Crónica: PESTILENCE+ VISIGOTH + HØBO. Sala Live, Madrid 1/03/18

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Fueron los catalanes HØBO los encargados para los holandeses Pestilence. La banda se encuentra dentro de ese engranaje del heavy metal clásico que sabe jugar muy bien sus cartas sobre pautas correctas, necesarias no sólo para la permanencia, sino para escalar hacia la primera liga escénica. Supieron profundizar sobre el desarrollo en su breve show. Cada toque, mueca y ejecución los llevan perfectamente ensayados. Incluso el vestuario, por simple que pueda parecer, dejan entrever cuáles son sus preferencias luciendo modelos de camisetas de sus bandas favoritas, incluso el detalle de su cantante con ese batín blanco salpicado de sangre. La pericia instrumental, con guitarras dobladas y continuos juegos de intercambios en sus devaneos y estructuras, tienen puntualizaciones personales, de esas que cualquier artista joven quiere dejar en sus creaciones dándose cuenta que aún influenciado por las bandas que le han hecho crecer, y con la que empezó a componer, le permite sentirse único marcando distancias, al tiempo que transmitiéndoselo al público, algo que no siempre veo entre la enorme saturación que tenemos de grupos intentando dar palos al agua sin conseguir apenas salpicar gotas. La voz, de mucho colorido, de gran respuesta, de aparentes horas de ensayo y definiendo figuras algo más que expresivas por parte de su propietario, llegando un poco más allá con los ecos de refuerzo. Hacia el final incidieron sobre su segundo disco “Bitter Pleasures”, desmarcando lo importante que es tener varias referencias en la calle, y por supuesto su gratitud hacia sus compañeros de gira, con un saludo al respetable, tan elaborado como medido para los grandes acontecimientos que pudieran estar por llegar. Encantado de conocerles. Espero encontrarme con ellos antes multitudes más numerosas en el futuro, sin prisas, pero cuando llegue ese momento, todo lo que ya hacen bien, aún les saldrá mejor.

Con los norteamericanos VISIGOTH viaje por un túnel del tiempo y lo hice hacia atrás un par de décadas. Primero mi encontronazo con su cantante entre el público antes de que subiera a escena, vistiendo, o mejor dicho, tapado lo suficientemente llamativo para una vez despojado sobre las tablas y mostrando todo sus abalorios decorados de tachas y tachuelas, recargar aún más su imagen, por dentro y por fuera. Lo primero que me transmitió sin aún entrar a juzgar su música, un gran seguidor de Rob Halford, que seguro no desprecia tampoco la figura de Ripper Owens, ya centrados en una banda tan clásica y pasional como los son los Judas. Efectivamente metido al ajo musical, no iba desencaminado en mi pensamiento. Los chicos de la ciudad del Lago Salado, de Utah, musicalmente no me aportaron nada nuevo, sobro todo si pensaba por momentos en el sonido del grupo principal que cerraría la noche, y en cómo a lo largo de su trayectoria han sabido desmarcar y evolucionar el metal. Pero a Visigoth, que además venían presentando disco, “Conqueror´s Oath”, hay que destacarles que sean capaces de moverse bien entre un marco tan poco original. Detalle que creo que merece la pena mencionar, el de la camiseta de Ángeles Del Infierno de su vocalista, puesto que era un guiño hacia el público nacional que hay que considerarle. Sus agudos, a la hora de cantar, también se iban tornando con una curiosa manera de narrar, y sobre todo de expresar sus fabulosas letras, llenas de imaginación y odas bélicas de otros tiempos. Guitarras y bajo en primera línea haciendo buenos juegos de armonía combinando coreografías para el desmelene. Eso sí, no quepa duda que son una banda entretenida, con mucha épica, seguro que demoledora para los amantes del heavy vintage, que allí los había, y disfrutando de época.

PESTILENCE, tenían motivos para mostrarnos algún tema nuevo, al tener rodando su reciente trabajo “Hadeon” tanto por el stand de merchandising, como flotando en los oídos de quienes llegaron hasta la sala Live para verlos, pero no lo hicieron, ya que ésta gira estaba centrada en sus primeros trabajos. Abriendo el show con una puesta de largo clásica, centrados en “Malleus Maleficarum”, sus comienzos aún no tan enrevesados en la técnica, aduladores del emergente sonido avasallador que sólo con escuchar escalar esos riffs a tal velocidad mientras el doble bombo acompañaba satisfacía aquellos tiempos de revolución sonora. A los iniciales “Malleus Maleficarum / Antropomorphia”, “Parricide”, “Subordinate To The Domination” y “Commandments”, ya éste último tema mencionando incorporando en su inicio estructuras de guitarra que pedían evolución, aún siendo un tema muy de recordar a Slayer en las formas, le sucedería “Dehydrated”, ”Chronic Infection” y por lo tanto la continuación con lo que fue su segundo disco “Consuming Impulse”. Ya a estas alturas quedaba más que demostrada la capacidad tan impulsiva y trastornadora de la que estaban dotados el resto de la banda que acompañaba a Patrick Mameli, único miembro original de la formación holandesa, que aún siendo así, parecieran los cuatro estar en comunidad desde hace un montón de años. Y es que Septimiu Harsan le pega como un demonio a los parches y a los bombos, Tilen Hudrap precisa escalas a la velocidad que tiene que acompañar tal galope sonoro, sin olvidar sus constantes progresivas que aún estaban por llegar, así como Calin Paraschiv no se quedaba atrás en impulsos vertiginosos con la guitarra. Mameli, con mucho temple, y aparentando ser un portero de discoteca (aunque en realidad los rumanos eran sus compañeros) tuvo su momento vocal dicharachero al recordar que habían estado en Barcelona y Zaragoza para animar al público. Pero cuando una música se muestra tan imperecedera, tan bien tocada, y con un sonido absolutamente destacable (dada la voracidad de unas composiciones no aptas para cualquier equipo de sala mediocre o con técnico detrás incauto), casi no hacía falta ni que abriera la boca más que para cantar, que lo hacía muy bien en sus tonos, y también para presentar algunas previas de lo que iría a sonar. Y aún utilizaría la boca para algo más, para beberse a morro un cartón de leche, recordando con ese acto la figura de otro personaje que me encanta en directo, y que no es otro que Danko Jones. Dicho lo cual, ya os podéis imaginar que a estar alturas el concierto ¡era la leche!. La habilidad  para encauzar sus primeras producciones siguió llegando con sumo gusto, pues era la hora de su tercer trabajo “The Secrecies Of Horror”. Tras la apertura de ese disco, trayendo a la cabeza aquella sinuosa introducción, sería el turno de “Twisted Truth”, “Land Of Tears”, “Prophetic Revelations” y “Presence Of The Dead” (entonces no era tan común incorporar esas atmósferas en mitad del tema). No lo niego, a estas alturas ya estaba hipnotizado, creo que no era el único en recibir el dulce hechizo de unos tiempos, que parecieran estar en el pasado, ese pasado que era lo mejor del  presente. El riesgo por tomar el camino de la evolución, de la progresión, de la técnica en el sonido desmarcándose de lo evidente. Para el cierre quedaría “Out Of The Body” de su segundo, no sin antes hacer “Mind Reflections” de su cuarto, “Spheres”, álbum que tampoco pasaría desapercibido para quienes dispusimos de aquel  vinilo de época y que a la postre supondría un final de un ciclo con un parón que duraría quince años.

Raúl “Mister Virus” García

 

 

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