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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2017, Tilburg. Opinión General y Día 1 (20/04/17)

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OPINION GENERAL

ROADBURN es un festival que nos ha llamado la atención hace ya bastantes años. Ya sabéis que hemos estado aportando la información precisa durante todo este tiempo, tanto a oyentes como a lectores, pero aún no nos habíamos desplazado hasta su epicentro. Así que decidimos romper el cascarón, un cascarón aunque bien maduro, para nosotros aún por atravesar, y por ello nos movilizamos hasta el lugar para comprobar in situ cómo se gesta y se desarrolla un evento de este tipo. Bien sabéis que quien suscribe no deja de visitar distintos festivales cada año, y que TNT RADIO ROCK da cuenta de un buen número de crónicas. Muchos de los eventos quedan  anunciamos a través de la web durante los meses previos, normalmente nada más que los organizadores nos informan de sus primeros nombres programados y por lo tanto inmersos en sus contenidos de una forma digamos, teórica, ya lo estábamos. Pero había que marchar hasta Tilburgo. Y allí, no sólo hemos podido conocer de primera mano el entorno en dónde se realiza este festival holandés, sino comprender el magnetismo que desprende este encuentro anual de amplia programación, en algunos casos sin igual, repartida durante cinco escenarios, conectados por su cercanía al Popdium 013, sala que cuenta con el principal Main Stage, un digno mastodonte que hace que cualquiera de los conciertos que se desarrollan en su escenario, dejen muy atrás lo que ocurre en otras salas de Europa, por su sonido y la posibilidad de sus puestas de largo, al menos, seguro, si tenemos en cuenta nuestros recintos españoles. Anexo a éste y con buena capacidad sé encuentra el Green Room, y muy cerquita Het Patronat, que es una iglesia,  en donde puedes sentir tus creencias musicales en ese entorno de vidrieras y olor a incienso imaginando el botafumeiro oscilar por el lugar, ¡una curiosa experiencia!, sobre todo si lo que allí acontece tiene una buena acústica. Los otros escenarios protagonistas son el Extase y Cul De Sac, este muy pequeñito, de esos que tildamos de culto por lo que puedes encontrarte en su interior, y que una vez dentro te hace sentir privilegiado si consigues situarte en su interior con tiempo suficiente para poder disfrutar de buena visibilidad. Sin duda este local, Cul De Sac, fue una prueba de fuerza cuando allí tenía lugar alguna actuación de renombre, o el propio cierre de fiesta del festival que privilegiadamente pudimos degustar el último día tras confirmar la organización que serían los ingleses Serpent Venom, quienes harían allí un segundo show una vez quedara clausurada la programación oficial de Roadburn. Entre tanto, según se iban desarrollando cada una de las jornadas, a su término se iban ofreciendo otro tipo de matices, con fiestas posteriores en el lugar, donde eran protagonistas algunos de los artistas que habían tocado poniendo música o bailando tras haber actuado. Músicos protagonistas también en las fechas previas, encargados de programar con sus aciertos y desafíos las bandas de algunos de los escenarios, y sin duda, la mención de los promotores, visibles en las caras de Walter y Becky, integrados en todo lo que rodea un encuentro como este, en donde el público muestra el mejor de los respetos. Todo esto parece ser un coctel con los ingredientes perfectos para degustar la música que pasa por cada uno de los escenarios, que se escapa en muchas ocasiones de lo comercial que ocurre en otros festivales, porque los sonidos experimentales, los shows exclusivos, y también la apuesta por los artistas que descubrir, hace que aquí cada vez que vayas, no sólo te veas en la obligación de disfrutar de los grupos que conoces, sino en la necesidad de seguirle la pista a los otros muchos que descubres. A un evento como Roadburn, le rodean muchas cosas, que no sólo son las actuaciones, pues durante los cuatro días que dura, tienen lugar exposiciones, tienes la posibilidad de ver películas con acceso libre, y en sus sugerentes stands de venta de discos y merchandising es más que probable que inviertas parte de tu dinero en algo que llevarte de vuelta a casa, seguro que algo físico, que se añadirá a la esencia y todo lo espiritual de lo que está envuelto Roadburn. Puedes tener la garantía de que si vas una vez allí, querrás volver al año siguiente, y eso es algo que ya dice bastante de quien gestiona su tiempo y dinero en un sueño que cada vez hace crecer el número de roadburnners que se desplazan al lugar.

