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Crónica: Festival CASTELO ROCK (Muros)-27/07/19.

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Después del gran sabor de boca que nos dejó el primer día del Castelo Rock, encaramos el segundo día con muchas ganas. Atrás quedaron las grandes actuaciones de The Broke, Aphonnic, Gatillazo, Desakato y Bastards On Parade, pero lo que nos venía por delante era otro vuelo de gran altura.

La primera banda en tocar el sábado era Deleiba, pero llegamos un poco justos y tras la búsqueda de aparcamiento llegamos cuando terminaba su actuación.

Una vez en el recinto, pudimos observar que todo se mantenía como el día anterior, pero con un poco más de ambiente a primera hora. Y no era para menos, los siguientes en salir a escena eran, nada más y nada menos que Sinkope.

Sinkope trajo la poesía a Muros. Sus melodías tan trabajadas atrajeron a multitud de público. El poeta Vito Íñiguez es un tipo singular. Su pose dura contrasta con su singular forma de cantarle a la vida, a las desgracias y sobre todo al amor. Es uno de los grandes poetas del rock surgido en nuestro país.

Comparable con otros, Sinkope se distingue por ser una banda pura. Sus letras, sus poses y su música no son “imitaciones” de otras bandas. Quizás no hagan mega giras, ni sean teloneros de estrellas venidas a menos, pero en su música se encuentra la pureza que muchos no podrán conseguir.

Su poesía callejera es directa, sin palabras rebuscadas, pero que llegan al alma. Su concierto fue una dulce y sencilla obra de arte. La banda se desnuda emocionalmente ante su público. La desgarradora voz de Vito con el increíble sonido que desprende la banda te acuna en un dulce mar de sensaciones.

Sinkope es una banda para degustar. Para detenerse ante ellos y dejarte llevar. Pero también hay momento para desatarse, cantar y dejar volar las sensaciones. Y en Muros la banda fue quien, de meterse al público en el bolsillo, de ganarse nuevos adeptos y de afianzar a aquellos que les vienen siguiendo. Muy buen directo de los extremeños, que vuelven a ganarnos el corazón.

Tras Sinkope el punk rock de los vascos Kaotiko.

Algo pasa en Salvatierra (Alava) con el punk. Si de allí salieron La Polla Records, en Salvatierra también “nació” Kaotiko. La banda llegaba al Castelo Rock con un nuevo trabajo bajo el brazo, “Aprende Violencia”.

Su actuación venía a subir la temperatura al festival, y de hecho así fue. Kaotiko volvió a traer la locura al recinto. Volvimos a ver más de un vaso por el aire y algún que otro baile agresivo.

En lo referente al espectáculo de la banda, decir que, fue un directo muy divertido y lleno de garra. Su sonido fue en todo momento excelente. Supieron cómo ganarse a un público que no paró de cantar y saltar durante todo el repertorio. Destacable la voz de Jon, cantante de la banda, quien le imprime un extra a la velocidad de la música.

Letras duras, contundentes y llenas de protesta. Punk rock, potente que encajaba a la perfección dentro de la propuesta del festival. Entre sus temas sonaron “Otra Noche” “Aleluya” o “Preso 2023”. Gran concierto de los vascos, que se hizo corto, aun a pesar del gran set list con el que deleitaron a los presentes, y ese sin duda es un detalle que habla a las claras de lo bien que lo pasamos.

Tras ellos, era el turno de los británicos Skindred, quienes ponían el toque exótico al festival.

Skindred es una banda que aglutina una gran variedad de estilos musicales, creando así un estilo propio y único. Sus directos son dinámicos y muy divertidos, por eso confiábamos que en el Castelo Rock la banda estuviera a la altura de lo vivido hasta el momento. Y por supuesto que lo estuvieron.

Si bien, a esta banda ya la había visto en vivo en otra ocasión, he de decir que nada que ver. Tras sonar la marcha imperial de la Guerra de las Galaxias, Skindred salía a comerse el escenario desde el minuto uno. Con un Benji Webbe (visiblemente más delgado que en su anterior paso por Galicia) incombustible, los de Gales dieron un concierto majestuoso. El buen hacer de este cantante a la hora de meter al público en el espectáculo, es digno de mención. Jugo, bacilo, hizo botar al respetable, en definitiva, hizo lo que quiso y más con la gente. Y todo ello mientras desgranaba los temas de la banda con su potente voz.

