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Crónica: HELLFEST 2022. Clisson. Part. 1 (17, 18 y 19 de junio 2022)

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DÍA 1, VIERNES 17 JUNIO

Si de algo se puede sentir orgulloso un festival como este, es de darle cuartel a las bandas francesas en una proporción interesante, con un concentrado de las mismas que sobre todo suelen situar en el comienzo de cada escenario y a primera hora del día, sin olvidar a los ya consagrados situados en momentos de máximo esplendor. Haciendo una ligera mención de los artistas más madrugadores, no olvidamos nombres como Heart Attack, Shade And Dust, In Other Climes, Mortis Mutilati, Laura Cox, Necrowretch, ASG, Burning Heads o ABRAHMA, quienes nos ocupan ahora, con un toque de stoner y doom en sus composiciones, y que de buen gusto con cierto toque actualizado me recordaba a cosas clásicas de ambos estilos. Es una formación muy laureada por los festivales del ramo y dejaron constancia de ello en su media hora de actuación en el escenario The Valley, el encargado de romper el hielo a las 10:30 h de la mañana con la apertura de las puertas, más abiertas que nunca a todo tipo de tendencias, gracias a los dos fines de semanas larguitos que teníamos por delante este año, conmemorando la decimo quinta edición del festival. Los parisinos no dudaron en darle especialmente cuartel a su último trabajo, publicado en 2019, “In The Time For The Last Rays Of Light”, haciendo los temas “Lost Forever”, “Lucidly Adrift” y “Last Epistle”. Gozaron del calor de su público en un momento tan importante y abrieron los ojos a nuevos adeptos con seguridad.

Con NUMEN se ponía de manifiesto el buen black metal que se hace en Euskadi gracias a estos guipuzcoanos. Se notó los años que llevan a sus espaldas referenciando su sonido dentro del black metal pagano. Si no los tenéis ubicados, os voy a recomendar su trabajo “Iluntasuna Besarkatu Nuen Betiko”. Es lo último que tienen publicado y un buen referente para que te afilies a su música, pues llevan más de dos décadas en la escena, y deberías seguirles la pista. No siempre es fácil cazarlos en vivo, y cuando lo haces, como en este caso, pudimos disfrutar de ese toque folclórico de la tierra que incluyen entre sus letras y en algunos de sus instrumentos. Desde el primer momento se mostraron contundentes y demoledores, apoyados por cierto aura que tiene cada uno de sus integrantes en escena consiguiendo hacerte evitar pestañear durante todo su concierto.

Los brasileños EGO KILL TALENT tendrían ocasión de acercarse  al público europeo con su apuesta de hard rock como base, aunque encauzando otras musicalidades, teniendo tras las baquetas a Jean Dolabella, quien fuera batería de Sepultura tiempo atrás por un periodo de cinco años y participara de las grabaciones de discos como “A-Lex” o “Kairos” en su momento. Una buena ocasión de ver su estado de forma para  quien se sintiera impregnado con la pegada de aquellos tiempos, aunque aquello queda ya lejos, once años atrás nada menos, y esta situación por lo tanto se prestaba muy distinta. El batería mantiene consigue junto a sus compañeros una sonoridad enganchona que da mucho juego en directo, en donde hacen participar al público de una manera inteligente. Incluso su cantante Jonathan Dörr llegó a integrarse entre la multitud una vez pegó el salto al foso de fotógrafos. Tocaron buena parte de los numerosos singles que incluyen sus Eps y sus dos álbumes publicados, que deberías escuchar si aún no lo has hecho, su auto titulado “Ego Kill Talent” de 2017 y “The Dance Between Extremes”, editado el año pasado.

MEPHORASH a continuación destaban con un black metal ortodoxo haciendo lógico que pensáramos a la hora de compararlos, con bandas como Batushka, por lo extensiva de su puesta de imagen en escena, con esas vestimentas, estando además enmascarados, y rodeados de toda esa parafernalia llameante que hipnotizaba. Tal vez en el caso de estos suecos, que guardan el anonimato en sus nombres también, no tengan las mismas voces místicas, pero sí van con la armadura de la religión como vestimenta en sus prendas encapuchadas, haciendo volar la imaginación por doquier, y sobre todo el concepto en sí de sus composiciones esotéricas.  La escenografía cuidando detalles de decoración, tenía incipientes tintes de altar. Desde que publicaran su disco homónimo en 2011 bajo el título “Death Awakens” han expuesto la misma rutina llena de misterio, y bueno, por fin teníamos ocasión de ver cómo se desenvolvían en directo. ¡Me apunto para su próxima misa!

La legendaria banda noruega de death metal técnico CADAVER era otro plato de buen gusto para ver cómo se mantenía en la actualidad después de tanto tiempo ausentes de mi campo de visión. Venían con Bjorn Dugstad Ronnow tras la batería, activo importante en bandas como Trollfest o Borknagar. ¡Menudas secuencia de ritmos frenéticos! En realidad la atmósfera de la que te impregnaba este trío era de magistratura trallera, no sólo por hacernos recordar sus comienzos, allá por los años ochenta, sino por tener también presente la cantidad de bandas por las que han pasado sus músicos en la larga historia que tiene el género musical. Fusilaron de forma reducida parte de su historia sin olvidad los temas de “Edder  & Bile”, el disco en el que están metidos de forma más reciente. Anders Odden despuntaba como siempre, como lo veas, o con quien lo veas… en este caso tocando la guitarra y vociferando.

