En la foto: TROUBLED HORSE. Tras su actuación disfrutaron de todo el festival entre el público !! - TNT Radio Rock

En la foto: TROUBLED HORSE. Tras su actuación disfrutaron de todo el festival entre el público !!

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La segunda jornada de Azkena Rock la encaraba Mendizabala con la visita de 11.722 personas, que hacían un balance total de asistentes de 25.406 entre ambos días. Era evidente que la mayor acogida tendría lugar la jornada previa, la del viernes, teniendo como principales valedores a The Smashing Pumpkins y The Black Crowes con 13.684 asistentes según el comunicado que facilitó la organización y que pudiste leer a través del siguiente enlace con el resumen de lo que había supuesto el primer día de festival:

https://www.tntradiorock.com/actualidad/05949/comunicado-azkena-rock-festival-2013-viernes-28-de-junio/

El sábado no por ser, tal vez, menos conocidos los nombres programados decaían las ganas de disfrutar de cada uno de ellos en un ping-pang continuo y rápido que tendría lugar entre los escenarios  nombrados como Kevin Ayers en memoria de la figura de rock psicodélico que moría a principios de año y como George Jones en recuerdo de la leyenda del country fallecida poco después.

La primera banda programad era la joven promesa británica Heaven’s Basement, quienes están siendo reclutados también para las aperturas de otros festivales veraniegos de una manera muy acertada. Su juventud y formas a la hora de actuar, cercana a grupos como Airbourne, que saben desparramar conectando con el público con ese toque locuaz, hacen que te metas en el festival desde el primer momento, o por lo menos esa es la intención que se buscaba y que encontrarían los más curiosos, pues aún con el sol pegando alto y fuerte no había muchos madrugadores. Su hard rock tocado a toda pastilla estuvo plagado de gesticulaciones varias que les denotaba estar pasándoselo en grande. La palma se la llevó su cantante Aaron Buchanan, todo un nervio que no dudó en ayudar con las percusiones al batería cuando no dejaba de pedir la colaboración del público. No defraudaron como era de esperar.

A continuación, menos  revolucionados y con una magnífica eficiencia,  muchos de los allí presentes posaban sus miradas en los espasmos que continuamente se autoprovocaba el cantante de Troubled Horse con cierta semejanza a Hertugen, el ex cantante de Turbonegro. Troubled Horse es el grupo que pusieron en marcha John Hoyles y Jens Henriksson tras pasar por Witchcraft y esos vínculos pasados son la presencia de su sonido hoy en día denotan esos los tempos stoner ofreciendo capturas de esencias setenteras. Martin Heppich aparte de querer hipnotizarnos moviendo el micrófono como si fuera un péndulo al ritmo de las notas que sacaban sus compañeros, también bajó a cantar un tema entre el público. Su actuación particular continuaría al término de su set ya que no se perdería un solo concierto del festival paseando de aquí para allá con su particular barba pelirroja y su cabeza enfundada en gorra de policía. Por allí iba haciendo peña con todo aquel que se le acercaba para felicitarle por el show.

Después un toque español con Los Zigarros dispuestos a sacar humo de sus instrumentos, la nueva formación de Ovidi y Álvaro, ex componentes de Los Perros del Boogie, el grupo que apadrinaría Carlos Tarque y quien también andaba por allí para arroparles con su presencia entre bastidores. Su variedad de rock and roll te llevaban como caladas mezcla de tabaco rubio y negro entre un sonido bien ejecutado pero creo que demasiado ambiguo entre sí, tirando de toques a lo M-Clan, Los Rebeldes, Burning e incluso Siniestro Total, a quien versionaron para animar a que cantaran  aquellos que no sabían mucho más de lo que estaban descubriendo.

Con J.J. Grey & Mofro pegaba otro vuelco el concepto del festival, provocando estímulos  jazzeros con tintes de improvisación soul y funk gracias a la fusión de vientos y metales con un órgano hammond tan añejo como impresionante dirigido por las manos de Anthony Farrell. El toque sensual del saxo y trompeta pidiendo protagonismo climatizaba el cuerpo adaptándote a cada movimiento y coreografía que se sucedía sobre el escenario dejando a J.J. Grey cuando no cantaba o no llevaba la guitarra sobre su regazo el suficiente espacio para meterse en vereda con cualquier instrumento de percusión, o incluso manejando el órgano junto a Farrell. Inevitable que en algún momento del concierto aquello quisiera fundirse con el público buscando su natural participación. Todo el mundo estuvo invitado al baile y pocos dejaron de contonear la cintura.

