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Crónica: DESERTFEST BERLIN 2019 (3, 4 y 5 de mayo 2019)

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JUEVES 3 MAYO

Después de haber sido participe de la anterior edición del DESERTFEST en la capital de Alemania en el Berlin Arena me encontraba de nuevo en el mismo lugar a primera hora de la tarde del jueves para reencontrarme con una cita altamente recomendable, encauzando distintos estilos de música que todos veíamos como si fueran primos en una familia. ¡Todos bienvenidos, y además con mejoras en cuanto al sonido respecto al año pasado, nueva disposición de escenarios, teniendo además un barco a la entrada donde se irían haciendo algunos conciertos sobre su cubierta. No fue lo único, pero suponía un buen principio para estar más que satisfecho durante los primeros conciertos, sabiendo que los siguientes días estarían enmarcados en una tónica similar, y que por lo tanto, de no haber contratiempos ni sorpresas inesperadas, la cita del próximo año tendrá lugar en este agradable lugar de genial entorno e inmejorable ubicación junto al río.

DEVIL AND THE ALMIGHTY BLUES no son unos músicos noruegos cualquiera, ni tampoco sus conciertos son fáciles de olvidar, por su sonido con ese blues rasgado y por la forma que tienen de encararlos, con melodías que pasan los espectros sonoros de lo que te puedan vender para que vayas a verlos, o te puedas imaginar haciendo un mínimo uso de tu imaginación atraído por el nombre. La escalada hacia la cima se la están ganando sin dejar de divisar lo que se ve a lo lejos, porque son lo suficiente artistas como para no dejarse caer en trampas. La armonía y el amargor fueron cogidos de la mano en partes proporcionales. Si Jimi Hendrix se hubiera asomado por algún haz de luz seguro que asentiría pensando que en un pasado lejano le hubiera gustado tocar algo así en sus momentos de desenfreno dejándose llevar por hiladuras de guitarras rítmicas llenas de sentimiento. La naturaleza y la vida son sinónimos de lo que nos ofrecieron, y pareciera que su cantante se fuera a encargar de clamar al cielo ofreciendo una misa en cada tema creado, con esa especie de hábito de párroco customizado en plan chilaba. Sensacionales maestrías de rondos blueseros, con rock and roll, doom, psicodelia y magnetismo.

MONDO GENERATOR seguirá estando en la retina como esa semilla ya tan lejana que Nick Oliveri puso a regar hace más de dos décadas. Tal vez por esa inercia que lleva su música cuando se sube al escenario, a veces se desprecie otras cosas importantes, como saber dar la cara sobre un escenario para agradar a todo aquel que tienes enfrente tuya, y que anda esperando que le vueles la tapa de la cabeza haciendo un concierto destructor. Lo que pasa que en esta ocasión a quien fuera paladín en Kyuss no le valió tener esa actitud punk, que se palpó en evidentes momentos del show, como siempre que hace alguna canción de su extensa trayectoria. Aparentemente no pareciera estar la banda demasiado fina, ni concentrada, ni preparada para abordar un concierto a primeras horas como éste. Fueron continuadas las cagadas, los problemas con el sonido, los desajustes. Cada músico pareciera estar tocando una canción distinta, sin llevar un ritmo pactado. Fue un poco decepcionante, porque en otras ocasiones que lo he visto no era así su comportamiento, que no tiene que ver con la actitud cruda de lo que pretendían estampar llegado el momento, aún así me quedo con esos amagos de frenar la desidia, gracias al comienzo y al final del show, rescatando “Molten Universe” y “Green Machine” de su pasado en Kyuss.

MONKEY3 arreglaron el desaguisado que aún permanecía en la retina y oídos tras el paso de la banda de Nick Oliveri por el mismo escenario. Aprovecho para declararme públicamente fan de la banda suiza, compartiendo podio con My Sleepting Karma y Long Distance Calling. Cada una de su padre y de su madre, pero formaciones descomunales con una capacidad que debe ser algo innato a la hora de transmitir tanto con el sonido instrumental. Cuando a un grupo se le ve tocando a gusto se le nota, porque todo brilla más, y sus caras parecen flotar, aunque debajo sus cuerpos sean carnales y pesados. Planearon por los sentimientos llevándome a imaginar de otra manera los sonidos de Pink Floyd, del mismo modo que cada vez que los veo a ellos mismos sobre un escenario redescubro un estado de ánimo que les hacen diferentes, y aquí les vi en uno de sus mejores viajes, volando con rock espacial, sintiendo como sentía el público, sudando vida y creación con sus punzantes, armónicos y llamativos cambios de ritmos y encajes de guitarra.