SHINEDOWN siguen siendo una sensación de aire fresco y energía electrizante cada vez que los escuchas en algunos de sus discos, pero en directo construyen un mundo imaginativo de dimensiones espectaculares mucho más grande y eso que a estas horas no se podían respaldar en luminotecnia que engrandeciera aún más su espectáculo, ya que aún lucía el sol, y no olvidemos, que a pleno rendimiento, porque nos estábamos enfrentando de hecho en Hellfest a una ola de calor este fin de semana, que por momentos nos puso muy duro el estar viendo a las bandas al descubierto en los mainstages correspondientes, con altísimas temperaturas que también seguro pasarían factura a algunas de las bandas. Pero bueno, a lo que íbamos, en lo que se refiera al espectáculo que da la banda, no sólo fundamentado en su cantante, porque cada uno tiene su roll. Está claro que Brent Smith siempre que persigue el momento de la complicidad del público, cuenta con el mismo, en esta ocasión sin demasiadas pausas, para hacerlo todo más rápido y ameno. En todo momento supo dirigir la orquesta que mantiene viva la sinfonía, mientras el resto de la banda botó y saltó como si tuvieran resortes en las extremidades de su cuerpo. Hicieron un show redondo desde que comenzaron con “The Saints Of Violence And Innuendo” de su nuevo trabajo “Planet Zero” hasta que llegó el cierre del concierto con su archiconocida y rompedora “Sound Of Madness”.

Ahora tocaba presenciar con mucho entusiasmo a MORDRED, una banda alternativa de metal fusión de los ochenta que conservo en vinilo y cuyo sonido rompió moldes en su momento sin que pasara gran cosa con su aventura hasta que se separaran. Precisamente ésta era la ocasión de verlos en directo recordando parte de sus temas, y también conocer como era su apuesta musical en el presente después de que decidieran reunirse en 2013. Deseaba escuchar algo de su nuevo álbum “The Dark Parade”, la continuación de su interesante EP de 2020 “Volition”, su primer disco de larga duración desde “The Next Room” en 1994, pero me encandilaron mucho más de lo esperado haciendo sonar su pasado. Tal vez el motivo es haberlos vivido en su día de forma generacional. El thrash metal funk de la banda de San Francisco no paró gracias a exponentes de primera sobre las tablas como su cantante Scott Holderby y las secuencias sampleadas de Dj Pause.

HIGH ON FIRE se hizo evidente que traía un show interesante bajo el brazo, lo que pasa que ver a los californianos de forma escueta con el tiempo más medido, también eso restaba enteros. Era lo hora de Matt Pike en High on Fire, no en su otra banda Sleep, aunque cualquiera de los platos apetecía catar con buen gusto, porque él siempre es capaz de generar ese muro sónico adaptándose a cualquiera de sus interpretaciones, y por su puesto en sus bandas. La base de su show estuvo marcada por ese coctel de sludge, stoner y doom sucio, agresivo y directo a la yugular. Sobra decir que la liberación para soltar aún más energía, llegaba en las partes instrumentales, deslizando Mike sus gruesos dedos sobre las cuerdas de la guitarra, que en algunas ocasiones descansaba sobre su descamisada tripa. En resumidas cuentas, armonioso y rudo por igual, con un Des Kensel infatigable golpeando la batería, recordando parte de sus dos décadas fructíferas.

Con DOG EAT DOG agitando al público estaba presenciando de nuevo, al igual que me ocurrió antes con Mordred, el revival de una época, con los músicos de una generación dedicada al metal fusionando hip hop, funk y hardcore. Eso sí, ya más talluditos los de New Jersey, y sin ropas tan anchas como en tiempos pretéritos, pero con el exponente divertido aún en alza. El Warzone se puso a tope ante la expectación creada, no era para menos, porque fueron de los primeros en hacer una muesca en este tipo de rock evolucionado en los primeros noventa, tirando de una forma muy personal de saxofón, y cantando en ocasiones a dos voces, así como provocando la algarabía de los presentes, dejándose llevar con saltos atléticos de su cantante John Connor en determinados momentos a la hora de hacer temas clásicos. Y es que además, se cumplían diez años de la primera vez que Dog Eat Dog pasara por el festival, y no había que perdérselos. En el tramo final del concierto apareció Dan Mallmann para compartir voces con Connor en los temas clásicos “Expect The Unexpected”, “No Fronts” y “If These Are Good Times”.

He de reconocer que tenía más ganas de ver a FIVE FINGER DEATH PUNCH de las que me dejaron tras terminar de ver la actuación. La formación de groove metal además de ser muy pintona utiliza esos elementos de fusión y variantes sonoras que tenía como locos a los espectadores, arduos en cantar cada uno de sus temas. El grupo de Las Vegas empezó como un huracán en su parte inicial del concierto, pero fue decayendo en actitud, quizás el motivo fue la inclusión de temas más lentos, que dicho sea de paso, la gente estaba encantada de que eso ocurriera, o quién sabe si por la inclusión de un solo de batería que desde mi punto de vista rompió el ritmo inicial, por lo menos el que llevaba yo de cara a disfrutarlos. Hicieron un repaso cercano a la hora y veinte minutos lleno de temas notables, incluyendo “Inside Out”, “Trouble” y «Wash It All Away» en ese primer recorrido, continuando luego con otros temas propios y las versiones de Bad Company en el tema “Bad Company”, así como un trozito del “Gone Away” de los The Offspring. A partes iguales, con elegancia y bastante pose, Ivan Moody fue resolviendo el latir de los corazones acelerados de un grupo de niñas que tenía alrededor mía cantándome al oído cada susurro del frontman. Otro de los motivos de ver la actual valía de la banda en tiempos actuales, era comprobar cómo se había integrado el nuevo guitarrista Andy James cuadrando estructuras con Zoltan Bathory, y en fin, en este caso, impecables ambos.

