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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2018, Tilburg. Día 4 (22/04/18)

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DÍA 4, DOMINGO 22 ABRIL

El último día con menos escenarios habilitados para las actuaciones, se circula mejor por los espacios. La zona de Koepelhal, ahora acogen solitarios los stands de venta de merchandising, y la zona de exposiciones habilitadas desde el principio para los artistas y diseñadores que exponen sus obras y también las venden a todo aquel que quiere llevarse una suculenta obra de arte, pintada por los propios artistas, que ven como todo lo que tienen colgado, durante estas horas desaparece, porque han sido comprado previamente y dejado ahí de exposición con un rotulado de vendido. Pero la gente se esmera en comprar las unidades aún en venta, o los carteles diseñados de forma limitada conmemorando algún concierto especial de esta edición. Como no podía ser de otra manera, en mi caso, hago una pequeña inspección de souvenirs que llevarme de vuelta a casa. Los lockers que se disponen en los lugares donde se realizan los conciertos, te permiten guardar lo que compres para recuperarlo más tarde, sin riesgo de que lo pierdas o se te rompa antes de que termine el evento. También en la zona de Hall Of Fame permanece abierta la pista de skate que mencioné en la crónica del día número 3, y un amplio lugar de descanso con barras y sillas y cómodos sillones que siempre agradecen tus riñones cuando reciben mucha tralla.

Parece que hoy será el día más tranquilo, pero no por ello están ausentes las sorpresas. La primera WATTER con un decoroso post rock espacial, que me recuerda a otras tantas bandas pioneras por las que me dejé llevar en esta corriente que tanto engancha por predominar los ritmos hipnóticos instrumentales, y los cambios de ritmos con armonías, que a veces también protagonizan los samplers, interpretados por teclados. Resulta que esta historia es un proyecto paralelo de Zak Riles, guitarrista y teclista del grupo con norteamericano Grails. Desconocía que también estuviera metido en esta aventura, y fue toda una sorpresa, recomendable para los amantes del post metal, ambas, la de Grails, que el próximo año harán dos décadas de vida y Watter, que apenas llevan cuatro años y dos discos editados en pro de la música experimental, y en formato de trío con dos sintetizadores, batería y guitarra.

WIEGEDOOD, fue lo que esperaba, una cortina de sonidos black metal, densos, demoledores, con una presencia ajustada entre la oscuridad. Una pantalla deja ver las imágenes de algunas ruinas, para decorar más todo lo que estaba ocurriendo. Si te hablo de Levy Seynaeve de Amenra, sólo saber de su nombre ya te hace visionar las penumbras de los experimental. Pues él, que además también toca en la banda Oathbreaker junto a Gilles Demolder y Wim Sreppoc son los que coordinan el cotarro. Los tres están metidos en esta película, que al cabo de un prolongado rato termina aturdiendo, que no aburriendo. De todos modos para los duros de oídos lo mejor es ponerse a transitar por otros lugares, porque siempre encontrarás músicas diversas que degustar.

 

Yo me dejé llevar, no por cansancio del sonido, sino porque quería ver de qué iban los italianos SYK, desconocidos en mis adentros, y además porque este año las coincidencias de conciertos en distintos escenarios han hecho que visitara poco esta edición el Cul De Sac, algo que en esta jornada no pasaría porque lo pisaría con frecuencia a partir de aquí. La sala es pequeña, pero más encogida se le quedó a su cantante Dalila Kayros, quien con media cabeza rapada, pareciera que iba a terminar estirando de pelo que le quedaba, consecuencia de su manera de atajar los trallazos que representan sus temas. Inquieta, febril, era el desencadenante principal, bien respaldado por sus compañeros, con interesantes instrumentos de diez cuerdas.

 

SPOTLIGHTS, otra agradable sorpresa. ¡Cómo me gusta ir a misa los domingos! Desde Brooklyn, Nueva York, fusionaron abstractos contrastes que materializaban en líneas post rock y shoegaze. La verdad que las atmósferas que se iban sucediendo con mucha tensión ejercitada en la manera de soltar ciertos posos de brutalidad. La historia no debe llevar mucho tiempo en activo, puesto que los discos que tienen editados son de los dos anteriores años, “Tidal” y “Sísmico”, pero yo siempre recomiendo lo que a mí me produce satisfacción. Así que procurar seguirles la pista. La banda en formato de trío, tiene en primera línea de fuego a Mario Quintero encargado de las guitarras, voces y del sintetizador, así como Sarah Quintero con el bajo, los gerentes de este negocio, aportando Chris Enriquez sus cualidades para el directo.

Más curiosidad que otra cosa, había que ver a ZONAL FT. MOOR MOTHER, la unión de Justin de Godflesh con Kevin Martin aka The Bug (quien ya hiciera algo parecido la pasada edición con Dylan Carlson en su chiringuito de sonidos). Bueno, todo era muy hipnótico, incluso en la manera de rapear que tenía el tercer integrante de la película, me recordaba a veces a Ho99o9. No estuvo mal la cosa, sentadito se tornó el rato entretenido, demasiado soft pienso para esas alturas del festival, el cuarto día, que va sumando cierto agotamiento, y luego, no sé cómo se apañaban al no haber casi ni luz para ellos. Una actuación interesante. No siempre se tiene ocasión de juntar a estas piezas para saraos de este tipo. Lo cierto es que esos habituales coloridos infernales que utiliza para sus performances The Bug, contrastando efímeras luces y sombras mientras, en esta ocasión, las partes vocales y la imagen del autor de esas voces se exponía para crear imágines saturadas, no estuvo mal.

