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Crónica: ROADBURN FESTIVAL 2017, Tilburg. Día 3 (22/04/17)

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DÍA 3, SABADO 22 ABRIL

Dispuestos para abordar el nuevo día desde con sus primeras bandas. Debe ser así cuando quieres ver todo lo posible. Hay que ser sistemático y madrugador, sobre todo para ponerse ante el club más difícil de acceder por limitación de aforo, el Cul De Sac. Los holandeses LASTER se presentaban como una incógnita, más aún cuando la organización había insistido previamente en que tenían puestos en este trío especial interés para que los conociéramos la prensa. De primeras ya sólo verles salir disfrazados tras unas máscaras craneales fue un enganche. A toda esa aureola de black metal con ritmos caóticos cruzando por tus oídos se le añadiría puntualmente un tipo con un saxofón para rematar lo inusual. Venían presentando su segundo trabajo “Ons Vrije Fatum”, editado a principios de año. Dieron muestras suficientes para llevarse uno de los galardones a la creatividad esquizofrénica, por ser musicalmente poco convencionales, como si estrujaran las notas de una orquesta infernal, y por hacerlo además cantando en holandés.

Después otra sorpresa en formato de trío para los madrugadores, esta vez franqueada la entrada de Het Patronaat. La banda en cuestión era NO SPILL BLOOD, procedentes de Dublín, con un enfoque armonioso sostenido por su teclista logrando bonitas atmósferas a base de sintetizadores, mientras la batería y el sonido redundante del bajo ponían intensidad a un esquema que iba cogiendo fuerza y velocidad contrastando notas. Si estos irlandeses dejaran de lado la voz, es posible que sonaban tan interesantes como se mostraban, porque su fusión de rock, stoner y electrónica, sin necesidad de utilizar una guitarra da en vivo mucho juego. En ocasiones parecieran estar reproduciendo la banda sonora de alguna película con escenas de acción.

 

Mucha expectación para ver el resultado de la colaboración en directo de estos dos tipos musicalmente opuestos, THE BUG VS DYLAN CARLSON. Buena conjugación del sonido a ralentí que plasma Dylan Carlson en Earth con la aportación electrónica de Kevin Martin, recuperando sonoridades dub cercanas a las canciones creadas en aquella historia llamada Techno Animal que hizo junto a Justin Broadrick de Godflesh. Fue una experiencia distinta, ambient, experimental, también sinuosa por el entorno visual desarrollado. Un espectáculo minimalista en donde no había marionetas, sino las sombras casi chinescas de un Dylan hipnotizado sobre las bases que el encapuchado Kevin emitía desde su particular cabina llena de aparatos, desde donde se generaban gemidos hipnóticos. Su llamativa sala de operaciones podría ser la envidia de cualquier dj dispuesto a romper la pista de baile en cualquier discoteca, pero aquí bailes, los mínimos, si acaso ligeros contoneos bien argumentados con algunas imágenes que tenían lugar en un proyector a sus espaldas.

Desde el estado norteamericano de Colorado COBALT, la banda de multiinstrumentista Erik Wunder tenía grandes cosas que mostrarnos con esta formación actualizada teniendo en cuenta cuales fueron sus inicios. Cuando el cantante Phil McSorley abandonó la nave de este proyecto que ambos pondrían a funcionar en 2002 todo hacía pensar que podría disolverse al ser ellos dos los únicos en grabar todas las composiciones que creaban. La marcha de McSorley ocurrió en puertas de la grabación de su último trabajo “Slow Forever”, pero lejos de significar el fin de esta aventura, fue sustituido por Charlie Fell, un tipo sin complejos que en escena te pone algo de los nervios con sus arrítmicos bailes a pecho descubierto. Es la antítesis del vocalista fornido que se descamisa para enseñar su musculado cuerpo. No hay duda que su forma de actuar le viene al pelo a ésta excéntrica formación de black metal, que mantiene al propio Wunder centrado en la batería durante los directos, y que por lo tanto cuenta también con otros músicos de sesión para resaltar sus composiciones de estudio. Entre algunos de los temas rescatados de sus discos anteriores, como “Gin”, hicieron algunos que correspondían a la voz de Charlie en esta nueva etapa, como “Hunt The Buffalo”, “Cold Breaker” y el propio “Slow Forever”.

Las lenguas del lugar comentaban que en la anterior edición, los finlandeses ORANSSI PAZUZU hicieron uno de los shows más espectaculares que se recuerda. Al no haber estado presente en aquella, tras verlos este año he de suponer que se volvía a repetir la gesta. Su black metal psicodélico está cargado de interacciones que van al ritmo de unos juegos de luces tan simples como especiales, gracias al buen simultaneamento de los contrastes visuales, que hacen que formes parte de su catarsis espasmódica. Ellos seguro tienen que calentar sus cuerpos antes de transmitir esos movimientos, porque si no lo de las agujetas o posibles roturas pueden tenerlo muy presente. Su música en sí es algo sobrenatural, algo especial que estando en directo una vez se dejan llevar, no sabes muy bien quien puede agarrar las riendas. Sin duda los sonidos de teclados y las continuas distorsiones son protagonistas, pero no lo son menos sus esfuerzos por hacer que de forma muy estudiada aquello parezca un descontrol.