Cuando salieron a escena Uncle Acid & The Deadbeats con esas dos guitarras doblándose en ocasiones, la fiesta que llevábamos en el cuerpo tras lo vivido hace unos minutos se empezaba a tornar oscuridad, consiguiendo que se aceleraran tus pulsaciones mientras sus ritmos se vivían a ralentí, en ocasiones tan ralentizados que se encontraban de bruces con los orígenes del de ese impecable sonido Black Sabbath. Era como si estuvieran en lo alto de un campanario haciendo sonar las campanas sin existir los badajos. Ecos de abducción que te atraían hacia su espiral sin importar la extensión de sus temas, porque cuanto más retumban los revisiones de sus notas más doom, su más sumiso te sentías a la esencia psicodélica de estos ingleses con casta.

Los Enemigos por su tradición y quien más que menos haber vivido un pasaje cercano tiempo atrás en sus vidas o ya en estos tiempos modernos tras su parón,  les hacían sentirse próximos a casi todos con sus vibraciones hechas canciones. Eran suficiente motivo para que te capturaran con sus candelas, algunas presentadas, como “An-Tonio”, queriendo recuperar su recuerdo cuando lo conocieron en Vitoria u otras en las que sobraba hacer entrantes, como la versión “Señora” de Joan Manuel Serrat, con toda la proximidad que le puede dar una interpretación como la de Josele Santiago. Temas celebrados y cantados entre esos devaneos instrumentales que hacía de ellos ser una de las bandas nacionales en opinión de algunos más que eficiente su presencia, como para otros un  momento más para seguir desubicándote gracias al abanico ecléctico que gusta del festival en las últimas ediciones.

La vuelta de Gov’t Mule al festival suponía un punto fundamental para quien gusta de disfrutar de una banda creada para ver toda su esencia sobre los escenarios, porque las improvisaciones de Warren Haynes y compañía se degustan de otra manera cuando sabes el peso de la historia que carga sobre sus hombros o el del pasado de su música en The Allman Brothers Band. Tiempo para el blues, el soul, el funk, rock….todo bien fusionado. Sin que te importe ver como se estiran los temas, mientras te sientas a gusto con lo que te da en vivo no notarás a qué ritmo transita su show, sobre todo cuando se centra en sus devaneos de guitarra. Un maestro con escuela itinerante.

Aún quedaban más sorpresas con la que gastar el tiempo al ritmo que fundíamos katxis porque el punk rock norteamericano de The Gaslight Anthem no era raro que te asomara su cara más Springsteeniana. Todo amago al Boss no era casualidad por los vínculos musicales que los une, las veces que han tenido ocasión de coincidir sobre un escenario y por supuesto  por abanderar sabiendo exportar un estilo sonoro que tiene denominación de origen en la Bahía de Jersey y que aquí estamos poco acostumbrados a que nos lo expongan de esta manera. Por eso fueron uno de los grupos destacados. Según los veía me venía a la cabeza un toque de Dropkick Murphys, quizás por la capacidad que tiene esta otra banda de tender el punk hacia el folk tan bien como acentuar el ritmo de las guitarras eléctricas. Han cosechado muchos halagos en pocos años y en vivo tienen la respuesta, pues resuelven al momento de verlos las incógnitas que se te puedan plantear tu inicial ignorancia sobre ellos, si es que se diera el caso.

Walking Papers se presentó en Azkena en formato de trío sin el bajista Duff McKagan. Estábamos avisados porque la organización horas antes había avisado de su ausencia así que no nos pilló de sorpresa y algunos buscamos en la voz de Jeff Angell y su forma de tocar la guitarra, una especie de fusión de David Coverdale y Eric Sardinas (por lo espigado que luce en pose). Pero bueno, mejor busquemos la fusión de The Missionary Position, Screaming Trees y Guns N’ Roses ya que tal esencia la llevan los impulsores. La verdad que me sorprendió mucho como sonó en directo sin perder fuerza a pesar de no haber bajista. Tuvo otros conceptos sonoros y complementos enérgicos, que estaban en la forma de ver tocar de esa forma el teclado bajo un foco tórrido de colorido que tuvo su despunte cuando Jeff se bajó a cantar entre el público.

Para cerrar la jornada Rocket From The Crypt fue otra opción tan buena como lo fue Heaven’s Basement para abrir el día, por la energía que exteriorizaban, aunque en esta ocasión con muchas más tablas bajo sus pies. Si ya los conocías sabrás que sus conciertos desprenden adrenalina a base de fundir con su impecable puesta en escena rock and roll distorsionado de base punk con corte rockabilly. Si no los conocías tal vez una buena comparación en escena es meterlos en un saco donde combinan bien un toque de Rolling Stones, el terremoto saturado de Jon Spencer Blues Explosion o la chispa comunicativa con pirada de olla de Danko Jones, pero con metales, porque los shows y los relatos de su cantante extendiéndose todo el tiempo que necesitaba para comunicarse con el público, enseñando la campanilla de su boca al cámara y contagiando esa fantástica enajenación era una verdadera fiesta que invitaba a seguir a pesar de que la cosa estaba terminando a golpe de pequeñas monodosis sonoras.

 

Texto y foto: Raúl “Mister Virus” García

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