DEFTONES no despreció ni un solo minuto de su tiempo, y descargó toda la adrenalina sin necesidad de tener que conquistar al público. Esa intensidad que repartió Chino Moreno es la típica que se le conocía en sus primeros tiempos, y por lo tanto, sobra decir que su entrega física fue evidente, también la vocal, aunque no lo vi yo en su mejor momento con sus gruñidos y cambios de tono. ¿Recordáis el tema “Headup” incluido en el disco “Around The Fur”? pues bueno, esa salvajada de corte fue interpretada una vez más junto al propio “Around The Fur”, pero el comienzo del show y el consecuente recital de saltos de su cantante tendría lugar con “Genesis” en este nuevo tour. Un buen set de saltos a falta de mejor voz, así como una interesante selección de temas, entre los que se encontraban además de los mencionados, el propio “Rocket Skates”, “Sextape”, “Diamond Eyes”, “Ohms” o “7 Words”, sonando para poner el final.

El comienzo de concierto de SUICIDAL TENDENCIES fue accidentado. De hecho no terminó de arrancar pasados unos cuantos minutos teniendo a la banda en stand by haciendo giros de guitarra y redobles de batería hasta que se intentara solucionar lo que afectaba al sonido de la guitarra de Ben Weinman, que aunque la cosa terminaría arrancando, se mantendría con problemas aún durante los primeros temas. Cuando quedó solucionado, voló por los aires con el ímpetu que le conocíamos en The Dillinger Escape Plan. Estábamos ante el final de esta primera jornada y Mike Muir tenía que ser el mejor antídoto para paliar un día duro de calor, y así tenernos en alza a la mañana siguiente. Tras los inicales “You Can´t Bring Me Down” y “I Shot The Devil”, le siguió “Send Me Your Money” y “Freedumb” y ese baile frenético de constantes movimientos estudiados por parte de su cantante, aún en forma, y respaldado en esta ocasión por el joven Tye Trujillo en el bajo, hijo de Robert Trujillo, quien que fuera bajista de la banda y hoy como sabéis en Metallica. La energía tras la batería de otro joven portento como es Brandon Pertborn rompió el molde en conjunción con el otro veterano tocando la guitarra con la destreza que siempre ha hecho, Dea Pleasants. A mitad del concierto y mucho antes del final del show, que sería lo habitual, tuvo una invasión de público sobre el escenario, que se le fue algo de las manos al cuerpo de seguridad que andaba custodiando el foso. Aun así todos los integrantes de la banda prosiguieron tocando hasta el término, incluso un poco más de lo que tenían marcado, dándose un baño de multitudes.

 

DÍA 2, SABADO 18 JUNIO

La mañana la empezábamos bastante bruta con la actuación de los holandeses RECTAL SMEGMA en la zona de las carpas, concretamente en The Altar, donde a veces te encuentras con trallazos como la de esta banda de gore cuya letrística podría escandalizar a la vecina que vive al lado de tu casa, y quién sabe si también a ti. Solamente observar a su cantante Yannin como tensaba todo su cuerpo te causaba un respeto superior. La verdad es que no dejaron títere con cabeza a la hora de exponer sus canciones. Todo rápido y a la yugular con cierto toque de obscenidad creativa. Desde su actividad, hace más de veinte años han publicado algunos trabajos íntegros por su cuenta, pero son especialistas en editar splits compartidos con otras bandas. Todo transcurría como si estuvieran disparando balas que iban a impactar hacia tu cuerpo y te dejaban sin posibilidad de moverte de allí, y no digo hipnotizado, sino como si te estuvieran agarrando por los huevos. Me moví de allí porque, en un principio estaba programada a la misma hora la actuación de The Dead Daisies y cuál fue mi sorpresa cuando me pasé al mainstage correspondiente para ver lo que estaba sucediendo y me encontré que allí no estaban ellos. Al parecer Glenn Hugles había pillado coronavirus y habían cancelado. Luego me enteré que  unas horas antes la organización había comunicado que los sustitutos eran SOLDIER SIDE, una banda francesa de versiones de System Of A Down que estuvieron francamente entretenidos el rato que tuve ocasión de verlos.

Una de vikingos tocaba, gracias a HELHEIM y su black metal temático presentando temas de su último trabajo “WoduridaR”  y otros clásicos de tiempos pasados, con mucha melodía, y un despunte de guitarras muy rítmicas. Es la experiencia de llevar tantos años de evolución sonora desde principios de los noventa. Los noruegos se hicieron de notar ante un público que es posible tuvieran la ocasión de verles en directo por primera vez, puesto que a pesar de su larga experiencia, no ha sido un grupo que en todo este tiempo haya transcendido mucho fuera de su país debido a los sellos independientes con los que ha trabajó en el pasado. En España no recuerdo haberles visto actuar nunca, quizás en alguna ocasión aislada que se me escape. Pudiera ser. Al menos en Hellfest era la primera vez que lo hacían.

