versiones de los Misfits en el escenario Laybird.   Me gustó ver innovando a la formación brasileña

RAKTA en el Het Paronaat, un lugar especial para conciertos, que es una iglesia reformada para tal fin y que tristemente el año que viene ya dejará de ser uno de los baluartes de Roadburn para acoger actuaciones. Habrá que esperar para saber de la localización que sustituya este lugar donde tantos años llevan celebrándose conciertos frente al lugar donde están situados los escenarios del Main Stage y el Green Room. Había mucha expectación para dejar seducirse por sus dos componentes femeninas en primera fila, encargándose de las voces, teclados y bajo, mientras detrás las cubría a golpes de baquetazos el batería. Esto sonó como un puto caos, pero lo digo de buenas, en el mejor de los sentidos, aunque en ocasiones no tengo muy claro que quisieran sacar las distorsiones adecuadas, daba lo mismo, su post punk garajero va de ese palo jugando con pedaleras y paraísos ruidosos ensamblados en oscuridad, mientras los redobles de baquetas oscilaban entre medias de posibles conexiones sonoras en busca de vida extraterrestre.

HEXVESSEL mostró la cara romántica del día, interpretando íntegramente su último trabajo “All Tree” editado tan sólo un par de meses antes. Ya adelantaba su cantante Mathew McNerney sobre el mismo, que este disco es un cuento popular, sin demasiados artificios con la iglesia del desierto como ambiente de fondo para su sonido. Me gusta esa suavidad para definir las cosas, porque sonó dulce, con instrumentación adecuada para ello, tramos acústicos con percusiones, violines… su disco “All Tree” tocado de principio a fin en el mismo orden de aparición que lo hace cada una de sus notas. A McNerney tuve ocasión de conocerlo el pasado año aquí con su banda paralela Grave Pleasures, algo más bien distinto, enfocado entre el pop y lo gótico ochentero, pero aquí estaba con su otra aportación al frente de las voces, mezclando los bosques de Finlandia con las campiñas irlandesas. Cuentos universales movidos por la naturaleza que acoge espíritus ocultos donde se refugian los paganos buscando su otra realidad, en compañía de inquietos músicos aportando ritmos primarios, como es el caso de Jukka Rämänen de Dark Buddha Rising, y todo ello ambientado con preciosos parajes proyectados en la pantalla que tenían tras ellos.

PETBRICK o lo que es lo mismo ruido de máquinas y alboroto a muchos bps y sin freno en los decibelios. Una vez pusieron en marcha su turbina su cometido fue despedazar los sonidos como se despellejaría la piel de un animal, encargándose uno de la batería y el otro de su máquina de samplers. Este dúo de alborotadores en principio con este nombre pasa algo desapercibido, pero está formado por el ex­-Sepultura Igor Cavalera y Wayne Adams de Big Lad y Death Pedals. Practican un Noise frenético lleno de experimentación. Algo distinto de ver en el Cavalera teniendo en cuenta sus trabajos en Sepultura o Cavalera Conspiracy, aunque ya sabemos de lo intenso y frenético de su pegada, aquí lo llevó mucho más allá y creo que todo el mundo estaba ojiplático. El proyecto en sí empezó a coger forma el pasado año y no te lo desaconsejo. La verdad que tirar fotos en primera fila era un cometido de alto riesgo si no llevabas protección en los oídos. Al día siguiente harían un show compartido con los brasileños Deafkids en Het Patroonat pero sería tarea difícil la de entrar dada la cola de espera que tendría lugar en la puerta del locar incluso antes de haberse iniciado el show, algo muy frecuente en muchos de los conciertos que han tenido lugar este año, y que han impedido poder disfrutar de shows íntegros, incluso en ocasiones, no poder ni llegar a verlos. O llegabas a los lugares con bastante antelación y dejabas de ver otras cosas programadas o mal lo tenías. Y claro, esto hacia al final que aún pudieras ver menos artistas si cabe.

La angelina ENMA RUTH RUNDLE demostró que no es una cantautora al uso, gracias a la combinación de canción de autor en formato folk, post rock y ambient. En todo momento los silencios que ella dejaba entre su voz y los arpegios de guitarra en formato acústico se respetaban. Era tremendo con que solemnidad y sin que se escuchaba ni una respiración por parte del público, si acaso alguna tos por necesidad. Cuanto se echa esto en falta en los shows que estamos acostumbrados a ver en España con tan poco respecto en ese aspecto por parte del público. Seis de los ocho temas que incluye su último trabajo “On Dark Horses” formaron parte de su show, entre ellos, los iniciales “Fever Dreams”, “Control” o “Darkhorse”, dos más pertenecían a su anterior “Marked For Death”, precisamente el que da título al álbum y “Heaven”. Ella siempre tirando de estética y muy visual fue centro de miradas. Perfeccionista con la voz y curiosa cuando utiliza un arco de violín para tocar la guitarra. El viernes en el escenario Koepelhal compartiría escena con los THOU para un show exclusivo co-liderando el espectáculo y el sábado se subiría al pequeño escenario del Ladybird para colaborar también en el tema final del show de versiones Misfits que prepararone Thou dedicado entregándose al “Last Caress”, aquel que popularizó Metallica en su momento realzando el original.

Lo de los daneses HEILUNG era un espectáculo diferente, y es que no podemos hablar de ellos como un concierto al uso, sino como una obra de teatro. La gente que tuvo ocasión tomó asiento con suficiente tiempo como si fuera a presenciar una ópera, cualquier musical o simplemente una gran puesta en escena teatralizada por músicos caracterizados de diferentes tonos de voz y actores secundarios que interpretaban escenas de guerreros de tiempos remotos, que te transportaban hasta los tiempos de la Edad Media para viajar de lleno a la Europa medieval, con protocolos chamánicos protagonizados por los vikingos, donde además del vestuario despuntaban sus instrumentos de época, creados con huesos que ambientaban los sonidos de los rituales. Debió ser la primera vez a lo largo de esta edición que se cerraban las puertas del Main Stage por completar el lugar su aforo, teniendo que esperarse en las puertas bastantes personas para esperar que algunas salieran para poder pasar las siguientes. La ocasión lo merecía.