24/7 DIVA HEAVEN desconozco si cuando pasen los años y se conviertan en señoras, serán tan coquetas sobre un escenario como hoy en día lo son L7. Esperemos por lo menos que no discutan tanto sobre las tablas. De aquellos cimientos punkrockeros femeninos viene su evolución, y si tiramos más del hilo podemos hablar hasta de Runaways, pero estas les queda unas generaciones más alejadas aún. Fueron las encargadas de inaugurar los conciertos de la cubierta del barco que estaba sobre el río, e iban tan impolutas vestidas de blanco, como rápidas y lascivas eran a la hora de encajar sus composiciones, seguro que se sintieron como fierecillas enjauladas en un espacio tan pequeño, con tantas cosas que despotricar en tan poco tiempo. Fueron maravillosas, me recordaron tantas cosas en el ratito que estuve con el cuello rozando la tortícolis al otro lado de la orilla de esa pequeña sala de conciertos flotante, que deseo desde lo más profundo que el camino para estas berlinesas sea largo y productivo. La sencillez con la que cautivaron al personal fue suficiente para saber que algo importante se puede está gestando. Aquí se demostró una vez más cómo un festival sirve de plataforma para quienes tengan ganas de llegar con su esencia a los públicos que de otra manera no podrían.

EARTHLESS van a pasos superpuestos llegando con todo el interés posible a la gente que se van agenciando tras dar una primera réplica en cualquier otro lugar previo. El potencial del trío de San Diego, encabezado por Isaiah Mitchell, una vez más quedó sobradamente demostrado que está por encima de cualquier duda que de ellos se puedan llegar a generar, y ellos no son de los que me terminan hartando con sus riffs infinitos, como si ocurre a veces con otras bandas abanderadas del rock psicodélico instrumental. La evolución de esta banda pasa por hacer algunos temas cantados, algo que ya sirve de contraste para sus encandilados momentos de devaneos por el mástil. La concentración y velocidad en ese magnetismo hard rockero también pasó a su tinte más bluesi, y con ello el zarandeo de los cuerpos. Son la banda llamada a liderar un estilo que no se ciñe a un único encaje. Saben evolucionar en disco, y simultanear esa apuesta en directo. Aquí en Berlín capital, tuvieron su noche.

WITCH casi que se convirtieron en la banda sonora del festival. El tráiler previo que estuvo rodando anunciando Desertfest Berlin llevaba como sintonía el tema “Seer” que abre su trabajo homónimo, así que nada más que empezaron a sonar sus notas, todo el mundo comenzó a tararearlo. Pero en realidad detrás de esta banda estadounidense impregnada de magnetismo que fundó el batería J. Mascis de Dinosaur Jr. existen muchos más nexos. Musicalmente es la antítesis de esa otra aventura de rock alternativo, y entre medias, otras cosas más pop como el grupo Sweet Apple, donde además de tocar también Mascis, se encuentra como es evidente Dave Sweetapple en el bajo. Y no menos manco es Graham Clise, que también toca la guitarra en un buen puñado de bandas. Ver juntos a estos personajes imaginándolos en papeles distintos, pero tan bién conjugados juntos fue un placer. Cada cuál hacia frente a su rol, encabezando la banda con ese tinte vocal Kyle Thomas, también haciendo sus partes ilustradas de guitarra. Todos eran escuderos mientras los espadachines frente a ellos agitaban la cabeza, compartiendo esta apuesta sonora medio ocultista de ritmos doom y stoner, con un pizca de psicodelia.

COLOUR HAZE siempre tienen su hueco, y su público. Son cautivadores muy estratégicos. Saben que la movilidad tiene que ser rápida y obscena a través del mástil, sin importar que las sombras de sus cuerpos se contoneen una vez les da el haz de luz de los fotos de lleno. Hay veces que estiran los conciertos con solos y bises algo excesivos. Es marca de la casa, y dueños de su sinfonía psicodélica, llena de concentración, con mucha templanza en todo lo que traspasan de escenario a público. Una vez más engancharon al numeroso público de Berlín que observaba allí, pues ellos además jugaban como en casa, al ser de Munich, y teniendo vinculación con el entorno del evento. Fueron como el comodín, que nunca falla, para los que van a verlos, pero también fascinaron a los que se aventuraban en descubrirlos por primera vez. Los acontecimientos lentos hacen que te tomaras su show como una carrera de fondo, que va apretando a más. La necesaria sutiliza del ritmo suave, para apretar hacia el frenesí. Cada toque está medido para arrastrarte hacia su próximo encuentro contigo, sea fortuito o necesario.