¡Y vaya, ALDA, otro elemento divino que nos cautivó el domingo! Desde Washington, con tres discos publicados en una década, no importa lo productivo de su cosechas, sino como la saben exportar en el mercado. Cuando hablo de bandas de corte neo folk con metal, o de sonidos experimentales atmosféricos dentro del black metal, no hay que pensar que el mismo patrón aparece y se repite sin aportar nada nuevo en cada banda que lo explora. Puede llegar a ser tan amplia la experimentación y quedar al mismo tiempo tan lejos sus confines. Mientras sonaba la introducción a su show y antes de entrar de pleno en juego, la banda al completo se agachó en círculo haciendo una piña y con absoluto gesto protocolario, encendieron alguna vela o un incienso que se llevó el batería a su rincón, quien por cierto, era el cantante también, absolutamente acondicionado para cantar con brutalidad al ritmo que baqueteaba y le daba al bombo brutalmente.

Los mastodontes de Copenhague LLNN no dejaron de bacilar con el público en las pruebas de sonidos previas a su actuación en Cul De Sac. Una vez perfilado el sonido, los graznidos vocales ensamblaban con buena sensación y curiosa sorpresa con los matices de teclado que evocaban a películas de ciencia ficción y terror. El envoltorio de estos tíos era como un monolito colocado en mitad de ese minúsculo escenario haciendo giros con sonidos ambiente, partes de hardcore, trazas de doom, y secuencias apocalípticas de metal contundente en su manera de entregar su obra. Dividieron su show entre su nuevo disco “Deads” y el primero “Loss”.

Después en el mismo lugar sería el turno de JOY, pero esta vez la improvisación de esta jam session tendría como protagonista a Dr. Space y su cajita mágica. El verdadero cofre de las frecuencias, que tapa parcialmente a nuestro querido protagonista habitual de la escena y de otros encuentros festivaleros de similar índole. Dr. Space probó sus frecuencias y con algo de calor se descamisó para interactuar con los otros magos del riffs. JOY iba danzando al ritmo de las frecuencias que iban y venían, hasta que un momento determinado, parecieron terminarse las combinaciones y entonces tomaron la iniciativa de la jam. En realidad lo de cambiar de planos a la hora de llevar la batuta, es como dar un relevo, lo importante es saber llegar hasta el fin. Genial esta mutua colaboración.

Entre tanta banda asiática japonesa, saber que los chinos ZURIAAKE estaban programados en el Main Stage hacia el final de esta edición, surtía algo más que curiosidad. Era la primera vez que la organización contaba con una banda de este país. Y en ellos encontramos a unos enmascarados con sombreros tradicionales, los típicos sombreros cónicos asiáticos, pendiendo del mismo como una especie de mosquitera delante de su cara. En los soportes de los micrófonos tallos de bambú, y para decorar su performance ocultista, incienso en el ambiente y rosarios para el rezo entre las manos. Me recordó en sus partes más endurecidas a los polacos Batushka, pero adaptados a su cultura, con sus propios hábitos, y abiertos a su propia imaginería.

A la misma hora que los chinos, actuaba este misterioso productor que se esconde bajo las siglas de GOST, también enmascarado. En realidad eran dos, el propio inductor al ritmo y al baile que jugaba con los sintetizadores en plan discotequero ochentero, metiendo riffs y solos de guitarra sobre los sonidos que salían de ellos. Una especie de discoteca móvil tecnopop metalera, capaz de arranca hacia el baile a una pista entera. El otro individuo que le acompañaba, permanecía de pie a su lado sujetando una calavera, inmóvil. Podría ser un roadie camuflado por si tenía que resetear el software del equipo. Fue una pena que ambos espectáculos coincidieran, porque era para haberlos disfrutados por separados íntegramente. GosT me pareció divertido e idóneo para estas horas.

El cierre a este Roadburn 2018 lo echaría la formación canadiense de Vancouber BISON. Es evidente que la organización sabe muy bien a quien le tiene que confiar las fiestas de despedida. El Cul De Sac. Algo más de una década en activo y cinco trabajos de estudio a sus espaldas, el último “You Are Not The Ocean You Are The Patient”. Os digo una cosa, podían haber tocado cualquier cosa con su actitud rompedora. Nadie quería que se marcharan de allí, por como encajaba todo, te hacían retemblar, y porque los presentes sabíamos que estaba expirando esta edición. En algunos momentos me recordaron a los The Midnight Ghost Train, sobre todo uno de sus guitarristas, porque físicamente se movía y ataca su instrumento como el propio Steve Moss en sus partes más aceleradas. ¡oh, querido Roadburn, te vamos a echar de menos durante un año!

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