Mención especial para el guitarrista Mikey Demus. Y es que, como me gusta la estética que se gasta este hombre, por dios. Su pose metalera, su estilo, una mezcla entre ZZ Top y Metallica, esa forma de tocar la guitarra tan feroz, es brutal. Todo un espectáculo visual e interpretativo.

La banda toco los ya clásicos “Nobody”, “Warning” o “Kill The Power”, con los que hicieron enloquecer a un público entregado. Su concierto se puede denominar como un espectáculo en mayúsculas. Te puede gustar su música o no, pero lo cierto es que su actitud y buen hacer sobre el escenario te impregnan de buen rollo.

Y para buen rollo, el siguiente grupo en salir a escena, Heredeiros Da Crus.

Es difícil explicar a alguien de fuera de Galicia lo que significa esta banda para una amplia generación de gallegos. Sus letras son entendidas desde un gallego puro. El que se habla en las aldeas, que nada tiene que ver con ese gallego culto y hasta ridículo que algunos intentan instaurar por “real decreto”.

Por eso, por sus cantares de pueblo, y por un espectáculo tan provocador y lleno de buen rollo, Heredeiros Da Crus son uno de los referentes indiscutibles en el noroeste nacional.

Javi Maneiro, cantante de la banda, es un líder indiscutible. Su actitud sobre el escenario es de pura diversión. Sigue manteniendo la garra de cuando empezaron, pero con la veteranía sobre las tablas que te dan los años.

Durante su concierto pudimos ver de todo, y es que la gente enloquece irremediablemente en cada una de sus actuaciones. Desde las poses más atrevidas hasta una misa donde tratan de salvar a los pecadores de su irremediable paso por el infierno. Una locura.

Ambiente súper festivo con vasos por el aire, desnudos casi integrales, camisetas que volaban hacia el escenario (más de 40 camisetas volaron hacia el escenario en menos de un minuto), lo que viene a ser un desmadre…. pero a la gallega.

Su repertorio fue un repaso a su trayectoria en la que no faltaron los clásicos de siempre, “Quero Josar”, “A Chaqueta De Lana” o “Non Quero Nada De Ti”, tema que se coreó como si un hubiese un mañana.

Heredeiros Da Crus sigue estando en la cima gallega, y en Muros jugaban cerquita de casa. Grupo imprescindible que encuadra a la perfección en cualquier festival donde se pretenda que la gente este de fiesta. Son puro espectáculo.

Tras ellos, y mientras se preparaba el escenario para la última banda, una propuesta distinta sobre el recinto del festival, Mekánica Rolling Band. Una charanga que interactuó con el público en la explanada del recinto.

La verdad es que esta propuesta fue todo un acierto. Si el objetivo era que no decayera la fiesta, se cumplió con creces. Y aunque no nos pudimos acercar lo suficiente por la multitud que se agolpaba ante ellos, el sonido era muy correcto y la gente se lo paso en grande. Un diez para la organización por lo distinto e innovador del momento.

Ya, por último, y finalizando el festival, una de las bandas que lleva tiempo dando mucho que hablar, Kitai.

Su propuesta, tanto musical como a nivel espectáculo sobre el escenario es distinta, llamativa. Alexander es la voz de la banda. De origen ruso, este cantante juega con tu mente provocando un estado psicodélico en el ambiente, el cual te lleva irremediablemente hacia la locura.

Con una ambientación musical que nos recuerda por momentos a Red Hot Chili Peppers o a Radiohead, esta banda tiene un sonido bastante peculiar. Difícil de definir, pero adictivo. Todo cuadra dentro de su espectáculo. Es como subirse en una montaña rusa de sensaciones, de la cual no sabes que te a venir en la siguiente curva.

Primera vez para mi delante de este grupo en vivo. Una sensación extraña. Quizás su música por sí sola no me enamore, pero dentro del show, quizás por lo distinto, por el riesgo de este tipo de propuestas, no lo sé, pero me dejo pensando. No es la típica banda que escucharía en casa, pero a la cual si iría a ver su concierto. Cuestión de gustos, como con todas las bandas del festival.

Y así llegamos al final de este festivalazo con mayúsculas. La impresión que dejo esta XVI edición del Castelo Rock fue inmejorable. Da gusto encontrarse festivales de este nivel. La organización del mismo, como el sonido que disfrutamos los dos días fue de sobresaliente. Desde aquí felicitar a los organizadores del evento. ¡Castelo Rock, gracias!.

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