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CRÓNICA EXTREMODURO PALAU SANT JORDI (BARCELONA) 1-11-2014

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El inicio del concierto estaba previsto para las 21:00 Horas, pero a la hora del comienzo solo se registraba una escasa media entrada en el Palau, mientras la gente remoloneaba en el exterior sin excesivas prisas para entrar, hasta el extremo que sobre las 21:20 horas salió al escenario un miembro del Staff del grupo a anunciar el comienzo del concierto en 10 minutos, cosa que pareció animar a la gente a entrar al pabellón.
Finalmente, con una puesta en escena espectacular, con un escenario decorado con contenedores al estilo de un barco de transporte y con un enorme contenedor colgado del techo que a las 21:35 empezó a descender lentamente sobre el escenario, mientras sonaban las primeras notas de Extraterrestre. En breves segundos el contenedor se levantaba otra vez, dejando ver, detrás de él a Robe, Uoho y Miguel y dando inicio así a un concierto relajado y tranquilo, lejos ya de aquel explosivo rock urbano de los primeros discos de Extremoduro, y más cercano al rock sinfónico con el que juguetean en sus últimos discos.
Con un sonido excelente en todo momento y una ecualización perfecta que permitía apreciar perfectamente todos los detalles de cada instrumento (guitarras, bajo, batería y teclados) nos ofrecieron la primera parte de su actuación, como ya he dicho, relajada y tranquila, con muchos momentos en los que Uoho y Robe interpretaban los temas sentados en las escaleras de acceso a la plataforma de la batería, en la que fueron alternando, temas de sus tres últimos discos y también de los anteriores, aunque de una forma mucho más suave de lo que cabría esperar. Fueron cayendo progresivamente Sol de invierno, Buscando una luna, La vereda de la puerta de atrás, Entre interiores, Desarraigo, Sí te vas… y Locura transitoria hasta que llegamos al punto que Robe presentó una canción inédita, Las experiencias de un Batracio, que curiosamente, todo el público presente conocía y coreaba, finalizada la cual fue el momento de la interpretación de tres temas seguidos del excelente disco La Ley Innata: Dulce introducción al caos, Segundo movimiento: Lo de fuera y Cuarto movimiento: La realidad, en las que se incorporaron nuevas estrofas, inéditas en el disco. Interpretadas estas, Robe anunció una pausa de 20 minutos para relajarse y descansar antes de encarar la segunda parte del show.
Esta pausa fue rápidamente aprovechada por el staff del grupo que, detrás de un negro telón que desplegaron,  para desmontar el contenedor y adecuar el escenario de cara a la segunda parte del concierto.
Unos 30 minutos después de parar, y con los acordes de Prometeo, empezaron la segunda parte de su actuación, en la que, supuestamente, tenían que apoyarse más en sus clásicos que en el material nuevo. Durante esta parte el juego de luces fue espectacular tanto por detrás como por delante del escenario dando un resultado excelente, incluidos los múltiples leds que cayeron sobre bajista y dos guitarras durante la interpretación de Prometeo desde la estructura donde se había apoyado el contenedor en la primera parte y que les dieron un precioso aspecto mientras estuvieron en funcionamiento. Terminada Prometeo y ante el delirio del público presente en el Sant Jordi, empezaron a sonar los primeros acordes de Jesucristo García, el tema más emblemático de Extremoduro y el único que sonó de aquel impresionante álbum de debut llamado Rock Transgresivo, que fue cantado por el respetable de principio a fin y del que hicieron una versión más pausada incluyendo un larguísimo solo de Robe en su parte central, uno de los pocos que hizo pues la voz cantante de todo el concierto la llevó la guitarra de Uoho, quien se encargó de prácticamente todos los riffs y solos dando Robe la réplica rítmica a su compañero.
A partir de aquí se fueron alternando nuevamente temas de su última época con otros mas antiguos. Sonaron Poema sobrecogido, perteneciente a su último álbum, un fragmento de Pedrá, So Payaso, uno de los que nunca pueden faltar en sus conciertos, Standby y los magníficos Salir y Puta que llevaron a los presentes al Nirvana, justo antes de ¡Que borde era mi valle! penúltimo tema de Para todos los públicos que interpretaron, seguido de otro de los imprescindibles: Ama, Ama, ama y ensancha el alma, que Robe presentó recitando un poema antes de dar paso a la canción.
Este fue el último corte antes de un escaso bis, que se compuso de El camino de las utopías, otro corte de su último disco, después del cual Robe se fue despidiendo del público paseando por todo el escenario y la banda, como es habitual, terminó, con todo el protagonismo para Iñaki con su particular versión instrumental de Rockin’ all over de World de Status Quo.
Fueron más de tres horas en total de concierto sumando las dos partes, musicalmente perfecto, con unos Robe Iniesta e Iñaki Antón en estado de gracia, con una puesta en escena espectacular y una interpretación que hizo las delicias de los más de 25.000 incondicionales que llenaban el Palau Sant Jordi, aunque, a mi entender, demasiado relajada para tratarse de Extremoduro, con pausas larguísimas entre canciones que frenaban un poco el entusiasmo del público y con demasiados momentos de interpretación sentados en el fondo del escenario que destacaron mucho más que los escasos momentos de energía dados, como el derribo de uno de los teclados (que el staff se apresuró en recolocar) o las pocas carreras de Robe y Uoho por el escenario subiendo a las plataformas de batería o teclados. De todas formas, y por los comentarios que se oían a al abandonar el local, la gente quedó plenamente satisfecha y con muchas ganas de repetir tan pronto como sea posible.

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