La siguiente actuación fue la de el trío ingles SLOMATICS, siendo para quien los desconozcan dos guitarristas y un batería, éste encargado de las voces. No tiene la necesidad de utilizar un bajo. Me parecieron apabullantes. Pertenecen a esa nueva generación de doom, que funden en su musicalidad un corrosivo sonido sludge. Si buscas similitudes sonoras con sus compatriotas Conan, entenderás la sorpresa que nos tenían preparada cuando invitaron a Jon Davis al salir al escenario. Éste llevaba rondando entre bastidores durante los días previos como un roadburner más. De hecho el buen rollo entre ambas formaciones viene de lejos, pues ya en 2011 editaron juntos un split. Al estar liberados ambos guitarristas, Chris y David, de la carga vocal, asumida por Marty, en la primera línea de escenario se podían recrear estirando las notas mientras se movilizaban de un lado hacia otro, haciendo que todos fueran protagonistas por igual de lo que estaba sucediendo.

Cuando salieron al Main Stage MEMORIAM, eran recibidos con la expectativa que se espera de una banda creada por músicos de élite, pues el reciente proyecto que han puesto en marcha el cantante Karl Willetts, el batería Andrew Whale, el bajista Frank Healy y el guitarrista Scott Fairfax suena muy bien en su  único disco que tienen grabado hasta la fecha, “For The Fallen”. Vimos a una banda que se lo pasaba bien. Que marcaba mucho cada detalle de esta historia creada hace sólo un año, pero que es ejecutada por unos músicos curtidos en múltiples aventuras dentro del grindcore, black metal, pero ante todo en el death metal, marca sonora paro los temas que tocaron. Entre las composiciones recientes que nos presentaron incluyeron una versión del tema “Spearhead” de Bolt Thrower, y es que no era para menos, estando presentes cantante y batería de la que fue la primera etapa de la banda, hoy por hoy disuelta tras el fallecimiento del batería Martin Kearns en 2015. Como era lógico, al observar tanto a Frank como a Scott, también me venía a la cabeza el sonido de Benediction, al ser ellos parte activa de la banda de Birmingham.

Peculiares los norteamericanos TRANS AM, y además con una carrera de dos décadas que les respalda. No es fácil la propuesta de ellos por la amalgama de sonidos que combinan en directo, marcados de forma notable por el krautrock y el synthpop, aunque estirados hacia otros terrenos sonoros. El aspecto de Nathan Means, cantante, teclista y bajista, que se despachaba sobre la marcha con las distintas facetas, llevando una media robótica en uno de sus brazos y el colorido ochentero de todo aquello, te descolocaba un poco tras venir de una actuación de death metal, pero todas esas trazas experimentales son santo y seña de este encuentro festivalero, y además, para más distinción, su actuación tenía lugar en el escenario de la iglesia, el Het Paronaat.

 

 

MY DYING BRIDE en el Main Stage hicieron otra de las piezas clave en cuestión de discos íntegros programados para esta edición, haciendo su clásico “Turn Loose The Swans” de forma exclusiva, un trabajo que se publicó en 1993 y que aquí fue revivido con majestuosidad gracias a las dotes interpretativas de Aaron Stainthorpe. Es sobrada la fama que precede a estos ingleses, precursores del death doom al comienzo de la década de los 90 y que en estos últimos años en tan buena forma los ha mantenido, pero el concierto de “Turn Loose The Swans” no tuvo parangón. Éste fue el segundo disco en su carrera discográfica, consiguiendo de una forma brillante hacer la transición de un sonido más rápido y embrutecido hacia otro algo más moderado y audible. La fase más gutural de Aaron que dejó plasmada en su disco debut, también se revivió hacia el final cuando tocaron el tema “Sear Me”. Aún quedaría tiempo para dos temas incluidos en su tercer disco “The Angel And The Dark River”, pues tocarían “Your Shameful Heaven” y “The Cry Of Mankind”. Destacar el trabajo de la teclista y violinista Shaun MacGowan por hacer que puntualmente aquello tuviera la atmósfera oportuna, y cómo no, los visuales en la pantalla que aún le daba a su espectáculo más cuerpo.

Y cuando pensaba uno que para lo que quedaba de jornada ya estaba el pescado vendido en cuestión de espectáculo, de repente el trío noruego MYSTICUM cambiaría mi perspectiva. Subidos sobre unos elevadísimos montículos, y haciendo sus temas a todo trapo, se iban repartiendo sonidos de de guitarra, bajo y voces, con todas las baterías programadas. Desde las alturas donde se encontraban lo recomendado era moverse lo mínimo posible, pero eso sí, tocando a toda pastilla, con un ritmo frenético oscilante del black metal hacia el metal industrial, y en todo momento ambientados con laser, flash y todo tipo de imágenes proyectadas en seis pantallas, que les iban haciendo resaltar entre la niebla y la penumbra.


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