Otra vez tocaba partirse en dos debido a los horarios. Por un lado teníamos a la solana a los suecos SOEN con su metal progresivo capitaneado por Martín Lopez, quien fuera batería de Opeth, acompañado por un lustroso grupo de músicos de la escena metalera, haciendo aquí paralelismos en sus vidas musicales. En resumidas cuentas, un súper grupo que no quería dejar de ver, pero que en algunas ocasiones con pasajes más suaves y ese sol pegando de lleno, creo que no consiguieron el mismo efecto que si hubieran estado actuando ellos solitos en una sala, o en horario de sombra y máxima audiencia. De todos modos fue enriquecedor sin duda. A la misma hora el solape era por parte de  los ingleses XENTRIX, que los recordaba en los ochenta por aquella llamativa versión thrasher que hicieron del “Ghostbusters” cuando los “Cazafantasmas” estaban de moda, aunque realmente tampoco pasó nada importante con ellos en aquella época en la que irrumpían tantas bandas con un corte musical similar. Sonaron como si tuviera delante a cualquier banda de renombre de la Bay Area de San Francisco, trayendo de la misma una gran influencia, pues allí empezó el estallido de múltiples bandas. Todo sonó mucho más madurado a cómo yo lo esperaba y de cómo yo los recordaba. Y realmente me quedé con ganas de más, pero si ya su actuación era corta en programa, el ir de un lado para otro imaginaros en lo que se me quedó poder verles. Y la famosa versión al final o no la tocaron, o me la perdí en mis andanzas ambulantes, jajaja.

THE DARKNESS era otra de las bandas que tocaba por primera vez en Hellfest, y no en el horario más apropiado, pero ellos no dejaron de hacer lo que nos tienen acostumbrados en cada uno de sus shows, rock and roll en palabras mayúsculas con esa gama amplia de numeritos escénicos, un poco histriónicos a veces. Cuando brieron con “Growing On Me”  ya estaba encaminada la fiesta, que no soltaron con “One Way Ticket” y “Motorheart”. Después un ligero respiro para llegar un poquito más a la medula con la rítmica “Givin´ Up” y seguir poniendo a prueba tus agudos, si querías seguirle la pista vocal al tono de Justin Hawkins. Se lo pasaron bien, y nos tuvieron entretenidos y bailones durante el concierto, que al tener tanta interpretación y movimiento por parte de sus integrantes, se hizo corto. Al final se unió a la fiesta Michael Starr de Steel Panther (otro que tal baila), y así terminaron interpretando “I Believe In A Thing Called Love”.

HEAVEN SHALL BURN simulaba estar tocando en pleno campo de batalla, y lo digo por la escenografía que ocupaba todo a su alrededor, lleno de decorados y recortables llevándote a imaginar tal situación. Habitualmente sus conciertos siempre son notables y este no lo fue menos. Ya sabemos que Marcus Bischoff se mimetiza con lo primero que tiene delante, y esta situación le daría mucho juego. Hubo un momento en el que mientras estaba agitando a todo el público llevando las manos hacia los lados, un operario del festival le colocó delante de sus narices un pequeño dron y el cantante se quedó alucinado. De hecho Hizo un amago como para abatirlo lanzándole el micrófono y el artefacto salió zumbando en menos de un segundo lejos de allí. Y no era para menos, pues recuerdo cuando en un Wacken lanzó sus botas de agua al público después de criticar que allí había tanto barro que ya ni les servían para caminar por el suelo. Una vez más sublimes los alemanes. Comenzaron con “Hunters Will Be Hunted”, hicieron su versión de Edge Of Sanity “Black Tears”, y antes de terminar con otra ronda imperdible, un par de temas de su trabajo más reciente “Of Truth And Sacrifice”, sonando “Übermacht” y “My Heart And The Ocean”.

Los canadienses EXCITER hicieron un concierto de manual. Basaron su set list en esos temas de época, que sencillamente enamoraron a grandes y pequeños artistas del metal en una época lejana y  por supuesto, antes de que te quedes con la incógnita, ya te diré que sí, que hicieron el famoso “Heavy Metal Maniac” que no puede faltar en la sesión dj de un auténtico fan del género. También recrearon el “Iron Fist” de Motörhead al final del show para tener aún más presente una época, que pareciera no haber dejado de existir nunca, gracias a la cantidad y calidad de bandas que estaban programadas este año en esta edición para el recuerdo. Entraron en escena con “Violence & Force” y su música fue generando una turbina de sensaciones encontradas con los ochenta y años posteriores. Quien no supiera, entendiera o conociera pórque las bandas más grandes de metal se han visto influenciados por estos pioneros del speed metal, ésta asignatura ya no le quedará para septiembre después de verles en  The Altar.

FLOTSAM & JETSAM desplegó todo su potencial con la contundencia que tiene su música, sin irnos más lejos, su último trabajo, del que por cierto, sólo hicieron el tema “Brace For Impact”, y fue hacia el tramo final de show. Y cómo son las cosas, porque a mi no me hubiera importado que lo hubieran hecho al completo, dado lo rotundo que suena “Blood In The Water”. Se ve que en un encuentro de este tipo donde igual había seguidores, que curiosos, que solo abrazatiempospasados, lo mejor era ir sobre seguro, así que podríamos la banda de Arizona arrancó galopante al tocar “Dreams Of Death” y tendría un acelerado final con “No Place For Disgrace”. Es evidente que dieron buena cuenta de su primera época, pues también del disco “No Place For Disgrace” harían “I Live You Die”. Y no olvidaron repasar su debut con los cortes “Hammerhead”, “She Took And Axe” y “Desecrator”. Hace algunos años tuve ocasión de ver directos del grupo con un Eric «A.K.» Knutson más apagado frente al micrófono y poco interpretativo, pero pareciera que esos tiempos han cambiado, y junto al guitarrista Michael Gilbert, que son los dos herederos que quedan desde sus comienzos, han sabido orientar y reformar el barco para que no vaya a la deriva.

