Crónica AZKENA ROCK FESTIVAL 2012 (jueves 14 junio)

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Crónica AZKENA ROCK FESTIVAL 2012 (jueves 14 junio)

El primer contacto con el festival es amable, pues tras dejar sin problemas el coche aparcado a escasos minutos y aún por las horas tempranas recoger la acreditación sin largas esperas se agradece. Eso sí, un poco de tumulto en la entrada al recinto en un cuello de botella tuerce mi ceño.

 

Estamos dentro y el escenario número 3, el pequeñito que añadieron en la pasada edición sirve de bienvenida con la música de los locales [b]DR MAHA´S MIRACLE TONIC[/b], quienes fueron los ganadores del [b]Premio Villa de Bilbao[/b] del célebre concurso de pop-rock de la capital vizcaína. La imagen cuenta y ellos lo saben llevar bien. El toque femenino en el violín contrasta con el estilo de su batería. Sonidos de banjo y una versión de [b]Chuck Berry[/b] pasada por su túrmix particular me hace asentar con la cabeza. Poca gente, ya sabemos lo que sugiere ser de los primeros en abrir. Aún así, su cantante ante un diluido público al término deja caer su mensaje de club: [i]“Os veremos por algún lado en el Azkena. Hay discos y sino… Buaaah”[/i]. Simpático.

 

Suenan [b]BLUE ÖYSTER CULT[/b] y corremos hacia el otro escenario. Las raíces de la distorsión también forman parte de su historia generacional que musicalmente ha dado en todos estos años algún que otro tumbo. Por eso cualquier descuido no lo desaprovecharían para darle un toque oscuro a su percepción más setentera. Eric Bloom como uno de los legendarios en la agrupación, acompañó no sólo con su voz y guitarra todo su repertorio, sino también dándole algún toque al teclado, e incluso en algún momento un toque de percusión de batería. Recordaron con expectación y animosidad su primer disco y tramos más psicodélicos. Un placer ser parte de su esencia en los momentos que supieron agarrarla por la raíz. Fueron décadas de distintos ambientes transportados ante nuestros ojos.

 

[b]ISRAEL NASH GRIPKA[/b] fue el artista por descubrir para muchos en un espacio pequeño preparado para grandes sensaciones. Pero también fue un artista imposible de perderse para quienes sabían de su presencia y de su escalonada actividad con una popularidad en ciernes. El sonido americano de un joven artista transportando a su manera raíces profundas incontestables, el recuerdo de unos clásicos [b]Bob Dylan o Neil Young[/b] se fundía con el de una pieza músical más actual, la de [b]Ryan Adams[/b], todo con gran gusto. Me quise quedar, pero a esas alturas unos míticos compatriotas empezaban un show que prometía ser espectacular.

 

Y así fue, porque [b]TWISTER SISTER[/b] a día de hoy siguen siendo incombustibles. La última vez que tuve ocasión de disfrutarlos fue hace un año en el Sonisphere de Getafe. Y aquí la intensidad fue la misma, el ritmo igual de imperecedero y la conexión público-artista similar. Cambiaba el decorado y las luces, porque aún era de día. Así que con [i]“What You Don’t Know (Sure Can Hurt You)”[/i] abrían fuego y a comenzar el torpedeo sonoro con [i]“The Kids Are Back” o “Stay Hungry”[/i]. Dee Snaider super macarra sigue con lanzamiento de pie de micro, con sus rebozados entre el suelo del escenario y su amable toque de conexión para el público con un spanglish que culmina por hábito en nuestro país cuando tocan el [i]“We’re Not Gonna Take It”[/i] por momentos reconvertido en [i]“Huevos Con Aceite”[/i]. Cuando hacían sonar la preciosa [i]“The Price”[/i] el músico Robertez de [b]Motociclón[/b] susurra a mi oído: [i]“Se me ponen los pelos como Scorpions”[/i], a lo que yo le contesto emocionado: [i]“Esto suena de puta Maiden”[/i]. En fin hay lenguajes más cómodos y al tiempo más desconocidos que el Esperanto. Cuando tocaron [i]“I Wanna Rock”[/i] el público se terció un poco perezoso al entonar el estribillo, pero el vocalista les animó diciendo [i]"¿sabéis ingles? Vamos… “Eat Shit, eat shit (come mierda, come mierda)”[/i]. Sabe animar como nadie. Al término tras hacernos creer que ya se iban pusieron la puntilla con [i]“Come Out And Play” y “S.M.F.” [/i]A tope.