VIERNES 4 DE MAYO

Los tokiotas KIKAGAKU MOYO en los siete años que llevan de existencia como banda, han ido dejando constancia de por qué son admirados haciendo esa mezcla de vintage y rock setentero psicodélico. Cada canción que desgranaron con esos instrumentos que te hacía mirar por sus ancestros y por una cultura sobresaliente dentro de la exploración del rock, resultaba ser una sucesión caleidoscópica de fractales coloristas. No daban un gesto errado en sus oscilantes sonidos mientras vacilaban con sus cuerpos, ni una mala vibración en todo el show. Soñadores y evocadores me hicieron quedar enganchado a ellos de principio a fin.

Tres años atrás FU MANCHU se veía obligado a cancelar su gira europea. Un mazazo tremendo para todos sus seguidores que querían disfrutar de un concierto único y especial en donde se debía interpretar el álbum “King Of The Road” en su totalidad. Yo fui uno de los que se quedó colgado sin verlos en algún momento de la misma, y desde entonces tenía ganas de reencontrarme con su música lo antes posible. De aquel gran disco cayeron los temas “Hell On Wheels”, “Boogie Ban” y “King Of The Road”, dando también repaso a algunos de sus otros once trabajos de estudio. Antes de que empezaran tenía al público expectante boceando en sus mentes Fu Manchu!!! Fu Manchu!!! y fue el impulso que los destapó  a escena a piñón. Arrancaron con “Squash That Fly” y rápido comprendimos que Scott Hill y los suyos no venían dispuestos a darnos ninguna tregua en el tiempo de actuación que tenían asignado y que se nos antojó escaso. De su trabajo más reciente apenas hicieron un corte, equilibrando composiciones en tiempo y forma, fue el tema “Clone Of The Universe” apenas empezado el show. El final lo centró en “Godzilla” de los Blue Öyster Cult. ¡Qué ganas de más dejaron!

SABADO 5 DE MAYO

La fusión de sonidos en SWEDISH DEATH CANDY también la tiene entre sus filas, gracias a integrar entre sus miembros músicos de Inglaterra, Italia y Corea del Sur. Pusieron un toque de stoner destructivo con trazas psicóticas que poco dulce tenía que ver con el nombre, sino más bien la interesante amargura de la distorsión. A veces con una buena chaladura por parte de su bajista que parecía se iba a desmontar su cuerpo y hacer trizas su instrumento. Se encargaron de abrir la mañana del domingo para despertar a los que aún venían con los ojos cerrados. Primer encuentro con este cuarteto por mi parte, y la verdad que me dejaron matices de sintonía. Posiblemente todavía no se hable con fuerza de su psicodelia, pues son pocos años los que llevan buscándose la vida desde que publicaran su Ep “Liquorice” en 2016, pero no les pierdas la vista, porque aquí demostraron que vienen pisando fuerte.

Adoro las bandas de chicas, no sólo por el sentimiento distinto que le ponen a la hora de expresar sus creaciones, sino porque a veces suponen un contraste necesario para romper esquemas lineales en los festivales donde todos son mozos clamando al desorden y la distorsión. STONEFIELD son australianas, y aparte del hermanamiento que quieren hacer ver, se da la particularidad de que la cantante es su batería. Así que Amy Findlay llevaba el ritmo y la batuta de todo lo que pasaba, y el resto de las Findlay hacían los apaños de coros, mientras elegantes con sus trajes uniformados iban intentando sorprender a quienes como yo las teníamos delante para evaluarlas, al ser la primera vez que podíamos verlas en directo. En su psicodelia setentera con algún toque de Black Sabbath, la aportación de los teclados por parte de Sarah Finlay era muy interesante para conseguir dar un buen armazón a esas estructuras sonoras algo sintéticas que les pone sello propio y bastante personalidad.