MEGADETH actuaría por partida doble en esta edición. La segunda ocasión tendría lugar el fin de semana siguiente. Pero centrémonos en su primera puesta de largo, que fue dándolo todo, aunque optaran por algún tema menos resultón en vivo. Mustaine como viene haciendo desde hace tiempo, dejó atrás los egos de antaño, y traía a una banda cuyos músicos tienen un espacio tan importante como su presencia en escena, repartiendo por lo tanto tramos instrumentales de guitarra con Kiko Loureiro. Y la fuerza del otro cincuenta por ciento que venía siendo impulsando las últimas veces que les vi en directo por David Ellefson en el bajo, hoy en día fuera de la banda, estaba siendo suplida perfectamente por James LoMenzo, que ya participara de la formación de Megadeth entre 2006 y 2010,  y que precisamente sería sustituido a su marcha por Ellefson, ¡que casualidades! LoMenzo le dejó facturado a Mustaine dos discos en aquella época, trabajos de los que fue partícipe, “United Abominations” y “Endgame”, pero hoy no sonaría ninguno de aquellos temas en vivo. Y  la otra pata para este banco, la ponía Dirk Verbeuren en la batería, haciendo que esta maquinaria perfectamente engrasada rodara como se esperaba. Tras la intro inicial del tema “Prince Of Darkness” la cosa echaba a rodar con “Hangar 18” con un escenario que era todo un decorado apoyado por continuas imágenes sucediéndose por las pantallas y teniendo a Verbeuren tocando su batería en todo lo alto sobre una pila de amplis Marshall. Luego vendrían “Dread And The Fugitive Mind”, “The Threat Is Real” con toda su contundencia distópica. Llegaron los temas de sus primeros discos encarnados en “Angry Again”, “The Conjuring” o “Peace Sells”, pero prevalecieron otros nada menores y posteriores como “Sweating Bullets” aportando la fuerza vocal de Mustaine cuando se quedaba sólo en las estrofas con su voz, así como “Dystopia”, “A Tout Le Monde”, “Symphony Of Destruction” o “Holy Wars… The Punishment Due” para terminar. No nos regaló los oídos con algún adelanto de su próximo disco, pero nos dejó un maravilloso set que recordar hasta que volviéramos a verle la semana próxima.

DEEP PURPLE salió a escena arrancando con la intensidad que tiene un clásico como “Highway Star”, así ya se aseguraban tener al público metido en el bolsillo. Enseguida remataron con “Pictures Of Home”, momento que aprovecharon para hacer un tema de tiempos modernos como lo es “No Need To Shout”. Luego se relajaron un poco para hacer la delicada y preciosa “When A Blind Man Cries” metiéndose de nuevo en su gran trabajo “Machine Head”. A Ian Gillan y al resto de la banda se les vieron muy cómodos con lo que estaba aconteciendo. Decidieron que se lo iban a pasar mejor que bien y lo demostraron al tocar “Lazy”, poniendo en valor las jam sessions de los setenta en donde el vacileo entre músicos era constante. El cantante entraba y salía del escenario para descansar la voz y dar cuerda a las partes instrumentales de la banda, que hacían que el concierto no perdiera ritmo, aunque sí variaba en su intensidad. Fue otra manera de disfrutar de estas leyendas. Los he visto en tantas ocasiones y situaciones distintas, que ciertamente me agrada el modo en el que se expongan. Tras un solo de Don Airey capitaneando los teclados de su órgano,  la traca la dejaron como era de esperar para el final, con “Perfect Strangers”, “Space Truckin´” y Smoke On The Water”. Después tras salir del escenario y hacer una pequeña pausa volvieron con la extensa medley de versiones que incluye “Caught In The Act”, incluida en su último trabajo “Turning To Crime”, y que enlazaron con “Hush” y “Black Night”.

Era predecible que los antes mega enigmáticos GHOST fueran acrecentando su leyenda con el paso del tiempo. Comprobar la cantidad de gente que esperaba por ellos en comparación de su última venida a Hellfest, creo que evidenciaba como van causando más sensación y ganando adeptos. Eso no da lugar al debate. Su espectáculo ahora también variaba, con Tobias Forge cambiando constantemente de atuendos y sin dejar de acercar sus conversaciones con el público, creo que en esta ocasión de una forma más reducida. Sus dos últimos trabajos, “Impera” y “Prequelle” fueron protagonistas en la explosión de júbilo inicial que provocaron, sonando los singles “Kaisarion” y “Rats”, que enlazaron con emblemático “From The Pinnacle To The Pit” y otro poquito de actualidad en “Spillways”. El espectáculo fue constante, pero quizás menos impactante que años atrás, teniendo a su batería situado en la parte central, encumbrado sobre una especie de escaleras que parecían palés escalonados. La magia era la música y todo el sentimiento que compartían, que no fue menor cuando hicieron “Devil Church” incluyendo una parte de guitarras dedicada al “Ace Of Spades” de Motörhead. Como adepto a la banda que soy desde sus comienzos, disfruté todo momento, pero sinceramente creo que pasó la efervescencia de sus primeros años para quienes los conocimos con los ponchos y en un rotundo anonimato. Entiendo que esa efervescencia es la que ahora sienten quienes los están descubriendo por primera vez, por eso continuar integrando temas de un valor descomunal en su trayectoria como “Cirice” y “Ritual” entre los más recientes “Hunter´s Moon” y “Faith” fue también una forma muy estudiada de dejar a todos contentos, y de llevarse de calle a los nuevos parroquianos para darles el sacramento de siempre. En cualquier caso, quien somos de su vieja guardia, disfrutamos especialmente con “Year Zero” y “ Mummy Dust”, antes de que terminaran con todo el colorido hardrockero y la parafernalia de despedida que tendría lugar en “Dance Macabre”. Por cierto, cuando sacaron al saxofonista en un ataúd móvil y éste se lanzó sobre los roadies que le transportaban en su momento de resurrección, el público no pudo dejar de soltar una carcajada con la performance.

