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Crónica; MOONSPELL + Bizarra Locomotiva + Norunda – Sala Rock City, 5/11/2017

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Mientras estoy delante de Moonspell, escuchando las magníficas canciones que completan e ilustran éste álbum, “1755”, que mira sin complejos a la historia de Portugal y a su lengua, me viene a la cabeza el poeta portugués más internacional, y que más nos ha mostrado la pasión lusa. Pessoa escribía en su poema, “Mar Portugués”: “Oh mar salada, ¡cuánta de tu sal son lágrimas de Portugal!, ¡por cruzarte, cuántas madres lloraron, cuántos hijos en vano rezaron!”. Pessoa, al igual que Moonspell, no muestran admirado las esencias contenidas en las tierras del fado y los libros de Saramago.

Llegaban a València para iluminar la noche con sus quejidos y sonidos pesados, no llegaban solos a esta empresa, sino que lo hacían con los también portugueses Bizarra Locomotiva y los thrashes Norunda. Llegué tarde a mi cita con el buen metal peninsular. El ambiente en la calle era algo gélido, la temperatura en València había caído estrepitosamente ese día, y con el aliento helado me asomé a la sala, esperando un éxito moderado, no olvidemos que era domingo, pero me equivoqué: el éxito fue total. Norunda ya habían terminado, y todo el mundo me dijo que habían estado muy bien, encima de las tablas había un grupo conocido en Portugal, pero desconocido por estas tierras.

Bizarra Locomotora iban a todo trapo, escupían potencia y se arrastraban por el suelo como serpientes venenosas. Su vocalista, Rui Sidónio, me recordó demasiado, al menos en el aspecto estético, a Till Lindemann, algo que personalmente me sacaba del bolo. Hay que decir que los Bizarre son una banda que lleva en activo desde mediados de los noventa y que tenían su público entre la audiencia. No podemos desmerecer el espectáculo que ofrecían y las ganas de contentar que traían en la maleta. Unos segundos de receso, en los cuales podías aprovechar para armarte de valor y salir a la calle a mirar el merchandising que portaban los grupos en esta pequeña, pero muy intensa gira.

Moonspell no llegaban a esta gira con mucho margen desde que editaron el elepé, sino todo lo contrario. El acto de valentía y fe ciega en el producto que acababan de sacar era increíble. Jamás, y lo digo bien alto, jamás había visto como un grupo no angloparlante, reivindicara más su historia y cultura, no solo en el álbum, sino también en el directo. Tocar un disco íntegro recién editado en portugués, sobre un tema más bien desconocido para los neófitos en la historia de Portugal, es tener suficiente arrojo, o de verdad haber llegado a un momento en su carrera en la que pueden permitirse mirar a sus raíces y hacer lo que les salga del mástil. “1755” es un trabajo que habla, en portugués (cómo no), de lo sucedido el 1 de noviembre de ese año en Lisboa, que fue arrasada por un terrible terremoto y un maremoto. Un desastre que los lusos han querido recordar a la humanidad en forma de metal oscuro, y por momentos muy angustioso. Quizás debamos aprender de ellos, y de muchos otros, que han optado por abandonar, aunque sea momentáneamente, el inglés como idioma de transmisión.

La intro duró bastante, tiempo más que suficiente para que admiráramos la escenografía que habían montado para sumergirnos en su trama, para hundir nuestras emociones en la catástrofe de la capital portuguesa. Hay que apuntar que esa intro nos recordaba a algo, y eso es debido a que “Em Nome do Medo”, era una canción que ya apareció en su redondo “Alpha Noir”. El concierto se deslizó, con una perfecta sincronía entre teatralidad y escenografía, por el elepé de forma ordenada. “In tremor dei” sonó atronador, los mejores Moonspell estaban sobre las tablas, daba igual que eso fuera portugués, idioma que estoy seguro la mayoría desconocía, o inglés. Nos hizo un guiño cantando la canción “Desastre” en su versión en castellano, algo que siempre es de agradecer. “1 de novembro”, se nos presenta cruda y sin paliativos.

Moonspell sabe que con “Todos os santos” han creado un himno que trascenderá al álbum, tienen tanta confianza en ese retoño que se permiten el lujo de intentar que el público cante acapela el estribillo, algo que hace la gente con bastante emoción. El frontman emergía en ésta tonada con un crucifijo con láseres rojos que proyectaba contra nosotros, culpándonos de todos los males del planeta. La puesta en escena realzaba el concepto del redondo hasta agobiarnos en las cenizas de los incendios que asolaron Lisboa. En ese momento pienso que, qué bien suena el rock gótico y pesado en portugués. Los portugueses siguen con el orden de las canciones, y ahora era el turno de la versión, desconocida para mi, del grupo brasileño Os Paralamas do Sucesso con el tema, para mi el mejor de ésta primera parte del concierto, “Lanterna Dos Afogados”. Un tema donde Fernando Ribeiro apareció ante nosotros del modo más siniestro que podíamos esperar, portando en su extendida mano un candil, que iluminaba la oscuridad en la que se había transformado el escenario.

No solo la interpretación fue sublime, sino que la ambientación que introducía en el terror más inquietante y despavorido. Se tomaron unos pocos, muy pocos minutos, para regresar ante su público con los grandes clásicos (o parte de ellos). El primero que comenzó con la fiesta fue “Vampiria” de aquel lejano “Wolfheart” de 1995. Tema que fue muy bien recibido pero que personalmente me dejó frío. Parecía que hubiésemos asistido a dos conciertos diferentes de la misma banda y en el mismo momento. No es que Fernando y sus compañeros atacaran con esos temas con menor intensidad, sino que todo el ambiente y contexto generado gracias a las anteriores canciones parecían desvanecerse en la interpretación de los clásicos. El segundo en caer en ésta segunda parte fue “Alma Máter” del mismo álbum, seguido por “Opium” de un disco que en su momento fue un revulsivo efervescente como “Irreligious” de 1996. Tan bien les quedó ese plástico que siguieron desgranándolo con surcos de la calidad de “Fullmoon Madness” o “Wake”.

En definitiva, asistimos a una lección de valor y coraje. Podemos decir, sin equivocarnos en absoluto, que esta fue la gira de “1755“, porque degustamos el álbum en su totalidad. Un disco que el grabación pierde mucho, porque la emoción que vierten los lusos en las canciones en directo, le dan otro aire. No sería de extraña que grabaran algún dvd de esta gloriosa y valerosa gira.

Texto y fotos: Javier Caro

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