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Crónica; III Festival Rock Concello de Vigo (19-10-19, IFEVI).

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El pasado día 19 de octubre, se celebraba en Vigo la tercera edición de su Festival Rock. Para la ocasión cinco bandas se subirían al escenario, en lo que se convertiría, un año más, en una fiesta.

Es de agradecer que desde los ayuntamientos se promocionen este tipo de festivales y sean capaces de consolidarlos. El de Vigo goza de buena salud, y es que más allá de la afluencia del público, en una breve intervención, el regidor vigués, Abel Caballero, aseguraba que mientras él sea alcalde este evento se seguirá realizando. Tomamos su palabra y esperamos que el festival vaya creciendo año a año.

En lo musical, la banda viguesa Quarzum era la encargada de abrir el festival.

Ante un numeroso público, los chicos de Quarzum medían su fuerza en un formato más grande de lo que están acostumbrados. La banda se enfrentaba así, ante una gran ocasión para darse a conocer y ganar adeptos a su causa.

Los vigueses salieron a por todas con el tema “Clara Mañana”, dejando claro que lo suyo es el heavy metal clásico. La verdad es que la papeleta que tenían no era menor. Iniciar un festival de cierta envergadura es un reto importante, y a pesar de los nervios comprensibles, supieron estar a la altura.

Con un sonido más que aceptable, pudimos ver a una banda cohesionada y llena de matices. Con cambios de ritmo galopantes y solos de guitarra bastante trabajados. La verdad es que esta banda va creciendo a pasos de gigante, y es que, quienes seguimos su evolución de cerca le vemos un futuro prometedor.

Este tipo de eventos les viene muy bien para salir de su zona de confort de una vez por todas, y empezar a apostar por llevar su música más allá de la escena local. Quizás este sea el punto débil de una banda que si quiere seguir con su progresión deberá replantearse.

Buen directo el de estos chicos que fue recompensado con una gran ovación al finalizar su actuación.

Tras ellos y sin mucha demora, era el turno de una banda mítica de nuestro país, Ñu. La formación madrileña de José Carlos Molina fue la encargada de traer a viejos rockeros al festival.

27 años hacía de la última vez que los había visto en directo, y he de decir que me sorprendieron gratamente. Un directo muy dinámico con un colorido muy especial. El mágico sonido que le da la flauta de Molina, no deja de llamar la atención.

El sonido de la banda fue brillante durante toda su actuación. Destacable las guitarras de Manolo Arias y Luis Calzada, dos brillantes genios de las seis cuerdas que consiguen llamar tu atención.  Así como lo hace el violín de Vesko Kountchev, que, sumado a la flauta de Molina, le ponen esos tintes musicales, llenos de colores y magia.

Ñu es una banda a la que le cuesta reenganchar con las nuevas generaciones, pero que a su favor cuenta con la nostalgia de los más veteranos. Una generación que nació marcada por su música, entre la de otras bandas, y que el paso de los años hace mirar hacia atrás con cierta “morriña”.

Sin duda fue un reencuentro bonito con el pasado, y la verdad es que, la banda nos deleitó con un espectáculo digno. La formación sigue demostrando estar a la altura, y los músicos que la forman en este momento son de una calidad incuestionable. Ñu dejo buen sabor de boca en Vigo y su música brillo con encanto, y no es decir poco.

Tras la banda madrileña, uno de los momentos álgidos de la noche. Los vigueses Motores eran los siguientes en salir a escena, en lo que sin duda era uno de los momentos más esperados de la noche.

Con una banda renovada tras la marcha de dos de sus integrantes, era el momento de comprobar si las nuevas incorporaciones estaban a la altura de semejante reto.

La verdad es que el liderazgo de Carlos del Rio, su voz, su forma de tocar la guitarra, llena en demasía el escenario, y hay que ser hábil a la hora de saber buscar un espacio. Un espacio que supieron llenar con mucha clase y elegancia, tanto el guitarrista Gon Cho como el bajista Gorio, quienes de una manera natural se acoplan a la banda como si llevaran en ella toda la vida.

En lo musical y dentro de la fiesta del 30ª aniversario de la banda, los Motores dieron un concierto magistral. La fuerza y las ganas con que la formación viguesa afronto la cita, los hizo rejuvenecer veinte años. A Carlos Del Rio, visiblemente mejorado de las dolencias de los últimos tiempos, se le vio disfrutar como en sus mejores años. El batería Carlos Rivas se ha convertido ya en un clásico imprescindible. Como me gusta la labor de este hombre con las baquetas. Su fuerza, su garra, es algo realmente bueno.

