Crónica: DEBAUCHERY. Sala Silikona, Madrid 11/03/18

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Precedidos por las bandas invitadas Chapter Hate e Ira Ciega, y que en esta ocasión tan sólo pude ver algo de los alicantinos ya hacia el final de su concierto, irrumpían los alemanes DEBAUCHERY por primera vez en España, a pesar de que llevan funcionando cerca de las dos décadas. Ante la mirada atenta de los curiosos que esperaban y deseaban el comienzo para comprobar si eran capaces de desenvolverse en directo con la energía que subrayan en los discos, con su presencia llena de colorido, colorido rojo, rojo sangre, impregnados en esa esencia gore y provocadora que llevan por insignia (aunque también lucían otras como la Cruz de Hierro), que calaveras y cadenas en los micrófonos. El trío perfiló mediante una breve prueba de sonido el sonido de la voz, para que sonara tan rota como desgarradora, al tiempo que colocaban meticulosamente el resto del atrezzo en los laterales, blandiendo sendos carteles imágenes depredadoras. Y ya listo, el comienzo, intenso, y en todo momento dando la ocasión al público de participar con ellos, con cualquier gesto, puños arribas, acercando sus manos a sus mástiles e incluso tirándose selfies en primer línea, y lo que hiciera falta. Daban miedo, pero eran accesibles. Parecían escapados a veces de alguna secuencia zombi de Walking Dead, a veces de la película Alien. Lo particular de ellos,  al tiempo que atractivo, es que, a pesar de que se basan en rítmicas duras, que hacen fáciles de llevar los estribillos pero que en extensión pueden llegar a ser cansino, no dejan que eso ocurra. El show fue girando musicalmente, haciendo que los intérpretes cambiaran sin abandonar la misma imagen aterradora. La fusión death metal con estructuras de rock and roll más básicas que te podían llevar al recuerdo de ACDC, a veces también se tornaba hard rock con movimientos de contoneo que les convertía en unos fans de Mötley Crüe. ¿Qué raro todo, no? ¡Pues igual sí!, ser un grupo tan difícil de encasillar musicalmente tal vez suponga un problema para ellos a la hora de congeniar con los puristas de la música más extrema, incluso unos ridículos para quién les gusta el glam de peinados con laca a ¡esas pintas!. Dicho esto, Debauchery, una banda aún algo desconocida por aquí, con la que disfrutamos quienes estábamos esperando su venida mesiánica desde los infiernos. Me parecieron brutales, con sus contrastes, con su imagen repulsiva, con la facilidad que tienen para llevarnos por su aprendido esquema de congeniar con el público, y también con esas dosis de teatralidad que no sólo constatan sus letras, sino sus hábitos en vivo. Su cantante y guitarrista incluso se llegó  a cambiar de aspecto, al ponerse  una máscara para aparecer entre el público con un aspecto multicornudo aún más abominable. Su bajista seguía vigilando a cada uno de los espectadores incitándoles a disfrutar, y su batería seguía golpe a golpe con precisión sobre la alfombra que se asentaba su equipo. Una alfombra que pedía a gritos un arreglo de “Los Fernandez”, ¿por qué? ¿Porque son muy amables?… y es que… Debauchery no se quedaron atrás. A mi me lo parecieron, pues nos entregaron un show muy amable.

Raúl “Mister Virus” García

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