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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2018, Tilburg. Día 2 (20/04/18)

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DÍA 2, VIERNES 20 ABRIL

MUTOID MAN para empezar la mañana era un buen plan. Sobre todo para intentar mejorar la experiencia vivida en enero de este año cuando los vi tocando en Osaka, como invitados de Sleep durante su tour japonés. Entonces aquello sonó bastante raro, yo me quedé bastante decepcionado con lo que vi respecto al sonido de esos temas en disco y la gente que llenaba el recinto en Umeda TRAD, no parecía entender del todo lo que los neoyorkinos saben transmitir en otras ocasiones, como en esta ocasión en Roadburn, aunque yo creo que son tan delirantes las escenografías de Stephen Brodsk, vestido o descamisado, tocando la guitarra o cantando, que deja un poco atónitos al público que tiene presentes. Como la música que hacen va tornando su oscilación a la medida alternativa que sus integrantes planifican, pues siempre te tienen inquieto. Mejoró la cosa respecto al dato mencionado con anterioridad. La presencia en la batería de Ben Koller, que también tocaba este año aquí con sus otras bandas All Pigs Must Die y Converge, ponían más relevancia en su persona por saber cómo se comportaba en los distintos proyectos.

Por seguir con las referencias que nos dan las bandas en otras ocasiones que tenemos de verlos en directo, los siguientes que tenía ganas de ver eran THE RUINS OF BEVERAST, quienes en la pasada edición del festival extremo portugués SWR Barroselas MetalFest, la de 2017, hicieron uno de los shows más deslumbrantes, no precisamente por la intensidad de luz mientras tocaban, sino por la densa niebla y casi total oscuridad de la que se impregnas sus aportaciones escénicas. Aquí no iban a ser menos, lleno total, como en Barroselas, para disfrutar de este proyecto capitaneado por Alexander von Meilenwald, aquí cantando y tocando la guitarra, pero creador de todo lo que musicalmente estaba sucediendo, contando con músicos de sesión en directo. La historia de esta historia de metal extremo fundido entre doom y black metal comenzó tras en 2003, un año después de quedar atrás Nagelfar. Los preludios y desarrollos apocalípticos son la mejor baza que genera esta historia. Por lo tanto, dos veces de dos puntuados con nota alta.

MOTORPSYCHO iba por un amplio abanico de sonidos lejos del folclore noruego, y eso hizo que me parecieran un gran descubrimiento en vivo. Dependiendo en que canción cayeras dentro de su amplio repertorio centrado en múltiples sonidos, podían hacerte ver que estabas ante un concierto de un estilo u otro, siendo capaces de llenar espacios dedicados al rock de índoles diversas. Mantener la tensión y la permanencia del amplio público que estaba viéndolos ya es consiste más en un fenomenal logro de los músicos capaces de ensamblar sus variedades que de saber tocar esas músicas. Lo lograron. A veces con toques jazzísticos, alternativos, y por supuesto psicodélicos. En ocasiones turbios, jugando con las armonías y con los ácidos de otras épocas. En definitiva jugaron con una sólida estructura progresiva hacia distintas tendencias.

Los sonidos de ambiente, noise, convulsos, temerarios y capaces de rozar el caos de la formación polaca THAW tuvieron una manera muy particular de ser expuestos hacia los visitantes. El quinteto estaba colocado formando un circulo quedando a espaldas de nuestros ojos el bajo y uno de sus guitarristas, mientras que centrado y escorado a la izquierda de nuestra visión el cantante y manipulador de los samplers capaz de organizar esa masa de ruido, que flanqueaba a su lado el otro guitarrista, todos expuestos a los latidos de los decibelios que parecían desplazarlos a ellos mismos al mismo tiempo que los generaban. La recomendación de tener bien colocados unos tapones para proteger tus oídos para no dañarlos aquí era absolutamente recomendable.

SCATTERWOUND nos iba a ofrecer una muestra de ambient, más escueta en cuanto a formación. Dirk Serries y Hellmut Neidhardt, dos guitarristas sentados uno frente al otro con una buena estructura de pedaleras a través de donde iban generándose todo tipo de sonidos experimentales, capaces de formar parte de una banda sonora apropiada para una película de canguelo. Digamos que fueron ejecutando ciertos brochazos de oscuridad, y lo de los brochazos literalmente, porque sobre el papel chuleta que utilizaban para tener claras las coordenadas del miedo, yacía una brocha de pintor. Imagino que todo era decorativo. No por menos original.