WORSHIPPER sobre las cinco de la tarde actuaban en la parte alta del barco amarrado fuera. Como suele ocurrir cuando hay varias bandas con un mismo nombre, lo mejor es descartar equívocos, por llamarse como otras formaciones, y sabiéndose de la línea sonora del festival, no había que confundirlos con otro grupo de black metal que lleva el mismo nombre. Ellos son de Massachusetts y aunque sus influencias rondan otros sonidos que van desde lo progresivo al heavy metal. Su contexto hardrock era ideal marcando un punto de diferencia al mismo tiempo que recordaban algo a Thin Lizzy. Muy molones, sobresaliendo con ese ímpetu guitarrero que hacía que cada nota se clavara dentro como si con una maza te estuvieran metiendo un objeto punzante sobre las puntas de los pies, para que de allí no te movieras y pudieras contonear la cabeza y cadera sin correr el peligro de que la gravedad te tirara al suelo. Su último trabajo “Liht In The Wire” fue parte de la espina dorsal en su presentación.

Las vivencias urbanas, o más concretamente, el estar rodando en el pasado la puta calle, es lo que llevaría a BLACK TUSK a iniciar banda en formato de trío, siendo aparentemente un pieza insustituible su cantante y bajista Jonathan Athon, quien tras fallecer en 2014 sorprendieron sabiendo reinventarse buscando en Corey Barhorst el recambio necesario para ambos cometidos. Y además, desde ese momento pasaron a ser un cuarteto. Hay que mencionar la incorporación del guitarrista Chris Adams el pasado año, que aquí lo veía de primeras a la altura del resto. En Desertfest Berlin mostraron sus diversas capas que oscilan entre stoner y hardcore y que les hacen particularmente interesantes. La imagen y el temple que tienen en sus presentaciones cargan aún más la necesidad de volver a verlos para quienes ya los descubrimos hace tiempo y aún tienen cosas nuevas que ofrecer. Llevan ese toque punk que hacen posible que veas sus directos en un nivel superior sobre su música de estudio que graban. Hay bandas que te desilusionan al ver como no cumplen en vivo sobre un gran disco editado, pero el caso de ellos es de un potencial notable a la hora de buscar resultados. Ya lo comprobé en otras ocasiones. Vinieron a romper la baraja por si alguien pensaba que traían algún tipo de cartas marcadas. Fueron abrasivos, sabiendo desprender adrenalina y marcando un toque de distinción lejos de comparaciones para quienes las buscaran. Son los putos Black Tusk, muy vivos y distorsioneados

Desde Portland, Oregon, el quinteto femenino BLACKWATER HOLYLIGHT aportaban nuevas vías a la psicodelia, abriendo una puerta al exterior, ya que actuaban sobre la cubierta del barco situado en el río. Aunque también podríamos hablar de una escotilla, con más frescura. Una banda dulce, con la capa de teclados necesaria para hacerte contonear y pegar un ligero giro a tu cometa desde la orilla. La verdad que ver los conciertos de esta manera, con una cerveza apoyada en un palé de manera, comiendo una salchicha y refrescándote los ojos y oídos, en plan feria expositora, fue una gran idea por parte de la organización. Esperemos que el año que viene la cosa se repita con una estructura parecida. En el caso de estas damas, ganan atención, con independencia de las que le pongan ellas allí arriba. Pero ya os comento, que quien actúa ante un público tan entendido y divertido como el de este festival, haciéndolo desde un sitio tan privilegiado, tiene que sentir que su show ha de ser especial y difícil de repetir en esas circunstancias.

ELECTRIC CITIZEN de Cincinati, Ohio, con voz femenina al frente, la de Laura Nolan, también demostraron ser muy peculiares, sobre todo gracias al poder de expresión de su vocalista, que hasta la veíamos de rodillas por el suelo. Tiene un aura especial para atraer con sus formas de ser una persona de armas tomar. Me llamó la atención ver que como apoyo tenían a una teclista en uno de los laterales, convirtiéndose en un quinteto en directo. Los riffs a medio tiempo, con toda esa imaginación inquietante en la expresión y el sentimiento de Laura, y haciéndolo con cierto dramatismo, hacía contener a veces la respiración. Tienen tres discos publicados, y venían dando cuenta de su último “Helltown”. No será la última vez…

Los israelitas THE GREAT MACHINE tenían cierto toque de extravagancia sobre la acotada cubierta del barco que seguía inerte sobre las tranquilas aguas del río. La fusión de hard rock, stoner y psicodelia alborotada, estuvieron a punto de ver a su guitarrista lanzarse por la borda. No será porque no lo pensara. Se le veía todas las intenciones mientras rondaba por los extremos de la barandilla. Así se mostraron con su música. Atrevidos, atrayentes y algo provocadores. El cuelgue que aparentaban llevar no tengo claro que fuera natural, así como la extraña comunicación que tenían entre ellos mientras sucedía el set. Parece que la organización les dejó prolongar un poquito más de lo normal, pero no terminaban de arrancan la pieza final. Desde luego si son así de naturales pueden ser una revolución o pueden tener un inconveniente a madurar con el paso del tiempo. Cuando los vea de nuevo en vivo tendré más datos al respecto para saber qué es lo que pasó esta tarde sobre la cubierta de ese barco multiusos.

