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Crónica del 2º Festival Rock Concello de Vigo

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El pasado 20 de octubre se celebró la 2ª edición del Festival Rock Concello de Vigo. Para la ocasión el cartel programaba cinco bandas nacionales sobre las tablas, de las cuales, cuatro de ellas (Motores, Obús, Barón Rojo y Mago de Oz) con más de veinticinco años de historia, y una quinta joven banda local (Iron Hunter) que vienen de sacar su primer trabajo.

Los primeros en salir a escena fueron los locales Iron Hunter. Esta formación, que se mueve entre el Heavy Metal y el Power Metal presentaron en directo su álbum debut “Mankind Resistance”. Un álbum en el que se le notan claras influencias de bandas como Helloween, Riot o Iron Maiden (salvando distancias).

Sin duda una ocasión de oro para esta formación, que defendió su directo con nobleza y saber estar. Pero que, por el contrario, y sin ánimo de criticar, se nos antoja que su estilo musical y sus letras en inglés, no encajaban con el resto de las bandas, y si con otras grandes bandas que visitaron la ciudad no hace tanto tiempo. Pero esto no desvirtúa para nada todo lo que dieron estos chicos sobre el escenario. Una banda muy cohesionada, que sonó muy bien en todo momento. Sin duda habrá que seguir de cerca a este grupo vigués, ver de cerca su evolución, que, por lo visto, promete y mucho.

Tras un breve descanso para cambios en el escenario, y tras la salida del alcalde de la ciudad, Abel Caballero, a dar las gracias a los presentes por su asistencia y a defender la realización de este tipo de festivales en la ciudad a grito de “Vigo es Rock, Vigo es Metal”, salieron a escena, los también vigueses, Motores.

Para mí, sin duda, la mejor actuación de la noche. Esta formación que en su día giro por toda la península con bandas como Platero y Tú o Barricada, sigue estando a un muy buen nivel. Su rock callejero forjado en los 90 sigue manteniendo frescura con el paso de los años, pero dejando, eso sí, un poso añejo de dulce sabor.

Su líder, Carlos Alberto del Río, convaleciente, tras una larga hospitalización, salió a comerse el escenario sobre una silla de ruedas, lo que no le impidió en ningún momento estar a la altura de sus compañeros.

La banda desbordo pasión sobre el escenario. Toni Lapidas, guitarra solista, evocaba al diablo con danzas llenas de mala leche y pasión. Capaz de destripar su guitarra con tanta fuerza como fuera necesaria para sacar de ella puro rock ´n roll, nos dejó momentos de puro virtuosismo sobre las seis cuerdas.

Gonzalo del Rio al bajo, serio y sereno, demostró con templanza la calidad que atesora a las cuatro cuerdas. No es de extrañar que sea un tipo muy querido entre los seguidores de la banda. Su profesionalidad es sin duda su carta de presentación.

Carlos Rivas desde la lejanía de la batería marcaba el paso de la banda y lograba sin grandes alardes mantener la tensión necesaria que un concierto de estas características necesita.

Motores está muy vivo. La energía que transmiten sobre el escenario engancha y provoca, casi sin querer, que el público presente se tenga que mover al ritmo de sus temas.

La tercera banda en salir a escena fueron los madrileños Obús. Buen concierto de Fortu y los suyos.

Sin duda Fortu es un showman brutal. Claramente marcado por los años y no en muy buena forma física, sabe perfectamente cómo moverse sobre las tablas, sin dejar que se le note en demasía algunas carencias del pasado. Exultante y provocador toda la noche, fue quien de meterse en el bolsillo a un público que ya venía de por si predispuesto a pasárselo bien esa noche.

La banda recordó viejos clásicos del pasado, como “Que te jodan “, “Dinero, dinero “, “Te visitará la muerte “, “Prepárate “o “Vamos muy bien”.

Siendo sinceros, la banda sonó muy bien, y aunque el paso de los años, los distintos cambios en la formación y alguna aparición televisiva reciente de Fortu, mermaran a la banda ante la llegada de nuevas generaciones, Obús, sigue causando simpatía entre los que vivieron su época gloriosa en los años 80, capaces de sacar pecho por la banda y pedir respeto por una formación que rompió moldes es su época gloriosa.

Curioso fue ver las distintas generaciones que estaban en el festival, sobre todo cuando salió la cuarta banda a escena. Sin duda Mago de Oz fue la formación que más adeptos atrajo. Muchas camisetas de los madrileños en el recinto, dejando claro que tiene muchos seguidores fieles.

Su folk metal, aderezado con una puesta en escena muy estudiada, derroche de confeti y pirotecnia se ha convertido en espectáculo que atrae a espectadores con distintos gustos musicales, siendo, curiosamente, los amantes del metal más clásico los que más reniegan de este tipo de espectáculos.

Musicalmente no se puede negar que suenan muy bien. Que tienen el espectáculo muy trabajado y que su música es una fiesta constante.  Pero como se escuchaba por el recinto, se acercan más al espectáculo de alguna orquesta de la zona (que no vamos a nombrar) que a la propuesta que se espera en un concierto de rock-metal.

Está claro, para gustos, colores. Los que allí se acercaron a ver a Mago de Oz salieron encantados. Entre sus temas, clásicos de siempre como “Molinos de viento”, “La costa del silencio” o “Fiesta Pagana”, que daba un colofón festivo al concierto del cabeza de cartel de la noche.

Tras un prolongado descanso y con un ya numeroso público ausente del recinto, motivado tanto por la hora, como por que la propuesta de Barón Rojo no era algo que le llamara en demasía, saltaron a escena los hermanos De Castro.

Sin duda, la peor actuación de la noche. Este Barón ya nada tiene que ver con el que nos enamoraba en los 80. Sin duda el sonido Barón se lo llevaron Sherpa y su banda. Y sin desmerecer para nada la calidad técnica de los hermanos De Castro a la guitarra, la voz de Carlos De Castro se tornaba apagada, Armando, sin embargo, estaba un poco más entregado, dejando claro que aún le gusta lo que hace y que lo vive. El resto de la banda simplemente espectadores de lujo (muy correctos en su labor), de los que fueran en su día parte de la mejor banda de rock nacional.

Entre riffs interminables se colaba de vez en cuando algún mítico tema de la banda como “Incomunicación”, “Tierra de vándalos “, “Noches de rock ‘n roll” o “Las flores del mal “que hacían que la gente se viniera un poco más arriba, pero sin grandes pretensiones.

Fin de fiesta un poco descafeinado el que nos dio Barón Rojo para un festival que en su conjunto estuvo bien. La verdad es que es una suerte que el ayuntamiento de la ciudad apueste por este tipo de iniciativas tan denostadas en otros lugares.

Esperamos que para el año haya una tercera edición y este festival se consolide como un referente en el sur de Galicia, al que quizás la inclusión de alguna banda extranjera de re-nombre daría el impulso definitivo.

Y no quiero acabar este articulo sin ensalzar tanto lo que fue una organización perfecta, como el trato recibido por parte de los organizadores a todos los medios de prensa que a la cita acudimos. Es un placer poder hacer tu trabajo con todas las comodidades posibles, cuestión que en algún evento se lo tendrían que hacer ver. Aplausos y reconocimiento a la productora encargada del evento.

 

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