Los ya mencionados Gon Cho y Gorio, clase y elegancia al servicio de la causa, que nos descubren a dos buenos músicos que sin duda aprovecharan esta oportunidad para seguir creciendo.

Y entre tanta fiesta, dos colaboraciones de lujo. La primera, la de Manolo Arias, quien en el pasado formo parte de la banda y siempre dejo muy buen recuerdo entre sus seguidores. Una colaboración muy emotiva y llena de nostalgia que sin duda fue uno de los momentos de la noche.

La segunda, la del hombre que es capaz de cambiarlo todo. El maestro entre maestros, don Alberto Cereijo. Nunca seré capaz de asumir lo que este hombre es capaz de hacer con las seis cuerdas. Cada vez que lo veo tocar en directo es como una explosión sentimental. La verdad es que uno se queda sin adjetivos ante tal derroche de virtuosismo. Es simplemente magnifico.

Y así fue pasando otra gran noche de la banda. Una banda que celebra su 30ª aniversario, que sacará disco próximamente y que ya ha anunciado que le quedan un par de años sobre los escenarios. Solo nos queda disfrutarlos y empaparnos de su legado. Un legado amplio y lleno de éxitos para una de las mejores bandas que vio nacer esta ciudad.

Y bueno, así llegamos a otro momento esperado por muchos, llegaba la hora de los madrileños Sôber.

Hacía muchos años que Sôber no pisaba Vigo y eso se notaba. Eran muchas las ganas de volver a ver a la banda de Carlos Escobedo, y eso marco toda su actuación.

Con un público entregado desde el minuto uno, los madrileños dieron un concierto descomunal. Carlos Escobedo no paro de moverse ni un instante. Corrió, salto, jugó e interactuó con el público de la misma manera que un niño juega con sus amigos en el patio del colegio. Es indudablemente el frontman de la banda. Ese líder indiscutible que marca el camino a quien lo siguen. Una actitud cautivadora que te engancha sin remedio.

Por otro lado, nos encontramos con dos guitarristas excepcionales, como son Jorge Escobedo y Antonio Bernardini. La dureza de sus acordes te llega con garra, pero a la vez con limpieza y definición. Una maravilla disfrutar de su directo, de su sonido y de su implicación sobre el escenario. Sin olvidarnos de Manu Reyes, quien desde la distancia que marca su batería nos dejó destellos de gran profesionalidad.

La nota épica la volvió a poner, una vez más, Alberto Cereijo, quien, invitado a subir para acompañar a la banda, volvió a dejarnos un momento magistral.

Sin duda alguna, y como si de un combate de boxeo se tratara, Sôber fue el gran triunfador de la noche. No era difícil. La noche estaba dispuesta a que ocurriera, pero el espectáculo que ofreció la banda, era difícilmente igualable. Magníficos.

Y ya por últimos, y a una hora excesivamente tardía, lo que no ayudo en absoluto a la banda, O’Funk’illofue el encargado de cerrar esta edición del festival.

Sobre la banda diremos que su sonido fue realmente bueno. La disposición de la banda sobre el escenario, teniendo que ver como se vaciaba medio recinto por la tarde que se había hecho, fue muy meritoria. Quizás esta sea la nota negativa del festival, si es que la tuviese. Seguramente en próximas ediciones tendrán que replantearse si no es mejor empezar más temprano y asegurar un número más amplio de público hacia el final de la noche.

Pero a pesar de todo, O’Funk’illo dio la cara. Su funky andaluz embrutessío, como ellos lo definen, hizo saltar a los que aguantaron hasta el final. La verdad es que la propuesta de esta banda difería bastante de lo visto anteriormente, pero en la diversidad esta la magia.

La verdad es que los andaluces hicieron de su concierto, un final de fiesta de mucha altura. El festival despidió así su tercera edición. Un nuevo éxito tanto de organización como de espectáculo, que, sin duda, y tomando la palabra del alcalde, volveremos a disfrutar para el año próximo.

Vigo consolida así su festival de rock, cuestión para celebrar, pero ahora es tiempo de reflexionar, y aunque sus ediciones han sido un éxito, quizás sea el momento de creérselo y empezar a crecer.

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