 

 

DÍA 3, DOMINGO 19 JUNIO

Con VILE CREATURE llegaría nuestro arranque de jornada en The Valley. No era cuestión de dudar por dónde empezar la ruta de solapes mañaneros, después de las buenas impresiones que me llevara de la banda, tras verles en la pasada edición de Roadburn, celebrada en la localidad holandesa de Tilburg durante el pasado mes de abril. Fueron unos auténticos rompedores de esquemas. Este dúo dinámico procedente de Canadá, hicieron estallar nuestros oídos con su sludge metal refinado, manteniéndose las cuerdas vocales de su cantante Vic tensadas en todo momento, mostrando sus mil gestos del mal ante el micrófono, mientras Kyle Willian zarandeaba bruscamente el sonido de su guitarra con una agresividad portentosa. Ya lo comenté en la anterior vez que tuve ocasión de hablar de ellos. Si eres de los que se obsesionan por explorar música, esperando que el sonido pueda hacerle a tu cuerpo, mente o imaginación que viaje a límites insospechados y al mismo tiempo algo traumáticos, pues la búsqueda ha terminado.

Los austriacos KONTRUST me parecieron muy divertidos al mismo tiempo que me dejaron ver su valía a la hora de fusionar lo musical con lo escénico, ya de por sí en un crossover de metal que deambulaba por distintas tendencias. Curioso a veces escuchar toques industriales mientras veías a la banda vestida de tiroleses, algo que se repite continuamente en cada concierto, todo muy meditado, por cierto, como base del esquema que llevan, al mezclar ciertos bailes arrítmicos y otros peculiares de sentido tirolés, con el rock potente que van descargando a cada tema que encauzan. Las voces de sus dos cantantes vas alternándose, cada uno dando el toque masculino o femenino según procede. Divertida esta cuadrilla de tiroleses de postín. Ciertamente enganchan. Es como un toque de aire fresco no sé si llamativo por lo original o por la curiosidad que despiertan.

Me encantó tener la ocasión de ver a los parisinos SORTILÈGE y disfrutarlos aunque fuera con un show reducido. Esta banda de heavy metal clásico es una formación de culto sin duda. Se formó a principios de los ochenta y dejo de existir pocos años después. Y mira por donde en 2019 se volvieron a juntar dándonos la oportunidad de verlos recuperando su pasado y haciendo algunas de esas perlas de antaño. Con Christian Augustin frente a la voz interpretando de forma pasional unas canciones que en su momento no tuvieron el reconocimiento popular que terminara llevándoles a la disolución, ahora posiblemente se veía cono otra mirada, y por supuesto poniéndote en situación como si uno se trasladara a la época correspondiente. En España también hay bandas que han pasado por lo mismo. Y qué casualidad, que luego hay que esperar a que sea algún festival nacional quien los ponga de nuevo en el punto de mira para alabar las andanzas pasadas que no funcionaron en su día. Ojalá sigan en activo, y nos entreguen temas nuevos que los puedan meter en una gira que posibilite una nueva ocasión de verles en directo.

Los rusos MOSCOW DEATH BRIGADE irrumpían en el Warzone con ese sonido propio conocido como circle pit hip-hop que mezcla de forma especial y agresiva música electrónica, punk hardcore y rap, teniendo en su base la cultura callejera del grafiti. No creo que sean muy amigos de Putin, ni que los considere éste como buenos patriotas precisamente, tal vez en parte por ello sus componentes se ocultan bajo unos pasamontañas siempre, aunque también es algo que quieren que prevalezca como signo de lo que era la cultura hip hop de las décadas de los ochenta y noventa, de la que ellos se sienten influenciados. Lo cierto es que para esta ocasión, esa forma de cubrir sus rostros les haría sudar de lo lindo. Su mensaje social contra la guerra, el racismo, el sexismo o la homofobia, es la característica fundamental en sus letras a base de rap y tintes electrónicos. El misterio de sus identidades viene abalado por unos integrantes que en su pasado militaban en bandas hardcore rusas, y es conocida su faceta benéfica, al  llegar a grabar canciones cuyas ganancias donaron a las familias de antifascistas rusos asesinados en el pasado. Cuando tocaron en Madrid recuerdo que enseguida agotaron las entradas puestas a la venta. Aquí se veía el recinto hasta los topes para apoyarles en sus proclamas. Es decir, que tienen un evidente seguimiento, y que aún desde su país no se les ha cortado las alas. Algo que realmente es chocante, conociendo al despreciable personaje que mueve los hilos de Rusia. En resumen, mostraron frenesí de una manera dinámica e incluso llegó a salir a escena algún personaje disfrazado cuya apariencia era algo cutre. Pero bueno, ellos van de minimalistas y la gente lo disfruta tal cuál.