DÍA 1, JUEVES 20 ABRIL

Nuestra desplazamiento hacia Tilburg inicialmente tiene lugar por vía aérea, desde Madrid a Bruselas, para posteriormente conectar desde el aeropuerto belga con la localidad holandesa desde la misma terminal, acceso al tren que nos lleva hasta Tilburg, tras un único cambio de vía sin movernos apenas del andén de la estación para tomar la siguiente máquina locomotora. Llegados a la estación final, todo ha sido rápido, cómodo, sencillo y además la estación de Tilburg se encuentra muy cerca del camping oficial del lugar, en donde nos alojaremos, que a la vez, está próximo de donde tendrán lugar los conciertos, pudiendo recorrerse a pie sin mayor problema ni pérdida de tiempo. Una vez en la zona 013 un ligero reconocimiento (ya con los conciertos empezados). Y reconocido el esqueleto diseminado con sus distintos escenarios cubiertos, nos dejamos llevar por las arterias del festival, bombeando música a pleno rendimiento en forma de artistas. Así llegamos al epicentro de uno de sus órganos principales, el Main Stage, donde están actuando SUBROSA, haciendo uno de sus conciertos especiales, interpretando íntegramente “For This We Fought The Battle Of Ages”. Su sonido intimista y experimental mantuvo entre los presentes el silencio y la tensión, sólo roto por los alaridos del algún fan que explotaba en emociones. Rebecca Vernon tiene un filo especial actuando con su guitarra y cantando con esa textura que a veces se deforma, pero esto es una cosa de conjunto, con una forma peculiar de crear y promulgar gracias a los violines de Kim Pack y Sarah Pendleton. Tan elegantes como contundentes, incorporaron hacia el final un coro de cinco personas para realzar más su música en ese tramo. La enorme pantalla que llevaban a sus espaldas mostraba imágenes para que soñaras en sus pautas más tranquilas. Al día siguiente actuarían en Het Patronat, capitulando otros temas distintos, más desnudos, también con muy buena respuesta de público, pero con una visibilidad limitada al estar acomodadas en escena de una forma más intimista.

Con un toque ocultista y visceral se mostraban en escena el trió neoyorquino UNEARTHLY TRANCE. Haciendo uso de algunas grabaciones introductorias para calentar el ambiente previo a la composición en sí que les tocaba ejecutar sobre el Green Room. La banda está formada por Ryan Lipnsky quien con su voz y armoniosos solos de guitarra iba flanqueando junto con el bajista Jay Newman la primera línea de fuego, pero no hay que olvidarse del respaldo del batería Darren Verni, en ocasiones despuntando. Situaciones de altibajos en el sonido, al igual que en su estructura mantenida desde el año dos mil, publicando discos regularmente. Venían presentando su último “Stalking The Ghost”. Todos ellos militan también de forma paralela en su otro proyecto de doom llamado Serpentin Path puesto en marcha en los últimos años. Ya desde el primer momento sin poder ver integra esta actuación, uno se da cuenta de lo sufrido que van a ser el resto de días, al tener que sacrificar situaciones coincidentes.

Es el momento de seguir con la cadena, descubriendo escenarios y artistas en vivo, así que hay que pasar por Het Patronaat para sentir el aroma a incienso mientras desde Luxemburgo Jerome Reuter muestra las entrañas de su banda ROME acompañado de un par de músicos que dan más cuerpo a sus poesías, a sus entones melancólicos, y lo hace con un corte folk, tornado de una dinámica oscura en sonido y aspecto, que no cabe duda, hace verle sobre el mejor de los escenarios. Es el lugar adecuado, por la acústica y el sentimiento que aporta. Hay algo en sus formas que me cautiva sólo a medias, y posiblemente es, que para apreciar bien a un cantautor tan elegante versando sobre la vida de otros, es necesario entenderlo desde el primer momento, metiéndose dentro de su mundo para no salir hasta que el diga basta, pero me veo en unas prácticas sonoras que diluyen ese toque de drama experimental.

