Crónica: DESERTFEST BERLIN 2018, Alemania. Día 2 (5/05/18)

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DÍA 2, SABADO 5 MAYO

Era evidente que la sesión Dj de Jan Schwarzkamp que alargaría la fiesta del día anterior hasta la madrugada en una parte acotada del recinto no podía perdérmela pues era la primera noche, además con una cuidada selección de clásicos que puso a bailar a todos los que allí se quedaron, consiguiendo que a uno le apeteciera aún seguir moviendo el esqueleto por otros lugares de Berlín. Amanecimos por fin, con un hambre de mil demonios y tras saciarla llegaríamos a la hora del postre al Arena Berlin, donde daba comienzo THE NECROMANCERS. A estos franceses les descubrí el pasado año en el Keep It Low, otro evento alemán muy recomendable, que se realiza en octubre en Múnich. Allí me llamaron la atención y los observé atentamente, aquí los disfruté al conocer ya de lleno los temas de su disco “Servants Of  The Salem Girl”, debut editado en 2017. Llaman la atención con ese dogma metalero ocultista que templan a distintas velocidades, consiguiendo con armonías oscuras un buen sazonamiento en sus formas y sonido. Su cantante y vocalista Tom le pone mucha magia a la entonación, y cuando la música está en su momento más suave, en plan balsámico, entonces recrudecen el sonido. En todo momento el cuarteto se les veía muy entregado a los riffs setenteros. Teniendo en cuenta que se formaron en 2015, estoy convencido que vamos a hablar más de esta banda. Confiemos en que la suerte les acompañe, y que la gente entienda su propuesta sonora.

Los suecos DEAD LORD son una banda que lleva en los genes un espíritu fiestero saludable, apreciable sobre el escenario, y que atrapa a quien gusta del hard rock británico de hace décadas. Hasta llegar al DeserFest de este año, los habitantes de Berlín es posible que ya los vieran en directo en repetidas ocasiones. De hecho su actuación más reciente fue seis meses antes en Lido, un club muy cerquita del Arena Berlin, presentando su tercer trabajo “In Ignorance We Trust” de manera más extensible. Aquí tuvimos una pequeña muestra de ese disco con el recuerdo de otras buenas composiciones anteriores. Durante sus cuarenta minutos, de forma rápida y continuada fueron enlazando riffs que te recordaban a Thin Lizzy con un toque adictivo, formas vocales que te hacían recordar a otros músicos más veteranos, y divertidos contoneos de su agil cantante que iban entreteniendo a los presentes. Todo parecía de otra época, pero hecho con el estilo del momento, por una banda que disfruta siendo un calco de muchas cosas por las que generacionalmente seguro ya pasaron algunos de los que estábamos allí, pero que también, para los más jóvenes, que los había, suponía imaginar cómo podrían sonar estas canciones en aquella época.

Conocía el primer disco del cuarteto femenino MAIDAVALE, pero no la pasión que le ponían sus integrantes a la hora de explorar los caminos del rock sesentero. En estudio no me decía nada nuevo, quizás por tener un sonido de producción, demasiado básico, aunque ya sabemos que para encarnar determinadas épocas tampoco es necesario contar con demasiados recursos. Bueno, es una opinión debatible. El caso es que su set lo basaron en su recién publicado “Madness Is Too Pure”, que escucharía por primera vez allí al tiempo que descubrían sus canciones. ¿Y el resultado? ¡Me enamoré no sólo de ellas como formación, también de sus canciones nuevas, elegantemente ejecutadas! Mathilda Roth era como una especie de sirena reclamando tu atención con cada suspiro que salía de su garganta. Sus contoneos aderezados con un par de maracas y en otras ocasiones pandereta, hacía que no cesara el movimiento entre sus manos. Era como el hipnotismo de la serpiente. Una bola de energía a tiempo que un aurea de paz y hipismo gracias a ese envoltorio de psicodelia con un buen tamizado de blues rock. Además con mucho decoro sus pies descalzos no paraban mientras sus manos se movían consiguiendo hacer extrañas formas. Ganas de verlas de nuevo en una próxima cita.

De nuevo HORISONT ante mis ojos, con doce años a sus espaldas salvaguardando el hard rock retro escandinavo, recordando a otras bandas suecas de cierto valor paralelo como Witchcraft o Graveyard.  Su concierto como cabía esperar, tuvo el decoro de todas esas canciones con melodías que invocan al pasado, también muy bien hecho en su caso. Claro, es que un festival como éste, necesita del revival setentero. Raro es que no les hubieran echado el ojo los organizadores para actuar en alguna edición anterior. Me interesaba mucho escuchar su último disco “About Time” del que los días previos estaba muy colgado, y acá que llevaron los temas “Electrical”, “The Hive” y “Letare”, tocados de seguido a mitad del concierto una vez hicieron el rodaje con los temas más antiguos. Axel Söderberg además de emplearse con la voz también coqueteaba con unos teclados y así disparaba cosas, al tiempo que cantaba claro, manteniendo el clímax que se les conoce en sus canciones.