DORO en un estado de forma excelente parece seguir teniendo ese pacto con el diablo. Estar rodeada de una joven y buena formación seguro que es parte de su secreto. A Doro Pesch le da igual ocho que ochenta, es decir, pase lo que pase su semblante seguirá teniendo la misma energía y devoción por un público que la quiere, la mima y le canta. Ella no dejó en ningún momento de lado su marcada actitud metalera. Desde el primer momento se puso en modo Warlock y empezó a atacar temas que apetecía mucho recordar por trasladarte al pasado de aquellos grandes discos. Así encauzó “I Rule The Ruins”, «Burning The Witches”, “Fight For Rock”, “East Meets West”, “Hellbound”, y dejando para el tramo final “Al We Are”, antes de cerrar con otro momento hímnico hecho en solitario, como lo es “All For Metal”, que constató cómo se puede planificar un concierto teniendo al público en todo momento en lo más alto como si éste estuviera flotando sobre el lugar.

Llegaba la hora de JINJER, y teniendo en cuenta cómo están las cosas por Ucrania, podemos darnos con un canto en los dientes de que los músicos puedan ejercer su trabajo fuera de su país. Más allá de los belicismos, que nos apena tanto, ellos siguen demostrando con más destreza que nunca cómo sobre las tablas hacen lo mismo que en un disco de estudio, Ya en sí, Tatiana, su cantante, tiene ese aura que la marca como un ídolo. Sus gestos, sus movimientos, sus miradas, y esa forma de cantar que estremece con sus contrastes. Ella antes pertenecía a ese tipo de vocalista femenina que por lo gutural ante el micrófono te hacía pensar en Angela Gossow, lo digo así por antecederle en vetaría quien fuera cantante de Arch Enemy, pero hoy en día, la ves, y piensas en ella misma, porque ya se ha ganado en todos estos años una reputación. Tati comenzó su show con potente entrega y desde ese momento sus compañeros se convirtieron en una especie de músicos consorte, dedicados a hacer sonar todo aquello con una imponente base sonora sobre la que la vocalista movía el oleaje. Iniciaron con un tema tan vocalmente versátil como “Call Me A Symbol” y continuaron con “On The Top”, ambos sirviéndole para encumbrar su plante sobre una pequeña tarima en la que ya no dejaría de exponerse. Tras coger un poco de aire para dirigirse al público,  a continuación Roman, Eugene y Vladislav (guitarra, bajo y batería respectivamente), hicieron de aquello una olla a presión con el revolucionado “Disclosure!”. Todo lo demás fue pasión desde el escenario y apoyo desde el público con una recta final dedicada a los temas “Home Back”, “Pisces”, “Vortex” y “Colossus”. En mitad del concierto y entre el público blandía alguna bandera ucraniana que a veces dificultaba la visión, pero era suficiente para que constatara que arriba y abajo había una unanimidad de apoyo a la injusticia que está sufriendo su pueblo.

Al maestro indiscutible de las seis cuerdas MICHAEL SCHENKER le sigo viendo activo y en forma. Hacía acto de presencia estando al frente del micrófono Ronnie Romero. El alemán que es de forma indiscutible una baza imprescindible para disfrutar, no tuvo consigo demasiado público en la amplia explanada del mainstage correspondiente, pero es que ni el clima ni la hora acompañaban para ello. Está claro que un músico tiene que tocar a la hora que le corresponde, pero a veces es un putadón, porque no era lo mismo disfrutarlo en unas condiciones climáticas como estas que en cualquier otra que ya os estáis imaginando. El enfoque del show fue el esperado, clásico tras clásico empezando por “Into The Arena” y siguiendo con “Doctor Doctor” “Looking For Love”, “Red Sky”… así hasta que llegó el pepinazo final con “Rock Bottom”. Entre medias de todo esto hubo tiempo para piezas más recientes como la de “Sail The Darkness” del álbum “Inmortal” o “A King Has Gone” de su último disco “Universal”

DOWN haría un concierto normalito, nada espectacular. Pareciera que el show circense de Phill Anselmo, que antes se antojaba divertido, se hubiera diluido, aunque la banda con su buena sonoridad estaba ahí en su compañía para atajar en los compases iniciales “Lysergik Funeral Precession”, “Hail The Leaf”, “Lifer” o “The Seed”. La euforia, nervios, excitación intimidación a sus músicos con golpes con el micrófono sobre su cabeza quedaron atrás, de hecho a penas cantaba pareciendo una caricatura de su propia persona. Clamaba al público y agradecía con las manos a cada tema que terminaba y daba comienzo el siguiente. ¿Se esfumó el aura de quien en su día fuera una especie de maestro de ceremonias? Y por supuesto que no tocó nada de Pantera, no era el momento ni la ocasión.

DEVIN TOWNSED parecía venir del espacio exterior, es decir, que fue uno de los acontecimientos planetarios en este mundo terrenal. Lástima que no traía consigo uno de esos espectáculos desorbitados que necesitaría de un escenario y elenco especial, pero no pasa nada, porque aún así Townsed ya es un espectáculo. Los temas sonaron con toda esa magia que consigue envolverte en sus producciones, mientras que él se monta su propio papel lleno de gesticulaciones y saludos corteses hacia amigos imaginarios que parece encontrar entre el público. Un cuerdo no es capaz de crear esta gran obra que ha ido gestando durante todos estos años porque este hombre es un loco, pero aclaremos, un demente del sonido, que sabe engancharte en cualquier terreno. Su inmenso trabajo “Transcendence” publicado como Devin Townsend Project fue con lo que decidió empezar encarnado en el tema “Failure”. También tuvo representación su proyecto Strapping Young Lad haciendo sonar “Love?”, pero eso fue hacia el final. Antes facturaría un buen set con temas de la categoría de “Kingdom”, “By Your Command”, “Deep Peace” o “March Of The Poozers”.

