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Crónica: PAPA ROACH + Ho99o9. La Riviera, Madrid 15/10/17

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Tras conocerse unos días antes que Frank Carter & The Rattlesnakes no estaría abriendo para Papa Roach en España, se pondría a la formación de New Yersey Ho99o9 en el ojo de la expectativa al tiempo que del misterio, porque este inusual trío cuanto menos no iba a pasar desapercibido con su fusión de metal, punk, hardcore, hip hop y ¡horror!, que además es así como se tiene que pronunciar su nombre, ¡Horror!, quienes encajan sonidos densos y agresivos, con ciertos toques demoniacos. De hecho, si le das la vuelta, verás aparecer el número de la Bestia. Me parecieron un buen soporte para calentar al público que esperaba a los californianos, gracias a su amplio abanico de sonoridades, que iban abordando dos vocalistas, eso sí, actuando con todos los instrumentos pregrabados, a excepción de la batería, siempre muy contundente. Su extraña dinámica, te llevaban a planear por la música de Vulpes, Marilyn Manson, Ministry o The Prodigy. Fue un show muy demente de principio a fin, con una continua performance entre estos dos virtuosos del alarido controlado, que a veces parecían estar en un duelo de gallos mientras realizaban acrobacias sobre las tablas, incluso sabiendo generar secuencias de angustia. Una muestra de ello, fue cuando sala y escenario se quedaron en una completa oscuridad y con sólo encendida la luz frontal que portaba una de sus esquizofrénicas cabezas, parecía transportarte dentro de una de esas escena de alguna de las películas de la saga Saw.

 

PAPA ROACH volvían a Madrid quince años después de su última visita, y en pleno estado de forma. Además con un gran sonido, muy por encima del habitual al que estamos acostumbrados obtener de la sala La Riviera. Supieron enhebrar diversos palos musicales que han ido haciendo suyos en su constante evolución, esa que les lleva a la búsqueda del camino adecuado. Todo el papel estaba vendido, así que ahora sólo quedaba disfrutar de la interpretación de su cantante Jacoby Shaddix y compañía, quienes en directo cuentan con un músico más en escena, encargado de los teclados y de la segunda guitarra, para reforzar su sonido de directo. Delante del puesto de trabajo de Anthony Esperance, elegido para tales fines, colgaba una bandera de España en donde se podían apreciar algunas firmas de fieles seguidores que la decoraban. Todos estuvieron a la altura del paso del tiempo, esa circunstancia que a veces al músico le merma en sus capacidades locomotoras. Especialmente activo el cantante, en primera línea subido sobre una tarima, y paseando a saltos el resto del escenario, con incisiva atención al volumen de su “petaca de sonido adosada a la cintura”, que parecía darle continuos problemas para escucharse bien mientras actuaba. Su último trabajo “Crooked Teeth” les haría entrar en escena tras una introducción, y lo desmenuzarían haciendo sonar selectivamente otras piezas como “Born For Greatness”, “Periscope” o “American Dreams”. Las composiciones más amaneradas hacia el pop que presentan algunas de sus composiciones incluidas en últimas obras, pasaron por la tangente, para dar cuartel a temas más explosivos de distintas épocas.

A mitad del show llamaba la atención una versión del “Song 2” de Blur, disfrutado con esencia de época por parte del público con cánticos, bailes y efusivos saltos, así como el guiño a Chester Bennington de Linkin Park, cuando durante el tema “Forever” se recubría de una capa de “In The End” brindándole un sentido homenaje al desaparecido cantante. A la par ambos formarían parte en los noventa del incipiente movimiento nu metal. Hubo un momento divertido y también de cierta confusión sobre el escenario. Fue cuando Jacoby accedió a que subieran a escena dos fans ataviados con disfraces de cucarachas y que desde el escenario al cantante le había provocado cierta simpatía, pero una vez arriba, tras dejarlos divertirse un rato, ya no era capaz de conseguir que se bajaran, insistiéndole que se lanzaran hacia el público. El vocalista no llegó a perder los nervios, pero quedó la cosa en el límite hasta que lo consiguió. En ese momento yo me acordaba de la primera vez que pisaron Papa Roach Madrid, fue en febrero de 2001. Entonces a su cantante se le ocurrió subirse sobre una torre de amplificadores a mitad del show y tras hacer varias intentonas de tirarse al público, se acojonó, no lo vio nada claro eso de hacerse una posible lesión en el salto, y a pesar de ser animado por sus seguidores, tuvo que hacer un feo coitus interruptus viniéndose atrás.

Creo que esta noche en La Riviera, cuando les estaba obligando a medio matarse a esos chicos que no querían saltar, al mismo tiempo estaba teniendo una regresión del pasado. A mi enseguida me vino a la mente. En cualquier caso, ofrecieron un señor concierto, sabiendo condensar en su actuación cada una de las musicalidades que han formado parte de la evolución desde que sacaran hace dos décadas su debut “Old Friends From Young Years” incluyendo dentro sus primeras demos. Por cierto, ni rastro de aquellas canciones en vivo. Nada de conmemoraciones a propósito de ésta efeméride. Pero si recuperaron para los temas finales de esta noche, ya dentro del bis, algunos de su primer gran disco, “Infest”, al tocar de seguido “Dead Cell”, “Thrown Away” y “Last Resort” con una camiseta del Real Madrid luciendo sobre el torso de Jacoby. Ahí podían haber puesto su punto final, de sobra meritorio de aplauso, pero quisieron ir un poco más allá aún, cerrando con “…To Be Love”, una canción que fue importante para la banda a mitad de su trayectoria marcando la evolución en su sonido. Así se pusieron el broche, y tras ver la reacción de público, que había agotado la taquilla dispuesta previo acceso al recinto, seguro que marcharían pensando ¿por qué tardamos tanto tiempo en volver por aquí?

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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