KING BUFFALO fue otra de esas bandas que me alegré de descubrir en esta edición del Desestfest berlinés. Me aportaron lo que esperaba encontrar en ellos tras previamente haber descubierto y disfrutado de discos tan categóricos como “Orion” y su más reciente “Repeater”, y con los que contaron para crear sus estructuras psicodélicas en escena. El trío neoyorquino aprovechó la oscuridad del escenario para sigilosamente iniciar su música expansiva a base de pedaleras y efectos de sonido, consiguiendo una mezcla poderosa de stoner y psicodelia. Irían hilando un demoledor sonido que de vez en cuando era amplificado cada vez que se agachaban para jugar con los botones de los pedales. ¡Cómo me gustan las propuestas de este festival!

Con ELDER también se jugaba sobre seguro gracias a sus enraizados riffs de guitarra y la contundencia en general de sus psicodelia. Esta banda originaria de Massachusetts, era la encargada de mover los cimientos del Mainstage, y vaya si lo consiguieron. Los vi por primera vez en el festival Hellfest de 2015 y desde ese momento alimentaron mis convicciones de su grandeza. El premio buscado durante estos últimos años de giras intensas lo tenía ante mis ojos aquí, el reconocimiento a una banda situándose al nivel, incluso por encima de otras similares que han conseguido con el tiempo destacar fusionando psicodelia y stoner mediante riffs muy pesados. Los recordaba como trío, pero aquí venían como cuarteto con dos guitarras, así que su sonido setentero quedó canalizado aún mejor, conectando muy bien con el público. Su cantante y guitarrista Nick DiSalvo cuando aceleraba su ritmo a la hora de emplearse con los riffs, era un torbellino.

El diablo tiene apariencia dulce y se muestra en formas femeninas, o eso me dio a entender Johanna Sodonis cuando apareció al frente de LUCIFER agarrando el micrófono como víctima de una posesión. Todo lo que sucedía entre esa especie de neblina que empalidecía a sus integrantes me pareció de una robustez destacada en parte gracias a ella. Me encontraba ante la nueva aventura de esta genuina cantante tras haber dejado atrás la banda The Oath, hoy en día disuelta, pero anteriormente gestada durante un periodo de dos años aquí, en Berlín, junto a la guitarrista sueca Linnéa Olsson (hoy en Maggot Heart). Empezó a sonar el primer bloque de temas con “Anubis”, “Abracadabra” y “California Son” y el frenesí se apoderó también de mí. Era lo que ella emanaba con mucha decisión, y una sólida banda tocando para que escupiera esas desventuradas letras. La base de guitarras a cargo de los suecos Martin Nordin y Robin Tidebrink , junto al austriaco Alexander Mayr tocando el bajo y tras la batería el inquieto Nicke Andersson, aseguraron un emotivo concierto.

Creo que nadie quiso perderse a GRAVEYARD. Buena elección, yo tampoco. El blues rock tenía un color distinto con ellos encabezando esta noche. Iniciaron con “Slow Motion Countdown” para llevarnos seis años hacia atrás y poner a todos centrados en aquel “Lights Out”, disco al que volverían más tarde con piezas infalibles en su directo del calibre de “Goliath”, tocada más tarde. Antes entrarían de lleno con “Please Don´t”, adelantando canciones de lo que sería su próximo disco “Peace” con este primer single. También tocarían el segundo single “The Fox” y hacia mitad del show “Walk On”. Fue un continuo vaivén de blues rock a distintas revoluciones durante todo el concierto, ya que tras unos temas agresivos, intercalaban alguno un poco más suave. En el comienzo de este amplio repertorio también hicieron “Hisingen Blues”, de aquel trabajo homónimo, uno de los discos punteros del que también recuperarían “Uncomfortably Numb” y “The Siren”, ambas hacia el final. No fallaron estos preciados suecos, no, con esos toques sureños y cenagosos que te llegaban al alma.

Sus compatriotas YURI GAGARIN cerrarían el sábado trayéndome recuerdos de Hawkwind por ese toque de rock espacial mezclado con psicodelia que tenían. Tras terminar Graveyard marchó mucha gente, y el vacío del recinto hacia que su música sonara demasiado alto. Claro estaba que una de las características de estos tipos, que con ese nombre rinden homenaje al legendario piloto y cosmonauta soviético ruso, era la de sonar fuerte y distorsionados. Robin Klockerman es quien se encargaba de las frecuencias espaciales, con pulsadores en un teclado y otro tipo de cableados que conectaban el sonido característico de la pieza, mientras guitarra, bajo y batería creaban una capa sonora más gorda en la que se degradaba la música que producía Robin, quien por cierto, debido a una mala conexión en algún momento tuvo algún problema para sacar los sonidos caóticos necesitados.

 

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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