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Crónica: 22 SWR BARROSELAS METALFEST, Portugal. Día 1 (26/04/19)

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DÍA 1, VIERNES 26 ABRIL

La llave de la jornada inaugural la portaban los vascos NAKKIGA, y puesto que aún no había tenido ocasión de conectar con ellos en vivo, ¿qué mejor manera que hacerlo llegando temprano el recinto? Me gusta ver bandas españolas que tienen cosas que aportar en un evento como este en donde como es lógico, mayoritariamente dan cuartel a sus bandas patrias venidas desde distintos puntos de Portugal. Puede que algunos piensen que abrir festivales es un marrón, pero yo soy de los que piensan que aquí les convierten en una banda privilegiada, pues son los encargados de arrastrar a los madrugadores y empezar a ponerles las pilas bien cargadas para lo que le reste a la jornada. Siempre bajo la atenta mirada del técnico de escenario, sonaron con la brutalidad de la que hacen gala desde su ya lejana formación, cerca de las dos décadas atrás, con numerosas demos de por medio, trabajos compartidos, y un álbum publicado el pasado año bajo el nombre de “Agurraren Harkaitza”. Su extrema dureza, en algunas ocasiones pasaba las fronteras del hermetismo sonoro para hacer disturbio con ciertas melodías, rápidas, bien estructuradas, que le daban a la banda para aportar sobrados de su particular lenguaje corporal.

Una vez terminado el aperitivo inaugural, con la satisfacción que produce ser parte del principio, era el turno de TURBOWARRIOR OF STEEL, quienes apelaban al don´t stop con su enérgica máquina de producir ritmos trepidantes, encarnados en influencias cercanas a Tankard, pero con un toque más punkarra. Otro descubrimiento en vivo para quien suscribe estas líneas. Unos tíos muy divertidos, con imagen destacada, los miraras por donde los pillaras. Su cantante y guitarrista, Jonas Of Steel, además de un tío grueso en cuestión corporal, hacía alarde de su patria belga, vistiendo una camiseta de la selección de futbol, mientras de cintura para abajo llevaba bermudas de sus amigos brasileños Woslom, con quien andaban de gira por Europa y a quien veríamos tocar justo tras de ellos. Un desparramo de tío, que sabe encajar esa fusión de distintas identidades musicales sin complejos. En uno de sus laterales se encontraba el bajista Nicolas Vedts, quien por su curioso aspecto pareciera estar dispuesto a enfilar un show de Extreme Noise Terror. La verdad que a Nico parecía estar pasándole factura una larga noche de resaca o tal vez de no haber dormido bien. Supongo que pudieran ser ambas cosas, porque la aventurera formación durante esta gira se ha tenido que enfrentar a unos cuentas traspiés entre cancelaciones de show y solicitudes de ayuda externa para conducir su furgoneta. Volviendo al tema musical sobre el escenario, su crossover partythrash estuvo lleno de intromisiones sonoras para azuzar movimientos bailongos entre el público, también cómo no, proclamas de circle pits, que ellos secundaban correteando de punta a punta haciendo que el escenario se quedara muy chiquitito.

WOSLOM rompería el hielo para abrir el desfile de bandas brasileñas que este año nos iban a acompañar sobre los escenarios de SWR. Lo curioso era, que este tour, que por cierto, pasó entre medias de algunas ciudades españolas antes y después de Barroselas, lo hacían sin Silvano Aguilera, e incorporando de nuevo al cantante y guitarrista Fabio Delibo de la banda Machinage, quien ya tuvo que echarles un capote para poder cumplir con los compromisos adquiridos en directo el pasado año tras venir de largo los problemas de salud dentro de la formación. Entre todos pusieron al punto la olla haciendo un estilo thrash clásico, que te podía recordar a estructuras de Exodus o Testament, integrando al mismo tiempo una buena dotación de melodías heavy, con arranques suaves que terminaban en maravillas in crescendo, como el caso del tema “Purgatory”. Se los notó a todos muy integrados en esta gira, donde seguro que el tesón y la fuerza por sacar adelante algo en lo que crees, puede más que las adversidades que te acompañan.

Los portugueses ANALEPSY ya estuvieron presentes en el festival por dos ocasiones anteriores, la última en la fiesta de presentación de 2017, actuación a la que entonces no pudimos llegar, aunque casualmente aquel año eran una de las bandas seleccionadas para la metal battle en Wacken y allí pudimos conocerlos por primera vez, comprobando cómo sonaba en directo su brutal death metal. Entonces entendí que se autodenominaran como “el apocalipsis musical”. Se fundaron a finales de 2013, y por entonces en su camino llevaban ya algunos trabajos cortos y un álbum de larga duración titulado “Atrocities From Beyond”. Desde entonces han incorporado a su set list, algunos temas nuevos que editaron en formato de split. Intensidad es otro término que hay que sumar a su estatus rompedor sobre el escenario, con ritmos muy marcados a través del mástil de su cantante y guitarrista Diogo Santana, a pesar de la velocidad que generan. En un momento puntual contaron con la intervención de otro músico invitado sobre las tablas.

