Madness Live!

Crónica: POWERWOLF + AMARANTHE + KISSIN´ DYNAMITE (La Riviera, Madrid 13/01/19)

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A la vista del éxito que viene cosechando en Europa progresivamente Powerwolf, todo hacía prever que la respuesta de público iba a ser notable, así que no me sorprendió que se vendieran todas las entradas disponibles para su concierto en La Riviera. Lo que sí me llamó la atención, fue que, la gente respondiera casi con el mismo ímpetu a cada una de las bandas que les vienen acompañando durante este Sacrement Of Sin Tour, pues musicalmente poco tienen que ver entre sí, aportando cada grupo su propio estilo. KISSIN´ DYNAMITE ya se postulan como una banda de futuro llevando apenas algo más de una década funcionando. Las directrices comerciales con indudable calidad y pasos medidos en cada uno de sus gestos y control de atracción hacia el público, hace de ellos en sí, su mejor estrategia de marketing, totalmente creíbles, porque no les vamos a poner en duda el magnetismo que provocan en vivo.

Pensaba yo, que sería éste una actuación de calentamiento, a la espera del publico arduo de los cantores de cuentos sobre licántropos, pero no, los alemanes capitaneados a la voz, por ese rubio teñido que recordaba en parte, en lo físico, a un híbrido entre Rod Stewart, Michael Monroe y Sebastian Bach, se entregaron a cada tema, aportado hard rock glamouroso lleno destellos, haciendo ver que la respuesta del personal que tenían en frente les erizaba la piel de su cuerpo, aún por curtirse, pues el tiempo se la pondrá más dura, y esperemos que no les ponga en el lado de los insensibles, como a otras bandas que previamente a ellos, fueron por los mismos derroteros. Son guapos, elegantes, y saben tocar bien.

Unos estudiantes de colegio aplicados, que siguen aprobando lecciones, las que nos dieron en cortes como “I´ve Got The Fire”, “Somebody´s Gotta Do It”, “Highlight”, “Love Me”, Waging War”, “You´re Not Alone”, “King” y en el final con “Fyling Colours”, al estilo de sus compatriotas Scorpions, trepando el cantante por encima de las extremidades de sus compañeros. Una buena ristra de canciones seleccionadas para marcarse su pequeño paseo triunfal, pues el grande ya anunciaron en la despedida que tendrá lugar próximamente en la capital, durante el mes de octubre, en la sala Nazca, más modesta, pero también con más cercanía a la gente, que es lo que realmente motiva mutuamente a artista y publico interactuando a la par.

Los filtros electrónicos con los que se presentaban AMARANTHE, insisto, bien distintos de los protagonistas que encabezan el tour, podía hacer pensar que no tuvieran la misma repercusión, pero de nuevo, me sorprendieron. En mi retina estaba la última vez que tuve ocasión de ver un concierto integro suyo en vivo, el de el pasado mes de agosto en el festival de Wacken, y aquello fue bien distinto de lo de hoy. Aquí todo cobraba más forma y más impacto sonoro. De hecho su último trabajo “Helix” sigue incidiendo en los samplers duros, que impactan y animan en vivo a contonearte como si estuvieras en una rave de música electrónica.

Algunos de los recientes temas que hicieron fueron “365”, “GG6” y el propio “Helix”. A veces aquello sonaba disparatado, rotundo, contundente, con similitudes en las bases instrumentales a Marilyn Manson en “Drop Dead Cynical” y con emotividad al hacer que gran parte de la sala encendiera la luz de las pantallas de sus teléfonos móviles durante la canción “Amaranthine”. Me llama la atención que sólo sean un guitarrista en la banda en lugar de dos para intentar incorporar otro tipo de sonidos que los haga menos sintéticos. Más aún sabiendo de que son tres los cantantes que se van repartiendo el trabajo de las voces, cada uno con su contraste, pero imperando el toque de soprano de Elize. En ese aspecto, los esfuerzos de voz parecieran mínimos, pues unos se pueden cubrir a los otros, sin demasiado desgaste.

De hecho, en alguna ocasión a Nils Molin (encargado de la voz limpia en contraste con la corrosiva de Henrik) al tener problemas con la petaca que llevaba en el bolsillo y no oírse, el resto le tapaba. Que por cierto, aquí el mozalbete, integrado  en la banda desde 2017 procedente de Dynazty, le aporta ese condimento azucarado al grupo. En fin, quienes están detrás de esta banda ya consolidada, son músicos con olfato, y experiencia, así que si sabes la onda que llevan solo queda dejarte llevar y agitar la cabeza con el mismo duende que lo hacen ellos durante algunas de sus medidas y agitadas coreografías de cuello.

POWERWOLF ya están en la senda del éxito perpetuo, ahora sólo queda que no se salgan de ella, y creo que será difícil, con lo medidos que vienen dando los pasos desde hace años. En España han tardado en interceder con fiabilidad, y si no hay que remitirse a la anterior vez que actuaron en esta misma sala tres años antes, nada que ver entonces la respuesta del público con la de ahora. Su aparición en la última edición del festival Leyendas Del Rock fue como la esperada llegada del mesías para ese público joven arduo de nuevas estrellas del power metal alemán, que siguen las estelas melódicas de santificados nombres como Helloween. Lo pintoresco de esta banda, y la eficiencia a la hora de enganchar, es cómo saben hilar lo mejor de otros compatriotas.

También hay un poco de Rammstein en todo esto, y no me refiero al sonido, sino a la performance en la que se mete continuamente el teclista Falk Maria, encumbrado en lo alto del escenario, a la altura del batería Roel Van Hendel, pero que transita por todo el escenario como animador continuamente, sirviendo de apoyo al no necesitado del mismo Attila Dorn, tal como hace Flake con Till Lindemann en la pionera banda de metal industrial. Los conciertos de estos alemanes son adicción para los que gustan del género, porque aportan de todo un poco, pinturas escénicas, espectáculo visual, y leyendas de licántropos en un mundo cada vez más acostumbrado a los verdaderos chupadores de sangre que tenemos en la realidad.

El hecho de que las dotes vocales de Attila sean sorprendentes por su lírica operística, impregna de esa credibilidad a todo lo que gira alrededor de su espectáculo, cuidando detalles, recordando a los tiempos de Candlemass con el Messiah Marcolin frecuentando escenarios con esa sotana enfundada, la misma que utilizaban los roadies para aparecer y desaparecer de escena mientras trabajaban por el escenario. Sólo puedo decir que cada vez me gustan más estos tíos, y que desde que iniciaron el show con “Fire And Forgive” hasta que finalizaron con “Werewolves Of Armenia”, cada uno de sus temas se lo entonó el público que tenía delante de ellos. Sus melodías y su épica dan pie a no dejar pasar la oportunidad de dejarte llevar por sus estribillos facilones, haciéndote creer que formas parte de los mismos. Tienen magia y buenos asesores para lograrla. Como algún día diga Attila que se va a pisar hierba por otros sembrados, ya veríamos si no cambiaría el cuento.

Texto y fotos: Raúl Mister Virus

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