Era mi primer encuentro con los norteamericanos WOLVES IN THE THRONE ROOM, y puedo decir que me gustaron, pero tal vez aprecié que podía haber encontrar más nitidez en su puesta de largo. Practican un black metal que ellos mismos son capaces de manejar con distintos tipos de intensidad. Sin duda, el aurea, con esa especial luminosidad en la se envuelven, lo deja todo lo escénico como más preparado, como si estuvieras cerca de la boca del infierno. Es posible que sonaran algo errados por principios, perdiendo detalles básicos, resaltando cantidad de melodías en sus largos temas, con cambios de ritmo importantes incluyen. Una muestra fue “Queen Of The Borrowed Light”. También hicieron el tema nuevo “The Old Ones Are With Us”. Lo cierto es con todo y con esas, los hermanos Nathan Weaver y Aaron Weaver (voz/guitarra y batería) pusieron el mecanismo de mi cuerpo algo más revolucionado.

Los ingleses ESBEN AND THE WITCH fueron otra grata sorpresa, a la postre, con una difícil definición musical, que los hace más extravagantes cuando su cantante y bajista Rachel Davies toma el mando de la nave. La línea post rock con la que coqueteaban continuamente hacia que aquello tomara un tono ambiental que sería imposible de entender en pocos minutos. Eran canciones con cierto desarrollo, de esas en las que te tienes que meter dentro para disfrutarlas, mientras ella con su voz va estirando cada estrofa, sino, es posible que anduvieras por allí de paso, y siguieras moviendo ficha hacia otro escenario. En Roadburn todo es posible, porque los gustos de la gente que asiste son un mundo y las bandas también se adaptan a esas circunstancias. En mi caso, me sentí atrapado.

La expectación para ver a COVEN era máxima. Empezaron a sonar los primeros fraseados de misa negra y todas las miradas quedaban puestas sobre el ataúd que se erigía en el centro del escenario y que custodiaban dos tipos con vestimentas siniestras. El proceso de introducción se hizo tan largo, que me dio tiempo a imaginarme los preámbulos iniciales de un concierto de la última gira de Black Sabbath (por las llamas que se dispersaban sobre la pantalla trasera), igualmente, pensé en alguna escena de los shows de King Diamond mientras el suspense se apoderaba del lugar. Incluso reviví el capítulo final de la última temporada de The Walking Dead en el que Sasha dentro de aquel ataúd escuchando sus auriculares, esperaba que fuera abierto para salir del mismo convertida en caminante….y tras cuatro minutos de sauna para Jinx Dawson y otra breve espera hasta que terminara la intro, mostraron su cara más amable, la de hacer terminar todo tipo de esperas para estos paladines del rock psicodélico, que nunca habían pisado en Europa, y que ahora después de dos décadas, daban la oportunidad de disfrutarlos en su primer concierto, como si el tiempo se hubiera detenido. Y es que fue así, como teletransportarse todo este tiempo atrás. Una actuación que mantuvo a todos con sus vestimentas impolutas, decorando un show que no podías comparar con nadie más que no fuera con ellos, porque era el plato fuerte del momento y pretendía serlo de la jornada, con independencia de los gustos musicales de cada cual. Pienso que se despertó demasiada expectación para lo que nos ofrecieron, pero situándonos en el tiempo que les correspondía, salvando la competencia sónica de otras propuestas tan esperadas como modernas y/o experimentales en otros lugares, hay que dotarles de correctos. Nos quitamos la espina de haber esperado tanto tiempo para verlos al menos una vez en la vida. La imagen generada por esos tonos en las luces y el resto de la banda enfundada en sus vestimentas llenas de cruces invertidas, equilibraban la falta de ese “algo más” en la performance de su cantante Jinx Dawson.