También afincados en Lisboa, pasaban una vez más por aquí los integrantes de MORTE INCANDESCENTE, con más veteranía, y un toque más rústico tanto  en el sonido como en la imagen, puramente tendente  hacia toda esa iconografía del black metal primario. Maquillajes, muñequeras de tachas, semblantes de muertes vivientes, y el toque de aparentar el mal humor que acompañan a sus letras, con otro tipo de simbologías serigrafiadas. El trío portugués entregó un buen set de sinfonías oscuras, con tonos cambiantes, que ocasiones compartían parte de las letras entre el guitarrista Vulturius y el batería Nocturnos Horrendus, ambos viejos conocidos de la escena portuguesa, debido a otras bandas o proyectos que se traen entre manos desde hace años, háblese de Decayed, Irae, Corpus Christii o Son Of Cain, En algunas ocasiones, tenían que espaciar la continuidad de su concierto, no sé si se debía a algún problema con la batería, imposible de divisar a que se debía, dada la cerrada oscuridad del espectáculo.

Tras ver la actuación de los alemanes VENENUM, no entendí que una banda tan buena, con intenciones tan interesantes, y una marca en su sonido tan brillante como dispar, no tengan más trabajos publicados en estudio. Su comienzo fue como una especie de ritual hacia la oscuridad, que es cierto que se alargaba en la intro, pero que al mismo tiempo hacia que la impaciencia fuera una excusa para el posterior disfrute de lo que entregarían, un estallido con variados tempos, que iba transcurriendo entre mazazos doom e hipnóticos cortes psicodélicos. Su margen ocultista fue recorriendo ese despertar que provocaban entre el público, que de no conocerlos, seguro que se llevaría la tarjeta de visita en el bolsillo para claudicar por ellos en algún otro momento. No se me olvidará su show ni aunque lo hubiera presenciado con los ojos cerrados. Entre medias de su actuación no quise dejar de presenciar también un par de temas de los portugueses HUMANART, que tocaban a la misma hora en el escenario exterior. Cuando uno se acostumbra a ver los conciertos programados de principio a fin, le termina poniendo un poco de mala leche tener que fraccionar buenas actuaciones, que fue el caso de esta otra formación entregada al black metal de una forma menos mística, pero muy contundente. Seguro que habrá otra ocasión de verles mejor posicionados.

GRIME seguían subiendo el listón de las bandas de calidad aportando historias originales, por lo menos desde mi punto de vista, que cierto es, cada vez se vuelve un poco más exquisito, dada la cantidad de bandas que ofertan los festivales entre sus programas, y que no siempre, aportan mesura de distinción en el ambiente. El caso de estos italianos llevaba integrado un toque de distinción extra, al ser su sonido distante en parte, de lo que iba aconteciendo en Barroselas, gracias a no haber tenido lugar actuaciones sludge doom de esta forma tan envolvente. Les aventuro un mejor reconocimiento en el futuro que se están labrando a fuerza de tocar y de entrar en los propósitos investigadores de quienes gustan de la música arriesgada.

A los MIDNIGHT tenía doble ganas de verlos, porque en el festival de Roadburn dos semanas antes, a pesar de estar entre los marcados en mi quiniela, finalmente me los perdí. Así que observé con placer y devoción como iban tejiendo su entramado espectáculo, desde el momento que aparecían subidos por los amplificadores, ataviados con esas vaporosas telas y capuchas que ocultan sus caras, al tiempo que le copian la imagen a los Sodom, rodeando su torso con cintos de balas. La verdad que su actividad por el escenario, mareándose hasta ellos mismos, es parte de lo que destaca su show, que intenta plagiar cualquier escena de cine de terror, al tiempo que los orígenes de Kind Diamond. Lo que pasa, que claro, una vez comienza todo, ellos son unos punkarras en escena, alborotadores a rostro cubierto, que hace más difícil de sospechar si las facciones de sus rostros van en paralelo con lo que sienten a la hora de tocar. Al final llegué a la conclusión de que tenían alma de rockstar. El concierto terminó como si aquello fuera algo caótico lleno de distorsión, envuelto en una especie de pastel donde procuraron que no se rompiera ninguna pieza de las que amenazaban destruir por el escenario, incluso cuidando la integridad del público, ya que el bajista amagó con tirar un ampli al público, pero en serio no lo pensaba hacer, todo se quedó en una pose.

No menos pasional fue la historia de los franceses SUBLIME CADAVERIC DECOMPOSITION, pero a cara descubierta, y más tendente hacia el grindcore. Me llamó mucho la atención que la duración de sus temas no eran excesivamente cortos, para el trallazo gutural que se marcaba su cantante, aunque es cierto que su música intercede directamente con el death metal, que justifica los cambios de velocidad, en beneficio de la recuperación de sus cuerdas vocales. Para ser tres tíos, sonaban como una apisonadora. Con ellos seguía disfrutando en todo momento de lo que estaba viviendo en Portugal, gracias a la variedad en los conceptos sonoros de bandas tan distintas, pero al tiempo enmarcadas dentro del metal extremo.