La aportación del trance psicodélico experimental japonés iba a tener en formaciones como Kikagaku Moyo, Minami Deutsch o Dhidalah sus principales valedores, pero no serían los únicos nipones en formar parte de esta edición de Roadburn como conoceremos más adelante. Ni tampoco sería la única para KIKAGAKU MOYO a quienes les dedico ahora estas líneas, ya que formarían parte de otro show de improvisaciones con la banda en residencia Earthless. La creación de este grupo tokiota tuvo lugar en 2012 a través del batería Go Kurosawa y del guitarrista Tomo Katsurada, quienes por cierto, se iban repartiendo en directo las partes vocales. La instrumentación occidental, mezclada con la hindú y fundidas en escena por unos asiáticos siempre es buen revulsivo para salirse de los cánones psicodélicos clásicos, y permitirme que lo tilde así, porque ya son demasiadas las bandas de nuestros tiempos amparadas en esquemas trillados del pasado, que sí, que nos transportan a la época del ácido, pero más son de la década del ibuprofeno. Con algunos problemas de sonido resueltos sobre la marcha, fueron aportando ese ácido frescor que muchos no quisieron perderse, por saber más sobre esta banda gestada en el underground Japonés.

CROWBAR fueron una de mis particulares apetencias, ya vistos en otras ocasiones en vivo, pero no antes interpretando todas las piezas hiladas de aquel disco titulado “Odd Fellows Rest” al que le dedicaron la actuación, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su lanzamiento. Cierto es que sólo Todd Strange en el bajo y Kirk Windstein en la voz y guitarra hoy en día quedan de aquellos tiempos, pero todo perfectamente ejecutado con ese concepto sludge y doom tan evocador a la densidad del metal. Tras ejecutar cada una de las piezas, algunas de ellas no tocadas en vivo antes, terminaron de cubrir su set con la versión del “No Quarter” de Led Zeppelin que ya incluirían en su disco homónimo, así como los temas “Like Broken Glass” y “Conquering”, ambos del álbum de 1996 “Broken Glass”. Ya veis, un bolo redondo de época.

Los finlandeses KAIRON; IRSE lidiaron en su capsula del tiempo con armonías y arpegios por lo general incendiarios, riffs de vértigo y cambios de ritmo realmente llamativos para poner a prueba tu sistema nervioso, pero donde no me gustaron para nada fue en las partes vocales, realizadas por su guitarrista Jun-His, también metido en otros sarados paralelos, entre los que se encuentra Waste Of Space Orchestra, amén del otro guitarrista, Ikon, también metido en el tinglado sonoro mencionado, además de ser miembro de Oranzzi Pazuzu desde 2016. Ya con estos apuntes puedes imaginar por dónde iban los tiros, un atractivo rollo espacial mezclando psicodelia y shoegaze, todo muy cósmico.

CONVERGE “You Fall Me”, lo ponía muy clarito y en letras grandes tras el telón del escenario, en donde iban a exorcizar integro su quinto álbum, publicado en 2004. Aquel disco supuso un salto importante en su identidad de cara al público, tras fichar por Epitaph y dejar atrás Equal Vision, con quienes habían sacado sus anteriores disco, por cierto que, el predecesor “Jane Doe” de 2001, también lo hicieron integro en Roadburn 2016. Quizás pille él un simpático rollo ha este sistema Jacob Bannon y en próximas ediciones tengamos ocasión de ver otros trabajos íntegros. Quizás hace un década hacer este tipo de shows pudiera parecer algo recurrente por falta ideas, pero hoy en día me parecen shows excepcionales, que dan la oportunidad al seguidor, de ver íntegramente el recorrido de cada una de las composiciones de un disco y cómo funcionan ante el público, sin trampas a la hora de confeccionar la gira de turno, dando la ocasión de seleccionar lo mejor que tienes compuesto y dejar los temas de relleno o carentes de enganche en la nevera para siempre. Bueno, pues aquí disfrutamos en el mismo orden de lo que entonces ocurrió y no había que exigirles nada, porque ya ellos mismos se lo curraron para mantener el nivel hilado en cada composición. En el bis se marcaron la versión del tema “Wolveri Blues” de Entombed, dejando que cantaran Thomas Lindberg de At The Gates y Kevin Baker de All Pigs Must Die (compañero del batería de Converge, Ben Koller, que tocarían juntos al día siguiente con este otro proyecto). Y por cierto, Jacob, en esta ocasión, con camiseta de Oranzzi Pazuzu. Como veis siguen estando como duendes muy presentes en este artículo.

Damo Suzuki, fue otro de los protagonistas japoneses programado para actuar en distintas ocasiones en esta. Aquí bajo el binomio DAMO SUZUKI & EARTHLESS, es decir, junto a los residentes de este año, la banda de San Diego metido en otro de los berenjenales, pero este de los de verdad. La trascendencia de Damo como uno de los pioneros de las psicodelia nipona, emigrado a Alemania en 1970 para formar la entonces excéntrica formación Can. Ya en los ´80 en solitario tendría un recorrido mayor bajo su propio nombre, pero he de decir, que esta jam session junto a los chicos de Earthless, y también andaba ahí metido sobre el escenario el encargado de tocar el sitar en Kikagaku Moyo, me pareció un bucle que no me satisfizo. Fue difícil de concebir todo el tramo repetitivo de Damo, que tuvo a todos los músicos centrifugando al mismo ritmo, y posiblemente algo aburridos. Con sus 68 años cumplidos en enero, Kenji Suzuki, su verdadero nombre, me causó mejor impresión cuando realizó otra actuación al día siguiente junto a sus compatriotas Minami Deautsch, más coordinada y fructífera. Estaba claro, entre nipones mejor suerte corre el juego, y mayor entretenimiento.