Debido al solapamiento de un buen número de actuaciones, también había que añadir, que en ocasiones, dependiendo del escenario a dónde fueras a entrar, tenías que ir con un margen de tiempo holgado para garantizarte que ibas a poder acceder o al menos ver el concierto desde el principio. Incluso esto es algo que con frecuencia tenías que gestionar bien si querías entrar en los escenarios más reducidos. Para ver a SUMA en Green Room hubo que pasar por la experiencia de perderse parte de la actuación, pues estaba casi programado al mismo tiempo que la formación de Chicago. Pero bueno, tras superar esa situación, una vez dentro viendo  lo que daba tiempo para ver, se amortiguaría el clima. Esta banda sueca procedente de la localidad de Malmö fue poco menos que impresionante, sabiendo conjugar una híbrida fusión de noise y doom que gracias a los sonidos de sintetizador y sus devaneos con rítmicos sonidos, en ocasiones acompasados como si fueran marchas militares, propulsaban un tipo especial de movimiento sincronizado mientras se zarandeaban sus cuerpos, situación que hacía que tú mismo sintieras adquirir esas formas.

SCISSORFIGHT fue una banda que de primeras me llamó la atención, pero que luego me parecieron demasiado previsibles y poco originales. Esto no quiere decir que no fuera entretenidos, pero sí esperaba algo más original en ellos. En la primera línea de escenario aparecía un bajista con una gorra, un guitarrista con un sombrero y un cantante con un gorro y pensé, aquí hay fusión, pero con las primeras notas recordándome tanto a White Zombie como con las siguientes a Pantera, los vi más como una banda de tributo a sus influencias que como unos creativos. Tal vez eso motivo que aquello fuera un show entretenido, al que muestro todos mis respetos.

Mientras tanto, DEAFHEAVEN hacían un concierto intenso en el principal de los escenarios. Yo diría que su cantante, George Clarke, iba sobreacelerado en su escenificación, como una moto, vamos… pero no nos llevemos a engaño, pues ese catálogo de danzas nerviosas, gestos y expresiones mientras actuaba fueron una buena baza para su directo. También había que sumar esos bonitos contrastes de post rock, con sonoridades más black metal. De hecho, en algunas ocasiones, cuando cantaba mientras el resto de la banda estaba tocando en su fase black metal más intensa, si cerrabas los ojos, podías recordar algo del perfil sonoro de Dani Filth de Cradle Of Filth con ese cortante filo en sus tonos, a veces, excesivo. Era evidente que el resto de los músicos mantenían un clima apropiado a veces sin levantar mucho las miradas del suelo y el resultado, con toda seguridad fue el que buscaban.

BONGZILLA fue la banda que decimos ver íntegramente tras sacrificar la visión de Batushka quienes también actuaban en paralelo en otro de los escenarios. Nuestros queridos personajes, en 2015 se volvieron a reunir tras estar más de una década sin tocar juntos. Venían haciendo íntegramente su tercer disco “Gateway”, editado en 2002. Era un show especial para Roadburn y era de suponer que teníamos garantizada una buena voladura de nuestras cabezas dejándonos guiar por sus ralentizados tempos. No fue para arrepentirse con la elección, pero algo más pasados de la cuenta si que venían. Es evidente que serenos no se les esperaba, ¿alguna vez lo están?, porque su colocón es lo que les crea esa capa de divinidad por las plantas… llamémoslas medicinales. En algunas ocasiones se les vio un poco lentos, y no lo digo por su fase más doom, sino a la hora de reaccionar entre sí, de forma coordinada en la forma de exponer este impresionante disco. De hecho interactuaran con el público y entre ellos en más de una ocasión, tal vez para llevar mejor el ritmo del concierto. Cambiaron el orden de las canciones a la hora de tocar “Trinity” y “666lb. Bongsession”, con algunas  explicaciones incluidas. Así que nada parecía improvisado, aunque en ocasiones dieran esa sensación. Todo el show estuvo apoyado de peculiares imágenes que se iban proyectando en la pantalla que les respaldaba.  Una vez terminaron su set, continuaron con la apoteosis del “sonido hierba”. Sobre el escenario en todo momento con la maría en las letras, en los labios y promulgando su palabra por la boca… y por la calle y otros lugares aledaños al día siguiente te los ibas encontrando, con su divertido globo, que te hacían esgrimir una cómplice mueca cuando además, ellos seguían pidiendo ayuda para encontrar más hierba a través de las redes sociales. Fue un buen broche para poner punto final a la primera de las cuatro jornadas.

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