Llegado el momento de los THE BLACK DAHLIA MURDER, teniendo a la banda sobre el escenario, aparecía su cantante Trevor Strnad tras una corta espera clamorosa. Años atrás emergieron en la escena como una banda con hechuras post pioneras en eso del death metal melódico, y a fuerza de pasar los años, fueron quedando como una escultura del sonido duro melódico y dinámico. De hecho era una de las bandas señeras de esta edición. Cuando te enganchas a lo último que tiene publicado una banda, siempre te mola que le peguen un buen repaso en directo a sus temas más actuales, y su trabajo “Nightbringers” tuvo un buen enfoque, algo que les agradecí, ya que lo quisieron ilustrar con los temas “Widowmaker”, “Jars” y “Miasma” en la apertura, tocándolas de seguido, para después dejar caer de nuevo concatenadas “Catacomb Hecacomb”, el homónimo “Nightbringers” y “Kings Of The Nightworld”. Ya sólo con estos tramos se ganaron el cielo, pero hubo mucho más, que no dejó de agradecérselo ni por un momento el público.

Algunas bandas tocan música de antaño en tiempos actuales con la imagen del momento, y otras tocan música de los ochenta con la imagen que conservaban en aquellos gloriosos tiempos las bandas del momento. Era el ejemplo de la actuación de los canadienses SKULL FIST, no porque ellos fueran una especie de reunión de aquella época, pues arrastran tan sólo algo más de una década de actividad puestos a mirar atrás en el firmamento, pero por cómo se manifiestas y muestran, pareciera que estábamos ante el resurgimiento de unos dinosaurios. Curiosa banda, que sin ser unos pasajeros en el tiempo se comportaban como tales. Su speed metal de cazadora vaquera Lois me moló contemplarlo tal cual lo sentían ellos, porque me hicieron recordar los origines de todo esto, incluso cuando yo portaba una parecida. Me pareció muy divertido ver en un momento determinado a sus guitarristas atajar ambos solos de guitarra, estando subido como buen jinete a caballo uno sobre las cervicales del otro. Y os diré otra cosa, incluso me recordaron en alguna ocasión a Mötley Crüe, así que de allí me fui tope de contento.

GODFLESH pusieron a cronometrar marcha atrás sus 45 minutos de tiempo asignados, sobre el reloj digital situado a un lado del escenario, y fueron midiendo los espacios que musicalmente iban oscilando a través del sonido industrial que exponen en directo, y que en esta ocasión, no llevaba video intuitivo en pantalla tras ellos para enmarcar lo que iba sonando. Las riendas y el desenfado lo iba poniendo Justin Broadrick, que dejaba espaciar el ritmo entre composiciones a medida que iba dándole al play de los samplers para que G.C. Green le siguiera la corriente, creo que en alguna ocasión con algo de mosqueo. Pero eso no lo sabremos, porque cada vez que le pegaba un toque a las cuerdas de su bajo, parecía estar degollando a alguien, y eso es algo que siempre hace en cada actuación. A Justin se le vio algo acelerado, no sé si decir desfasado, y si cabe más violento últimamente desde que se lleva el pelo tan largo. La apertura con “Sterile Prophet”, “Predominance” y “Anything Is Mine” marcó el resto de los cimientos de obra que fueron construyendo de forma muy meticulosa, abordando notables piezas del pasado en los noventa, para enfilar su último trabajo “Post Self”, con ese tema homónimo, para tocar a continuación “Parasite” y “No Body”. Una vez mostrada sus últimas creaciones, el molde se volvió a fracturar para irse a primeros del dosmil y finales de los noventa, al interpretar “Defeated” y “Like Rats”. Por mi, podían haber seguido jugando a la ruleta en la máquina del tiempo, otros 45 minutos, porque aquello se me pasó volando.

Tras cerrar en el escenario principal los ingleses, quedaban un par de píldoras aún en la carpa exterior. La primera era la del dúo escocés ACID CANNIBALS, que era algo parecido como ver a Zakk Wylde tocando su guitarra sobre los ritmos de un batería que le seguía el ritmo y le permitia descomponer su música en cortas epopeyas de distorsionado rockandroll psicodélico. Y por último, SCÚRU FITCHÁDU, con el soporte de un par de sintetizadores dispuestos a samplear sonidos para que sus cantantes y bailarines, promulgaran sonidos de discoteca en horario del after hour, en donde ella bailaba bailes samberos-africanos y él en lugar de frotar una botella de anís, con un cuchicllo, lo hacia con un largo afilador. La continua performance no tuvo desperdicio alguno, sobre todo porque a pesar de lo aparentemente violento del asunto, incitaba a bailar para celebrar que estábamos llegando al final de la primera jornada. Originales os aseguro que lo fueron, y a pesar de estar algo cansado, lejos de conseguir dormirme, me motivaron pesadillas al llegar a la cama. Propósito cumplido. Espero volver a verlos de nuevo en un momento más templado.

Texto y fotos: Raúl “Mister Virus” García

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