El gran momento esperado, uno de ellos, era el poder ver realizar a GODFLESH su trabajo de 1994, aquel “Selfless” publicado a la par a través de Earache y Columbia Records. Justin Broadrick y George C. Green en pleno apogeo industrial nos daban la oportunidad de experimentar también a nosotros como había envejecido estas canciones, y cómo funcionaban de un tirón todos los temas sin estar fragmentados sus canciones y recurridas en algunos de sus conciertos habituales. De primeras la melena que se ha dejado Green después de tenerle en la retina siempre con el pelo rasurado, ya era un pequeño acontecimiento, luego uno a uno fueron cayendo impertérritos sus autores de lo que sucedía. La emoción fluía en el exterior, que ciertamente tras escuchar otras actuaciones en el escenario principal, y siendo testigo de otros sets en vivo de los británicos, el sonido no era del todo lo suficientemente demoledor para lo que nos tienen acostumbrados. Uno a uno cayeron de principio a fin los cortes, teniendo en cuenta que algunos de ellos o no se habían hecho nunca en directo, o que no los tocaban desde mediados de los noventa y finalmente cuando el disco se cierra con “Mantra”, cuya duración es de veinticuatro minutos, deciden excluirlo de este directo y sustituirlo por las dos piezas que se editaron en EP, “Messiah” y “Merciless”. Es decir, cumplió perfectamente el formato de live especial.

Aunque el francés Gautier Sierra lleva más de una década al frente de esta locura sonora llamada IGORRR, es posible que para muchos sea el descubrimiento de la quintaesencia en las prácticas sonoras de la experimentación. Musicalmente escuchándolo en disco, a mi particularmente, que he escuchado tanto producto enlatado fabricado con tiempo y equipos precisos, no me parece una gran sorpresa, pero en vivo he de decir que me cautivó, por pasar más a un segundo plano dejando que el resto de la banda de sus pinceladas de protagonismo, especialmente a esa cantante que finge estar como una regadera, bailando, entonando y cantando a veces como una ninfa y otras como una sirena, con su llanto cautivando a todo metalero que pareciera encontrarse a veces en una fiesta de esas que hacen en la Fabrik de Humanes de Madrid. Es difícil contar todo lo que sucede en su articulada actuación mientras la voz gutural masculina ensamblada en un primitivo hombre las cavernas danza por el escenario, un batería aporrea sin contemplación generando confusión y un teclista sampleador, dispara muchas cosas pregrabadas, mientras una cámara enfoca por detrás el baile de sus piernas. ¡Bienvenidos a la rave metalera autorizada para todos los públicos!

GRAVE PLEASURES sonaron con distinción, curiosa para esta formación con residencia finlandesa que lleva publicados cuatro discos en casi dos décadas de funcionamiento. El descolor, permaneciendo el oscuro, fundiendo piezas góticas, siniestras y puesta de largo post punk tiene un cabecilla principal en la voz de Mathew McNerney, acreedor de otros proyectos activos como Hexvessel y Grangrenator. Así que aquí veíamos una de sus caras profesionales, muy bien hilada con esa formación te hacía recordar a sonoridades conocidas que en los incipientes ochenta protagonizaron los pioneros protagonistas en su momento. Sonaban como un resurgir de todo aquello, algo de The Cult, The Sister Of Mercy, The Mission… bien bien.

El primero de los conciertos de JOY, tendría lugar esta noche, el domingo en otro escenario tendría el siguiente, pero entre medias sus integrantes formarían parte de algunos conglomerados de músicos dedicados a las impro. Para este cierre de jornada, cogí un lugar en el balconcillo de la Green Room, y así dejar descansar un poco el cuerpo sobre la barandilla y divertirme con los devaneos a través del mástil. De verdad que tanto trajín y no menos horas, hay veces que te deja algo agotado. Bueno, aquí se trataba de mover los ojos y los pies. Riffs electrizantes de este trío de ases que casi siempre terminaban incendiando el mástil a placer de su guitarrista y cantante Zach Oakley, quien tenía su maletín donde guardaba sus enseres de sonido abierto, justo delante suya y sin separarse de él apenas unos centímetros, cómo temiendo que alguien le robara o más bien, ejerciendo como un mago que va a sacar algo de ahí, a modo de chistera. En realidad toda la magia fluía de su áspera voz y sus escurridizos dedos.

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