El tridente de JUDAS PRIEST empezó a descender a medida que iba tomando forma el comienzo de su concierto, donde la escenografía y luminotecnia eran parte de la magia para este concierto memorable que dejaba claro que andaban en su 50 aniversario. Con “One Shot At Glory” llegaba parte de la dinamita que enseguida prendieron las siguientes mechas de otros conatos de incendio, “Lightning Strike”, “You´ve Got Another Thing Comin´”, “Freewheel Burning”… apenas termina un tema clásico, guardan una pequeña pausa y enlazan con el siguiente. No necesita la cosa mayores presentaciones por parte de Rob Halford, porque además tiene que llegar sin más desgaste del necesario al final de su épico show, que además traía consigo un contratiempo más, el climatológico. Con “Turbo Lover” sube el nivel de éxtasis entre el público. La banda concentrada mantiene el tipo. Halford se escabulle continuamente por la puerta improvisada para hacer sus cambios de vestuario y mientras tanto llegan interpretaciones que no fallan, “Hell Patrol”, “The Sentinel” y el flipante “The Green Manalishi (With The Two Prong Crown) de Fleetwood Mac, que no dudaría en enlazar con la fabulosa adaptación “Diamonds & Rust” de Joan Baez. Tras un pequeño respiro, tocaba sufrir con los agudos en “Painkiller” justo antes de marcharse para realizar el bis que enfila el final. La prueba la supera con absoluta concentración en esos agudos ya difíciles de copiar a los de antaño. Las inmensas pantallas cambiando de decorados son una buena porción del espectáculo. Las miradas también se centran en Andy Sneap, imaginando como eran los tiempos cuando en su puesto estaba el original y malogrado Glenn Tipton. A estas alturas la banda ha mantenido su status de forma muy regular, sin decaimiento, con el desfile previo de un montón de sensaciones encaramadas en joyas y diamantes ya pulidos con el tiempo, y llega la recta final con el bis, “Electric Eye”, “Hell Bent For Leather” con Halford en su moto, que pareciera un moderno Papa Noel del metal, de la que se levanta para atajar “Breaking The Law” entre el griterío del público y con “Living After Midnight” llegaría el final, con un toque anecdótico, pues aparecería una bestia hinchable que sobrepasaba por su gigantismo a los músicos, y que ahí debía de permanecer hasta el final de la actuación, pero que de repente se vendría abajo por alguna razón que desconocemos, y que dejó alucinado a los músicos mientras continuaban la actuación, mientras Ian Hill se ponía a darle patadas en el suelo, hasta que de repente, alguien debió encender el compresor de aire, y levitó de nuevo en los últimos instantes. En fin, unas veces las motos y otras los juguetitos de vinilo, nunca sabes lo que puede rodar por el suelo cuando te echas tanta carretera a las espaldas.

Con GOJIRA el público volvió a ser multitud. Daría una buena acogida a estos franceses cómo no podía ser de otra manera actuando en casa. Traían preparada una producción brutal en varias pantallas, que empezaría una vez se iniciara una larga cuenta atrás en las pantallas del lugar. Era difícil acceder a las primeras filas y escabullirte por el lateral del Mainstage1 pero conseguimos estar todo lo más cerca posible para no perder un solo detalle de este concierto épico. Todos querían ser testigos de primera mano y que les llegara tanto su groove como la técnica que practican en su música. El doble bombo entraba en acción, era la loca pegada de Mario Duplantier, quien celebraba años. Sus compañeros se encargaron de que tuviera un buen recuerdo, también el público, deseándole una buena celebración cuando se dijo por el micrófono. No era la primera vez que le tocaba celebrarlo actuando en Hellfest. Joe Duplantier estuvo acorde con su habitual línea devastadora. Sabían que era un momento especial, una edición más que no desaprovechar. Cuando cantaba y tocaba la guitarra pareciera que el cielo se pusiera a rugir, pero sin duda quien asemejaba querer arrancar las cuerdas del bajo con cada nota era Jean-Michel Labadie. Había una gran expectación para verles interpretar algún tema de su último disco “Fortitude”, y de primeras abrieron con “Born For One Thing” dejando para el final “Amazonia”. Lo cierto es que fueron bastante incisivos en este álbum, cosa que le agradecimos, pues fueron cayendo después “Hold On”, “Grind”, “Another World” y “The Chant”, también tocaron joyas anteriores como “Stranded” y “Silvera”. Una vez más entraron en comunión con los habituales fans con una calidad en las imágenes que éstas te iban metiendo a cada momento dentro de ellas casi de forma interactiva, consiguiendo que este fuera un concierto audio visual para el recuerdo.

Y por si no habíamos tenido pocas llamaradas, especialmente en los mainstage, WATAIN cerraría nuestra jornada, despuntando en la noche de The Temple, con esa parafernalia que llevan en escena y que convierte su show en una especie de altar gracias a unos cuadros decorativos llenos de candelabros y otros elementos ambientados con difuminadas luces que hacían tenues las sombras de su gesta negra. Todo ese fuego fue calentando el alma al compás del reclamo que sus melodías abstractas iban generando. Cada paso, tono y detalle en interpretado por su cantante Erik Danielsson era observado por el público, que no dejaba de clavarle su mirada por si traía consigo alguna sorpresa en sus rezos e invocación al maligno. Todo fue transcurriendo desde que comenzaron su ritual con “Death´s Cold Dark” y “Malfeitor” para enseguida dar paso a “The Howling”,“Leper´s Grace” o “Serimosa”. Sublime misa oscura la que nos ofrecieron para cerrar esta este primer fin de semana y empezar a preparar la siguiente avalancha de bandas que disfrutaríamos en menos de una semana.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García / Oscar Torres

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