Existen otras formaciones con el mismo nombre THE SKULL, pero ninguna será como la de Chicago. La unión de tanto músico experimentado que sigue con sus proyectos paralelos les hacen ganarse el apelativo de superbanda de doom sin complejos. La apariencia y magnitud de Eric Wagner, quien también fuera cantante de The Trouble en el pasado, así como actualmente de Blackfinger, se repartía miradas entre el ex batería de Cathedral Brian Dixon. Todo muy ordenado y contemplado para gustar y gustarse. A Rob Wrong, también guitarrista de Witch Mountain, lo vi muy coordinado junto a su pareja de baile a las seis cuerdas Lothar Keller, que está igualmente activo en sus otras bandas Divinity Compromised y Sacred Dawn. Un tándem importante. El bajista Rob Holzner, no menos activo, y curtido en un buen puñado de bandas, era la otra pieza que completaba el puzle, con un sello de banda de culto de actualidad de obligado disfrute.

Ir sobre seguro… les decía a varias personas venidas desde España que me preguntaban quiénes eran LONG DISTANCE CALLING. Entre tantos buenos conciertos podían pasar desapercibidos, pero fueron una de las mayores satisfacciones del festival. El colorido de sus armonías instrumentales de marcado estilo post metal es especial y algo espacial. La anterior vez que los vi, hace un año en Wacken, iban con dos baterías tocando de forma simultánea, algo imborrable, y pensaba que aquí podrían repetir gesta, pero no. Algunas de sus partes instrumentales más pausadas, generaban la aceleración del ritmo cardiaco. La banda es original de Münster, y lleva funcionando algo más de una década a base de melodías melancólicas de velocidad cambiante, con una fuerza bárbara en sus tramos in crescendo.

WOVENHAND con un toque entre melancólico y alternativo y liderados por David Eugene Edwards fueron como un bicho verde entre tantas descargas previas de riffs y sintonías nada ambiguas de stoner y doom. Tal vez quisieron hacer su concierto cercano a la hora y lugar donde estaban programados, tal vez no se les supo interpretar. Creo que cada cual aportó lo que le parecía oportuno hacer, desde un lado y desde el otro. La mayoría de las grabaciones de estudio que Edwards realiza, las hace por su cuenta y luego cuenta con los músicos para hacerlas flotar sobre el escenario en su estilo, y con sus buenas intenciones. A mi particularmente no me llegó demasiado lo que tenían planificado, si es que ese era el show con el que querían llegar a calar hondo.

Con la actuación de OM llegaba la recta final del festival. El momento era lento, parsimonioso, pero esperado, porque así es el paralelismo sonoro de Al Cisneros, también bajista y cantante de Sleep. De vez en cuando metía la cabeza entre los amplificadores para escuchar la nitidez del grosor de eso sonido espeso que te provocaba cierta densidad, como un letargo necesario para dejar que la imaginación flotara. El resto del tiempo era concentración, miradas al vacío, a sus pedaleras, a mundos imaginarios, pero ninguna mirada ni conexión verbal con el público, ya lo hacía con su música, y la plebe mientras cerraba los ojos para balancearse. El aire era denso, y la comunión con el resto de integrantes la necesaria, con los otros músicos exentos de protagonismo. Todo primer plano era para la meditación y el hipnotismo de las atmósferas de cada tema y de cada pausa entre ellos, que por cierto, el set lo centró en temas más de épocas presentes que de sus primeros trabajos. Igual fue un show extraño para algunos, con Cisneros ausente en la comunicación verbal hacia el público que tanto había disfrutado durante tres días y que andaba ya algo cansado. Llegado el momento, la banda agarró su personalidad y marchó, acabando ahí todo, pero creo que había que interpretarlo en la medida que conocemos su música. La teatralidad como apoyo a la música a veces es cuestión de gestos, de mímica y de silencios.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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