TWIN TELPLE fue un soplo de aire fresco con perspectiva añeja. Hay que reconocerles la originalidad de su sonido doo-wop mezclado con lo gótico y ligado al concepto satánico. Pues esto así contado de repente puede sonar a voy a Las Vegas y que me case Elvis Presley en una de esas capillas o cualquiera de los personajes caracterizados. Bueno, algo de eso hay, pero seamos más razonables. Esta pareja formada por los satanistas Alexandra y Zachary James tiene mucho de morboso, incluso el peinado de ella, con esa voz tan soul me recordaba a la mismísima Amy Winehouse. El comienzo fue en plan misa negra, pero la música no era ni black metal ni la línea setentera psicodélica de Coven, era…algo distinto, donde las vestimentas y el atrezzo marcaba la clara adoración a Lucifer. Incluso subirían al escenario a alguien para hacer una especie de rito mientras le ataban las manos y le ponían una venda en los ojos. El sonido de la instrumentación típica, con órgano y saxofón lo bordaban, y más siendo el escenario el situado dentro de la iglesia, el Het Patronaat. Sabía lo que iba a ver y lo disfruté, acababa de llegar de la obra de teatro de Heilung, así que estaba preparado para ello.

Con algo de suerte me dio tiempo aún a ver algo de los parisinos OVTRENOIR en formato de quinteto, que estaba sucediendo de forma solapada en el Hall Of Fame. Nada más entrar me dejé llevar por el apabullante sonido que balanceaban algunos cuerpos al ritmo de esta banda que protagoniza a medias el guitarrista Dehn Sora, quien tan sólo cinco horas antes había hecho otro show en Green Room con el proyecto en solitario Trea Sektori, más ambiental y minimalista. En esta ocasión lo hacía en pandilla con el batería Julien Taubregeas de The Great Divide y otros amigos nada descuidados en ritmos post metal hipnóticos. En sólo tres años han editado un ep y un disco, que es lo que formalizo el contenido de su llegada a Roadburn, para con toda seguridad repetir en próximas ediciones.

Los japoneses MONO se presentaban de nuevo en Roadburn para tocar por dos ocasiones, y la primera de ella era en estos momentos, ¡y de qué manera!. Harían íntegramente el disco “Hymn To The Inmortal Wind” a propósito de los veinte años que llevan en activo estos tokiotas, aunque el disco hace diez que lo publicaron. Quienes ya experimentamos en otras ocasiones su post metal clásico e instrumental en vivo, sabíamos que esto sería un concierto singular, pero si a eso le unes el apoyo del cuarteto de cuerda protagonizado por la violinista londinense JO QUAIL, imagínate.  Con piano de cola en escena y esos tintes cinematográficos, se fueron dando las pinceladas de bella sonoridad, realzada por su facturación en vivo. La cosa terminó con su guitarrista a lo Jimi Hendrix revolcado y tirado con su guitarra por el suelo buscando el sonido de los amplis lo más distorsionado posible para contrarrestar lo que el Jo Quail Quartet pintaba a la perfección del libreto.

Desde Bratislava se recibía con mucho agrado a esta banda de black metal tosca en composiciones sonoras, que aparentemente no aporta mucho más que un buen rato entretenido. La cuestión es que se expresaban en eslovaco y en parte sabían embaucar bien a quienes nos tenían delante. Parecieran que como tal fueran una banda más longeva por el aspecto y trasfondo de lo que acarrea su sonido, y es que aunque como MALOKARPATAN  apenas llevan un año, hay una larga historia contemporánea tras sus mentores y bandas paralelas como Krolok y Rammirath. Su cantante evidentemente está inspirado por King Diamond, gafas de sol y muñequeras de tachas incluida en su indumentaria, aunque era uno de los guitarristas quien cargaba con la capa. En cualquier caso el concepto de black metal clásico les define apropiadamente.

El Main Stage estaba casi lleno para ver a CRYPT TRIP, y tan colmado de público para las horas que eran incluso me sorprendió algo, porque yo a estos tejanos les imaginaba tocando en un espacio más reducido y causando el furor que su sonido captura ante un público más concentrado en un lugar algo más cerrado. Bueno, todo lo que puedo decir es positivo sobre ellos, aún no diciendo nada nuevo en el panorama musical actual. Beben de las fuentes de Allman Brothers y Grand Funk, almas setenteras en tiempos presentes, con estética y dulzor de carretera. Un interesante trío que fue matizando con enraizados riffs de guitarras lo que podrían llevar a una jam session de época. Su disco “Haze County” fue protagonista del momento y temas como “Gotta Get Away” ilustraron lo que os estoy contando, porque la parte intermedia que incluye el tema en donde todos paran de tocar y se marchan del escenario para dejar su tiempo de gloria en solitario al batería sin tener muy claro que va a ocurrir después, sin no conoces la pieza da lugar para imaginar si la cosa termina ahí o no. Pero vamos, que vacilaron un poco como originalmente grabaron la pieza en sí, y volvieron a por la recta final de la descarga. Después cuando terminaron las actuaciones, algunos se fueron a buscar el descanso, y otros muchos aún tenían por delante la fiesta que se empezaba a celebrar en el salón y parte baja del 013 Poppodium con la organización poniendo música en la cabina.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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