 

Los [b]GRAVEYARD[/b] a pesar de su relativa corta presencia en este panorama musical que actúa a veces como esponja húmeda hasta que se queda seca, fueron como esa dimensión entre el más allá y el más acá, una línea intermitente donde el hipnotismo, la sicodelia, y el sonido, así como la estética de los setenta quisieran hacer el recorrido inverso de esa mencionada esponja, absorbiendo a los allí presentes. Yo a veces cuando parpadeaba me imaginaba transportado a una granja neoyorquina de Bethel, donde tuvo lugar aquel festival de Woodstock, tal vez el telón de fondo me hacía presa de un imaginario LSD. Todo eso era capaz de producirlo ellos mismos de forma natural porque yo os prometo que a esas horas aún no había tomado ningún tipo de droga.

 

A la carrera otra vez, porque [b]STATUS QUO[/b] hacían acto de presencia dándole puntapiés a las décadas pesadas, o mejor dicho a los años que se van cargando a sus espaldas. No importa lo mayor que seas, sino lo bien que sepas llevarlo. Ellos siguen en los escenarios haciéndonos pensar que también para generaciones más antiguas existe una especie “botellón-rock” porque era de lo que daban ganas con sus aires festivos y esas coreografías sonoras que salen solas, jeje, no las habrán puesto en práctica cientos de veces. Francis Rossi y Rick Parfitt fueron compensandose con las voces uno al otro con ciertos dejes de autoridad y estética sublimes. Por eso siguen siendo tan grandes y no defraudan en sus citas. La ocasión les puso de gala para presentarnos algunos de los cortes de su reciente disco [i]“Quid Pro Cuo”[/i], pero cualquiera de los clásicos que dejaran caer eran notablemente celebrados por encima de su música más reciente. El momento más relajante tal vez lo encontré en el clásico [i]“In The Army”[/i] que se sacaron de la manga con el fin de observar a un entonado público corearlo. Tiempo también para sólo de batería y guitarras y en definitiva saber decir que [i]“aquí vamos a seguir con lo que esperáis que os demos siempre”[/i].

 

[b]PENTAGRAM[/b] suponía la vuelta al heavy rock de sonido Sabbath tocado con una densidad especial. Aunque luego su vocalista Bobby Liebing fuera una parodia visual de los cantantes Rob Halford (por esa cazadora de tachas) y Biff Byford (por esos gestos y ese pelo). Los norteamericanos fueron esencia doom, sonido pesado con el ralentí de la época, acto para seguidores de su historia. Sin duda unos clásicos capitaneados por Liebing, que junto a sus huestes no pareciera tener prisas en despuntar sobre nada que ya estuviera escrito. Había que observarlos imaginando el contorno del recinto envasado al vacío y ellos siendo la carne en conserva que lleva ahí el mismo tiempo que la historia del rock, que a veces la sacas del taper para coger una porción y quieres que siga quedando envasado el resto de su contenido para una próxima ingesta. Dieron un emotivo repaso a algunas de sus piezas claves incluidas en sus primeros discos, sobre todo hacia el final del concierto.

 

[b]PORCO BRAVO[/b] tenía una ocasión especial de montarla parda en competición directa con [b]DROPKICK MURPHYS[/b]. Una pena que los conciertos se solaparan porque había que elegir, y no quedarme a medias de ambos alborotadores. Opté por disfrutar en esencia de los [b]Porco[/b]. El espectáculo que en esta ocasión mostraron supuso una pequeña inversión de imaginación para que el fuego no sólo estuviera presente en el momento que se prendía Manu el set list grapado de su pecho, aunque claro está que era más que esperado ver esta escena al igual que el ver ondear la véngala en su culo. Lo de la cabeza de jabalí por todo lo alto fue actitud añadida a su temperamento lleno de rock, pasión, y adrenalina en un [i]“Grooo!”[/i] que los muchos presentes celebraron sabiéndoles en ellos tener un enganche especial que enganchó de forma contagiosa a su desfase.

 

Texto y foto Blue Öyster Cult: [b]Raúl García[/b]

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